20 ago. 2009

Investigaciones sobre el Viaje Astral



“Una noche me desperté de improviso y constaté, horrorizado, que no podía moverme. Pero la rigidez no tardó en desaparecer siendo reemplazada por una sensación de ingravidez. Luego de un instante recobré la vista y me encontré flotando por la habitación en posición vertical. Miré a mi alrededor y observé un cordón plateado que unía mi “cuerpo astral” con el cuerpo físico que había quedado en la cama”.
Así describía, en 1929, Sylvan J. Muldoon su primera EEC (Experiencia Extra Corporal) que había tenido a la edad de 12 años. Los experimentos de Muldoon (que luego logró repetir muchas veces el fenómeno) dieron pie para que comenzacen las primeras investigaciones científicas al respecto.
La EEC, sin embargo es algo demasiado común para que recién a mediados de siglo XX se le haya estudiado en un laboratorio. Millares de personas en el mundo manifiestan tenerla con frecuencia. Desde los anales de la SRP (Sociedad de investigaciones Síquicas) de Inglaterra fundada en 1882, hasta los estudios más modernos de diversas escuelas esotéricas, está la EEC como una forma de conocer e investigar más allá del cuerpo físico y de los sentidos físicos.
La descripción tipo se ajusta bastante a la hecha por Muldoon: la persona, acostada, en el estado de transición entre vigilia y sueño pierde la conciencia por un instante; luego se levanta con otro cuerpo (el cuerpo astral) permaneciendo el cuerpo físico en la cama como si fuera un traje, un vestido. A veces no se logra ver el cuerpo físico, pero el nuevo ámbito es muy diferente al mundo tridimensional. En este otro plano (el plano astral) se puede levitar, los objetos son menos rígidos, nos desplazamos a altas velocidades, etc..
Pero ¿qué es el cuerpo astral? ¿qué es el plano astral?.
Desde tiempos inmemoriales todas las culturas han hablado de un doble del cuerpo humano que tiene su manifestación en otro mundo, en otro ámbito, en otra dimensión. La existencia de este doble es mucho más difícil de probar científicamente que de comprobar en forma práctica.
En 1953, el profesor Hornell Hart de la Universidad de Duke, Carolina del Norte hizo una recopilación de casos. Los resultados eran, ya en aquel entonces, miles de personas que experimentaban el fenómeno. Más adelante el Dr. Tart de la Universidad de Davis en Carolina, experimentó con una dama que podía provocar el desdoblamiento a voluntad. Atada a la cama de pies y manos lograba ver objetos y mensajes no visibles aún para una persona que se encontrara de pié.
Para Ingo Swan, que fue estudiado por el Dr. Karlis Osis en 1971 en EEUU, desdoblarse era su juego favorito siendo niño: “vivía en las Montañas Rocosas y me divertía seguir la veta del metal entre las rocas”. Esto, claro está, con su cuerpo astral.
Ingo Swann, se convirtió luego en asesor permanente de la Agencia Espacial Norteamericana. Las posibilidades de superar el tiempo y el espacio con un procedimiento “parapsicológico”, habían llamado la atención en ambientes políticos y militares, que buscaban de esa manera beneficiar sus intereses. La NASA no perdía el tiempo, ni su dinero. Se le daba así una importancia diferente a la E.E.C., aunque no mayor a la que debería tener para cada ser humano.
Los sucesivos estudios no hicieron más que seguir confirmando la existencia de la EEC en gran cantidad de individuos. La utilización de esta práctica tiene, según esas mismas investigaciones, horizontes insospechados para la psiquis humana.
Janet Mitchell, ayudante del Dr. Karlis Osis de la ASPR (Sociedad Americana de Investigaciones Síquicas) hace una afirmación polémica pero sin duda bien fundamentada: “Si existe en el hombre una parte conciente que puede operar independientemente del cuerpo físico mientras este vive, entonces habrá que hacerse la pregunta si esa “parte” podría seguir existiendo cuando el cuerpo muere”
El abandono del cuerpo en las horas del sueño es una sensación que está lejos de ser una ilusión. Sylvan J. Muldoon explica: “Cuando pienso en ello me paree difícil creer que la existencia de una conciencia astral no sea conocida por todos. No puedo imaginarme que se ponga en duda una experiencia tan real, que no sea aceptada del mismo modo que se acepta la vida del cuerpo físico. Pero tal vez no pensaría así si yo mismo no la hubiera experimentado tantas veces. Cuando se ha salido del cuerpo ya no se puede tener la menor duda, se tiene el convencimiento”.
En los últimos 20 o 30 años los estudios de la E.E.C. se volvieron más complejos y más minuciosos. “Lo que sorprende es la asiduidad de un fenómeno que es relativamente desconocido”. Así lo entiende el Profesor H. Hart quien estudió las características de los casos obtenidos en los últimos años.
En el hospital Maimonides de Brooklyn (Nueva York) se ha trabajado en el Dream Experiment Unit (Unidad de experimentación onírica). En una de las llamadas “fases del sueño” se produce el R.E.M. (M.O.R. en español, movimientos oculares rápidos), que dura unos 20 minutos. En este período, se dice, la persona sueña. De hecho, si se despierta a un sujeto al finalizar el R.E.M. puede contar con exactitud sus sueños. En este período, según se afirma, se produciría el desdoblamiento, origen de la experiencia extra corporal.
En el terreno de las investigaciones oficiales abundan precisamente las especulaciones. Sin embargo la posibilidad de experimentar directamente es científica y apasionante a la vez. Y entonces surge la pregunta: ¿es posible que una persona común y corriente, a partir de ciertas prácticas, llegue a comprobar la existencia del cuerpo astral, del plano astral; o por lo contrario es un fenómeno reservado a una elite de sensitivos?
Para algunas culturas la respuesta es simple. Para los hinduistas y budistas, por ejemplo, la E.E.C. es básica para el conocimiento filosófico y místico. Es por lo tanto un fenómeno general. Escritores de diferentes latitudes y culturas nos aseguran que se puede aprender a “salir en astral”, desde H. P. Blavatski, fundadora de la Teosofía, hasta el escritor esoterista T. Lobsang Rampa quien en su libro “You Forever” enseña en lecciones prácticas como llegar al desdoblamiento.