30 nov. 2008

La Isla del Fín del Mundo


Por Miguel Blanco


Objetos imposibles que sugieren una tecnología sofisticada en el pasado, leyendas sobre un mundo subterráneo, OVNIs que surgen de las entrañas de un volcán, chamanes y curanderos nahuales, y unos extraños petroglifos que se esconden a la vista de los extranjeros por los nativos y que hemos podido fotografiar en exclusiva. Un viaje hasta las entrañas de Nicaragua para conocer "La Isla del Fin del Mundo"...

"Los coches no podrán pasar. Imposible. Ni siquiera los 4 X 4 pueden subir por esos montes. Sólo se puede ir a caballo, y hasta cierto punto. Después hay que seguir a pie". Nuestro guía había sido muy claro, si queríamos ver aquellos grabados prehistóricos, ocultos por los nativos a casi todo ojo extranjero, deberíamos alquilar caballos o prepararnos para una larga caminata. No es difícil alquilar caballos en la isla. De hecho es el medio de locomoción más habitual, y a lo largo de aquel viaje por distintos países centroamericanos, siguiendo la huella de "los dioses", tendríamos que hacer uso de ese "transporte" en varias ocasiones. Cuando, horas después, nos adentrábamos por los espesos bosques de la hacienda "El Porvenir", en las faldas del volcán Maderas, entenderíamos las advertencias de nuestro guía, el acceso a los grabados es difícil, y absolutamente imposible sin un guía experto. Entre la frondosa vegetación nos observaban los ojos de las estrafalarias iguanas y los pintorescos armadillos, por no hablar de las temibles boas que se arrastraban entre los arbustos, o los gigantescos toros que nos encontramos de repente entre los arboles.

A pesar de ello, ni siguiera la espesa vegetación, los intrincados caminos, y los espesos bosques de la isla, han podido proteger este tesoro arqueológico, y en los últimos años algunas de estas misteriosas piedras grabadas hace siglos han sido robadas encontrándose en la actualidad en paradero desconocido. Tal vez por esa razón los isleños han optado por ocultar la mayoría de los petroglifos a la vista de los curiosos. Y cuando terminamos de tomar medidas, copiar y fotografiar todos los grabados de extrañas criaturas y "dioses", esculpidos por manos desconocidas hace siglos, nuestro guía iba cubriendo con hojas y ramas las piedras grabadas. Solo alguien que, como él, había nacido y vivido en aquellos bosques toda su vida, podría volver a ubicar la situación de cada petroglifo, fijada a fuego en su memoria. Y así, tal vez podrán evitar que los ladrones de antigüedades continúen mutilando aquellas huellas de nuestra historia, que tal vez escondan aún alguna pista sobre "los dioses" del pasado. Pero los petroglifos son solo uno de los misterios de Ometepe, "La Isla del Fin del Mundo"... otros enigmas fascinantes nos aguardaban todavía entre aquellos volcanes que nos flanqueaban a diestra y siniestra....


Una isla en un mar dulce

La isla de Ometepe es la isla más grande del mundo dentro de un lago de agua dulce; el lago Cocibolca, en pleno centro de Nicaragua. Su historia es nebulosa, y se desconoce desde cuando esta poblada, ya que en zonas como Pulman, se han encontrado incluso restos de mamuts, lo que nos da una idea aproximada de la antigüedad de esta isla. Su extensión es de 276 Km2, con unos 35.000 habitantes, descendientes de los Toltecas, Mayas, Aztecas, Nahuales, Olmecas, Chibchas, Tiwanacos, y demás pueblos indígenas que han poblado la isla hasta que, el 21 de Enero de 1522 el explorador español Don Gil González Dávila "descubre" en el "Mar dulce" esta isla, tomando posesión de la misma, en nombre de sus Majestad, el 12 de abril de 1523.
Para poder explorar ese "Mar Dulce", denominado así por el colosal tamaño del lago, y la isla de Ometepe, Francisco Hernández hizo traer un bergantín desde el océano Pacífico hasta el lago Cocibolca atravesando la selva ¡a hombros de esclavos indios!.

Al llegar a la isla los colonizadores españoles, los indios que la habitaban se vieron obligados a huir a lo alto de los dos volcanes, el Concepción (en activo) y el Madera, que flanquean Ometepe. En su huida dejaron atrás aquellos antiquísimos petroglifos, que siglos atrás sus antepasados habían grabado inspirados en sabe Dios que misteriosos "dioses".

Y si los nativos escaparon a las cumbres de aquellos dos volcanes, tal vez no fue sólo por razones estratégicas, sino porque el Concepción y el Maderas habían sido considerados durante generaciones el hogar de los Dioses... un dato este sobre el que regresaremos más adelante.
Desde tiempos remotos el volcán Maderas era un lugar sagrado conocido como Coatlán o, "Lugar del Sol"o "Lugar donde vive el Sol", mientras que el Concepción era denominado antiguamente Choncoteciguatepe o "Hermano de la Luna". En las faldas de ambos volcanes se realizaron todo tipo de rituales mágicos desde los tiempos más remotos. En esos bosques de Río Tichaná y del Río Buen Suceso, y en Las Cuchillas, El Corozal Viejo, Altagracia, la Sabana y otros enclaves mágicos, los aborígenes de Ometepe mantenían una religión politeísta.

Sus calendarios, que descubrimos ingeniosamente grabados en algunos petroglifos, contaba con 18 meses de 20 días, sumando años de 360 días. Cada 52 años, según su creencia, se producía una crisis cósmica, por lo que acostumbraban a almacenar alimentos y agua a la espera de esos altercados cósmicos con los que los eclipses, que conocían bien, estaban relacionados. Y lo cierto es que las continuas invasiones, de distintas tribus indias; aztecas, olmecas, mayas, nahuales, etc, a la isla, de alguna manera eran "catástrofes" para los invadidos...

Calendarios que acompañan la vida diaria de los nativos, y su "vida cósmica", ya que los aborígenes de Ometepe ya incluían el concepto del alma (Yulio) en sus creencias, así como la vida en el mas allá e incluso una forma de reencarnación.

Su rico panteón estaba repleto de dioses: Xochipilli, diosa de la alegría; Catligüe, diosa de la fertilidad; Mixcoat, dios del comercio; Ecatl, dios del aire; Migtanteot, dios de la muerte; Tlaloc, dios de la Lluvia, etc, que solían representar en ídolos de piedra o cerámica, a los que siempre colocaban las fauces de un jaguar, animal sagrado amo de la Tierra. Los dioses, según la tradición, se alimentaban de sangre humana, y vivían en las regiones donde sale el Sol. Y la verdad es que no pudimos evitar un extraño escalofrío al descubrir, en las faldas del Madera un antiquísimo petroglifo que representa al inquietante Miganteot, dios de la muerte; un ser de cabeza redonda y grandes ojos, testigos de quien sabe cuantos sacrificios humanos en su honra...

Representaciones de los dioses se encuentran también en grandes estatuas desperdigadas en por toda la isla. En ellas apreciamos a Xochipilli, diosa de la Alegría; Tescatlipoca, dios del Mal, etc, tocados con unos sugerentes cascos que, sin duda, harían las delicias de Erich von Daniken. Esos monumentos, no obstante, son muy posteriores a los grabados petroglíficos.

Estos petroglifos, que según las dataciones científicas elaboradas por los arqueólogos se sitúan en torno al año 300 después de Jesucristo, se encuentran además en San Marcos, Altagracia, en La Palma, El Porvenir, Las Cuchillas, Punta Gorda, Corozal Viejo, Socorro, Mérida, La Tijereta, etc, y lo que es más importante, en el interior de parcelas y haciendas privadas, como la Parcela San Ildefolso (en la Hacienda San Antonio), la Hacienda La Primavera o la Hacienda el Porvenir, propiedad de la familia de los Bolaños (emparentados con el vicepresidente de Nicaragua), que amablemente nos permitieron medir, estudiar y fotografiar los grabados de su propiedad, presentan además imágenes muy sugerentes, por ejemplo, extraños animales no conocidos en la isla, lo que supone un nuevo enigma en torno a cual fue la fuente de inspiración de los artistas.
Para estudiosos, como Manuel Hamilton Silva Monje, "por medio de estos petroglifos inferimos que nuestros abuelos Chorotegas y Niquinianos, ya tenían un alto grado de organización y avance cultural muy elevado".
Sin embargo, no podemos pasar por algo uno de esos grabados en concreto. Se trata de un conjunto de dos espirales unidas entre si. El grabado, en si mismo, probablemente no nos llamaría la atención en ninguna otra parte del mundo, pero tras mostrárnoslo, nuestro guía dirigió nuestra atención hacia un monumento que reproduce una maqueta de la isla, ubicado en Moyogalpa, al sudoeste de la isla. Al comparar ambos, petroglifo y maqueta, se debe reconocer una cierta –y probablemente casual- similitud. Los campesinos llaman a ese petroglifo "el mapa", por considerar que se trata de una vista de la isla de Ometepe desde el aire. Evidentemente no se han parado a pensar en que hace 1700 años no era posible sobrevolar la isla para hacer un mapa de la misma desde el aire... ¿o si?


Objetos imposibles

Acudimos a Altagracia para visitar el Museo Arqueológico de Ometepe, y allí nos esperaba Maira Gómes, responsable de las instalaciones. Nuestro principal interés era poder ver, por nosotros mismos, uno de esos extraños "objetos imposibles" de nuestro pasado, que parecen sugerir unos conocimientos tecnológicos en los antiguos, difícilmente coherentes con su supuesta "cultura primitiva".

Y si en Bagdad se descubrieron "pilas eléctricas", en Sakkara un "aeroplano de madera", en Belice un "cráneo de cristal" y en Antikitera una "maquina de relojería", todos ellos con siglos de antigüedad, en la región de San José del Sur –en la "Isla del Fin del Mundo"- se descubrió durante una excavación arqueológica, un artefacto no menos extraño...
"Nosotros lo hemos catalogado –explica Maira Gómes, en exclusiva para AÑO/CERO- como "utensilio óptico para observación astronómica".
Se trata de un objeto de unos 25 centímetros de diámetro, con forma de lenteja, del que sobresalen dos tubos cilíndricos de unos 10 centímetros de largo por 3 de ancho, sobre los que se colocaban los ojos. Por el otro lado el cuerpo de esos "prismáticos primitivos", presenta varios orificios preparados para facilitar la observación de los astros, así como para predecir el tiempo.

Lo más insólito es que, según los informes arqueológicos, esos "prismáticos astronómicos" están construidos entre el 450 y el 500 después de Cristo. ¿En que podrían haberse inspirado los antiguos aborígenes de la isla de Ometepe para idear este ingenio óptico?

Precisamente en la zona donde se descubrió este artefacto, San José del Sur, en el otro extremo de la isla, nos encontramos leyendas y mitos extremadamente sugerentes. En el colmo de la audacia, la imaginería popular ha llegado a fabular una relación entre la isla y el mismísimo Jesucristo. De hecho, el arte rural ha llegado a plasmar en algunas obras pictóricas el nacimiento de Cristo con los volcanes Maderas y Concepción de fondo, y con una resplandeciente Estrella de Belén luciendo sobre ambos. Y es que extrañas "estrellas" y objetos luminosos de todo tipo han sido vistos sobre la isla y, lo que es más desconcertante, entrando y saliendo de ella.


OVNIs y un mundo subterráneo

No se trata solo de avistamientos de OVNIs y luces más o menos extrañas cruzando los cielos. En los testimonios que la revista AÑO/CERO pudo recopilar entre los lugareños, testimonios que nunca antes habían trascendido sus fronteras, destacan casos extremadamente sugerentes.
Algunos de esos testimonios hacen referencia a misteriosas esferas luminosas "como la luna llena", entrando y saliendo de las enigmáticas lagunas de la isla. Esas lagunas, están rodeadas de todo tipo de leyendas. Pero, al margen de la leyenda, lo cierto es que sorprendentes avistamientos OVNI se han producido en algunas de ellas.
Una de las lagunas más sugerentes se encuentra en la cima del volcán Maderas, de 1394 metros de altura. En el interior de este volcán, extinguido hace años, se formó una cuenca de 800 metros de contorno, y de profundidad desconocida, que fue descubierta por Casimiro Murillo, el 15 de abril de 1930, tras escalar el Maderas, Coatlán en lengua nahualt, hasta su cumbre. Pues bien, un sábado, en pleno verano, se produjo un insólito acontecimiento en esa laguna.

Eran aproximadamente las ocho y media de la tarde cuando, desde toda la isla pudo observarse un gran resplandor. Podemos imaginar el terror que embargaría a los habitantes de una isla volcánica al observar como en plena noche se produce un gran resplandor en la cumbre de uno de los volcanes. Uno de esos volcanes, el Concepción, tuvo su última y violenta erupción en 1957, y los mayores de la isla todavía recuerdan aquella noche de fuego y muerte en la isla. Afortunadamente el resplandor que salía del volcán Maderas no era anuncio de un movimiento sísmico, si no de algo extraño.

Eduardo Emilio Gómez, uno de los testigos entrevistado por AÑO/CERO observó el incidente desde la población de Moyogalpa: "Después del resplandor –explica Eduardo a AÑO/CERO en exclusiva- vimos salir una esfera de luz blanca, muy grande, enorme, del interior del volcán. Empezó a subir, y subir, sin hacer ruido, hasta que se perdió entre las nubes....". Recordamos entonces que desde tiempos inmemoriales aquellos volcanes habían sido considerados morada de los dioses. De hecho el nombre nahualt de el Maderas, Coatlán, significa literalmente "lugar del sol" o "Lugar donde vive el Sol". ¿Qué tipo de "sol" vive en ese volcán?.
Aquella misteriosa esfera, que surgió de la laguna del Coatlán, y el resplandor que la precedió, fueron observados desde prácticamente toda la isla. A la mañana siguiente un grupo de campesinos audaces treparon hasta la cima del Maderas para investigar, pero no encontraron ningún pista que pudiese identificar la naturaleza de aquel extraño objeto que, en el silencio más absoluto, había surgido de las entrañas de la laguna volcánica. Sin embargo, y como era de esperar, algunos campesinos supersticiosos susurraron un nombre... "esto es cosa de Chico Largo...".
Y es que en "La Isla del Fin del Mundo" existe además una particularísima tradición ancestral que habla de una especie de mundo interno, o mundo subterráneo, oculto en otra enigmática laguna ometepeña: la Laguna Verde, sin duda el enclave más mágico de la isla.

Precisamente en la zona de San Juan del Sur, donde fueron descubiertos los extraños "prismáticos para observación astronómica", entre Sacramento y Los Ramos, y justo frente al islote del Quiste, se encuentra la Laguna Verde.

La Laguna Verde tiene forma ovalada, de 300 metros de largo –de Oeste a Este- y 200 metros de Norte a Sur. Sus bordes están cubiertos de árboles de guabo, cocojonches, tulares, caballero blanco, conene, etc, y sobretodo, esta poblada de algas en abundancia, y eso es lo que le da su aspecto misterioso y su nombre, a causa del color que le da esa abundante vegetación. Sin embargo, el temor que suscita entre los nativos la Laguna Verde no se debe a su aspecto, a su frondosa vegetación, ni a ser un criadero de tortugas, cuajipales, anguílas, o cormoranes sino a la leyenda de su secreto: la ciudad subterránea de El Encanto..

Dice la tradición que durante el periodo colonial vivió en aquella zona Francisco Rodríguez, más conocido como Chico Largo, un joven alto, flaco, fuerte, de ojos negros, cabellos lacios, nariz afilada, labios finos, que vestía cotona de manta, sombrero de palma y caites. Gustaba de pasear a caballo por la noche, y jamás se le conocio relación con mujer alguna, lo que acrecentaba el misterio en torno a él.. Chico Largo era un chamán muy poderoso, descendiente de los brujos indígenas más sabios, que tuvieron que irse de Rivas al llegar los colonizadores españoles encabezados por Gil González Dávila, y cuyos descendientes viven aun en la isla. Al parecer Chico Largo poseía increíbles poderes sobrenaturales y a el acudían tanto nativos como colonos en busca de sus favores mágicos.
Cuando alguien hacía un pacto con Chico Largo, para obtener dinero, poder, salud o prosperidad, el brujo utilizaba sus artes mágicas para lograr lo pedido, pero, si una vez obtenido el favor, no respetan su pacto con Chico Largo, este los conducía a un extraño lugar, una especie de ciudad subterránea ubicada en torno a la Laguna Verde, llamada por los lugareños "El Encanto".

Lo verdaderamente insólito es que algunos cazadores, que se han perdido en la zona mientras seguían frenéticamente a su presa entre los bosques de la Laguna Verde, aseguran haber llegado a ese lugar llamado "El Encanto".
En aquella ciudad los traidores al pacto, según la leyenda, eran convertidos en animales y esclavizados. Lo curioso es que la leyenda de los hombres convertidos en animales se mantiene hasta nuestros días, y algunos carniceros de Ometepe juran haber descubierto, en algunos novillos y vacas sacrificadas, dientes de oro, lo que mantiene la leyenda.
Sin embargo, quizás lo más curioso de esta historia es que todavía en la actualidad se producen extraños fenómenos, o encuentros con misteriosas entidades en la isla, que son interpretados por los nativos como obra de Chico Largo, reforzando así el mito.

Por ejemplo, cuando triunfó la Revolución Sandinista –cuenta Manuel Hamilton Silva- se construyó una fortaleza en la que mantenían un piquete. Una noche, mientras uno de los vigías hacía su guardia vio venir hacia el acuartelamiento, de frente, un bulto negro. El vigilante le dio el alto pidiendo que se identificas, a medida que aquel bulto se acercaba cada vez más y adoptaba ya una forma antropomorfa de gran tamaño. Al proseguir su acercamiento sin identificarse, el soldado amartilló el arma, pidiéndole a aquel ser que se detuviese. Ante el caso omiso que hacia, abrió fuego, descargando todas las balas de su fusil AK sobre él, pero no pudiendo detener su marcha. El ser llegó hasta el soldado arrebatándole el arma y golpeándolo. Se armó un caos en la fortaleza y todo el contingente militar se dio a la huida. Para los nativos aquel ser era Chico Largo que, desde la ciudad subterránea de El Encanto, en la Laguna Verde, continúa protegiendo la isla.

La leyenda es mantenida viva, sobretodo, por los descendientes de aquellos médicos tradicionales, brujos y sabios, que dominaban la isla antes de la llegada de los españoles.

Se trata de los herederos de un conocimiento ancestral trasmitido de padres a hijos oralmente, y que en otros puntos del continente ya ha sido excesivamente contaminado por la cultura europea. En Ometepe, sin embargo, aún existen curanderos que conocen los secretos de las hierbas y raíces del bosque, capaces de curar todo tipo de dolencias con esa forma de conocimiento médico. El origen de esos conocimientos, como el origen de sus leyendas sobre El Encanto, el origen de sus extraños petroglifos, o de esos insólitos objetos imposibles continua siendo un enigma.