29 jul. 2009

El Agua - Remedio Natural



No es extraño que el hombre primitivo, encontrase en el agua un natural amigo y auxiliar.
El instinto referente a la utilidad del agua es anterior al hombre primitivo, pues se retrotrae a los animales, y antes de ellos, a las plantas, y antes aún, a las primarias formas de vida orgánica que alentaron en el fondo del océano.
La ciencia nos enseña que la vida nació en el seno de las aguas pues siempre hubo rastros del lugar de su nacimiento.
Casi el 80 por ciento del peso del cuerpo humano lo constituye el agua, y las células que componen los tejidos son, en realidad, organismos marinos que sólo pueden vivir rodeados de una solución salina de agua.
Así, no es raro que este instinto por el agua aparezca en el fondo de nuestra vida subconsciente y se manifieste en nuestra vida consciente.
No es menos importante la función del agua en el orden fisiológico. La fisiología nos enseña que se expele de medió a tres cuartos de litro dé agua por los poros de la piel en forma de transpiración, y que esta cantidad aumenta en verano.
También nos dice que en el mismo lapso despide el cuerpo humano cerca de litro y medio de agua en forma de orina.
Todos los humores del cuerpo tienen el agua como base. La tienen la sangre, verdadera esencia de la vida física; la bilis, los jugos gástrico, pancreático e intestinal, y la saliva.
El hombre podrá vivir muchos días sin alimento, pero morirá muy pronto si se lo priva del agua.
El agua es uno de los agentes naturales primordiales para el organismo fisiológico, y después del aire es el principal fundamento de la vida.
Sin embargo, son muy pocos los que le dan al agua la importancia que merece, y muchos menos los que la utilizan inteligentemente en su vida diaria.
Vigilamos el riego del suelo, porque sabemos que de él y del drenaje depende en gran parte el éxito de las cosechas y el consiguiente bienestar económico que la Naturaleza nos brinda.
Descuidamos, en cambio, el riego del cuerpo, y con suma facilidad decimos ligeramente que no tiene la menor importancia.
Procedemos al hablar así no sólo contra las leyes de la higiene, sino que demostramos insensatez por la circunstancia de que cuidamos de que a los animales domésticos no les falte el agua para la bebida y para el baño, admitiendo con ello las naturales necesidades de las bestias, y olvidamos que las mismas necesidades tiene nuestro cuerpo físico por su similitud con el organismo animal.
Es evidente que el hombre primitivo era a este respecto mucho más cuerdo que el civilizado.
Según sus instintos naturales, no conocía el vino, ni la cerveza, ni el ajenjo, ni el café, ni el alcohol, ni los estupefacientes, y bebía agua de los manantiales y se bailaba en los ríos y los lagos, en cuyas aguas nadaba ágilmente desde su más tierna infancia, no porque hubiera razonado acerca de las ventajas de eso, sino porque al agua lo llevaba su natural instinto.
Pero, al civilizarse, el hombre se fue apartando de la Naturaleza y sofocó sus instintos naturales bajo el peso de los hábitos urbanos, pues le parecía muy despreciable satisfacerlos y muy cómodo desdeñarlos.
Si bien en la vida urbana tropezaba el hombre con dificultades para encontrar el agua, en la vida rural no ocurría eso, porque se le ofrecía en inagotables manantiales que le brindaban la frescura de sus limpias venas, y podía beber y absorber de ellas a su antojo.
Pero en las ciudades populosas, donde por lo general el abastecimiento de agua es escaso, y donde ella pierde su vitalidad y frescura al pasar por los tubos de conducción o permanecer estacionada en los depósitos, fue perdiendo poco a poco su afición al líquido natural, a causa de las pésimas condiciones de las viviendas, que parecían construidas adrede en contravención con las leyes de la higiene, aunque en su aspecto exterior se ajustaran a las municipales.
Así adquirió el hombre el pernicioso hábito de la bebida alcohólica y perdió sus naturales gustos, de modo que ya no tuvo preferencia por el agua, como la tenía cuando sólo se refrescaba con el límpido líquido de las fuentes naturales.
Pero la Naturaleza advierte que el organismo humano no recibe la suficiente cantidad de agua para proseguir su admirable obra, y entonces la substrae de las reservas acumuladas en los tejidos, que por ello se empequeñecen y quedan en anormales y morbosas condiciones, produciendo buen número de enfermedades que por lo general se atribuyen a causas muy ajenas a la verdadera.
Muchos padecen de inquietud, melancolía, tristeza, malestar, y se quejan sin saber de qué, cuando toda la causa de su extraño malestar radica en la escasez del agua contenida en los humores del cuerpo.
Sólo beben un par de sorbos de agua en el transcurso del día, y en cambio beben mucho vino, café té v varios licores que no le proporcionan al organismo la cantidad necesaria de agua para su funcionamiento normal.
Si al obrar así vuelven la espalda a la Naturaleza, no es extraño que frecuentemente sufran estreñimiento, constipación y otros trastornos intestinales.
No es raro que los residuos alimentarlos del organismo se detengan en el intestino grueso, cuando falta el agua que ayuda a expulsarlos.
En este caso el intestino se parece a una cloaca en la que, por falta de agua, se acumularan las materias fecales y la obstruyesen.
Las mujeres resultan más perjudicadas en este particular, aunque se ignoran las causas.
Los que no ingieren agua en abundancia están expuestos a la constipación, al estreñimiento y también a trastornos hepáticos y renales, porque sin el agua necesaria ni el hígado ni los riñones pueden funcionar normalmente.
Además, cuando la cantidad de sangre es inferior a la normal no tiene el riego sanguíneo la suficiente eficacia, y sobreviene la anemia en muy temprana edad de la vida.
Por la misma causa, otros tienen el cuerpo enjuto, apenas transpiran y su rostro es de color cetrino y maloliente el aliento.
Algunos aparecen tan resecos, que dan ganas de ponerlos ,en remojo para que se esponjen y tengan mejor aspecto.
Por cierto que todos los otros órganos del cuerpo, y particularmente los nervios, se resienten por estas condiciones anormales, que dan señales de debilitamiento.
Si observamos los trastornos que ocasiona la falta de agua, deduciremos que ocasiona la mayoría d.! las enfermedades.
Muchas son las que derivan del estreñimiento; y este trastorno proviene en gran parte, si no totalmente, de la escasez de agua en los diversos jugos digestivos. El cuerpo humano se parece a un sistema con tubos de mayor y menor diámetro, tendidos en todas direcciones, para transportar de una y otra parte del cuerpo diversos fluidos cuyo principal elemento es el agua.
Ahora bien; el tubo digestivo es el único por el cual desde el exterior puede ingerirse la suficiente cantidad de agua para responder a las necesidades del organismo.
Todos los órganos están bañados o regados por el fluido correspondiente a su actividad, y si el líquido escasea, se resiente el funcionamiento.
Los humores y en especial los jugos digestivos disuelven o maceran los alimentos y los alteran químicamente, hasta convertirlos en materia asimilable para la nutrición, una vez derramada en el cuerpo fluido llamado sangre, que la distribuye por todo el organismo.
También hay otros humores o fluidos que arrastran o expelen los residuos, esto es, las células muertas v lo sobrante, nocivo o inútil para la nutrición del cuerpo y sostén de la vida fisiológica. Si bien se observa, hay un incesante proceso de asimilación y desasimilación radicado en el laboratorio del organismo físico.
Así observamos que cualquiera sea la composición química de estos fluidos, en todos ellos entra el agua como elemento fundamental y por medio de ellos se efectúan todas las funciones de la vida corporal.
Son muy conocidos los efectos terapéuticos del agua, tanto en el orden interno como en el externo del organismo.
En las fiebres se advierte muy bien la eficacia del agua, y forma parte de la inteligente terapéutica actual, a pesar del mal empleo que de ella se hizo en pasados tiempos.
El agua fría, científicamente administrada por vía bucal, calma los excesivos movimientos cardíacos, mientras que el agua tibia es un poderoso estímulo de la perezosa acción del corazón.
El agua estimula el funcionamiento de los riñones y demás glándulas de secreción externa, y favorece también la normalidad de las hormonas o glándulas de secreción interna.
Suministrada debidamente y a cierta temperatura, es un excelente aperitivo.
El agua caliente actúa como estimulante, antiséptico o sedante, según los casos.
Cuando el enfermo ha perdido mucha sangre por hemorragia, suelen los médicos inyectar en la sangre unos cuantos centímetros cúbicos de agua esterilizada con una pequeña cantidad de sal, que activa el funcionamiento del corazón y facilita a los glóbulos sanguíneos, que se habían adherido a las paredes de las arterias y venas, el líquido necesario para moverse y actuar, de manera que el agua inyectada es un buen reemplazante de la sangre hasta que el organismo pueda recuperar la que ha perdido.
En cuanto al uso externo, es grande el empleo del agua como agente de curación.
Oportunamente diremos algo referente a este punto con las razones científicas que apoyan cada tratamiento y los mejores procedimientos de aplicación.
También explicaremos cómo se higienizan los conductos excretores del sistema, que deberían merecer la mayor atención de todos, y algo sobre el uso del agua en bebida y en baño.
Todos esos aspectos del asunto son de mucho interés e importancia, y esperamos que nuestros lectores les prestarán la atención que merecen.
No por su aparente sencillez se ha de desdeñar el tratamiento hidroterápico y preferir otro más costoso, difícil y complicado.
Recordemos que quien viva conforme a la Naturaleza recibirá el beneficia derivado de las leyes fundamentales que rigen los fenómenos del universo en el orden orgánico e inorgánico.
La Naturaleza es la madre universal, el médico universal y la universal nodriza.
Conviene, pues, conocer sus métodos.