17 abr. 2015

Mentiras sobre mentiras...

Ramiro Calle

Cuando una persona se decide a entrar en el inspirador y revelador universo del espíritu, no lo hace para potenciar su narcisismo, afirmar neuróticamente su ego, potenciar el peor de los orgullos: el espiritual, ni volverse un atosigante “salvador de almas” ni erigirse como el pontífice que, incluso decide sobre si los demás están preparados para seguir la Senda o incluso quiénes pueden o no seguirla. Tampoco debería uno adentrarse en éste ámbito para traicionar las fuentes de las verdaderas enseñanzas, tergiversar el Dharma, falsear los métodos y sobre todo servirse de la inexcusable argucia de que como la Enseñanza tiene que evolucionar y adaptarse, todo vale, dando así lugar a desdibujarlas, falsearlas, distorsionarlas, mercantilizarlas y prostituirlas. Como me escribió el gran editor y riguroso escritor Agustín Pániker: “No puedo estar más de acuerdo contigo. El mundo de la espiritualidad está lleno de aprovechados y caraduras. Yo creo que siempre lo ha estado, pero ahora, con el dinero que se mueve, se ha convertido en el verdadero bazar de los ladrones. Rebosante de charlatanes. En fin es nuestro yuga (época, era).

El despropósito, la traición a las verdaderas fuentes espirituales y el más impúdico comercio también ha tocado de lleno, por supuesto, a las técnicas de autorrealización de Oriente y en mayor grado al yoga o a lo que muchas veces se llama yoga y en absoluto lo es. Por un lado, toda esa suerte de “yogas” inventados (con ese subterfugio de que el yoga debe evolucionar) y por otra el gran negocio del yoga basado en cursos de formación de profesores exigiendo a los que quieren obtener sumas escandalosas, incluso ofreciendo formación de profesores on line, que como señala el profesor Víctor Martínez Flores ya no puede ser más aberrante. Es lamentable a todas luces que fueran parte de los maestros hindúes de hatha- yoga, llegados de la India a Estados Unidos, los traidores al espíritu del verdadero hatha-yoga, a fin de popularizarlo, comerciarlo, apoyar la competición y la estampa del campeón, y en suma apartarse de su genuina esencia, dando lugar al mezquino postureo para realzar el ego, a los campeonatos de yoga y al más indecoroso contorsionismo para infatuarse y alardear. No me extrañan las palabras del excelente profesor de yoga Roberto Majano cuando dice: “Hay quienes quieren hacerse con la primacía del suculento negocio de la formación de profesores de yoga en España, convirtiéndose así en los valedores que certifican, dan doctrina, deciden. Lo veo grave esto de que existan figuras que insten como si fueran Papas que distribuyen los diplomas y bulas papales que te certifican como bueno, malo, válido o inválido creyente, profesor o practicante de yoga”.

Lo que nunca se dice a los que se forman como profesores, a veces teniendo incluso que pedir préstamos para poder pagar el curso de formación, es que luego difícilmente encontrarán trabajo, toda vez que ya van a ver más profesores que alumnos, y que si lo hallan será teniendo que recibir una suma irrisoria por clase y no estando asegurados. Por cierto, los que podríamos denominar reguladores y “abanderados del yoga” antes que nada deberían promover que los profesores de yoga estén dados de alta y reciban una justa remuneración.

El editor y escritor Álvaro Enterría (que vive hace más de dos décadas en Benarés”) asevera: “Una labor muy necesaria es la de desenmascarar todos los neoyogas, neovedantas y neotantras que desfiguran las auténticas tradiciones. Es el aspirante el que debe hacer el esfuerzo por ponerse a la altura de las enseñanzas, no éstas quienes deben bajar al nivel medio de los aspirantes. Pero tal como está el personal, este proceso de aguar las tradiciones espirituales está incurriendo incluso en la India. Como hay una demanda espiritual sin esfuerzo, y de disfrute, pues se les da eso. Muy poca gente dispuesta a hacer el sacrificio que una auténtica vía espiritual conlleva”.

A ver si ahora que se ha creado el ministerio del yoga en la India, comienza a ponerse un poco de orden en tal sentido y se evita que se sigan acumulando mentiras sobre mentiras al respecto de este solvente método de mejoramiento humano que es el yoga, y que cuenta con tantos miles de años de antigüedad y es patrimonio de la Humanidad, a pesar de que algunos individuos sin ningún miramiento lo hayan querido incluso patentar para su propio e impúdico lucro.