14 mar. 2015

Los cultos Tántricos

Publicado por Nieve.en Universo de energias


¿Es el culto del Tantra, tal como sostienen sus críticos, simplemente una excusa para ciertos excesos sexuales?
¿O son sus ritos, tal como afirman quienes lo practican, la clave de la salvación final del espíritu?

El Universo entero se halla en perfecto equilibrio; sus dos polos primarios están equilibrados, con toda precisión, como un dios y una diosa acoplados en una unión divina e íntima. Así pues, la meta espiritual más alta es llegar a obtener una resonancia con este estado insuperable a través de los ritos sexuales.
Todo esto dicen los seguidores del Tantra, culto que se originó en el antiguo Oriente y que ha ganado popularidad entre los teósofos y místicos occidentales desde, por lo menos, finales del siglo XIX. Este culto sigue su expansión -en muchos casos secretamente- en la sociedad contemporánea.

A quien desconozca este culto, tales ritos pueden parecerle una simple tolerancia ante una actividad sexual promiscua y obscena. Es más, los rituales pueden dar aparentemente una sensación de depravación y de magia negra. Sin embargo, en su sentido más puro, el tantrismo no es nada de eso. “Tantra” es una voz sánscrita que significa “urdimbre”. Representa un conglomerado de enseñanza escrita -la urdimbre- a través del cual quedan enhebradas la práctica y preparación física y moral suplementarias -la trama- necesarias para la adquisición de la experiencia personal y directa de Dios, los dioses, la Esencia Universal, el Ser Supremo de Luz y lo Último, sea cual fuere la forma escogida por quien busca la sabiduría y la salvación para enfrentarse a esta temible meta.
De hecho, los aspectos sexualmente explícitos, eróticos y, para algunos, repugnantes de los ritos tántricos comprenden sólo un pequeño porcentaje de la integridad de los textos escritos. Con todo, es probable que, efectivamente, sean dichas prácticas y los poderes que supuestamente confieren el factor más importante de la atracción de los occidentales hacia este culto.

El tantrismo ha sido casi siempre practicado en secreto. Y, pese al aumento de la permisividad sexual verificada en la segunda mitad del siglo XX, todavía constituye un culto secreto. Aunque los textos más antiguos daten sólo de finales del siglo X, se dice que hubo muchos otros más antiguos, destruidos por sucesivos invasores del valle del Indo y por hindúes ortodoxos que trataron de acabar con el Tantra. Bibliotecas de escritos tántricos fueron incendiadas, monasterios de este culto fueron arrasados, y sus sacerdotes ejecutados, por lo cual maestros y seguidores procuraron esconderse. Por otra parte, el Tantra cuenta, aparte de las prácticas sexuales, con muchos elementos que ofendían a los perseguidores y que horrorizan a los críticos modernos.
En la filosofía tántrica, los dos dioses mayores, que personifican los dos polos equilibrados del cosmos, son Siva y su consorte Saktï. Pero es ésta la más importante de los dos, puesto que viene a ser la fuerza primaria, creativa y activa, la Diosa Madre, Gran Madre o Gran Diosa. Los tántricos no poseen ningún sistema de castas: consideran a las mujeres totalmente iguales a los hombres y, en numerosos ritos, conciben a la mujer como el vehículo físico de la propia diosa Saktï.

La variedad de temas que aborda el tantrismo es tan amplia, que cubre casi todas las áreas de la filosofía ocultista. Incluyen la creación y la destrucción última del mundo, un panteón entero de deidades y su significado y simbolismo internos, yoga y meditación, el viaje astral y la conciencia sublimada, la longevidad prolongada y, desde luego, los ritos sexuales, a través de los cuales se pretende obtener un enorme poder y discernimiento.
Más de un comentarista ha apuntado que los grimorios medievales, los rituales de la magia occidental y los hechizos parecen proceder del tantrismo oriental, aunque hayan sido revestidos con elementos occidentales. Hacen falta largos y difíciles períodos de preparación y ejercicios para alcanzar algo, según el sistema tántrico. Existen complejos ejercicios de respiración, gestos y posturas ideados para obtener el control de la temperatura corporal, la velocidad del pulso y otras funciones corporales automáticas. Se llevan a cabo intensos y profundos ejercicios mentales, calculados para llegar a un control verdadero y total de la voluntad.
Los adeptos más avanzados son finalmente elevados mental, corporal y espiritualmente para armonizar su más alta esencia interior con la quintaesencia del Espíritu Universal. En principio, esto sería una meta de carácter religioso, pero muchos insisten en que el Tantra no es una verdadera religión.

Los textos que describen las técnicas del Tantra se expresan mediante un simbolismo enormemente alegórico y críptico, ideado para ocultar el significado interno. Las secciones que tratan la alquimia espiritual, por ejemplo, no parecen describir a primera vista nada más que el esfuerzo físico gastado en el intento de trasmutar los metales bases en oro. Sin embargo, lo que pretenden es una ampliación interior del mismo, la búsqueda del hombre despierto.
Los siete chakras, según un grabado del siglo XIX. El chakra más bajo se encuentra en la base del espinazo, donde yace kundalini, serpiente que simboliza a la diosa Saktï. Los tántricos intentan despertarla y hacerla subir por el cuerpo hasta el dios Siva, el chakra más alto, que se halla en la coronilla. Cuando tiene lugar esta “unión divina”, el tántrico ha llegado a su meta final, lo cual requiere años de riguroso entrenamiento.

ALQUIMIA INTERNA
El saktï-yoga es la clave de dicho proceso alquímico, y sus ejercicios están basados en el concepto de los chakras, que como ya se comentó en el tema correspondiente, pueden ser definidos como centros. Otra palabra que casi puede considerarse un sinónimo de chakras es padmas, que significa “lotos”. Se dice que los chakras se encuentran dentro del cuerpo, pero no son considerados órganos físicos. Más bien se trata de sutiles centros físicos de energía, localizados en los plexos (centros nerviosos) del cuerpo.
Existen siete chakras mayores. Según el Tantra, el más bajo es el muladhara, que se supone cerca del espinazo. Es ahí donde el principio femenino activo, la propia diosa Saktï, yace latente. Está simbolizada por una serpiente durmiente, kundalini -de cúndala, que significa “enrollado”- y espera a ser despertado y juntado con Siva, el macho, principio pasivo.

En cuanto a Siva, habita en el chakra sahasrara -el “loto de los mil pétalos”-, en la coronilla. La manera de juntar estas deidades, dicen los tántricos, consiste en despertar a Saktï y hacer que ascienda gradualmente a través de los cinco chakras intermedios. Estos son: el avadhisthana, encima de la región genital; el manipura, cerca del ombligo; el anahata, en la zona del corazón; el akasa, en la garganta, y el ajna, en alguna parte de la región de la glándula pineal. Este último es el llamado “tercer ojo”, el preferido de los místicos orientales y también occidentales, por ser un órgano de visión oculta.

Cuando kundalini ha alcanzado el séptimo chakra, Saktï y Siva quedan unidos. El adepto que lo consigue queda entonces perfectamente armonizado con el propio Universo; ello sitúa al iluminado en una posición superior a la del resto de la humanidad “no despertada”, confiriéndole de hecho el más alto orden de sabiduría y poder. Pasa a ser, en realidad, un segmento del propio Cosmos, y por tanto capaz de manipular a voluntad dicha parte del Cosmos. Se trata de un caso de salvación a través del sexo.

Sin embargo, existen muchas trampas en este largo, complejo y arduo proceso de iluminación tántrica; si no son salvadas correctamente con la ayuda de un maestro bien informado, encierran grandes peligros. Se dice que si la fuerza kundalini -que es como un tipo de fuego oculto- se descontrola, el adepto puede volverse loco o encontrar la muerte.
Otro de los riesgos que entraña este camino es que los aspirantes pueden ser desviados por deseos mundanos, nacidos de sus debilidades y alentados por alguno de sus logros. El deseo de riqueza, de longevidad, de poder sobre los demás, por mencionar sólo algunos, pueden seducirlos y alejarlos de la última meta de unión divina. Los propios ritos sexuales, si no son llevados a cabo en el espíritu de disciplina que requieren, pueden obsesionar al practicante hasta el colapso mental y corporal.

Estos ritos -blanco de las críticas más severas- incluyen desnudez, sexo en grupo, incesto y adulterio. Pero, aunque se haya descrito el tantrismo como un culto de éxtasis, lo principal no es el mero éxtasis físico, sensual. Los ritos tántricos están deliberadamente ideados para llevar a cabo una selección arbitraria de la pareja: no se pone ningún énfasis en la juventud, belleza o atracción mutua.
En los niveles más elevados, se habla incluso de relaciones sexuales con diosas, fuerzas de la naturaleza y demonios femeninos. Un testimonio al respecto es el de Stephen Jenkins, profesor de historia inglesa que fue iniciado en Mongolia en el rito sexual tántrico. En su libro The undiscovered country (1977), Jenkins explica que existen dos estados en el tantrismo avanzado: uno en el cual el miembro femenino de la pareja es un ser humano, y otra en la que es “un ser totalmente de otro orden”. La última, dice, puede adoptar la forma de un “caminante del cielo” -espíritu de los cuales se dice que frecuentan la India occidental y Ladak- o incluso de la misma Gran Diosa Saktï: “En el nivel más alto de este método, la experiencia no puede distinguirse de la copulación humana normal en su aspecto más intenso y refinado. No pretendo saber cómo funciona esto: sólo puedo atestiguar que funciona”.

DOS CAMINOS, UNA META
Debe apuntarse aquí que existen dos escuelas diferentes de ritos sexuales, conocidas como “camino de derechas” y “camino de izquierdas”. Se piensa que muchos de los cultos que florecen actualmente en Occidente -aunque de forma secreta- se adhieren al camino de izquierdas. En el tantrismo, esto significa simplemente que en los ritos que requieren actividad sexual, las mujeres se sientan a la izquierda de su pareja en el momento en que el rito comienza. En el camino de derechas, los ritos sexuales son puramente simbólicos.
La sexualidad en el misticismo oriental.

Así, en la forma extrema del Tantra, o vía de la mano izquierda, se estimula la práctica de elaboradas técnicas sexuales como medio de alcanzar, a lomos de la poderosa energía sexual desatada, las cimas del éxtasis espiritual, mientras que en la renuncia que propugnan el Yoga y el Vendata, la castidad (bramacharia) se convierte en un instrumento básico e indispensable del crecimiento espiritual.
Esta renuncia al disfrute sexual que, en apariencia, se asemeja al temible “No fornicarás” de la tradición judeocristiana, está, sin embargo, radicalmente alejada de los conceptos y propósitos que animan el celibato religioso en Occidente, donde únicamente se persigue la virtud, atribuyendo a la renuncia valores exclusivamente ascéticos y morales.

En Oriente, por el contrario, siempre ha existido una elaborada tecnología de lo espiritual, basada en un conocimiento profundo de las energías sutiles que operan entre el cuerpo y el alma y son responsables tanto de las funciones mentales como de las meramente biológicas del individuo.
El propósito de la castidad, en este contexto, no sería otro que el de preservar valiosas energías para emplearlas en el propio crecimiento interior. Así, puede leerse en el Yoga Sastra: “La pérdida del semen trae la muerte; su preservación, la vida. El semen es la auténtica vitalidad del hombre; es un tesoro escondido que le ilumina el semblante, le fortalece la mente y le colma de bienestar.” Coincidentemente, el moderno sabio hindú Sivananda, en vida médico y gurú de gran reputación, afirmaba: “La energía contenida en el fluido seminal (Viria), es la esencia de las esencias que se encuentra en estado sutil en todas las células del cuerpo. La energía que consume un solo acto sexual equivale a la gastada en diez días de trabajo físico o tres de esfuerzo intelectual.”

A pesar de constituir una vía completamente opuesta, el Tantra parece tener muy en cuenta estos principios, puesto que sus prácticas sexuales evitan estrictamente todo derrame del líquido seminal. Algunos, incluso, lo consideran un mero entrenamiento para disfrutar orgasmos sin malgastar la preciada energía.

Para otros, en cambio, encierra una profunda simbología que representa la unión del principio femenino (Shaktï) con el masculino (Siva), los dos tipos de energía complementarias (prana y apana) que existen en el hombre, y cuya fusión daría lugar a la “iluminación”, o expansión de la conciencia, experimentada por los místicos de todos los tiempos. De acuerdo con esta concepción, no existe diferencia alguna entre la energía sexual y la espiritual; se trata de la misma fuerza fluyendo hacia abajo y estimulando los centros sexuales, o fluyendo hacia arriba y despertando las facultades espirituales latentes en el alma humana.

Tal vez sea por eso que tanto los yoguis como los seguidores del tantrismo sienten una gran devoción por el Sivalingam, o representación fálica del dios Siva, que tiene su contraparte en el Yoni, o figuración del órgano sexual femenino de la diosa Shaktï.

Curiosamente -las paradojas son la entraña del complejo mundo oriental- , no puede dejar de señalarse que una cultura tan consciente del ahorro sexual, sea la que ha dado al mundo el Kama Sutra, la sofisticada colección de técnicas sexuales que procura, sobre todas las cosas, el refinamiento del placer carnal.