1 abr. 2015

Para tratar los síntomas, primero hay que curar la mente.

Enric Corbera

Lo remarcó el reconocido terapeuta español especialista en bioneuroemoción, en su paso por Rosario en el marco de una serie de actividades que se realizaron en la Facultad de Ciencias Médicas.
Enric Corbera, licenciado en Psicología y Diplomado en BioNeuroEmoción.

"La bioneuroemoción no es una terapia sino un método de consulta, tampoco cura pero ayuda a las personas a encontrar esos programas inconscientes que se manifiestan en síntomas o enfermedades. Cuando alguien toma conciencia de esta situación, puede afrontar decisiones en su vida", explica Enric Corbera, licenciado en Psicología y Diplomado en BioNeuroEmoción.

En el marco de una serie de actividades que se realizaron en la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario, el reconocido terapeuta español inauguró la Asociación Argentino-Española de Bioneuroemoción (Asares BNE) en Rosario, dictó varias conferencias sobre el tema y ofreció capacitación y perfeccionamiento para estudiantes y profesionales.
En su visita a la ciudad, la concurrida asistencia a cada una de sus ponencias demostró el interés que despierta este método entre los argentinos, y principalmente en Rosario, sede para Latinoamérica.

"La gente no es consciente de que lo que le ocurre en su vida, piensa que son hechos casuales, que tiene mala suerte o un mal karma, y no es así. Cuando uno es capaz de identificar determinadas conductas o emociones ocultas detrás de un síntoma o enfermedad, esta situación se puede modificar. Cuando liberas tu rabia y tu ira, el cuerpo se sana, y los tratamientos funcionan", señala el investigador en referencia a un método que la Universidad Nacional de Rosario incorporó a partir de este año como materia electiva en la Facultad de Ciencias Médicas.
Para conocer qué tipo de conflicto tiene una persona, la bioneuroemoción se basa primero en la biología y el diagnóstico médico; y luego instrumenta algunas técnicas como la programación neurolingüística, la hipnosis y la relajación.

"Tratamos de que estas terapias sean grupales porque crean una sinergia del uno por el otro, y si le dices algo a una persona seguro resuena en el inconsciente del otro", subraya el destacado especialista.
Luego de investigar y trabajar el tema durante más de veinte años, Corbera asegura que la bioneuroemoción es de gran ayuda para muchas personas, "no sólo a quien tiene una enfermedad importante sino para aquel que atraviesa situaciones más triviales como no encontrar una pareja o que el negocio no funcione", afirma.
Cambio de vida. Este método de autoconocimiento que propone una forma de vida logró cambiar la suya el día que dejó de trabajar como ingeniero químico y se puso a estudiar psicología a los 44 años.
"Mi interés surgió a través de un libro llamado Un curso de milagros, sentí en aquella época que tenía que dejar lo que estaba haciendo y tomar conciencia que para tratar las enfermedades y los síntomas había que sanar la mente".
Para explicar la relación que existe entre las emociones inconscientes, su impacto en la biología y en la calidad de vida, el profesional integró diversas teorías y conocimientos, y se apoyó en la experiencia de investigadores y el contacto con diversas escuelas francesas: Hamer, Claude Sabbah y el pionero Carl G. Jung, entre otros.
Sin embargo, se diferenció en cuanto a la metodología y la aplicación de diversas técnicas y desarrolló una mirada particular de los problemas de salud.

"Al cuerpo hay que tratarlo, por supuesto y darle la medicación que corresponda, pero sino sanamos la mente, sólo tratamos una parte del problema. La persona tiene que cambiar también sus creencias, sus limitaciones y prejuicios, y de alguna manera el método se vuelve bastante espiritual también, porque aparece el concepto del perdón, desaparece el sentimiento de culpa y se libera ese rol de víctima", continúa el especialista.
A diferencia de una terapia tradicional, donde un psicólogo indaga sobre la historia del paciente y su familia, la bioneuroemoción desarrolla una visión cuántica de la historia, es decir aquello que lo rodea y tiene relación con el sujeto y con lo heredado.

"Somos como detectives que preguntamos situaciones concretas: qué pasó y cuando, qué conflictos había en ese momento. Todo eso conforma un programa que se expresa y tiene resonancia en el árbol genealógico".
"Las emociones son más importantes de lo que pensamos, afectan a nuestra biología, y son el vehículo que el inconsciente recibe, cuando tenemos un impacto emocional nuestra biología reacciona, notamos que sudan las manos, tenemos dolor de cabeza o una diarrea".

Para explicarlo mejor, Corbera cita otro ejemplo. "El inconsciente cree todo y confunde lo real con lo virtual, si piensas que tu marido te engaña, para el inconsciente es así aunque no te engañe, y eso te puede dar un problema biológico. Nuestro trabajo consiste precisamente en investigar esto y de donde viene esa desconfianza. Si la persona recupera la coherencia emocional, y está dispuesta a cambiar creencias, ingresa la filosofía y la parte metafísica, es decir la comprensión", concluye el especialista.

Cobrera es presidente de la Asociación Española de BioNeuroEmoción, director del Instituto Español de BioNeuroEmoción y fue distinguido con la mención de Embajador para la Paz por el Senado de la Nación Argentina.