8 jun. 2015

La sencillez de lo que es

© Joan Tollifson, 2011

¿Qué es la vida?
¿Tiene algún sentido?
¿Dónde estamos buscando la felicidad o la liberación?
¿Tenemos libre albedrío?
¿Qué es la iluminación y cómo puedo conseguirla?
¿Podemos hacer algo para liberarnos de la depresión, la ansiedad, el comportamiento compulsivo, las guerras, los holocaustos, los prejuicios?
¿Qué es espiritual (y qué no)?
¿Qué sucede cuando morimos?

La mente pensante quiere encontrar respuestas a las preguntas. Cuando quieres saber qué autobús tomar o cómo construir una casa, esta capacidad de encontrar respuestas es una función útil. Pero la mente pensante no sabe cuándo dejar de pensar o cuándo el pensar es útil y cuando no lo es. Y de este modo, a medida que crecemos, vivimos cada vez más en un mundo conceptual tratando de pensar en nuestro camino a la felicidad. Perdemos el contacto con la inmediatez y el asombro que teníamos de niños.
Cuando era una niña, mi madre solía darme un cubo de agua y un pincel para que yo pudiera pintar en la acera. Pintaba dibujos en la acera con el agua y desaparecían en cuestión de minutos, pero eso no importaba porque yo estaba disfrutando por el mero hecho de hacerlo. No necesitaba ninguna recompensa, ningún elogio, ninguna permanencia. Era completo en sí mismo.

Y luego en otro momento de mi vida, cuando era una estudiante de arte, puedo recordar que ponía en duda seriamente si valía la pena pintar en absoluto, a no ser que fuera un Leonardo o un Picasso, o no fuera menos que perfecta. Ese sentido de alegría y curiosidad que los niños tienen de manera natural, disfrutando de la sencillez de ser, se queda eclipsado por este intento de hacer algo con uno mismo, hacer que "yo" sea un yo de éxito.
Muy a menudo, cuando llegamos a la espiritualidad, incluso cuando supuestamente sabemos todo sobre el despertar de esta historia de mí, se transforma en una nueva versión de esta misma historia, centrada ahora en lo bien que estoy progresando en el despertar, lo bien que estoy meditando, si estoy iluminada o no. Por extraño que parezca, este "yo" por el que estamos tan preocupados puede no ser más que una especie de espejismo o imagen mental, el personaje central de una historia de película generada por el pensamiento y la imaginación, nada real en absoluto.
¿Cómo podemos averiguarlo? ¿Es posible despertar de este espejismo mental, de este trance del pensamiento? ¿Qué es lo que despertaría? ¿Soy "yo"? ¿O es otra cosa?
Una vez más, la mente pensante inmediatamente busca respuestas. Buscamos autoridades y adoptamos sus puntos de vista. Nos aferramos a ideas y explicaciones, y buscamos experiencias más grandes y mejores.

La liberación no se trata de tener respuestas o tener experiencias. No tiene nada que ver con creencias, sino más bien con la ausencia (o la transparencia, o ver a través) de las creencias. El despertar no ocurre en el pasado o en el futuro, sólo en el Ahora. Las liberación o la iluminación no es algo que encuentras o adquieres como un coche nuevo. No es ningún tipo de experiencia exótica o deslumbrante como estar permanentemente en éxtasis o bajo el efecto del LSD. La liberación trata en parte acerca de ver a través de las fabricaciones ubicuas y espejismos del pensamiento conceptual, incluyendo toda la idea de la persona que supuestamente tiene que ser liberada. Es también una apertura no conceptual del corazón-mente que podría ser descrita como rendición, disolución, relajación, aceptación, no acción, liberación, o simplemente ser. También podría ser llamada como descansar en la sencillez de lo que es.
La Realidad Última se esconde justo delante de nuestros ojos, a plena vista. Aparece como los platos del desayuno, la ropa para lavar, la luz del sol en las hojas, el ladrido de un perro, el sonido del tráfico o de la lluvia, el zumbido del ordenador, el sabor del té, la forma de estas palabras, y la conciencia que es y lo contempla todo. Y sólo cuando describimos todo esto en palabras parece como si "la conciencia" fuera una cosa y "el sabor del té" fuera otra cosa. La realidad no conceptual de este respirar-oír-ver-ser es indivisa, sin centro o periferia. No tiene dentro, ni fuera; ni sujeto, ni objeto. Simplemente esto, tal como es.

Y entonces tal vez venga el pensamiento: "Tiene que haber algo más en la vida que esto", o "¿Cuál es el significado de todo esto?" o "¿Qué pasa con la iluminación final?" o "¿No es todo esto simplemente la manifestación fenoménica, y no es ésta una ilusión?" El pensamiento crea problemas imaginarios y trata de resolverlos. El complejo cerebro humano tiene una capacidad asombrosa para conceptualizar, imaginar, recordar, proyectar, y pensar en cosas que no tienen realidad actual. Sin embargo, incluso estos pensamientos no son más que una momentánea forma soñada o expresión del Uno indivisible, el Todo sin límites.

El pensamiento etiqueta, clasifica, evalúa y cosifica las percepciones cambiantes que aparecen. El pensamiento conceptual crea la hipnótica ilusión, como un espejismo, de que las cosas son sólidas, independientes, persistentes (incluidos "yo" y "tú") ― la ilusión de la dualidad y de la separación. El pensamiento imagina al "yo" como un personaje independiente en un viaje a través del tiempo. Evoca metas e historias de éxito y fracaso. Incluso crea la imagen del "yo" como una persona espiritual seria y dedicada a deshacerse del "yo". Pero sin el pensamiento, ¿dónde está el "yo"? ¿Qué soy yo, realmente?

¿Es posible que la paz y el bienestar que buscamos (ese anhelo que se encuentra en la base de todos nuestros deseos más superficiales) no se pueda encontrar o satisfacer mediante respuestas o logros o experiencias de algún tipo? ¿Es posible que la búsqueda misma de eso "ahí afuera" es precisamente lo que nos impide darnos cuenta de que lo que estamos buscando es la esencia misma de Aquí y Ahora?

¿Y qué es eso?
No es nada que puedas captar conceptualmente, y no es ninguna experiencia particular (a diferencia de cualquier otra experiencia). Es el estado de ser, el fundamento, la ES-eidad de este momento, eso que está innegablemente presente más allá de toda duda, que no requiere de prueba o de creencia, imposible de negar, antes y después e incluso durante toda comprensión, búsqueda y experiencia. Las palabras (estado de ser, fundamento, ES-eidad) son sólo punteros, indicadores. A lo que apuntan no es nada que puedas captar o aferrarte como un objeto. De hecho, realmente no hay objetos sólidos porque todo es un exhaustivo y continuo flujo. Esta nada, no-cosa (o vacío) es todo lo que realmente hay.
Y esta nada o no-cosidad está vibrantemente viva, alerta, consciente, despierta, presente. La comprensión, la búsqueda y el pensamiento puede parecer que destruyen la totalidad del ser o la espaciosidad de la presencia-conciencia, pero ¿puede algo realmente destruir la conciencia, o el momento presente, o el estado de ser? ¿No es verdad que todo aparece Aquí y Ahora, en la conciencia? ¿Y no es verdad que todo aparece completamente a la vez como un todo diverso pero sin fisuras?

El pensamiento conceptual (aparentemente) divide. La división y la separación nunca están realmente ahí, por supuesto. Sólo existen en el pensamiento y la imaginación, pero si no se tiene esto en cuenta, si se cree en el pensamiento y se toma en serio, entonces el resultado es el sufrimiento. El Zen y el Advaita tienen que ver con el despertar de este trance y sufrimiento. Pero no eres "tú" quien despierta y se convierte en "una persona despierta". Eso es la ilusión. ¡La misma noción de que hay alguien que necesita despertar de la ilusión es parte de la ilusión! El problema de la esclavitud sólo existe en la película del mundo de la imaginación creada por el pensamiento. Todo el problema es una especie de espejismo. Lo que es real nunca está ausente, y lo que parece ocultarlo nunca es real.
Las palabras nunca pueden capturar la realidad de este momento presente eterno. Se puede hablar de ella y señalarla de varias formas diferentes, pero cualquier cosa que digamos sobre la realidad no es la realidad en sí. Podemos asentir al escuchar sobre eso; sin embargo, habitualmente tendemos a confundir el mapa con el territorio, el concepto con lo real. Luego entramos en debates interminables y confusiones sobre dilemas imaginarios como si existe o no el libre albedrío, o si vale la pena hacer cualquier tipo de práctica espiritual, o si el mundo es real y merece nuestra atención o es sólo una ilusión soñada que es mejor ignorar. Esta mente está dando vueltas en círculos que no conducen a ninguna parte. La realidad no puede nunca ser capturada en conceptos (como libre albedrío o no libre albedrío, yo o no yo, esto o aquello). Lo que digas nunca es del todo correcto. Ninguna palabra o concepto nunca es lo suficientemente completo. Si dices que no puedes aprender a montar en bicicleta porque no hay un tú que lo haga, o no hay libre albedrío, te estás desacreditando a ti mismo tontamente. Y, sin embargo, si te fijas bien en quién o qué está montando en bicicleta o "eligiendo" hacerlo, no encontrarás nada ni nadie, ni puedes explicar realmente cómo exactamente "tú" haces este montar en bicicleta.

Podemos discutir interminablemente sobre quién monta, y si podemos o no elegir hacerlo libremente, o si la instrucción y formación es necesaria o solamente es un obstáculo, y podemos hablar de la mecánica de las bicicletas y los paseos en bicicleta, o contar historias sobre los ciclistas legendarios del pasado, pero al final, ninguna descripción o prescripción te dirá cómo montar en bicicleta o de qué manera hacerlo. Hablar de ello, leer sobre ello, viendo a otros hacerlo, o debatir acerca de quién lo hace mejor, no es lo mismo que simplemente hacerlo. Por supuesto, la iluminación no es exactamente lo mismo que montar en bicicleta, pero al igual que montar en bicicleta, es la realidad lo que importa, el propio territorio y no el mapa. Hablar sobre la iluminación (o el despertar, o la liberación), pensar en ella, imaginarla, o buscarla como un evento futuro son todos mapa-eventos. Pero la iluminación es el territorio en sí, lo que es Aquí/Ahora, siempre presente y siempre cambiante. Por supuesto, paradójicamente, aunque el mapa (como mapa en sí) es también el territorio, así también hay algo real en cada sueño y en cada ilusión. ¿Qué es lo que es real? Esta realidad es ineludible e inevitable. Es absolutamente simple e inmediata y realmente imposible de perder.

En este momento, simplemente escucha los sonidos que están ocurriendo. Se oye el tráfico, tocar la bocina, cantar a los pájaros, la cortadora de césped, soplar la nieve, caer la lluvia, el viento, el susurro de las hojas, el ladrido de un perro, el aspirador, las voces de los niños, el equipo de sonido, una sirena, el silbato de un tren, sea lo que sea. Escucha los sonidos como puro sonido, de la misma manera como si escucharas música. Si no hay ningún sonido donde te encuentras, escucha el silencio. Siente la respiración, las sensaciones del cuerpo, el latido del corazón, las ráfagas de energía, la opresión en el pecho, lo que se sienta en este momento. Siente todo esto como pura sensación, sin etiquetas ni juicios, sin resistencia, sin tratar de corregir o mejorar o aumentar de ninguna manera. Mira todos los colores, formas y movimientos a tu alrededor de la misma manera como si disfrutaras de una pintura abstracta. Ten en cuenta que todo está en constante cambio, y sin embargo, todo sucede en este siempre-presente Aquí y Ahora. Esta inmediatez intemporal no puede ser atrapada, ni puede ser evitada.

¿Qué es todo esto?
Observa lo que sucede cuando se hace esta pregunta. ¿La mente pensante entra en acción al instante en busca de la respuesta? ¿Comienza el pensamiento a a buscar en los archivos espirituales (o científicos, o psicológicos)? "Todo esto es la Consciencia", podríamos pensar. O: "Esto es la conciencia pura", o "Esto es actividad cerebral", o "Esto es mi sala de estar", o "Esto es un texto en un sitio web", o "Esto es la Energía Inteligente vibrando en diferentes patrones", o "Esto es un sueño", o "Esto es la manifestación fenoménica y yo soy el noúmeno puro".
¿Puede verse ahora que todas estas respuestas no son más que pensamientos? Son conceptos, ideas, explicaciones, palabras, etiquetas, creencias. Pueden tener su utilidad, y pueden ser relativamente más o menos precisas como punteros o mapas, pero date cuenta ahora mismo que todas son palabras. No son la realidad (la talidad) de los sonidos, sensaciones, formas y colores siempre cambiantes. Son descripciones o etiquetas (como son todas las palabras que acabo de utilizar). La palabra "conciencia" no es la conciencia. Cualquier idea de conciencia o presencia puede ponerse en duda o ser argumentada. Pero la realidad de la conciencia o la presencia está fuera de toda duda o creencia. No necesita ninguna prueba. La palabra "conciencia" parece hacer de la "conciencia" una cosa separada, algo distinto de los sonidos y colores. Pero la realidad del momento presente no está realmente dividida en "conciencia" y "contenido". Es una inmediatez sin fisuras, una ocurrencia total y única. No hay nada más allá de ella o fuera de ella. Es indivisa, incontenible, libre de ataduras.

¿Puedes dejar que todas las palabras, etiquetas, conceptos, ideas y creencias desaparezcan (no por siempre jamás, sino ahora mismo)? Si se sueltan, entonces, ¿qué queda?
¿Se pone la mente pensante a buscar algo que permanece (una experiencia, una sensación particular, la comprensión conceptual correcta, la ausencia de algo, o lo que sea)? ¿Puede verse a través de esa actividad de búsqueda y dejarla de lado? ¿Puede haber un simple descansar en lo que actualmente permanece ― esto que es absolutamente inconcebible y sin embargo totalmente obvio e imposible de evitar? Ver, oír, sentir, respirar ― simplemente esto. No las palabras, sino la realidad, la actualidad. (Y si la mente está ahora tratando de expulsar las palabras y pensamientos con el fin de lograr alguna imaginada pureza no conceptual, ¿puede ese esfuerzo ser visto también como lo que es? ¡Nada tiene que ser expulsado, ni siquiera este esfuerzo! Todo es un indivisible todo fluyendo ― esta apariencia que cambia constantemente y que siempre sucede Aquí y Ahora).
Cada momento es completamente nuevo. No te aferres a las palabras. Nunca son del todo correctas. El lenguaje es inherentemente dualista. Requiere sujetos y objetos, divide y cosifica, pero en realidad, ¿dónde están las líneas fronterizas? ¿Dónde "dentro" se convierte en "fuera"? Puedes pensar en una respuesta conceptual, pero mirando directamente con la conciencia, ¿puedes realmente encontrar un lugar así? ¿Puedes ver que esta frontera es puramente conceptual, que realmente no se encuentra en la experiencia directa? No tomes esto como una creencia, sino que ahora mismo, si cierras los ojos y prestas especial atención, ¿puedes realmente encontrar el lugar donde "dentro de ti" termina y "fuera de ti" comienza? ¿Está realmente ahí, en tu experiencia actual, la aparente frontera entre "tú" y "todo lo demás", o en realidad no es más que una idea, una imagen mental, un río de sensaciones siempre cambiantes, una historia que aparece en la conciencia? ¿Puedes encontrar algún límite o frontera para la conciencia presente? Puedes pensar en un límite, pero ¿puedes encontrarlo experiencialmente ahora mismo?