20 abr. 2009

El Enigma de la Isla de Pascua


La Isla de Pascua es una isla de Chile ubicada en la Polinesia, en medio del Océano Pacífico. Tiene una superficie de 163,6 km² (lo que la convierte en la mayor de las islas del Chile insular) y una población de 3.791 habitantes, concentrados principalmente en Hanga Roa, capital y único poblado existente.

El nombre tradicional que recibe esta isla corresponde al de Rapa Nui, que significaría isla grande en el idioma de los antiguos habitantes de Tahiti. A pesar de ser de origen extranjero, el nombre de Rapa Nui es considerado comúnmente como la denominación dada por los nativos de la isla.

En el idioma autóctono, la isla es conocida como Te pito o te henua, que significa "El ombligo del mundo" y Mata ki te rangi, que equivale a "Ojos que miran al cielo". La denominación de Rapa Nui se hizo posteriormente extensiva para denominar al pueblo aborigen y a su idioma, pero como una única palabra, "rapanui".

El nombre de Isla de Pascua le fue dado por el navegante neerlandés Jacob Roggeween que la descubrió el 5 de abril de 1722, debido a que esa fecha correspondía al día de Pascua de Resurrección. Recibió el nombre de Paasers en neerlandés, que luego fue traducida al español como Pascua. Con este nombre, y sus traducciones, es conocida la isla internacionalmente. Los habitantes de la isla, independientemente de su origen étnico, utilizan el gentilicio "pascuense".

La isla también recibió el nombre de isla de San Carlos por el navegante español Felipe González Ahedo, que la denominó así en honor al rey.


Formación y origen

La Isla de Pascua se formó por erupciones volcánicas., bastante comunes en el Pacífico, y está rodeada por un abismo de 1.145 brazas de profundidad que se extiende por ló kilómetros. Ninguna tierra pudo desaparecer y dejar tal depresión. La isla es llana, y con muy poco suelo cultivable. No está en condiciones de albergar a una población de cierta densidad. Su circunferencia es de 56 kilómetros y comprende 19.200 hectárea. Sin embargo, esta pequeña isla rocosa, nada favorecida por el clima, desarrolló una cultura singular. Sus habitantes dedicaron cientos de años a formar las estatuas con roca volcánica, que transportaron y erigieron en los ahus, las plataformas sepulcrales pétreas que siguen la línea de la costa.
Jacob Roggeveen, su descubridor, inspeccionó los antiguos monumentos y se maravilló de que hubiesen sido erigidos por salvajes desnudos. Notó que muchos de los isleños tenían tez blanca. La visita del capitán James Cook, cincuenta años más tarde, le dio a la isla la celebridad de la que nunca dejó de gozar. Cook observó muchas pieles blancas e inspeccionó las estatuas caídas sobre los ahus. Algo notable había ocurrido en esos cincuenta años. En 1722 las estatuas estaban en pie, en 1774 aparecían derribadas. Los empobrecidos isleños, que sumaban unos 4.000 en la época de Cook, fueron reducidos a 111 en 1862 por la irrupción de los traficantes de esclavos, que se llevaron a Perú a todos los hombres físicamente capaces. Sólo quedaron unos pocos para transmitir las antiguas tradiciones y el conocimiento del testimonio pictórico de la isla.

Hay varias versiones del folklore de los isleños, se ha interpretado que esos recuerdos raciales demuestran tanto el argumento de que los constructores de estatuas derivaron del Perú como que eran polinesios que llegaron del oeste, probablemente de las islas del grupo tahitiano, la evidencia es confusa y contradictoria, en parte debido a las dificultades de idioma entre los registradores y los isleños. Se cree que las famosas estatuas representan hombres de tipo caucásico, tal vez una conclusión peligrosa de extraer de imágenes pétreas. Se le da cierta importancia al predominio, entre los isleños, de ojos azules, cabello rojo y piel blanca, en algunos casos esas características europeas pueden haberse originado en la tripulación de los buques mercantes y balleneros que visitaron la isla en el siglo XIX.

El grueso de la población, presenta las habituales características polinesias, con el perceptible incremento en la longitud del cráneo, común a la periferia de la expansión polinesia. Está particularmente marcado en la Isla de Pascua, que se encuentra en el extremo de la cadena. Se cree que este rasgo refleja el estrato étnico que, en las islas de los Mares del Sur, fue reemplazado por invasores más oscuros y de cráneo más pequeño. Los habitantes de la Isla de Pascua hablan un puro dialecto polinesio, libre de influencias de otras familias de lenguas, indicación esta 3e su temprano éxodo de su tierra natal. Estos factores sugieren que los migrantes llegaron a las islas y quedaron aislados antes del fin de la vasta dispersión polinesia que culminó en el siglo XIII de nuestra era.
El folklore de los isleños contiene tradiciones de dos migraciones procedentes de Polinesia, la primera de las cuales fue conducida por el jefe Hotu-Matua. Este llegó a la isla con 300 hombres después de un viaje de 120 días, en el que lo había precedido inmediatamente su hermano con siete hombres. La segunda migración parece haberse producido algunas generaciones más tarde. Los isleños, que afirman conservar las antiguas historias, hablan de dos oleadas de navegantes, una de las cuales llegó sin mujeres, los Nanau-Momoko, que significa hombres arruinados o debilitados, y los Hanau-Eepe, los hombres de orejas grandes u hombres fuertes. Es difícil determinar si ambas oleadas de migrantes eran polinesias, o si los Hanau-Eepe eran de otra raza más antigua, desconocida. Las tradiciones se refieren a "los otros", que son descritos como "hombres muy grandes, pero no gigantes, que vivían en la isla mucho antes de la llegada de Hotu-Matua".

El término "Eepe" puede ser poco aclaratorio, Francis Maziére, a quien nos referiremos luego, cree que no significaba "de orejas largas" sino hombres fuertes. Un grupo de los habitantes de la Isla de Pascua era conocido como los Orejas Cortas, lo que sugiere que otro grupo se distinguía por tener orejas alargadas. El alargamiento de las orejas se practicaba en toda Polinesia y en Perú, donde los gobernantes incas adoptaron la costumbre como marca de distinción de clase.
¿Eran estos Orejas Largas y Orejas Cortas dos oleadas separadas de migrantes polinesios? ¿O es que los Orejas Largas eran una raza anterior?
La evidencia es conflictiva. Puede ser significativo que los isleños modernos que afirman descender de esa raza más antigua se llamen a sí mismos Orejas Largas.
Thor Heyerdahl, investigador noruego, se atuvo a la versión registrada entre 1883 y 1889 por el contador naval norteamericano W. J. Thompson, quien fue asistido por el misionero residente, padre Roussel. Thompson parece haber contado con los conocimientos de dos hombres, el isleño Ure Vaeiko, quien afirmaba conocer las tradiciones orales de sus antepasados, y un tahitiano de nombre Salmon que actuaba como guía para los visitantes y que narraba diferentes historias para satisfacer a sus interrogadores. Vaeiko sólo podía hablar en español chapurrado.
Versiones más confiables pudo haber registrado Francis Maziére, quien visitó la isla con su esposa tahitiana en 1963, ella podía conversar fácilmente con los isleños en su propio idioma, con lo que logró la confianza de estos. Thompson y otro misionero, el padre Sebastian Englert, registraron "listas de reyes". Thompson remontó esos cincuenta y siete nombres hasta el año 5,00 de nuestra era. Englert, quien dedicara muchos años al es tudio de las genealogía de los isleños, afirmó que los primeros colonos polinesios llegaron en el siglo XVI, 1.000 años después de la fecha de Thompson.

Según la interpretación de Heyerdahl, Hotu Matua no era un polinesio, él vino de Perú, acompañado por 300 hombres en dos embarcaciones y llegó a la isla deshabitada después de un viaje de 120 días. La tierra de la que venía se llamaba Marae toe hau, que signífica "cementerio", una posible alusión a la costumbre peruana de la momificación. El clima del país era tan caluroso que la gente a veces moría por los efectos del calor. En ciertas épocas del año las plantas empezaban a marz'ntarse y se secaban. Se torna esta descripción como referente a Perú, una tierra calurosa y árida. HotuMatua había sido precedido por su hermano, quien había navegado por el mismo curso guiándose por el sol poniente. Heyerdahl dató la llegada de Hotu Matua en el 475, hacia la época en que según la tradición peruana, los portadores de cultura de "barba blanca" habían zarpado hacia el oeste.

Maziére, beneficiado por la capacidad idiomática de su esposa, distingue entre las dos oleadas de inmigración polinesia, los Orejas Largas y los Orejas Cortas, separados por veinte generaciones. Acepta la posibilidad de que "los otros" llegaran primero y comenzaran a construir estatuas. Registró una versión de la leyenda, que parece haber sido coloreada por los conocimientos posteriores. Un isleño le dijo: "Los primeros hombres que vivieron en la isla eran sobrevivientes de la primera raza del mundo. Eran amarillos, muy grandes, de brazos largos, pechos fuertes y grandes, largas orejas aunque los lóbulos no estaban estirados. Tenían cabello de un amarillo puro y sus cuerpos no tenían vello y eran brillantes. No poseían el fuego. Esta raza existió una vez en otras dos islas polinesias. Ellos llegaron de una tierra que está detrás de América". Maziére cree que a la Isla de Pascua llegaron migradones polinesias sucesivas y traslapadas hacia fines del siglo XIII, encontraron una cultura establecida y unos pocos sobrevivientes de una raza anterior, con su potencia muy disminuida.

Maziére acepta que hay ciertos rastros aparentes de un pueblo antediluviano "cuya presencia estamos empezando a descubrir" y que "poseía un conocimiento superior de un mundo totalmente diferente". Según sus informantes nativos, ese mundo existía entre las estrellas.

Otro punto controvertido de la historia de la isla es la leyenda de la masacre de los Orejas Largas por parte de los Orejas Cortas. Según las versiones más respetadas, los Orejas Largas, que vivían en el promontorio de Poike, en el extremo oriental de la isla, al temer la rebelión de sus esclavos fortificaron el lugar excavando una zanja de una costa a la otra. La llenaron con ramas y pasto, con la intención de formar un muro de fuego, planearon salir a exterminar a los Orejas Cortas. Fueron traicionados por una de las esposas de un Oreja Corta, quien alertó a sus parientes. Los Orejas Cortas treparon los acantilados, masacraron a los Orejas Largas y arrojaron sus cuerpos a la zanja que habían incendiado. Se salvaron dos Orejas Largas. Estos se convirtieron en los progenitores de los isleños de piel rubia. La península de Poike pasó a ser "la tierra deshabitada".
La masacre data aproximadamente de 1760, hacia la época en que las estatuas que estaban sobre los ahus, las plataformas funerarias, fueron derribadas. La construcción de estatuas cesó de manera repentina. Puede resultar significativo que no se reanudaran las obras escultó ricas. La destrucción y la interrupción sugiere que no había sido una empresa polinesia.

Las Estatuas | MOAIS
El significado de los moáis es aún incierto, y hay varias teorías en torno a estas estatuas. La más común de ellas es que las estatuas fueron talladas por los habitantes polinesios de las islas, entre los siglos XII y XVII, como representaciones de antepasados difuntos, de manera que proyectaran su mana (poder sobrenatural) sobre sus descendientes.

Los más de 600 moáis conocidos tallados por los antiguos rapa nui están distribuidos por toda la isla. La mayoría de ellos fueron labrados en toba del volcán Rano Raraku, donde quedan cerca de 400 moáis más (397 exactamente) en diferentes fases de acabado. Todo indica que la cantera fue abandonada repentinamente, quedando estatuas a medio labrar en la roca. Prácticamente todos los moáis terminados fueron posteriormente derribados por los isleños nativos en el período siguiente al cese de la construcción.

Debían situarse sobre los ahus (plataformas ceremoniales) con sus rostros hacia el interior de la isla y tras encajarles unos ojos de coral o roca volcánica roja se convertían en el aringa ora (rostro vivo) de un ancestro.
Ochenta estatua; quedaron sin terminar en la cantera que está dentro del cráter del antiguo volcán Rano Raraku, que se eleva cerca del promontorio de Poike, el tradicional hogar de "los otros", Doscientas setenta y seis estatuas hacen guardia en las laderas del volcán, trescientas más yacen derribadas sobre los ahus, que rodean los altos acantilados de la isla. Otras están a lo largo de antiguos caminos.
Estos grupos de estatuas son diferentes, aquellas que una vez estuvieron montadas sobre las plataformas funerarias son bustos enormes, lisiados monstruosos sin piernas, de sólidos troncos. La más grande tiene 10 metros de altura y 7,6 de circunferencia, pesan veinte toneladas y, como las otras, una vez soportó un cilindro, un rojo copete que medía 1,8 por 2,4 metros. Esos "sombreros" fueron extraídos del cráter del volcán Rano Roi, en el centro de la isla. Estas estatuas también se diferencian de las otras en que tienen los ojos abiertos. Estaban de espaldas al mar y miraban hacia la tierra. Se cree que representan un antiguo y un tanto molesto estilo de construcción.

Se cree que montañas enteras fueron removidas para su creación. La roca volcánica podía ser cortada con relativa facilidad con herramientas de basalto y obsidiana, dándoles su forma básica en la propia cantera. Posteriormente eran extraídas y semienterradas en las cercanías para ser esculpidos los detalles.

Aun más controvertida es la manera en que eran trasportados por la isla hasta su ubicación definitiva. No se sabe exactamente cómo eran trasladados, pero es casi seguro que dicho proceso exigió el uso de trineos o rodillos de madera. Una segunda teoría apunta a que fueron movidos balanceándolos con cuerdas, aprovechando sus bases redondeadas para hacerlos avanzar balanceandose "como un refrigerador". Como respaldo a esa teoría están varias estatuas a medio construir que mostraban las características antes mencionadas.

Durante el verano del año 2000, un equipo arqueológico norteamericano descubrió datos que sugieren la utilización de máquinas complejas en la isla hace siglos. El geólogo Charles M. Love y un equipo de 17 estudiantes excavaron secciones de las tres principales carreteras que sirvieron para transportar las estatuas gigantes. Parte de estas carreteras fue excavada originalmente en el lecho de roca de la isla, formado principalmente de roca volcánica de un tipo conocido como pahoehoe.

Curiosamente, las carreteras no son planas sino que su sección muestra una forma característica en "V" o "U". Su anchura media es de 3.5 metros y no son en absoluto una obra de ingeniería de poca monta. En algunos tramos, las carreteras están flanqueadas por líneas de rocas.

Pero quizá lo más sorprendente es que estas rocas no están simplemente colocadas allí, sino encajadas en agujeros tallados en el lecho de roca que forma el suelo de la isla. Un detalle relevante es que este tipo de agujeros se da en los tramos en los que la carretera discurre cuesta arriba. El Dr. Love especula con la posibilidad de que estos agujeros fueran colocados allí para acomodar algún tipo de mecanismo ideado para ayudar a mover las gigantescas cabezas de piedra y salvar desniveles que, de otra manera, requerirían un notable esfuerzo.

Estos agujeros, así como la curiosa forma en "V" de las carreteras nos indican que todavía tenemos mucho que aprender sobre el sistema que emplearon los nativos de la isla de Pascua para erigir sus misteriosos moáis.

¿Cómo fueron transportadas y erigidas aquellas estatuas que estaban sobre las plataformas funerarias y junto a los caminos?
Este es un enigma para el que no se ha encontrado ninguna respuesta satisfactoria. Los isleños carecían de madera para utilizarla como rodillos y de cuerdas para izar, con el uso de cuerdas y palancas de madera, además de un equipo de 500 hombres, Heyerdahl transportó y erigió una pequeña estatua.

Sus trabajadores supieron erigirla construyendo un montículo de piedras sobre el que se la colocó y se la dejó caer en posición del otro lado. Dijeron que la antigua tradición había sido transmitida. Aun más oscura es la cuestión del modo en que se erigieron los copetes sobre las cabezas de las estatuas. Algunos de esos cilindros eran de ? metros de largo por 3 de ancho. Maziére no pudo hallar rastros de rampas de tierra o de piedra por las que se los pudo empujar o arrastrar. La explicación de los isleños modernos es que, tal como el transporte de las estatuas, la tarea se realizaba mágicamente, por la fuerza de los espíritus.

La información obtenida de las tradiciones de los isleños y del estudio de las estatuas es insuficiente para identificar a los constructores de estatuas. A lo sumo se puede decir que esas estatuas tienen cierta afinidad con las del Perú, la tierra de donde "los otros" pueden haber venido. Los escultores, quienes quiera que fuesen, trabajaron frenéticamente por largo tiempo, tal vez para representarse a sí mismos o a sus antepasados, hombres que parecían ajenos al Pacífico. La otra evidencia es igualmente inconcluyente. La escritura pictórica de las tabletas de Rongo Rongo es única en Polinesia y por lo tanto en Perú, donde no se conoció ningún sistema de escritura hasta la conquista española. Los habitantes de la Isla de Pascua no hacían cerámica, que se encuentra en abundancia en Perú.

La patata dulce pudo haber sido llevada del Perú, su lugar de origen, a la Isla de Pascua y a Polinesia, sea por marinos peruanos o por viajeros polinesios que pueden haber llegado al continente sudamericano. Heyerdahl encontró plantas de juncos que crecen en la Isla de Pascua de la misma especie de las que se utilizan en el lago Titicaca, cerca de la ciudad de Tiahuanaco, para construir embarcaciones de junco. También los habitantes de la Isla de Pascua construían ese tipo de embarcaciones. El grupo sanguíneo del tipo B no aparece ni en Polinesia ni en el Perú, pero es dominante en el sudeste asiático, donde según la opinión ortodoxa, se originaron los polinesíos.

Heyerdahl no ha conseguido convencer a los etnóIogos ortodoxos con su teoría del origen sudamericano de las culturas del Pacífico, se la describe como "ingeniosa", una manera elegante de decir que no es válida o que parece rebuscada. En cuanto a la Isla de Pascua, Heyerdahl podría estar más acertado. El quid del problema puede residir en el súbito cese de la construcción de estatuas, a continuación de la masacre de los Orejas Largas, sugiere una revuelta de esclavos antes que el abandono de una antigua práctica polinesia. La construcción de estatuas parece haber sido iniciada por una raza desconocida, "los otros", que obligó a los migrantes polinesios a trabajar en una tarea inútil. Tal vez nunca sepamos quiénes fueron esos escultores. Parecen haber sido hombres despiadados, desdeñosos, desagradables, extraños tanto para el Pacífico como para el Perú. Quizá, como Heyerdahl cree, fueron caucásicos que de alguna manera llegaron a América del Sur y que, ante la revuelta de sus súbditos, cruzaron el Pacífico para ser masacrados por sus esclavos aun más maldispuestos.

La verdadera historia de la isla probablemente se perdió en 1862, cuando los hombres que entendían las tabletas de Rongo-Rongo y que habían memorizado las tradiciones orales fueron llevados al Perú. Veinticinco años más tarde la isla pasó a la dominación chilena. Ahora está regida por un gobernador chileno y se la utiliza para criar ovinos, los isleños están concentrados en una aldea del extremo occidental de la isla. Por la noche salen a visitar las cuevas familiares que horadan los acantilados de la isla, dicen que en ellas se encuentran atesoradas las pruebas de la historia pasada de la isla, los libros y los emblemas de piedra y de madera que representan a sus primitivos habitantes.

Los sitios de muchas de esas cuevas se han perdido. Los visitantes que consiguieron persuadir a sus propietaria para que les mostraran sus tesoros, pueden haber sido engañados con imitaciones modernas.

Curiosidades
Todos los moáis fueron derribados de sus ahus o plataformas en el siglo XVII. Desde 1956 unos pocos de ellos han sido restaurados.
Todos los moáis que estuvieron erigidos sobre sus ahus miraban al interior de la isla, excepto los siete situados en el Ahu Akivi, que al parecer representan a los siete exploradores que precedieron a los primeros colonizadores. Fue restaurado en 1960.

El moái más alto de entre los terminados, conocido como Moái Paro en la plataforma Te pito kura, medía 11 metros y pesaba unas 80 toneladas. Actualmente se encuentra derribado y seccionado en tres partes.

En la cantera de Rano Raraku existe una estatua inconclusa de 21 metros.
El ahu Tongariki es el mayor de los existentes con 15 moáis y 200 metros de largo. Fue restaurado entre 1996 y 1997.

Los moáis de la Isla de Pascua fueron candidatos para las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.