13 may. 2015

Comunicación esencial: Adivinar al otro??

© Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

En nuestros vínculos no siempre advertimos cuándo, al intentar comunicarnos, nos estamos manejando como si tuviéramos la capacidad de leer la mente del otro.Damos por sentado lo que quiso decir, su intención, lo que sintió, el por qué de la actitud que nos pareció percibir, lo que le está sucediendo por dentro... y en base a eso se nos generan sensaciones, emociones, pensamientos... de los cuales naceránacciones. Pero... eso que “leímos”... ¿es cierto?
Uno de los primeros pasos para poder lograr una comunicación desde lo más interno de sí, lo menos egoico, lo más esencial (apuntando, en lo posible, a resonar en la misma “zona” íntima del otro) requiere, como paso ineludible, que nos demos cuenta de este mecanismo. (Sí, claro: no tenemos cómo asegurarnos de que el otro se ubique en esa zona de su propia interioridad... Sin embargo, ése no es nuestro asunto, pues no está bajo nuestro control. Lo que sí podemos, en cambio, es hacer nuestro mejor intento para que nuestra parte del fluir de la comunicación sea lo más asertivo posible.)

Psicológicamente funcionamos bajo cuatro criterios de organización de la realidad al momento de comunicarnos: 1) Lo que percibimos nítidamente a través de los sentidos (las palabras que escuchamos decir al otro, los gestos y posturas corporales que vemos, los tonos de voz que oímos... y más). 2) Lo que percibimossubliminalmente a través de los sentidos, es decir, datos que han ingresado de un modo no-focal, pero que nuestro Inconsciente sí registra, aunque no podamos advertirlo (micro-gestos, inflexiones de la voz, y hasta olores o pequeños detalles que para la conciencia pasan desapercibidos). 3) Lo que percibimos más allá de los sentidos (pues sí, cuando nos comunicamos con otros, según estudios que merecen toda la consideración por su seriedad, hasta los animales captan no-sensorialmente información sobre su entorno... y no olvidemos que los humanos somos complejos mamíferos!). 4) ...Y aquí es donde esto se complica: un criterio de organización de la realidad parte nada menos que de nuestra imaginación.
Abro un párrafo aparte para destacarlo: nuestra imaginación! A partir de ellainterpretamos la actitud del otro, lo que sus palabras quisieron decir, qué significan sus gestos, sus presencias o sus ausencias... A partir de ellacompletamos la información que nos falta, proyectando en los hechos comunicacionales nuestros temores, anhelos, experiencias anteriores, y aún sentimientos propios que no nos atrevemos a asumir. A partir de ella confundimos nuestros contenidos internos con “intuiciones”, dándolas por ciertas... A partir de ella nos asentamos a aseverar que el otro actuó como actuó por lo que nosotros imaginamos que lo hizo: según nuestras creencias, preconceptos, y aun teorías psicológicas que buscamos constatar en los hechos... ¿Cuánto dolor hemos vivido nosotros mismos porque otros nos han malinterpretado al completar con su imaginación lo que hemos querido transmitir? Seguro que conocemos “desde el otro lado” que fundamentarse en la imaginación es construir paredes ante el otro, en vez de abrir ventanas...

Entonces: cuando tratamos de comunicarnos con alguien, necesitamos evaluar de manera constante si esa conclusión que estoy sacando es en base a lo quepercibo o a lo que imagino. La palabra “conclusión” a veces puede ser peligrosa, pues significa, justamente, eso: “dar por finalizado”. Doy por finalizada, en este caso, mi investigación sobre cómo es la realidad. Poner en duda la conclusión puede ser ya de por sí muy saludable, con mucha frecuencia. Y si el vínculo lo posibilita, apuntar a constatar lo que el otro quiso decir, lo que le sucede, es tender un puente a la posibilidad de, realmente, comunicarse. ¿Tendremos garantías de que lo que el otro nos diga en esa constatación es así? ¿De que no nos mentirá, no disimulará, no negará ante sí mismo lo que le pasa y con ello nos lo negará a nosotros? No, claro que no hay garantía alguna. Pero laverdadera comunicación frecuentemente nace de un intento. Y ese intento vale la pena, aun si no pudiéramos lograr un contacto más fluido con el otro: al intentar este discernimiento tan vital, habremos hecho contacto, en principio, con nosotros mismos...

Ruth Bebermeyer* describe bellamente un instante comunicacional donde esto se pone en juego. Démosle a ella la palabra:

“Siento que tus palabras me sentencian,
que me juzgan y que me apartan de ti,
pero antes de irme, tengo que saber
si eso es lo que quieres decirme.
Antes de erigirme en mi defensa,
antes de hablar herida o asustada,
antes de levantar esa pared de palabras,
quiero saber si verdaderamente he oído.
Las palabras son ventanas o paredes;
nos condenan o nos liberan.
Ojalá que al hablar o al escuchar
resplandezca la luz del amor a través mío.
Hay cosas que necesito decir,
cosas muy significativas para mí.
Si no me expreso claramente con mis palabras,
¿me ayudarás a ser libre?
Si te pareció que quise rebajarte,
si creíste que no me importabas,
trata de escuchar a través de mis palabras
los sentimientos que compartimos.”