12 jun. 2015

Sicomagia: El incosnciente puede ser tu aliado

Gabriela Rodríguez

Gabriela Rodríguez tiene una frescura y liviandad jovial que dan cuenta de una buscadora que ha logrado encontrar salidas al laberinto de la vida, y del inconsciente. Sus crisis personales, como pocos, las tomó de las manos y las amasó hasta lograr darles luz, primero con el tarot, pasando por conversaciones con sanadores rurales y del Amazonas hasta llegar a su maestro, Alejandro Jodorowsky. Así es su historia de ir más allá, que se inicia tras estudiar diseño teatral y donde los símbolos de Jung, los sueños y el lenguaje del inconsciente la llamaban, y que luego casi la hizo decidir estudiar sicología. No estaba del todo convencida, porque en esos años la disciplina no recogía los aspectos transpersonales y del conocimiento inconsciente que ella intuía. Llegó entonces un tarot y dijo: ¡me salvó! Cayó como cuando algo cae del cielo y aparece lo divino, yo estaba a una semana de entrar a sicología y me doy cuenta que eso era lo que yo andaba buscando. Tengo ese momento tan claro, porque es uno de los momentos más bellos, no tuve la menor duda, entonces me puse a estudiar tarot con un sistema muy distinto al cual llegué después. Empecé a estudiar, y a estudiar los sueños, los mitos, astrología todo el mundo simbólico”.

-Hubo resonancia afuera, de un aprendizaje que ya tenías…
–¡Claro!, hoy, con perspectiva, veo y se que uno está buscando y se mete en situaciones difíciles, otras que te ayudan, pero todo confluye para que llegues a donde tienes que llegar, a menos que te empastilles y te duermas. No era mi caso, entonces la dificultad que estaba viviendo en ese momento, me condujo a todo esto. Cuando te digo me salvó el tarot en ese momento, no es que me hubiera sacado de algo, sino que todo lo que me venía pasando era para llegar ahí. Fue un bendito momento.

-¿Y cómo llegas al tarot de Marsella restaurado por Alejandro Jodorowsky?
– Como yo venía del diseño teatral, que también lo estaba ejerciendo, sabía de Jodorowsky porque había visto “El Topo” (largometraje) y sabía que era un maestro del tarot. Yo me había puesto a estudiar el tarot de Marsella por mi cuenta, y encontraba que los arcanos menores estaban más encriptados, entonces pensé “Jodorowsky me tiene que enseñar esto; lo tengo que conocer”, y al año siguiente ocurre que él viene a Chile tras 40 años de estar afuera y se hace un evento en la plaza Mulato Gil donde su amigo más cercano, Enrique Lafourcade, lo recibe con un happening. En esa oportunidad me acerqué a él y le dije que quería conocerlo y me invitó a un taller que haría el domingo en El Arrayán. Y empezaron a pasar una serie de cosas sincrónicas, muy interesantes, como por ejemplo, que una amiga mía tenía unos escritos de él cuando recién llegó a París, unos textos y dibujos y me comenta que su abuelo lo conoció y le había regalado esos papeles o que Roser Fort (fundadora del Centro Arte Alameda), que era amiga de una amiga mía, estaba recién cambiando de giro y le tocaba organizar la venida de Jodorowsky a Chile, finalmente todo me llevó a conversar más de cerca con él, poder conocerlo más.

-Se estableció una relación de conocimiento, y de amistad.
– Sí; de hecho el después vino a hacer un taller en mi casa, donde vinieron unas 20 personas, y él en esa oportunidad me leyó las cartas, lo que fue crucial para mí (por la crisis que estaba viviendo en términos personales). Después como empezó a venir seguido a Chile, le organicé los talleres, y yo también me fui a París al café donde él se instalaba con el tarot. Organicé los primeros talleres de sicomagia.

-¿Fue cuando se instalaba en el entonces Café del Patio?
– Eso fue posterior, unos tres años después, donde él hizo una lectura de tarot gratis, como hacía en París. Nos concentramos en hacer talleres, venía poquita gente, porque en ese tiempo la sicomagia era muy extraña, pero en el último taller que se hizo (el 2011) habían 200 personas, ¡mucha gente!, así es que pude ver la evolución de cómo la sicomagia se incorporó como conocimiento en las personas.

-Una de las cosas interesantes de él es que siendo artista también ha desarrollado la parte espiritual, le ha dado forma a sus búsquedas, y eso es muy potente.
– Claro, es que es muy lindo ver la conjunción entre el arte y la espiritualidad, porque un artista se pregunta siempre muchas cosas. El trabajo artístico va de la mano con el trabajo espiritual. Claro que como los egos tienen muchos disfraces, también encontramos artistas que se miran sólo el ombligo y dejan de lado su trabajo interior.

-¿Pero antes de involucrarte en la organización de los talleres de él, hubo un acercamiento en el aprendizaje del tarot o de otras cosas relativas a eso?
– ¡Sí, había mucho diálogo!, me enseñó sobre los arcanos menores, pero empecé prontamente a organizar los talleres de sicomagia que es la mejor forma de aprender con él. Hoy me pasa lo mismo con mi asistente, quien se vino desde Argentina porque quería aprender y yo le dije lo mismo: la única forma que te puedo enseñar es que me acompañes en el proceso.

LA TRANSFORMACIÓN DE LOS CÓDIGOS DEL ÁRBOL GENEALÓGICO
-Esos primeros talleres no eran entonces sobre tarot, sino sobre sicomagia.
– Claro, era sobre sicomagia, sobre el árbol: la sicogenealogía. Cuando él vino en esos años (’90) ya había elaborado el mapa del árbol genealógico; cuando escribe “Como mejor canta un pájaro” ya se refería a ese tema, y el libro “Sicomagia” es posterior (1997).

-¿En pocas palabras, qué implica la sicomagia?
– Eñ 90% de nuestro cerebro o más, es lo que llamamos inconsciente. Entonces imagínate lo profundo que es y todas las posibilidades que hay en esa inmensidad desconocida, ¡el radar y las posibilidades que eso tiene son inimaginables! Si con el 10% que utilizamos actualmente hemos desarrollado la tecnología al nivel en que está hoy en día , entonces ¿cuanto más habrá en ese 90%? ¡Es la primera pregunta que me hago! Ahí no hay límite.
Dentro de ese vasto 90% se mueve el inconsciente familiar al que podemos acceder con el mapa psicogenealógico o con el Tarot, por tanto la psicomagia implica un sondeo en una parte del incosnciente, donde hay una riquísima información. A poco andar también descubrí que el tarot es un mapa para desarrollar la visión, la intuición, los sentidos, cuando está bien encaminado eso sí.

-Cuando te centras en quién eres más que en un juego predictivo, ¿no?
– El tarot es un mapa que tiene que ver con el lenguaje del inconsciente y funciona como un organismo completo. Lo que faltaba era la visión totalizadora que le dio Jodorowsky: es decir, que es un organismo de 78 cartas, es un mandala, no son cartas sueltas los arcanos mayores de los menores, hay una estructura. Piensa que en tu cuerpo hay órganos interiores, expresiones exteriores, pero todo tiene que estar funcionando para que nosotras dos podamos estar interactuando por ejemplo, hay un funcionamiento completo que me permite expresar; entonces, el tarot es un organismo completo. El tarot de Marsella fue además construido con la composición áurea, la geometría sagrada. Entonces cuando se abre la información desde adentro (arcano: lo que se abre desde adentro), se expande, porque es una llave, es un abridor de puertas, te abre la puerta de lo que está en ese 90%, en ese misterioso inconsciente.

-Es como un privilegio, poder llegar hasta ahí.
– Como yo quiero tanto esto, para mí es de una riqueza sin límites. Es tan rico que a un ser lúcido como Alejandro, el tarot lo inspiró para crear el mapa sicogenealógico y poder llegar a la sicomagia. Como artista, como buscador, como sicomago.
Yo quedé deslumbrada, conmovida en ese momento de mi vida; con el mapa del tarot podía darme cuenta de tantas cosas, pero había un problema: ¿cómo lo solucionamos? Y ése es y ha sido siempre mi interés. Ya había estado con chamanes, sanadores, sanadoras, buscando sanar, pero faltaba el ¿cómo hacer para resolver el conflicto? Al mismo tiempo me iba dando cuenta del entramado entre las frases, entre lo que se dice y lo que se hace.

-Una cosa es ver con claridad lo que está ocurriendo y la otra es ver cómo se resuelve para seguir transitando.
– Claro, y como te decía antes (de llegar a la sicomagia) tuve otros maestros como un chamán de la Amazonía Peruana, Alejandro Jaguanchi, quien fue muy importante porque fui a la raíz y me pasaron cosas milagrosas, yo había leído mucho a Castaneda antes y me sentí metida en esas novelas. Otra sanadora muy importante fue Adriana Manríquez, una vidente que la conocí en los ’80, tuve que esperar 7 horas para que me atendiera (risas), vivía en Malloco… Ella, entre otras cosas, te pasaba energía en un tiempo donde la palabra reiki no estaba en nuestro vocabulario; para mí ella fue la contraparte femenina de Jodorowsky, con una inteligencia natural y universal, su lenguaje mínimo, más bien tímida, era increíble; en México también conocí a otro chamán, Carlos Said, que Alejandro lo menciona en el libro.

-Por lo tanto tu búsqueda personal iba muy de la mano con ayudar a otros a través del tarot, pero ¿cómo te das cuenta que tu también podías trabajar la sicomagia para los demás?
– Cuando me encontré con Alejandro Jodorowsky, él ya había elaborado estas respuestas que yo buscaba, y claro, me di cuenta que yo había estado con curanderos en cuyos sitios pasaban cosas que no pasaban si no estaban ahí, en su sitio; de alguna manera, ya había ido a la sicomagia con los curanderos o sanadores, y después cuando Jodorowsky cuenta toda su historia con la Pachita (chamana mexicana) habían cosas parecidas en la búsqueda espiritual, y me acuerdo que le dije: quiero empezar a trabajar en este tema, y él me dijo “de a poco”, y así lo hice, fui entrando de a poco. Lo de los árboles (genealógicos) lo puede hacer cualquier persona, pero un acto sicomágico es mucho más delicado.

-Pero tampoco es tan fácil el árbol genealógico, ¿cómo lo empiezas a trabajar tú?
– Me inicié trabajando mi propio árbol, trabajé con mi familia, hice varios actos sicomágicos, algunos de ellos me los dio Alejandro. El mapa sicogeneológico es un sistema que inventó Jodorowsky, y uno pregunta datos y a partir de esa información, se crea un acto para que se resuelva el tema; ésta es la parte profunda y creativa del trabajo.

-Pero necesito desmenuzar un poco; por ejemplo, una persona tiene una problemática, no logra tener una pareja estable, y lo cierto es que no tiene idea qué pasó atrás con su familia, no sabe de sus ancestros, ¿qué pasa en esos casos, cómo logras construir el árbol?
– Aprendes a leer entre líneas: la información que te dan es sobre la familia, pero lo que ves es la persona, el nombre que le pusieron, la historia que cuenta. Yo pregunto cosas muy simples: cómo se llamaban tus ancestros, a qué se dedicaban, por ahí va saltando información, yo voy leyendo rápidamente qué va pasando, veo las señales que siempre están debajo de lo que se muestra, es como un trabajo detectivesco guiado por la percepción. Voy tejiendo con los pocos hilos que tengo de información lo que se empieza a manifestar y ahí se.

-¿Y cómo vas sabiendo?
– Con información básica como el nombre de tu mamá, tus tías, cómo se llevaban esas tías, los abuelos, los lugares que tenían dentro de la familia, las relaciones, esos son códigos, pero más allá de eso, el cómo se resuelve el nudo, lo que impide avanzar en la vida, hay que ir a algo más profundo. Por ejemplo, las parejas que tienen hijos siempre tienen que ver entre sí; no las parejas casuales, sino las de largo aliento, ellos siempre tienen árboles muy parecidos, historias que se van a cruzar de una generación a otra… De mucho antes, o bien, del presente, y esas dos personas van a iniciar el juego de encontrarse, y vas viendo qué hay de parecido. Lo que descubrí es que dos personas se atraen mucho porque hay algo en el inconsciente del otro, que tiene todo que ver con el tuyo, con algo que quieres resolver, entonces se encuentran porque van a trabajar. La pareja en cuestión dice que “se enamora”, ¡sí que maravilla!, (risas) claro, “llegó el amor de mi vida” y es ahí cuando viene la pega, porque realmente cada uno de nosotros estamos acompañados de muchos otros, vivos y muertos, y esa multitud de personas de uno y otro, deben caber en un mismo sitio y empezar a entenderse. Generalmente hay algunos que ya se conocían, y esos son como los imanes para que dos personas se unan (en el presente); es una situación bastante milagrosa.

-¿En ese sentido el sustrato que hay debajo de esta situación es que la vida nos lleva a que las relaciones se sanen o las personas armonicen?
– Lo que digo siempre es que “la naturaleza inconsciente está trabajando para usted”, sólo que el nivel de conciencia nuestro no alcanza a percibir eso, y ¿qué se hace con esa información? Generalmente la persona hace un desastre, porque las condiciones culturales y sociales ¡son tan limitadas que te llevan al desastre de repetir el mismo rol!, y entonces se para o se queda, en una seguridad tóxica: repite, repite, repite, y eso pareciera una condena del destino, ¡pero no lo es, es el árbol! Tú ves que toda la educación desde la más básica hasta el doctor en algo, tienen ese condicionamiento de decir “esto es así”, pero eso te deja en una situación de estancamiento, no te enseñan a ver, e incluso, además a los seres inquietos desde niños les dan ritalín: los empiezan a acondicionar en el ganado, en mantenerse en la manada. Así, cuando aparece un rebelde, un distinto, un original tiene que luchar como David contra Goliat, porque es una situación muy fuerte. Y esa lucha se da al interior de la familia, que es el reflejo de la sociedad, y esta sociedad tiene una moral que condiciona todo por una creencia determinada. Entonces, echar abajo eso y salir de esos límites, es lo que hace generalmente el acto sicomágico, es la dinámica, mueve. Basándome en la información que me da el árbol, me permite hacer los movimientos para que salga la información sobre qué es lo que necesita la persona. Muchas veces ni yo misma se para dónde va, simplemente voy sintiendo.

-Por lo tanto, ¿para aplicar un acto sicomágico en la persona, no existe un listado de actos para determinada realidad, sino que vas viendo en el momento cómo resolverlo?
– Cada uno de nosotros somos parte del Universo, tenemos algo en común: somos humanos, somos una raza, ése es el piso común, pero cada quien tiene una individualidad, la cual es una joya que tiene miles de aristas diferentes. Ahora, la experiencia dada por la cultura a cada uno de esos seres lo marcó y condicionó, y todo entra en juego, como la experiencia socioeconómica, todo, entonces no hay una receta común para todos, ¡no!, porque es el árbol el que te va a decir, entonces no puedes “tratar a un cerezo como si fuera un pino”. Esos detalles son muy importantes.
Al comienzo (de dar a conocer esta información) hubo problemas con esto y Jodorowsky cerró la discusión aclarando esto mismo, porque en un acto dio una recomendación con unas tijeras y otros empezaron a recetar las tijeras para todos lados terminando finalmente en actos violentos. No se comprendió la profundidad del acto sicomágico.

-¿Se parte de la base de que los nudos o conflictos de las personas vienen del árbol?, ¿no pueden venir sólo de la experiencia de infancia, por ejemplo?
– Tus experiencias de infancia son más que importantes, porque ahí hiciste las bases del edificio, y ahí generaste esta gran base que se apoya en una raíz; después vas creciendo, eres adulta, y vas a construir sobre la base de esa información, pero también ocurre que cuando eras feto estabas recibiendo la información inconsciente de los dos árboles de tus padres. Entonces eso, en algún momento, dependiendo de cómo la red se junte contigo, te toca… Una coincidencia entre comillas, y entras en esa historia, entras en esa historia que no conocías racionalmente, pero que igual te toma. En el árbol me puedo dar cuenta de quién es el que te está tomando, cuál es la situación que tiende a repetirse y cómo hacemos para salir de ahí. Uno ve detalles muy específicos de la persona, y que aunque la persona tenga 55 años, no puede ver.

-¿Después del acto sicomágico se recupera una relación, o es la persona la que se centra, se sana?
– Hay un dicho popular que dice que “el mundo depende del cristal con que se mira”. Entonces tu ves, piensas y sientes de una manera, y eso tiene que ver mucho con la educación; después crees que todos ven así, como tú, pero cada quien tiene sus cristales. Entonces cuando te limpias los cristales lo que ocurre es que abres más la visión. y la realidad te cambia inmediatamente, cambia algo interno; cambió tu espacio físico, tu espacio sicológico, tu sentir con respecto a eso que resolviste y la energía se moviliza, en otro espacio, en otra dimensión, diría yo.

-Es importante lo que dices de la permanencia de la experiencia, porque hay personas que pueden decir “hice un acto sicomágico”, y pasa un mes y lo recuerdan como una acto anecdótico, y no como algo transformador.
– A veces la intensidad depende de las resistencias que haya en las personas, pero también hay que revisar el acto sicomágico, por qué no. También hay que considerar que el oído es selectivo y pasa, mucho, que la persona vuelve a preguntar sobre las indicaciones que uno dio, y por eso también les pido que anoten. Cuando tengo una sesión privada con alguien que se va con un 80% de la información clara, yo les digo “has el acto y lo vas a entender mejor”, hay otras personas a las que no les explico nada, porque eso puede entorpecer el acto. Lo importante es que el paso por la experiencia es el aprendizaje, es como andar en bicicleta, lo importante no es que el abuelito te diga qué se siente andar en bicicleta, sino que tú andes en bicicleta y después no lo olvidas.

-Según tu conocimiento y tu experiencia, si se repiten los conflictos o nudos familiares, ¿las cosas positivas de las generaciones también se repiten?
– ¡Sí, y sobre todo! Pero también hay que mirar que todas esas cosas que parecen tan duras o difíciles te están tratando de hablar; tratan de hacer que evoluciones. Entonces, dependiendo del cristal con que miras eso, te haces cargo o se lo dejas al Universo, a Dios, o a lo que creas. Para mí, el inconsciente, como la vida, es mucho más pro sanar que otra cosa.
Cuando ves el árbol, pareciera que todo está para joderte la vida, y que fuera pura trampa y destino fatal de la familia. ¡Sí, lo ha sido!, pero porque lo estás mirando desde un ojo muy pequeño, pero ¡ábrelo y verás que tiene sentido! Estamos muy condicionados por esa moral de “tenemos que aprender a golpes”; ¡no!, el árbol se comporta dentro de los límites que conoce, pero quiere evolucionar y cuando eso lo puedes ver tiene una potencia impresionante, y eso te llevará a un cambio. Sin embargo, como culturalmente hay resistencia al cambio, algunos prefieren quedarse ahí, y permanecer dormidos, o quedarse con una conciencia infantil… Pero bueno, como la vida naturalmente se moviliza, el inconsciente puede ser tu aliado, y te lleva a la sanación.