30 nov. 2008

Las Sombras del Monoteísmo


Las tres principales religiones del mundo –la cristiana, la judía y la musulmana– son tan distintas como iguales. Apuntan a lo mismo de distintos modos, pero si hay algo que las identifica, aparte de su origen común recogido en el Antiguo Testamento, es que rompieron el monopolio del politeísmo, la creencia en infinidad de dioses que manifestaban todas las culturas del mundo.


Por: Luz de la Puente y Carlos E. Casero


Las tres principales religiones monoteístas del mundo, la judía, la cristiana y la musulmana poseen una fuente de información que para cada una de ellas es de origen divino. En el caso del judaísmo esta información está recogida en la Biblia hebraica, dividida en tres grandes partes. La primera de ellas es la Torá (el Pentateuco de los cristianos) formada por cinco libros; Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Este conjunto de textos recoge toda la información sobre los sucesos acaecidos a la humanidad desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés en víspera a la entrada de la tierra prometida por Dios al pueblo de Israel.
La segunda parte de la Biblia hebraica abarca desde la conquista de la tierra prometida hasta el periodo que los judíos denominan como el de los últimos profetas, donde se pueden encontrar libros como Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amos, Malaji, Jonás, etc. La tercera parte de este conjunto de textos sagrados esta conformado por los “Ketubim” (escritos). Comprenden desde el siglo VII a.C. hasta el periodo persa, el regreso a Israel después del exilio y la construcción del Segundo Templo de Jerusalén. Se pueden encontrar desde escritos filosóficos como el Eclesiastes, los 150 salmos atribuidos al Rey David o otros salmos y proverbios como los de los libros de Job, Daniel, Esdras, Nejemías, etc.

Junto a la Biblia hebraica (Torá) existe otro conjunto de textos que recogen las leyes y tradiciones del pueblo de Israel, como lo son el Talmud, el Tratado Zeraim, el Moadim, el Seder Nezikim, el Seder Nashim, el Kodashim y el Teharot-tehará.

El cristianismo, a partir de la aparición de la figura de Jesús, retomó libremente la Biblia hebraica. Incorporó la Torá o Pentateuco judío (Antiguo Testamento), como parte de su tradición. Eliminó multitud de libros, y entre ellos muchos que relataban la vida de Jesús. Este reinicio de la tradición judía aparece en el Nuevo Testamento, una auténtica escisión y herejía del judaísmo, siendo sus principales libros los cuatro Evangelios canónicos, seleccionados después de no pocas discusiones teológicas a lo largo de gran cantidad de tiempo en los distintos concilios que la Iglesia Cristiana celebró, como en el año 325 (Concilio de Nicea) o en el 363 (Concilio de Laodiciea), y en donde gran cantidad de textos fueron declarados apócrifos, por considerarse que no fueron escritos bajo inspiración divina. ¿Qué requisitos eran necesarios para aceptar un texto como revelado por Dios?. Pues los expertos que participaron en estos concilios o foros de discusión, utilizaron según ellos a la hora de elegir, la inspiración del Espíritu Santo. Ante este dogma que iniciase San Pablo, el auténtico creador de la religión cristiana, poco más podemos añadir.

Como si de una carrera de obstáculos se tratara, la religión musulmana retoma gran parte de la tradición judeo-cristiana seis siglos después de la aparición de Jesús, a quien considera un profeta más y no el hijo de Dios. EL libro del Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Está formado por una recopilación de oráculos escritos en lengua árabe, y que al igual que la Torá o la Biblia cristiana, fueron inspirados por revelación divina, en esta ocasión a Mahoma (Muhammad ibn Abdallah), entre los años 610 y 632 d.C. Existen otros textos que recogen las palabras personales del profeta, pero que no son reconocidas como la palabra de dios, y a las que se les concede un gran valor, constituyendo lo que los musulmanes llaman “hadiz” o tradición. El Corán primero y, luego las tradiciones, forman la base de todo el islam.


Un solo Dios, ¿una sola verdad?

Pero si hay algo que identifica a estas tres religiones, aparte de su origen común recogido en el Antiguo Testamento, es que rompieron el monopolio del politeísmo, la creencia en infinidad de dioses que hasta el momento de su aparición constituían la corriente predominante en todas las culturas del mundo.

El paso mayoritario de una fe politeísta a otra monoteísta, constituye un verdadero hito histórico de la humanidad, el cual ha merecido y merece todo tipo de estudios. Pero no es mi intención profundizar en este aspecto en el presente trabajo.

Más bien, mi intención es la de constatar algunas lagunas o sombras que aparecen en los textos sagrados de las tres principales religiones monoteístas del mundo, y que según su propio principio de fe, fueron y son la palabra de Dios Todopoderoso, un Dios único y verdadero, un Dios omnipresente, justo y misericordioso.

El Antiguo Testamento cumple perfectamente el nexo de unión de las tres religiones, y sus patriarcas, con Abraham a la cabeza, representan sin ningún genero de dudas el inicio de la singladura de éstas tres religiones en un periodo de tiempo que ha abarcado muchos siglos hasta nuestros días.
Y es precisamente en los libros de la Torá, Pentateuco (del griego pentateujos=los cinco volúmenes) o Antiguo Testamento donde se pueden encontrar fragmentos que conducen a formularnos serias preguntas. Preguntas que cuestionan la creencia en un solo Dios.


Levítico

El Levítico es uno de los cinco libros que conforman la Ley de Moisés o “Jumash” (Pentateuco), y al igual que sus otros cuatro compañeros, las primeras tradiciones judías y cristianas afirmaban que fueron escritos por el propio Moisés, a pesar de que en ninguna parte de los cinco libros se afirme textualmente que él fuera el autor.

En el Levítico son recogidas las leyes de los sacerdotes de Leví, una de las doce tribus de Israel, y en el Capítulo 16 aparece una extraña historia que hace referencia al tema del monoteísmo. Leamos detenidamente (Levítico, 16 El Día de la Expiación “Ajaré Mot”):
Dijo el Eterno a Moisés: Di a Aarón, tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario del velo adentro, delante del propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera; porque Yo apareceré en una nube encima del propiciatorio.

Con esto pues ha de entrar Aarón dentro del santuario: con un novillo joven para ofrenda por el pecado, y un carnero para el holocausto.
Se vestirá la túnica sagrada de lino, los calzones de lino estarán sobre su carne, y se ceñirá el cinturón de lino, y con una tiara de lino se cubrirá; vestiduras sagradas son éstas. Y bañará su cuerpo en agua, y así se las vestirá.
Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para ofrenda por el pecado, y un carnero para holocausto.
Y Aarón presentará el novillo de la ofrenda por el pecado, que es de él; y hará expiación por sí mismo y por su casa.
Y tomará los dos machos cabríos y los hará colocar ante el Eterno, a la entrada de la tienda de asignación.
Y Aarón echará suertes sobre los dos machos cabríos, una suerte “para el Eterno” y la otra “para Azazel”.
Y presentará Aarón el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte “para el Eterno”, y lo ofrecerá como ofrenda por el pecado.
Y el macho cabrío sobre el cual cayó la suerte “para Azazel”, será colocado vivo ante el Eterno para hacer expiación por medio de él, enviándolo a Azazel en el desierto......
...Y aquél que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua; y después de esto podrá entrar en el campamento.


Azazel

¿Quién es éste Azazel a quien el mismísimo Dios único y omnipotente le rinde cortesía?. ¿Por qué estas deferencias hacia un personaje que no vuelve a ser nombrado en todo el Antiguo Testamento?.
Según los teólogos, Azazel sería una especie de demonio local del desierto de Sinaí, un ser de leyenda propio de las tradiciones de aquellos parajes. No le dan más importancia y liquidan de esta forma cualquier otro tipo de comentario, como si hubiesen arreglado de forma definitiva cualquier duda que pudiera surgir respecto a este “demonio del desierto”.
Pero las dudas, lejos de desvanecerse se acentúan aún mucho más. ¿Qué hace Dios respetando los derechos de un ser demoníaco de leyenda?. ¿Qué clase de respeto le debe el Todopoderoso a un diablillo producto de la superstición?. ¿No será un desliz de los autores de la Biblia en los que se reconoce la existencia de otros dioses?. ¿Existen otros textos donde se haga referencia a otros dioses?.


Los Elohim

Yahvé no es el único nombre que aparece en la Biblia para denominar a Dios. De hecho, el que más veces se repite es el de Elohim, un termino plural, y que significa “los fuertes o poderosos”, lo cual constituye todo un contrasentido si se defiende una postura monoteísta. En la Biblia se comienza diciendo:
(Génesis, 1) En el principio creó Dios los cielos y la Tierra..........
Pero...¿en qué Biblia podemos leer esta parte del Génesis?. Desde luego que en una original escrita en hebreo no podremos hacerlo. Las traducciones a otros idiomas como el castellano se han encargado de resolver éste “pequeño problema sin importancia”. Pero si abrimos una Biblia hebraica, el mismo Capítulo 1 del Génesis comenzara así:
Bereshith bara Elohim..........
Traducido al castellano, y libre de “buenas” intenciones que despejen nuestras dudas, tendríamos que leer lo siguiente:
En el principio, los Poderosos crearon el cielo y la Tierra.......
Como podemos ver, un ligero cambio en la traducción puede hacer cambiar todo el sentido de un texto, y por qué no decirlo de toda una historia. Recordemos que el pueblo de Israel fue el elegido de Yahvé, y al que por un pacto o alianza, le debían ciega obediencia a cambio de una extensión de tierra donde vivir. Pero, ¿y el resto de los pueblos de la humanidad?. ¿Acaso el resto de pueblos que habitaban la tierra prometida y que fueron masacrados por los israelitas no eran también hijos de ese mismo Dios único?.

...Sembraré delante de ti mi terror; llenaré de turbación a todos los pueblos donde llegues; y haré que todos tus enemigos huyan ante ti... (Exodo 23, 27)

¿Cómo después de tantos prodigios y milagros, de su único dios Yahvé, muchos israelitas adoraban a otros simples dioses representados en ocasiones como un becerro de oro?.
Los celos de un Dios
¿Cómo entender que el creador de todo el Universo tenga celos de una simple figura de oro?.
...No te postrarás ante ningún otro dios, pues Yahvé se llama Celoso y es un Dios Celoso... (Éxodo 34, 14)
...No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra... (Éxodo 20, 3 y 4)
Para muchos todas estas actitudes denotan por sí mismas que, el propio Yahvé reconoce la existencia de otros dioses, a los que el pueblo de “su propiedad”, el pueblo elegido de Israel no debe ni tan siquiera conocer, bajo pena de las mayores calamidades y desgracias, de un dios que se define como misericordioso y piadoso. E incluso se refiere a esos dioses como sus enemigos cuando dirige al pueblo de Israel en la conquista de la tierra prometida:
...Les expulsaré de tu vista poco a poco, hasta que tú te multipliques y te apoderes de la tierra. Y fijaré tus confines desde el Mar de Suf hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el río, pues entregaré en tus manos a los habitantes del país para que los arrojes de tu presencia. No hagas pacto con ellos ni con sus dioses. No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí, pues dando culto a sus dioses caería en un lazo... (Éxodo 23, 30, 31, 32 y 33)
¡No hagas pacto con “sus dioses”! Más que un dios todopoderoso parece un estratega temeroso de que sus aliados, en este caso el pueblo de Israel, se pase a las filas del enemigo.
¿Cómo entender todo éste conjunto de hechos históricos y que según las religiones son la palabra de Dios, el único Dios?.
Que cada uno saque sus propias conclusiones. Yo hace tiempo que saqué las mías.
(Este texto fue extraído del portal Años Luz - http://www.aluzinformacion.com/index2.htm)