2 dic. 2008

Qué es la Tensegridad??


La Tensegridad es la versión moderna de ciertos movimientos llamados "pases mágicos" desarrollados por chamanes indios que vivieron en México en tiempos previos a la conquista española.

"Tiempos previos a la conquista española", es el término que usaba don Juan Matus, un indio chaman mexicano que dio entrada a Carlos Castaneda, Carol Tiggs, Florinda Donner-Grau y Taisha Abelar, al mundo cognitivo de los chamanes que vivieron en México, de acuerdo con don Juan, de 7,000 a 10,000 años ha.

Don Juan les explicó a sus cuatro discípulos que esos chamanes o brujos, como él los llamaba, descubrieron a través de prácticas que él no podía discernir, que los seres humanos son capaces de percibir energía directamente tal como fluye en el universo. En otras palabras, de acuerdo con don Juan, esos chamanes aseguraban que cualquiera de nosotros puede interrumpir, por un momento, nuestro sistema de interpretación que convierte el flujo de energía en datos sensorios propios de la clase de organismos que somos (en nuestro caso, simios). Esos chamanes aseguraban que convertir el flujo de energía en datos sensorios crea un sistema de interpretación que convierte la energía que fluye en el universo en el mundo cotidiano que conocemos.

Don Juan continuó aclarando a sus discípulos que una vez que esos antiguos chamanes hubieron establecido la validez de la percepción directa de energía, a la que llamaron ver, procedieron a refinarla aplicándosela a sí mismos. Esto es, se percibían los unos a los otros a voluntad, como un conglomerado de campos energéticos. Al percibirse de esta manera, los seres humanos se asemejan a unas gigantescas esferas luminosas del tamaño de los brazos extendidos, a los lados y hacia arriba.

Cuando se percibe a los seres humanos como un conglomerado de campos energéticos, se puede también percibir un punto de intensa luminosidad localizado a la altura de los omóplatos, mas ó menos a un metro de distancia detrás de ellos. Los videntes del México antiguo que descubrieron este punto luminoso concluyeron que es ahí donde se efectúa la percepción y debido a esto, lo llamaron "el punto de encaje". Ayudados por su capacidad de ver, se dieron cuenta de que en este punto luminoso ubicado en el mismo sitio en la humanidad entera, convergen cantidades astronómicas de filamentos luminosos que son los campos energéticos que constituyen el universo entero. Al convergir en este punto, se convierten en datos sensorios utilizables para los seres humanos como organismos. Utilizar energía convertida en datos sensorios era considerado por aquellos chamanes como un acto mágico: energía en general transformada por el punto de encaje en un mundo verdadero e inclusivo en el que los seres humanos, como organismos, pueden vivir y morir. Aquellos chamanes atribuían el acto de convertir el flujo de energía pura en un mundo perceptible, a un sistema de interpretación. Su avasalladora conclusión - avasalladora para ellos, por supuesto, y quizá para todos aquellos que tengan suficiente energía como para prestar atención - fue que en el punto de encaje no es únicamente el lugar donde se realiza la percepción al convertir el flujo de energía pura en datos sensorios, sino que también es el lugar donde se realiza la interpretación de datos sensorios.

Su siguiente avasalladora observación fue que el punto de encaje se desplaza de su posición habitual, de una manera muy natural, durante el sueño. Descubrieron que cuanto mayor es este desplazamiento, mas extraños son los sueños que lo acompañan. Aquellos chamanes pasaron de estas observaciones de vidente a la acción pragmática del desplazamiento voluntario del punto de encaje. Al resultado de estas acciones prácticas lo llamaron el arte de ensoñar.

Definieron el arte de ensoñar como la utilización pragmática de los sueños ordinarios para crear una entrada a otros mundos, por medio del desplazamiento voluntario del punto de encaje y el acto de mantenerlo fijo en la nueva posición, también a través de un acto voluntario. Las observaciones de aquellos chamanes, al practicar el arte de ensoñar, eran una mezcla de raciocinios y ver energía directamente tal como fluye en el universo. Se dieron cuenta de que en su posición habitual, el punto de encaje es el lugar donde converge cierta minúscula porción de los campos energéticos que forman el universo, pero si el punto de encaje cambia de posición, dentro de la esfera luminosa, otra porción mínima de campos energéticos converge en él. El resultado es un nuevo flujo de datos sensorios: campos de energía diferentes de los habituales se convierten en datos sensorios, y estos diferentes campos energéticos son interpretados como un mundo diferente.

El arte de ensoñar se convirtió en la práctica más absorbente para aquellos chamanes. En el curso de esta práctica, experimentaban estados de bienestar físico sin igual. Al tratar de duplicar estos estados en sus horas de vigilia, descubrieron que podían repetirlos si ejecutaban ciertos movimientos corporales. Sus esfuerzos culminaron con el descubrimiento y desarrollo de un gran número de movimientos a los que llamaron pases mágicos.

Los pases mágicos de aquellos brujos del México antiguo se convirtieron en su posesión más preciada. Los rodearon de mitos y misterio, y los transmitían, únicamente a sus iniciados, en tremendas ceremonias rituales y secretas. Esta fue la manera en que don Juan Matus se los transmitió a sus cuatro discípulos, quienes, al ser los últimos eslabones de su linaje, llegaron a la unánime conclusión de que su interés de hacer el mundo de don Juan accesible a quienes lo buscan. Por lo tanto, decidieron rescatar los pases mágicos de su estado secreto y ritual. Crearon así la Tensegridad, término que pertenece a la arquitectura, y que significa "la propiedad de armazones que emplean miembros de tensión continua y miembros de compresión discontinua, de tal manera que cada miembro opera con máxima eficiencia y economía."

Este es un vocablo sumamente apropiado, ya que es una mezcla de dos términos tensión e integridad; expresiones que denotan las dos fuerzas impulsoras de los pases mágicos.

*extracto de la primera edición de Lectores del infinito, Número 1, Volumen 1, 1996