4 abr. 2015

Vipassana

Por Francisca Vargas V.

¿Pasarías 10 días en silencio y meditando 12 horas al día para aprender la técnica?

“Vipassana, significa ver las cosas tal como realmente son”. Así no más. Fue redescubierta por Gotama el Buda hace mas de 2.500 años y enseñada por él como un remedio universal para males universales, es decir, como un arte: “El arte de vivir”.

Según cuentan en la organización que funciona en Chile (www.cl.dhamma.org) desde los tiempos de Buda, Vipassana ha sido trasmitida hasta el presente, por una cadena ininterrumpida de maestros, siendo desde 1969, S. N. Goenka el actual maestro que ha enseñado a decenas de miles de personas de todas las razas y religiones, tanto en Oriente como en Occidente. Aunque ante la creciente demanda por los cursos desde 1982 comenzó a designar profesores asistentes.

La técnica se diferencia de otras prácticas de meditación en cuanto a su objetivo. “No se trata sólo de concentrar la mente o relajarla sino purificarla desde su nivel más profundo, sacar los complejos más profundamente enraizados en el inconsciente”, explican.

Destacan que no usa mantras ni imaginería sino “la realidad tal y como es desde el principio hasta el final”.

¿Cómo se práctica?
“Se comienza observando la respiración natural para concentrar la mente y luego, con la conciencia agudizada, en la Vipassana misma, se experimentan las sensaciones físicas, directamente con la verdad del cuerpo y la mente en el momento presente”.
Es decir, se observa la naturaleza cambiante del cuerpo y de la mente y se experimentan las verdades universales de la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de ego, afirman.
En definitiva, es un proceso de auto-purificación mediante la auto-observación donde se accede al conocimiento de la verdad a través de la experiencia directa de lo que ocurre en el cuerpo y la mente.
Además, la mente se vuelve más serena, más ecuánime y “cada vez se reacciona menos a las situaciones difíciles de la vida, las relaciones interpersonales se van volviendo armoniosas, eres más compasivo, solidario, y al tener mayor paz mental uno se vuelve incluso más eficiente en lo laboral y lo cotidiano”, dicen.
Sin embargo, para lograr ese estado hay que transitar un largo sendero. “Es una práctica para toda la vida que exige compromiso y perseverancia, pero no se requiere esperar toda la vida para ver los resultados. Cada paso en el camino va trayendo beneficios aquí y ahora”.

El retiro de 10 días
Para aprender la técnica se requiere ir a un retiro de 10 días al cual se postula. No se cobra por el alojamiento, la alimentación ni la enseñanza. “Se considera una enseñanza sin precio que debe estar disponible para todo aquel que desee conocerla y practicarla, independientemente de sus posibilidades económicas”.
Cada persona que participa en un curso, lo hace financiado por estudiantes previos que han donado dinero para que ellos puedan recibir la técnica. Al terminar el retiro, cada participante puede a su vez dar una donación según sus deseos y posibilidades para el beneficio de otros”.
En Chile se imparten desde 1995 en diferentes lugares del país, siendo Putaendo y Chiloé las localidades que han acogido últimamente estos retiros, donde participan hasta más de 200 personas por vez. A la fecha, se han realizado 40 cursos y este 2012 esperan realizar 8 cursos debido a la alta demanda que tienen.
Pueden participar todo tipos de personas, independiente de su edad, sexo, nacionalidad, religión o posición social. El único requisito es que se encuentren con una salud adecuada a nivel físico y mental.
Durante 10 días se trabaja el noble silencio, se aprenden los fundamentos del método y se practica suficientemente para experimentar sus beneficiosos resultados.
“Son días de trabajo duro. No es fácil dejar nuestra rutina y dedicarnos a observar nuestro interior sin evasiones. Para muchos, se trata de la primera vez que pasan tanto tiempo realmente consigo mismos y la experiencia inicialmente no es necesariamente grata”, afirman.
Pero, al terminar el retiro, comentan, todos sienten una sensación de relajación y felicidad que no habían sentido antes. Además, los conceptos de anicca (impermanencia), metta (amor) y el camino del Dhamma, se comprenden amorosamente para enfrentar el diario vivir en sociedad.

Nuevas experiencias
“Creo que el cambio ha sido enorme. La verdad es que la mente se vuelve mucho más ligera, la posibilidad de continuar practicando permite que cualquier negatividad que surja durante nuestra vida diaria sea detenida. Nos volvemos más empáticos, más compasivos y resulta mucho más fácil comprender a quienes tenemos por delante”, de Paula Fernández.
Para Raúl Diez, “lo más difícil en el primer curso fue estar solo conmigo mismo y escuchar lo que mi mente me decía. Fue muy difícil pero ha sido lo mejor que he hecho nunca. Eres tú en cualquier lugar. Te sientas y ya está. Recomiendo la práctica de Vipassana a cualquier persona que esté buscando algo: un sentido a la vida, un por qué de las cosas”.
Mientras que Javiera Labbé dice que cambió su visión de las cosas, trabajo, relaciones con familiares, amigos y la vida en general. “Al principio me fue difícil ver de frente mis propios errores y falencias, pero después de un tiempo agarre costumbre. Ya no le tengo miedo a mis fallas, las busco, las veo sin temor y las corrijo de mejor maneja. Todo eso me ha ayudado a ser mejor persona, de a poco y aún tengo mucho trabajo por delante”.