10 dic. 2008

Meditación de la Montaña



Desde la más remota antiguedad, los hombres han relacionado a la montaña con la proximidad a Dios. En el monte Olimpo residían los dioses griegos, mientras que en la Biblia la montaña es el lugar donde se puede dialogar directamente con Dios. En el Nuevo Testamento, Jesús sube al monte para orar, al igual que Moisés lo había hecho en el monte Sinaí.


La cúspide como objetivo espiritual

San Juan de la Cruz se refería a su camino espiritual como un "ascenso al Monte Carmelo" y todos los místicos han estado de acuerdo con su comparación: la subida equivale a lograr mayor perfección espiritual, teniendo como meta la cumbre, o sea Dios.
Los eclécticos han querido ver en la montaña un símbolo de la Religión. La cúspide es la unión con Dios que buscan las religiones (Re-ligare: volver a unir), mientras que los senderos que se dirigen a ella representan las diversas concepciones religiosas. Hay caminos fáciles, otros más difíciles, muchos largos, peligrosos y hasta podemos extraviarnos, pero la meta es la misma y por cualquiera de ellos podremos elevarnos hacia la realidad trascendente.


Los montañistas

El ascenso a las montañas es tarea de "héroes", simbólicamente iniciados que han superado diversos escollos para llegar a la cima, dejando atrás la vida común de las llanuras. Tradicionalmente, en las cimas viven los dioses (Olimpo, Sinaí, etc) y por esta razón los escaladores sobrepasan los límites humanos para alcanzar, por unos instantes, la divinidad. En el Mahabharata, Arjuna escala el sagrado monte Himalaya y "sólo en la gran montaña alcanzó la visión divina".
En un pasaje brillante, el Padre Pérez Aguirre nos dice que la montaña "no ha sido hecha para los débiles, para los corazones pusilánimes ni para los comodones o burgueses de nuestras ciudades. Esos que no tienen más horizonte que el facilitado por las pantallas de cine. La montaña no se conquista desde una butaca o con una Coca-Cola delante del televisor. Es para los valientes, esos de la raza de los Herzog, Terray, de los Tenzing y los Hillary. Esos que sienten el impulso de la audacia, la nostalgia de las alturas, el odio a los horizontes asfixiantes y pequeños del burgués. La montaña es un constante desafío para el hombre que vale.
¿Qué busca el montañista en su cima? Si le hacemos esta pregunta al que viene bajando orgulloso de las alturas conquistadas quizás no nos sabrá responder. Es tanto lo que ha encontrado y tan difícil de expresar que nos mirará sonriente y nos invitará a realizar la experiencia.
Ante todo sentirá que ha vuelto de las cimas sintiéndose más hombre y ennoblecido. Ese es el gran secreto que encierra en su corazón que ahora late más fuerte y parejo. Ha conocido un poco más nuestra tierra, esa que él ama profundamente, con sus indescriptibles paisajes y bellezas innaccesibles (...) ha escrutado los misterios de la creación con el sentido genuino de realeza que tiene el hombre sobre ella. Se ha emparentado con el Infinito en la soledad de las cimas, donde el aire liviano y puro impregnando sus pulmones le hizo sentirse abrazando el mundo a sus pies con una sola mirada.
Ha comprendido que para captar plenamente el lenguaje de la Naturaleza (...) es necesario purificar el corazón y aceptar con humildad nuestros límites. Se ha sentido fortalecido para enfrentar los deberes más arduos de la existencia.
Para eso, el vulgar turista de autobús y aerocarril nunca alcanzará esa plenitud, esa alegría del montañero que llega a la cumbre agotado y sudoroso por el esfuerzo, el sol y la sed: ingredientes imprescindibles para que luego, perdido entre las nieves imponentes y silenciosas, casi tocando un cielo azul profundo y luminoso, oiga el canto que la tierra eleva a su Dios".


La Ley

Sin duda, el ascenso a la montaña es la antítesis de la vida cómoda y sin emoción de las ciudades.
Quizás las cumbres sean el mejor lugar para comprender nuestro lugar en el Plan Divino. Desde un punto de vista simbólico, podemos relacionar al montañismo con el misticismo. Esta idea la desarrolla J. Secret diciendo que el alpinismo "tiene un evidente parentesco con la vida mística. La ascensión de montañas constituye una transposición de los anhelos místicos al plano físico. El ascetismo constituye un ejercicio de renuncia, de victoria sobre uno mismo, de sufrimiento aceptado con una finalidad. El alpinista se esfuerza por alcanzar la cima, mientras que el místico tiende a las alturas de la vida contemplativa".
El escalador George Leish Mallory reflexionaba sobre su ascenso al Mont Blanc: "¿Hemos vencido a un enemigo? A nadie más que a nosotros mismos. ¿Hemos obtenido éxito? Esa palabra no significa nada aquí. ¿Hemos conquistado un reino? No...y sí. Hemos logrado la última satisfacción...satisfecho un destino. Luchar y entender, nunca esto último sin lo otro; tal es la ley...¿Hemos estado sólo obedeciendo una antigua ley entonces? ¡Ah! pero se trata de la Ley".


Aplicación práctica

Podemos aprovechar nuestra excursión a las montañas u otras cumbres para considerar los siguientes puntos:

1) Meditación sobre el simbolismo espiritual del ascenso a la cumbre.
2) Estudio: el Sendero espiritual, sus etapas y dificultades.