miércoles, diciembre 03, 2008

Los Movimientos del Alma



BERT HELLINGER



El tema de mi conferencia de esta noche es “Los movimientos del alma”. ¿Qué significa eso exactamente?

Hay que verlo en relación con el trabajo de Constelaciones Familiares. El trabajo con Constelaciones Familiares es el método más importante con el que yo intento ayudar a familias y a personas individuales.
Para aquellos de vosotros que todavía no conocen tan bien este trabajo, lo explicaré brevemente.

Cuando alguien tiene un problema, que quizás tenga que ver con su familia (por ejemplo si una persona ve que en su familia ha habido varios miembros que se volvieron psicóticos, a través de varias generaciones), se puede suponer que en la familia hubo algún suceso especial, por lo que se mira de encontrar soluciones para dar un giro positivos a estos destinos tan difíciles. Y para esto sirve el trabajo con Constelaciones.
Por tanto, cuando un cliente viene a un grupo y relata el problema, con la ayuda de los demás participantes del grupo se configura su familia, bien sea su familia actual o la familia de la que proviene. Elige de entre los presentes a representantes, por ejemplo, para su padre, para su madre, para sus hermanos y también para sí mismo.

Después configura estas personas, las va posicionando y relacionando en el espacio y, si lo hace de forma centrada, algo surge que a él mismo lo sorprende. Por ejemplo, ve de repente que todos miran en una misma dirección y con esto se puede deducir que todos están mirando a alguien que fue olvidado o excluido. Así, cuando uno pregunta, el cliente de repente se acuerda deque la madre de su madre murió en el parto. Donde algo así ocurre en una familia, los demás lo sienten como miedo. Por tanto, preferirían no mirarlo. Pero la Constelación muestra que todos están mirando allá, y el alma del individuo mira también hacia allá.
Y así yo, como terapeuta, elijo a una representante para aquella mujer que murió en el parto y la pongo delante de los demás representantes. De repente los sentimientos de todos los implicados cambian. Quizá, antes estaban rígidos y ahora pueden moverse y se dan cuenta de la importancia que aquella mujer tiene para ellos. Quizá una hija de aquella familia se acerca a la abuela y la abraza con un profundo amor y ahí se puede ver que esa hija, que nunca conoció a la abuela, está vinculada con ella mediante un profundo amor.

Si uno luego investiga, la madre tal vez diga: “Si, esta hija ya varias veces dijo que quería morirse”. Es decir, esa hija quiere ir con la abuela muerta. De repente sale a la luz una conexión entre aquella abuela y la nieta. Eso es lo que yo llamo implicaciones sistémicas.
Por tanto, a través del trabajo con Constelaciones Familiares muchas veces se muestra que alguien pretende imitar a otro miembro de la familia, es decir, que quiere tener el mismo destino que otra persona, sin que esa persona sepa nada de la otra.

Y así de repente, a través del trabajo con Constelaciones, se revelan unas leyes, unos órdenes, según los cuales las personas se comportan, muchas veces en su propio detrimento, porque interiormente quisieran ayudar a otra persona, pero no pueden hacerlo. Si esa hija muriera, nada se solucionaría. La abuela no se encontrará mejor y todo el resto de la familia también estará peor.

Por tanto, con la ayuda del trabajo con Constelaciones, haciendo pequeños cambios en la imagen, o sacando los movimientos profundos del alma o también las frases secretas del amor, uno puede liberar a otras personas de esas implicaciones.

Es decir, volviendo sobre el ejemplo de antes, si aquella nieta va hacia su abuela, yo le pido que le mire a los ojos y le diga: “Querida abuela, me gustaría morir como tú, por amor hacia ti, para guardar tu memoria”. Así sale a la luz el profundo amor de esa nieta a su abuela.
¿Y cómo reacciona la abuela, entonces? Ella le dice: “Querida nieta, puedes venir conmigo más tarde, cuando ya te hayas hecho grande y vieja, entonces te esperaré. Pero ahora me alegro si sigues con vida. Te bendigo, si sigues con vida”. Así la nieta puede tomar aquello de la abuela y en vez de querer morir por amor a la abuela, ahora, por amor a la abuela, quiere vivir.

De este modo, a través de las Constelaciones Familiares se pueden iniciar y también mostrar unas soluciones preciosas para toda la familia.
Eso sería la parte de fuera, pero en el trabajo con Constelaciones ocurre algo extraordinario: los representantes, una vez configurados, sienten de la misma manera que las personas reales que ellas representan, sin que las conozcan. A veces incluso desarrollan los síntomas de las personas que ellos representan. De pronto, alguien se queda sin aliento, no puede respirar, y preguntando uno puede saber que la persona que él representa tiene asma... o la voz cambia... o alguien de repente tiene la expresión de una rabia asesina y recibimos la información de que la persona que representa tenía ese tipo de rabia asesina contra otro miembro de la familia.

La pregunta es: ¿cómo es posible este fenómeno: que alguien lo perciba inmediatamente, sin saber nada de todo ello?
Yo tengo una explicación, una imagen. No sé si es exacta. Todas estas cosas son misteriosas. Pero la imagen que yo me hago, es la mejor para explicarlo.


El alma

Ahora diré algo sobre el alma, ya que el tema de esta conferencia es “los movimientos del alma”. ¿De qué alma se trata en este caso?
Aquí, entre nosotros, en el mundo de Occidente, bajo la influencia del cristianismo -pero si lo miramos bien, no fue el cristianismo, sino la filosofía griega que más tarde fluyó también en el cristianismo-, tenemos la idea de que cada persona tiene un alma, le pertenece, tiene que cuidarla, incluso tiene que salvarla, como si se pudiera perder.
Algunos incluso tienen la imagen de que el alma esté encerrada en el cuerpo, como en una prisión, y el alma desearía salir de esa prisión, para por fin dejar atrás al cuerpo y llegar al cielo, sin ese lastre. Es una imagen muy extraña.

Solamente quisiera aportar una diferenciación, para que veáis lo absurdo que es. Un hombre ama a una mujer. ¿Cómo la puede amar, si ambos llevan un alma en su interior, presa de su cuerpo? ¿Cómo pueden entrar en relación el uno con el otro? ¿Cómo pueden amarse, cómo podrían comprenderse, y si se miran a los ojos, por qué pueden mirar al corazón del otro, si cada uno está con su alma? No.

Ellos dos tienen un alma en común lo cual significa que ambos participan en un alma mayor. No es que cada uno de nosotros tengamos un alma, sino que todos nosotros pertenecemos a un alma más grande.
Cuando lo comprendemos nos volvemos serenos, el corazón se abre de par en par.

De repente podemos ver a todos aquí en una Gran Alma. Sabemos que estamos unidos con todos y que todos nosotros somos iguales en esta Gran Alma.
Esto es una idea muy bella, y en el trabajo con Constelaciones se evidencia que nos hallamos en un alma grande. Así es posible que sepamos qué es lo que ocurre en otras personas que ni siquiera conocemos. Esas personas pueden influir sobre nosotros. De repente podemos sentir como ellos, como si nos poseyeran, como si tomaran posesión de nosotros, y así, cuando esto ocurre, ya no somos nosotros los que tenemos que hacer nada, sino que el alma obra para ayudar a todos - siempre y cuando nosotros nos entreguemos a ella y nos abandonemos a los profundos movimientos del alma.
Pero, ¿quién sabe hacer esto? Muy pocos lo saben hacer. ¿Por qué? Hay algo que se opone.


La conciencia

Y ahora tocaré un tema muy difícil. Al alma y a los movimientos del alma, se opone algo que tradicionalmente estimamos muchísimo, como si fuera algo muy especial, incluso, pensamos que Dios mismo nos lo dio: la conciencia.
Muchos dicen “la conciencia es la voz de Dios en mi alma”. Pero si os fijáis bien, cuando una persona dice “yo lo hago siguiendo mi conciencia”, “mi conciencia me obliga a hacer esto”, por regla general, ¿qué es lo que hace?

Quien de esta manera se remonta a su conciencia, por regla general le hace daño a otra persona. ¿Y eso lo habrá hecho por un mandamiento de Dios? No, la conciencia no tiene nada que ver con Dios.
Mirando cómo funciona esa conciencia, primero sentimos que tenemos un sentimiento de culpa y, a veces, muchas veces, un sentimiento de inocencia. Cuando nos sentimos inocentes nos sentimos bien, y también ligeros y serenos. Sintiéndonos culpables nos sentimos cargados, no nos encontramos tan bien.

Es decir, la conciencia nos dirige a través de un sentimiento agradable, eso sería la inocencia, y a través de un sentimiento desagradable, lo cual sería la culpa.

Algo similar ocurre en nosotros con el sentido del equilibrio. Si estamos en equilibrio, nos sentimos seguros. En cuanto nos salimos del equilibrio, la sensación es tan desagradable, que inmediatamente procuramos recuperar el equilibrio. También el sentido del equilibrio nos va dirigiendo a través de un sentimiento agradable y otro desagradable. No es nada más que un sentido muy normal e instintivo, pero no es ciego, porque de inmediato percibe lo necesario. Por tanto, al mismo tiempo es sabio. Mirando este ejemplo, tal vez podamos comprender mejor, más fácilmente, cómo actúa la conciencia.

También la conciencia es un sentido instintivo, con el que inmediatamente podemos percibir algo que para nosotros resulta bueno o peligroso.
¿Cuál es, pues, la meta de la conciencia? La conciencia nos vincula con nuestra familia. Cuando un hijo hace algo que le asegura la pertenencia a la familia, si se comporta -como nosotros decimos- “bien”, este hijo se siente inocente. Pero “inocente” no únicamente significa que puede estar contento de formar parte de la familia y puede estar seguro de poder formar parte. Si, en cambio, el hijo hace algo que en la familia se considera malo, este hijo desarrolla una mala conciencia y esa mala conciencia es tan desagradable que el hijo corregirá su comportamiento para volver a ser “bueno”, como solemos decir. Y así puede volver a estar seguro de su pertenencia.

Es decir, con la ayuda de la conciencia, en cualquier momento percibimos aquello que asegura la pertenencia y aquello que la pone en peligro, y eso no solamente es válido para nuestra familia, también es válido para cualquier otro grupo.

Por ejemplo, nosotros ahora aquí formamos un grupo, cualquiera de nosotros sabe cómo tiene que comportarse para poder permanecer aquí. Ahora estáis aquí sentados en vuestras butacas y me estáis escuchando atentamente y sabéis: “si me comporto así, puedo quedarme”. Si ahora alguno empezara a hacer ruido, molestando a todo este grupo. - ¿Qué hacemos entonces? Le echaremos y pierde la pertenencia a este grupo. Y cualquiera sabe de forma instintiva que si se comportara así, le pasaría eso. Por tanto, no lo hacemos, porque sería tan desagradable hacer ese ridículo, que lo dejamos estar.

Todo grupo tiene determinadas reglas que uno tiene que respetar para formar parte, y uno sabe que si infringe esas reglas, pierde la pertenencia al grupo.

Por tanto, no tenemos solamente una conciencia, sino que tenemos muchas. Por ejemplo, tenemos una conciencia con nuestra madre, y otra con nuestro padre. Aquello que le parece bien al padre, a veces para la madre no es nada. Y al revés. Con la ayuda de la conciencia sabemos exactamente cómo tenemos que comportarnos con la madre y cómo con el padre. O un niño sabe que en el colegio se tiene que comportar de una manera distinta que en casa, y entre los amigos, de otra manera que en casa. Y en el club de fútbol, diferente que en la iglesia...

Siempre nos damos cuenta inmediatamente de qué tenemos que hacer para formar parte y qué tenemos que evitar para no perder esa pertenencia. Suena muy fácil, pero ¿qué es lo que esa conciencia hace realmente? Inicia una distinción en el mundo. A saber, la distinción entre el bien y el mal. Bueno es aquello que nos asegura la pertenencia, malo es aquello que la pone en peligro.

Si ahora alguien infringe las reglas de una familia, ella, con la conciencia absolutamente tranquila, lo excluirá. Así, esa conciencia se vuelve mala, ese sería el marco estrecho.
Pero fijémonos ahora en las relaciones entre diferentes grupos. Por ejemplo, en un pueblo como la Argentina. Aquí hay diversos grupos: los unos se sienten mejores, otros son considerados inferiores; algunos son venerados, otros son desterrados. Y todo esto con la ayuda de la conciencia. Esta conciencia es la que sentimos y es relativamente simple de comprender.

Pero volviendo ahora al ejemplo de un principio. Hablando, por ejemplo, de los movimientos que se van desarrollando cuando la nieta pretende seguir a su abuela a la muerte. Por una parte veremos que esa nieta se siente buena, ya que siente el amor hacia su abuela, y muy profundamente en su alma está convencida de hacer algo bueno.
Pero si miramos a la familia como un conjunto, y no solamente a la familia más inmediata (el padre, la madre y los hijos), sino también las generaciones anteriores, vemos que existen patrones repetitivos. Toda la red familiar se comporta como si tuviera una conciencia común. Esa conciencia no se puede sentir, únicamente se muestra a través del trabajo con Constelaciones.

Esta conciencia sigue a leyes totalmente distintas que la conciencia que nosotros sentimos. Os daré un ejemplo. Vino a verme un hombre que dijo que acaba de saber que en su familia durante los últimos cien años, varios hombres se suicidaron, siempre a la edad de 27 años y siempre un 31 de diciembre. Es curioso, ¿no? El hombre era abogado, y empezó a investigar para saber qué había ocurrido. Observando ese patrón en su familia, se dio cuenta de que un primo suyo iba a cumplir los 27 años y que el 31 de diciembre se estaba acercando. Así fue a verlo para advertirlo, y ese primo ya había comprado un revolver para pegarse un tiro. El abogado pudo disuadirlo. Al final, sus investigaciones dieron el siguiente resultado: el primer marido de su bisabuela murió con 27 años un 31 de diciembre. El hombre siguió investigando y supo que esa bisabuela, poco después, se casó con otro hombre, que fue su bisabuelo. Y estos dos envenenaron al primer marido de la bisabuela.

Es decir, algo ocurrió hace muchísimos años y, sin embargo, seguía actuando a través de las generaciones en esa familia, de una forma que nos tiene que espantar. ¿Qué ocurre aquí? La conciencia común, la conciencia inconsciente colectiva de esa familia no permite que nadie sea excluido, que nadie sufra ninguna injusticia, sin que más tarde esta persona excluida, en este caso, el asesinado, fuera representado a través de otros miembros de la familia, que toman sobre sí el mismo destino. En este caso, el destino de morir a la misma edad el mismo día, hasta que aquel hombre del principio, el primer marido de la bisabuela, pueda salir a la luz de nuevo. De manera que surja la injusticia que él sufrió, para que le den la honra y sea reintegrado, y vuelva a ser de nuevo un miembro de esa familia.
Esta conciencia sigue una ley importante. Esa ley dice: cualquier miembro de la familia, independientemente de cómo sea, tiene el mismo derecho a la pertenencia que todos los demás.

Por tanto, en esta conciencia, la distinción entre bueno y malo, como lo establece la conciencia personal, no existe. En cambio, busca mantener la integridad de toda la familia, pero de una manera que no le ayuda a nadie. Porque no le ayuda nada al primer marido de la bisabuela el hecho de que, años después, tres hombres o más se suiciden a la misma edad, el mismo día. Lo único que ocurre es que la desgracia se perpetúa.
¿Cómo se puede salir de este círculo vicioso? No podemos hacerlo con la ayuda de la conciencia. Tienen que obrar otras fuerzas para que esto se logre y eso es lo que yo llamo los movimientos del alma: los movimientos de la gran alma de la que todos participamos. Esta Gran Alma quiere reintegrar a todos los que están separados. En este caso lo hice de la siguiente manera.

Ese abogado que encontró esos hechos terribles sobre el marido de su bisabuela acudió a mi, presa del pánico, en peligro agudo de suicidarse. Fui con él a mi habitación, le dije que se apoyara de espaldas en una de las paredes y en el otro lado se imaginara al primer marido de su bisabuela y le dijera: “Sé lo que hicieron contigo, yo te honro y te doy un lugar en mi corazón y, por favor, mírame con buenos ojos si sigo con vida”. E inmediatamente pudo sentir cómo ese primer marido de su bisabuela le miró amablemente. Este hombre había sido reintegrado en la familia y para mi cliente el peligro de suicidarse había acabado. Nunca más lo sintió.

Al mismo tiempo también le dije que mirara a su bisabuela y a su bisabuelo y les dijera “Sé lo que hicisteis, vosotros le matasteis. Ahora vosotros tenéis que asumir la culpa”. De modo qué él ya no tenía que hacerse cargo de esa culpa, porque lo que estaba ocurriendo era que aquellos que se habían suicidado eran al mismo tiempo asesinos y víctimas. Es decir, al mismo tiempo estaban identificados con el primer marido de la bisabuela y también, con los asesinos, la bisabuela y su segundo marido.
¿Cómo actúa ahora la Gran Alma? La Gran Alma hace que tanto las víctimas como los perpetradores se encuentren en un mismo nivel. Al final, las víctimas tienen que admitir a los perpetradores muertos. Los perpetradores muertos tienen que ponerse al lado de las víctimas muertas, echarse a su lado y sentir con ellos el dolor. Y así quizá puedan encontrar la paz.
Quisiera explicarlo también con otro ejemplo. El año pasado estuve en Israel y también allí hice Constelaciones Familiares y una mujer contó que su padre fue asesinado por un árabe. Así configuramos a tan sólo dos personas: al padre de esa cliente, es decir, un israelí, y su asesino, cuyo representante fue también israelí. Estaban el uno en frente del otro. El perpetrador tenía grandes dificultades para mirar a los ojos de su víctima. Primero se retiró moviendo el puño y después, muy poco a poco, empezó a mirar al otro. De repente entre ellos dos empezó a desarrollarse un amor muy profundo. El representante del asesinado extendió su brazo y el otro, bajo un dolor intenso, empezó a acercarse a él. Finalmente se abrazaron durante mucho tiempo, muy entrañablemente. Después el representante de la víctima se dejó caer al suelo, se echó de espaldas y el representante del árabe se puso a su lado y así estuvieron en paz. Todo transcurrió sin ninguna intervención exterior de parte del terapeuta. Se desarrolló por sí solo en el alma de estos representantes.
Ésos serían movimientos del alma. Es lo que hace que aquello que estaba separado se vuelva a unir y hace que todos sean iguales.
Por esta noche solamente he dado una idea global, una primera impresión de lo que sería posible. Gracias a Dios, ahora ya hay varios libros míos en español, también hay videos en español, donde uno puede leer y ver para aprender y comprender mejor.

Y ahora pienso que daré la oportunidad de formular preguntas.
Pregunta: escuché atentamente lo que Ud. dijo y en muchos tramos habló de lo que es la conciencia, pero no nombra al inconsciente. De hecho lo nombró una sola vez cuando habló del sentimiento y el deseo de pertenencia a la familia y aquel que no pertenece siente un rechazo absoluto. Primero no quedó claro de quién es el sentimiento de rechazo. Y hay ejemplos en la historia de la humanidad de personas que pertenecieron a la familia científica. ¿Por qué hablar de rechazo a la no pertenencia, si por ejemplo Galileo Galilei fue expulsado de la familia científica y a pesar de eso la humanidad tuvo avances inconmensurables?

Hellinger: Creo que esas preguntas nos apartan en lo que aquí en realidad cuenta. Lo que aquí cuenta es saber qué cosa ayuda cuando una persona está implicada en su sistema familiar y está haciendo algo que en realidad le hace daño. Quisiera explicarlo de una forma distinta también. Quien está sano, por regla general está bien. Eso se podría comparar al sentimiento de inocencia si yo hago aquello que me asegura la pertenencia. Quien cae enfermo, se siente mal y sintiéndose tan mal, hace todo para recuperar su salud, y eso sería comparable a la mala conciencia. Es decir, el efecto de la enfermedad sería similar al efecto de la mala conciencia.
Pero también hay muchas personas que cuando escuchan que están gravemente enferma, se sienten aliviadas, incluso felices. Un amigo mío, un médico, participó en un proyecto de investigación en la Universidad de Heilbek con el que querían saber si, cuando mujeres acudían a un examen médico para averiguar si tenían cáncer, uno, aún antes del diagnóstico real, podía saber si la mujer tenía cáncer. Así pudieron comprobar, muy fácilmente, con un alto grado de acierto, que todas las que tenían miedo de morir, no tenían cáncer... El cáncer muchas veces muestra que no solamente se trata de una enfermedad del cuerpo, sino que esa persona desea morir. Por eso tampoco ayuda nada si esa persona tan solo recibe medicamentos, cuando el alma no está dispuesta a estar sana.
Otro ejemplo, un amigo mío dirige una gran clínica y un jefe de departamento, de repente, desarrolló un tumor cerebral. Yo le pregunté, cómo reaccionó ese hombre al saberlo, cuando supo ese diagnóstico. Me dijo: Estaba encantado. ¿No es curioso? Es decir, aquí actúan fuerzas que hay que mirar muy detenidamente. Por tanto, cuando aquí hablamos del alma o de la buena o conciencia, se trata de ayudar a personas que se encuentren en una situación así.

He trabajado mucho con pacientes de cáncer y muchas veces se puede ver, sobre todo en mujeres, que ellas se niegan a respetar a su madre y yo cuando en una constelación les pido que se inclinen ante su madre, que se inclinen profundamente, dándole la honra, estas mujeres se niegan de una forma que nos hace suponer que preferirían morir antes que dar la honra a su madre. ¿No es curioso?


Ejercicio

En este contexto, haré un ejercicio con vosotros acerca de los movimientos del alma, para que quizás podáis distinguir esa precisión en vuestra propia alma.
Podéis cerrar los ojos y os imagináis que estáis delante de vuestros padres... están a alguna distancia el uno al lado del otro... y detrás de vuestros padres, están sus padres... y detrás de éstos, otra vez, sus padres... y después los padres de éstos... Una larga fila.
Y así estáis delante de vuestros padres, y detrás de ellos veis a todos sus antepasados... y, lejos, lejos, detrás de todos... intuís una fuerza misteriosa, de la que no sabemos nada, pero que reconocemos por sus efectos... Y de tan lejos, nos fluye la vida... a través de todas esas generaciones, hasta los padres, y de los padres hacia vosotros. Y esa vida que viene de muy lejos es absolutamente pura, sin ninguna perturbación... fluye a través de todos, sin disminuir, siempre sigue siendo la misma... y así esta vida fluye a través de vuestros padres hacia vosotros...
Y después os inclináis profundamente ante los padres... ante sus padres... ante sus padres... más allá, lejos, de todas esas generaciones y también del misterio del que esta vida proviene...
Ahora, ¿tiene alguna importancia saber cómo eran esos padres? Sean como sean, a través de todos ellos, la vida fluye pura y plenamente...
Y ahora podéis abrir el corazón de par en par, recibir esa vida en vosotros. Os dais la vuelta, os apoyáis de espaldas contra los padres, y miráis hacia delante... hacia vuestros hijos, los nietos y las demás generaciones que aún vendrán... Vosotros estáis en medio de ese gran río y todos, a través de los que esta vida fluye, son iguales. Igual de grandes, igual de pequeños, igual de buenos... todos no son más que hombres...
(Tres minutos de silencio)
Creo que no habría una forma más bella de terminar esta conferencia.
Os deseo todo lo mejor y la plenitud de la vida.