4 dic. 2008

Meditación del Cielo


El cielo es la morada de los dioses. Cuando los hombres buscan a Dios, inconscientemente elevan su mirada y dirigen su plegaria al cielo. La oración que enseñó el Cristo comienza diciendo "Padre Nuestro que estás en el cielo". Según la tradición cristiana, el mismo Jesús al morir, se eleva a los cielos para compartir la gloria de Dios.

Del cielo viene la luz, y ésta es símbolo del espíritu, mientras que la oscuridad representa la materia. La luz procede del sol. Éste alude simbólicamente a una manifestación divina, que muchos pueblos han reverenciado como Inti, el gran dispensador de vida entre los Incas o Ra entre los egipcios. El sol es el símbolo visible de la realidad divina que es invisible.

El sol y la luna

El sol (masculino) es el opuesto de la luna (femenina) y ambos ejercen una influencia comprobable en los seres humanos.
Como sostén de la vida terrestre, el Sol es la imagen más asequible de la Divinidad y la Sabiduría Antigua lo relaciona con el Logos.
La luz solar forma en ciertas ocasiones un maravilloso arco iris. Según los antiguos griegos, este era el puente de Iris, la mensajera de Zeus. Generalmente se relaciona al arco iris con un canal desde el cual la divinidad envía desde el cielo sus buenos deseos a la Tierra.

A diferencia del sol, que se mantiene aparentemente estable, la luna es cambiante. Vemos la vida humana reflejada en sus fases que simbolizan el ciclo de nacimiento, vida y muerte. La luna nos enseña que la muerte no es definitiva. Dice Mircea Eliade: "La luna es el primer muerto. (...) Durante tres noches, desaparece en el cielo; pero al cuarto día renace, y como ella, los muertos adquirirán un nuevo modo de existencia", por lo cual muchas veces se usa este símbolo para representar el renacimiento continuo de los hombres.
Según Esquilo, la luna "es el ojo de la negra noche" y los poetas de todas las épocas se han inspirado en ella para componer sus versos más dulces.
La luz de luna llena está relacionada también con el encanto de lo sobrenatural. Bajo su influjo actúan en la penumbra los lobizones o bailan frenéticas y gráciles las hadas de los bosques.

La noche y las estrellas

Abraham Lincoln manifestó: "Puedo comprender que un hombre que pone su vista en la tierra sea un ateo; pero no puedo comprender que un hombre que levanta su vista al cielo en una noche serena, pueda decir que Dios no existe".
Por un lado, la noche es símbolo de misterio e inseguridad y a la vez representa el regazo materno que nos acoge brindándonos protección. Como todos los símbolos naturales, posee un carácter dual.

La noche nos invita a descansar para prepararnos para una nueva jornada. En la vida al aire libre, el descanso nocturno es fundamental para que el día siguiente sea productivo y enriquecedor.

Según Henry Beston: "Nuestra civilización ya no conoce la noche. Con las luces, hacemos retroceder la santidad y la belleza de la oscuridad a los bosques y al mar; ni siquiera los pueblitos o los caseríos quieren saber de ella. ¿Será acaso que la gente de nuestra época le teme a las horas nocturnas, a esa vasta serenidad, al misterio del espacio infinito, a la austeridad de las estrellas?".

Aplicación práctica

Podemos aprovechar la contemplación del cielo para considerar los siguientes puntos:

1) Estudios sobre: el Sol y la Luna en la tradición esotérica, los ciclos cósmicos y los ciclos de la vida humana, los planetas, el microcosmos y el macrocosmos, etc.
2) Meditación sobre la magnitud del Universo