8 jul. 2015

La idea de "Qué" o "Quiénes somos", limita lo que somos en realidad

Nicolás Niglia

La idea que tenemos acerca de quién o de qué somos, condiciona y restringe la plena expresión del que somos en realidad. Toda realidad es antes una idea, y para que una idea se haga realidad debemos darle crédito a esa idea y no a otras. A las ideas a las que damos crédito, son esas las que se concretan en realidades. Cuando damos crédito a una idea del que somos, estamos apostando a esa idea y quitamos crédito a todas las otras ideas que son distintas a esa a la que damos crédito para que se haga realidad. Es importante, por ello, liberarnos de toda idea, en lo posible, para que surja naturalmente el que somos en realidad.

Seamos flexibles pues en la idea que tenemos acerca de nosotros mismos, de quién y de qué somos. Vivamos cada día y cada circunstancia redescubriéndonos en y a través de ellas. Que no sea más importante la idea que tenemos de quién o de qué somos que la realidad del que somos y de qué somos; para que, entonces, la idea que tenemos de quien somos no se imponga sobre quien en realidad somos rechazando así todo lo que surge del que realmente nosotros somos por no ajustarse a la idea que tenemos del que somos y asumiendo de esta manera y como propios, hábitos y costumbres que si bien se ajustan a la idea del que somos, no están en armonía con quien realmente somos… esto nos fragmenta, nos hace insuficientes para Ser y nos ausentamos de nosotros mismos…

La idea que tenemos acerca de quien somos surge de la identificación que hacemos con determinados atributos, algunos de ellos surgen del auto reconocimiento que cada uno hace de sí mismo, de la auto observación como la identificación con el rostro, con el genero (hombre o mujer) con determinadas cualidades y habilidades innatas pero, otros atributos con los que nos identificamos no surgen de nosotros, de nuestro auto reconocimiento sino de la costumbre social, de las creencias que nos han enseñado, etc. Estos otros atributos sobre los que construimos la idea artificial del que somos surgen de la evaluación que hacemos de nosotros mismos y de lo que la vida es, evaluación que se sirve de principios y costumbres que son aprendidos e inculcados a fuerza de repetición o bien de premios y castigos. Toda evaluación implica un juicio y, todo juicio que surge de una visión o percepción limitada de lo que se está juzgando será siempre injusto. Dado que nuestra percepción y comprensión de quién somos y de qué somos es limitada, todo juicio del cual surge una conclusión de qué somos y de quién somos será insuficiente para describirnos y, por ello, es preferible no concluir nada y sencillamente Ser.

Cuantos más atributos necesitamos para identificarnos, es decir, para describirnos, más condicionados estamos a la idea del que somos y más restricciones encuentra, para expresarse, la realidad de quién somos. Por esta razón es necesario que, para alcanzar la plena expresión de cada uno, nos deshagamos de todas las condiciones que nos imponemos para Ser. Sencillamente aceptemos lo que somos como somos y dejemos que la esencia del que somos en realidad se exprese en plenitud y totalidad en cada circunstancia de la vida. Descubrámonos viviendo cada situación, observémonos y reconozcámonos, mientras vivamos sujetos a una idea rígida de qué y quiénes somos, seremos un desconocido para nosotros mismos y así será la vida y así la sentiremos.

Cuando meditamos buscamos el reencuentro con el que verdaderamente somos. Buscamos nuestra esencia para recordar el “para qué” de la vida, pues cuando vivimos fuera de nuestro eje y asumiendo ideas artificiales del que somos y deberíamos ser y nos empecinamos en construir una imagen de nosotros mismos lejana al que verdaderamente somos, despreciamos la vida, nos despreciamos a nosotros mismos, es un acto de desamor profundo que nos angustia y nos aleja de la esencia. Cuando decimos que debemos comenzar amarnos a nosotros mismos primero, es a esto a lo que nos referimos, a recuperar el vínculo y a restablecer el compromiso incondicional con nosotros mismos, con el verdadero YO de cada uno. Quien no vive desde su Yo verdadero, no vive!

Un simple ejercicio de armonización y equilibrio consiste en afirmar Yo Soy mientras respiramos profundo llevando la atención al corazón. Cuando inhalamos afirmamos YO, y al exhalar afirmamos SOY y así establecemos un ritmo al compas de la respiración y del latido del corazón afirmando nuestra esencia Yo Soy y soltando todo condicionamiento que restringe nuestra plena expresión.
Yo Soy… el que Yo Soy