15 mar. 2015

El Psicópata infiltrado...

Ruben Torres Sierra - Las Cosecha de Almas.

Toda pareja que inicia su propio proyecto de vida en común, ve el futuro como una hoja en blanco, que ir llenando con las cosas típicas, de las típicas cosas que tiene ese proyecto de vida en común que se inicia, pero siempre con la meta de superar a la anterior generación y no cometer esos errores que tenemos muy claro que se cometieron. Nos prometemos pulir y dar brillo a esos matices, que generaciones anteriores no supieron o no pudieron matizar, hasta que llega el momento y caemos en la cuenta que la historia se repite y los mismos errores entran en el bucle familiar, como si de un engranaje invisible se tratara, una maquinaria suiza perfectamente sincronizada y engrasada, que acaba provocando que volvamos a tropezar en la misma piedra generación tras generación.

Es inútil buscar culpables, es inútil intentar dar con la solución, por que la causa del desastre esta tan incrustada en el núcleo, que es imposible extirparlo sin destruir la familia al completo. Sabemos que en todas las casas cuecen habas, no existe la familia modelo, la familia utópicamente ideal, es solo posible en un serial de la tele. No existe la familia que no guarde algún rencor, que no albergue oscuridad, que no tenga uno o más elementos tóxicos, perturbadores sin sentimientos, ni remordimientos. Somos capaces de identificar el cáncer en la familia del vecino, pero jamás veremos la metástasis en la nuestra, siempre veremos nuestra familia bajo el prisma engañoso de la normalidad, esa normalidad que por desgracia, se identifica en lo contrario de lo correcto. Conocerse, comprenderse y perdonarse, es un ejercicio que solo una persona con conciencia puede realizar, una persona que alberga sentimientos, que siente el amor y la empatía a flor de piel, que tiene alma.

Una vez que conoces como funciona el sistema reencarnatorio artificial, solo es cuestión de sumar y seguir, no solo vivimos en un entorno hostil, no solo sufrimos y enfermamos, no solo vivimos y morimos en la completa ignorancia de quienes somos, no solo nos envenenan y nos mal nutren, no solo controlan nuestras mentes, también controlan nuestra familia.

Conocemos la psicopatía como un elemento mas en un sistema social desarraigado y desconectado de la energía amor, esto crea que la psicopatía forme parte del engranaje que mantiene este sistema vivo. Es necesario ingresar elementos psicópatas en los núcleos familiares para que aquellos que manan amor sean drenados y se desconecten casi definitivamente de esa energía que llega a ellos. Un padre, una madre, un hermano o hermana, siempre hay un elemento discordante, un elemento sin conciencia, que influirá negativamente e intoxicara constantemente, para que el resto de los seres que conviven en esa constelación se apaguen y se disocien.

La ciencia dogmática trató de encerrar la psicopatía dentro de un tubo de ensayo. Localizar y aislar el gen psicópata, pero no es algo genético, la psicopatía es solo cuestión de tener o no tener conciencia. Alguien con conciencia jamás conspirara para que otro ser consciente sufra, los seres con conciencia, con alma, estamos conectados unos a otros y percibimos el dolor ajeno instantáneamente, somos incapaces de ejercer dolor y sufrimiento deliberadamente, sin que finalmente un remordimiento pese en nosotros tanto que nos sea prácticamente imposible volver a nuestra vida cotidiana en perfectas condiciones. Sin embargo un elemento psicopático dentro de la familia, creara situaciones dolosas prácticamente sin descanso, creara discordia, intoxicara, conspirara y envenenara las mentes, para alimentar su necesidad de centrar la atención y hacer que todo gire al son que toquen sus palmas.

Estos elementos psicopáticos son insertados en los núcleos de los grupos de almas que encarnan en la Tierra, como elemento discordante. Nacemos sin memoria y sin la capacidad de reconocer las almas que nos acompañaron cuando llegamos aquí, estos elementos discordantes son infiltrados en esos grupos de almas, para disociar la armonía que mana de forma natural entre esos seres. La afinidad es la capacidad para identificar en la energía amor que emite el alma, a aquellos que vibran en una frecuencia similar. Al ingresar de forma estratégica, humanos huecos en esos núcleos almicos, se crea una ofuscación y se baja la frecuencia vibracional, des-afinando por completo a esos seres y esa identidad frecuencial de afinidad en la que sentirse identificado y reconocido, por lo tanto, esa fuerza de afinidad logre poner en serio peligro el proceso de borrado de memoria y el posible control mental que se pretenda ejercer sobre ese grupo.

Es difícil traspasar el umbral de la sangre y reconocer al psicópata infiltrado entre tus afines. Tu familia es tu refugio, allí donde encuentras el remanso y la comprensión. La familia aporta equilibrio y estabilidad en tus emociones y felicidad en tus obras. Ese es su principal cometido, crear un entorno de paz y armonía entre seres afines, más allá del vínculo sanguíneo. No debemos caer en la paranoia, al tratar de identificar al elemento discordante dentro de tu núcleo, tampoco se trata de etiquetarlo como psicópata a pesar de que quizá su perfil lo indique. Debemos superar esa barrera y tratar de no caer en las trampas que nos pongan, demostrar que tenemos conciencia y capacidad de mostrar sentimientos y no caer en el prejuicio y la condena prematura.

Es relativamente sencillo identificar a un psicópata, por lo general sus emociones son impostadas y sus lagrimas de cocodrilo, son incapaces de sentir nada y lo único que hacen es imitar conductas, decir lo que queremos oír y actuar como esperamos que actúen, pero su falta de conciencia les delata y es fácil ver que les importa poco lo que sientas y desconocen totalmente que es la empatía o el amor. Solo conocen la posesión material, tener y poseer es su vara de medida, catalogan a las personas por sus posesiones y su rango de percepción es netamente físico. No guardan ningún tipo de espiritualidad, duda existencial o filosófica, son autómatas de carne y hueso, materialistas e impostores. En cada familia existe como mínimo uno, pero es muy probable que haya más de dos, incluso parejas que ambos miembros son psicópatas, pueden llegar a tener hijos con conciencia, esto es realmente paradójico, pero existe.

Los señores de la falsa luz que presiden el consejo (o juicio), insertan estos elementos. Incluyen psicópatas en el escenario, un elemento mas dentro de un gran abanico de herramientas para controlar la mente de aquellos que no deben ni quieren que sean despertados, no pueden consentir que la nube que nubla los recuerdos de esas conciencias se disipen. Con el tiempo y a pesar de lo mal que nos lo hagan pasar estos entes tóxicos, acabamos amando y perdonando su irracionalidad, y cuando estos psicópatas mueren esperamos y deseamos lo mejor para ellos, nuestra capacidad de amar indiscriminadamente, nos hace llorar la perdida de quien peor nos lo hizo pasar, pero es ciertamente en vano, puesto que estos cuerpos huecos, al morir, no trasciende nada de ellos, son meros trozos de carne esperando pudrirse, sin esencia, sin alma, así que en el otro lado, no los encontraremos, no estarán, porque nunca pertenecieron a nuestro grupo, solo son muñecos con vida, cáscaras vacías, materia.

El enfrentamiento que arrastra el ser humano, entre clases, entre razas, entre hermanos, es consecuencia del desorden que inyectan, Son adictos al caos, gracias a ese caos, salen ellos beneficiados. Están racionalmente programados para encontrar la lógica a la muerte y la destrucción, se alimentan del dolor y encuentran en él, el sustituto perfecto a su insensibilidad. Insertados en todos los estratos sociales, forman parte de la disonancia vibracional, en la jerarquía piramidal con la que forzosamente tenemos que lidiar. No podremos aspirar al progreso hasta que estos elementos no dejen de ser mimetizados en el orden social y familiar, no podemos aspirar a un progreso netamente humano mientras estos robots biológicos sigan operando, formando parte de una humanidad a la que jamas pertenecieron. No podremos despertar la conciencia de alguien que no la tiene, es imposible hacer entender el proceso conciencial que es necesario para ir abriendo el paradigma encorsetado de la realidad a un ente biológico no sintiente. Despertar a que, nunca podrá despertar alguien que justifica y apoya las leyes inhumanas que permiten que un ser humano sufra, enferme o muera democraticamente. La dictadura de la inconsciencia, la depravación como deporte de masas, servida a la hora de la cena, psicópatas dirigiendo los designios de nuestros destinos, psicópatas en casa, en el trabajo, en el estado, un mundo psicópata creado por psicópatas, que se camuflan y operan desde la sombra, psicópatas infiltrados gobernando nuestra conciencia, solo queda preguntarse... ¿Hasta cuando?