25 abr. 2015

Pluralidad de los Mundos - Tecnología hiperdimensional

Reconocer la pluralidad de la creación es crecer en conciencia.

Relacionar los conceptos consensuados de demonios y extraterrestres puede interpretarse, al menos en un comienzo, como algo disparatado o producto de una mente desasosegada. Los demonios parecen ser una justificación medieval para la imposición de dogmas, sectarismos y, desde ya, procesos aberrantes como la Inquisición;sin demonios ¿para qué alabar a un dios protector? Jamás los relacionaríamos con la idea moderna de los extraterrestres o ultraterrestres -las teorías difieren en que los primeros son considerados ajenos o visitantes de la Tierra-, como tampoco habría relación posible entre las naves luminosas o tecnología superior a la humana, y la grotesca imagen de marcianitos verdes (o grises, da igual). Es evidente que, quien esté detrás del velo, ha obtenido un importante logro al disociar sendos conceptos; en electrónica, cuando se desea anular una señal es importante aumentar el ruido; lo mismo ocurre con las ideas: tristemente la mayoría de la humanidad funciona por impulso, así que no hace falta justificar acertadamente una asociación, basta con ridiculizarla; en el documentoFrom Ancient Dimensional Magic to New World Psychotronic Technology de Nexus Seven se nos sugiere:
La organización eclesiástica existe para llevar al pueblo el culto del Dios único y como herramienta de control del comportamiento, del poder y de la propiedad, por supuesto; pero también para detener los demonios que asolaban el pasado medieval. Ahora bien, en la actualidad esta tarea de detener a los demonios parcialmente ha pasado al Gobierno Secreto Mundial: la amenaza demoníaca que existía en el mito y la historia religiosa, existe hoy en día como los Reptilianos y otros seres de bello aspecto ario pero extraterrestres al fin; los mismos jugadores, con nuevos nombres, y con novedosos marcos de interpretación.

[...] Pero su trabajo no consiste en detener a los extraterrestres, ya que no pueden; más bien se trata de colaborar con ellos con el objetivo institucional de negar su genuina existencia aquí en la Tierra de manera de mantener intacto el status quo de la civilización.

Ciertamente, al someter a escrutinio las ideas que ambos conceptos nos traen a la mente, podríamos asombrarnos de algunas similitudes: la imagen medieval de un demonio es la de un ser grotesco malvado, casi reptilíneo, con capacidad para predar al ser humano; efectivamente, la humanidad se plegó a la religión pues necesitaba de alguien o algo que la defendiera de estos seres (y no hablamos sólo de Europa occidental, los musulmanes y orientales han hecho lo propio dentro de sus religiones, basta con explorar los djinns árabes o el concepto de espíritus hambrientos taoísta). A su vez, los recuentos de los procesos de abducción nos informan de pequeños seres cadavéricos, que en presencia de otros más altos y siniestros, someten a seres humanos a crueles exámenes ¿médicos? donde se insertan elementos puntiagudos, se extraen tejidos y se implantan dolorosos dispositivos en contra de la voluntad de la víctima; leemos de Close Encounters Of The Fourth Kind del desaparecido C. D. B. Bryan (capítulo XIII):
"Es una forma de arrogancia," continúa diciendo Carol -una abducida- "Como si estuvieran diciendo, 'Tu sólo eres una herramienta para nuestro propósito. Vamos a utilizar esta herramienta. Y cuando lo hayamos hecho, te dejaremos, o te descartaremos, o lo que sea. No tenemos que explicar a la herramienta por qué la usamos, sólo lo hacemos' Es una respuesta arrogante para todas las preguntas, preocupaciones e inquietudes que uno tiene cuando se enfrenta a la extrañeza [de la abducción]"

"Tus padecimientos no le importan en lo más mínimo," dice Carol. "Y aunque a veces parecen hacer cosas extrañas, como colocar sus manos en tu frente para disminuir el dolor y luego preguntar '¿Se siente así mejor?' parece ser sólo una pregunta retórica. En realidad no les preocupa para nada; ocurre que para tratar con el animal social, que es el humano, necesitan obtener nuestra cooperación para evitar la resistencia natural a ser abusados. Entonces ellos pretenden preocuparse."

Ahora bien, ¿tal vez la imagen medieval de los tormentos infligidos por demonios coincida con los relatos de abducción? ¿quizá los seres de oscuros hábitos góticos que atravesaban paredes, deambulaban con extraños asuntos entre lápidas inquietas o se presentaban en los dormitorios de aterrados amantes soñadores tuvieran la misma labor que hoy en día? ¿el concepto de íncubos y súcubos habrá surgido a partir de estos relatos? No cabe duda que los demonios medievales tenían una tecnología superior a la humana, aunque en aquel momento se la haya denominado magia negra o brujería.

¿Adónde queremos llegar? Usemos de los dos conceptos el que más nos guste: estos seres superiores, aunque parásitos del ser humano, tienen el hábito de desconsiderarnos, engendrando a su paso temor y dolor, es decir, loosh. Es evidente que necesitan hacer esto, ¿tal vez porque sea su forma de alimentación? Nadie se tomaría el trabajo de secuestrar de manera crónica y someter a indecibles prácticas médicas sin obtener algo a cambio; el ufólogo e historiador Richard Dolan sostiene:
Pero estas entidades pueden hacer muchas cosas en virtud de pertenecer a la Cuarta Densidad. Por un lado, ellos pueden "aparecer" en nuestra realidad a voluntad, prácticamente en cualquier forma o apariencia. Ellos nos "necesitan" como alimento, tanto psíquicamente como también físicamente; nos han "cultivado" a lo largo de nuestra existencia; han dado forma a nuestros sistemas políticos y religiosos. En efecto, en muchos aspectos cruciales, nos han manipulado a su imagen y semejanza. Liberarse de su control opresivo debiera ser la tarea primordial de la humanidad.
Y es evidente que su tecnología nos sobrepasa. ¿Podemos atrevernos a una analogía curiosa aquí? ¿Qué nos separa de las criaturas de los mares? No cabe duda que el fuego es nuestro aliado tecnológico; de hecho, es inconcebible nuestra tecnología sin hacer uso de la fragua industrial, desde la herradura del mítico Weyland hasta el Colisionador de Hadrones: el ser humano puesto en un sustrato líquido no hubiese avanzado tecnológicamente al grado actual. ¿Es posible entonces que los soportes estructurales de cada densidad brinden naturalmente herramientas tecnológicas que son inconcebibles para los estratos inferiores? Del segundo volumen de la colección The Universal Seduction, el autor plural Angelico Tapestra comenta (capítulo: The meaning behind alien abductions):
La realidad semi-fìsica, a veces llamada Cuarta Densidad, no se encuentra restringida en el tiempo lineal como sí lo está la realidad de la Tercera Densidad que corresponde al hábitat de la humanidad. La característica de la manipulación del tiempo durante las abducciones es la siguiente: un humano es extraído del tiempo lineal, procesado y vuelto a injertar con, a lo sumo, una pequeña pérdida de tiempo.

Las habilidades específicas de las entidades de Cuarta Densidad son numerosas: pueden manipular la línea de tiempo, ajustar un futuro posible en su estado embriónico (un futuro existe en el presente como una colección amorfa de símbolos arquetípicos y formas de pensamiento aprisionadas en el éter, y cuando estos se alteran, se modifican las probabilidades de que un evento en un futuro determinado ocurra), generar sincronicidades para confinar las posibilidades de ciertos humanos utilizando este mismo procedimiento, y construyen, ajustan e implantan dispositivos etéricos en los humanos con varios propósitos. Estos dispositivos etéricos pueden monitorizar o atascar pensamientos y percepciones, influenciar emociones, actuar como sondas para extraerloosh, o manipular chakras (centros energéticos del cuerpo sutil).

La idea de dispositivos etéricos puede hacernos pensar en que estos elementos no sólo serían invisibles sino también que su comportamiento pasaría desapercibido sin una estricta disciplina y autocontrol; ¿tal vez los acúfenos y dolores crónicos de cabeza mantengan una relación con la interferencia que generan estas sondas? Entonces, el concepto kardecista de obsesores no debería ser descartado con tanta rapidez.