8 ago. 2015

Biografía del Dr. Ryke Geerd Hamer

El Dr. med. Mag. theol. Ryke Geerd Hamer nace, el 17 de mayo de 1935, en Mettmann, Renania del Norte-Westfalia (Alemania). Crece en la Frisia oriental, en el seno de una familia de pastores protestantes, para posteriormente regresar a Renania.

Su padre, un ministro luterano muy conservador, le decía a menudo que, en materia de espiritualidad, jamás sabría tanto como él... Ryke Geerd, combativo, recogería el guante decidiendo estudiar teología. Se cuenta que, con el diploma de licenciatura bajo el brazo, le habría dicho a su padre: "¡ahora, sé más que usted!"

A los 18 años, tras finalizar el bachillerato, inicia estudios de Medicina y Teología en la Universidad de Tübingen −apodada como 'la universidad de todos los saberes'−, una de las más viejas de Alemania, fundada en 1477. Es allí donde conoce a Sigrid Oldenburg, una estudiante de medicina que, más tarde, se convertiría en su esposa.

Con 20 años de edad, supera el examen preliminar de medicina. Un año más tarde, se casa y, a los 22 años, completa su titulación en teología. La joven familia cuenta entonces con una niña y un niño, Dirk, quien desempeñaría, más tarde, un papel primordial en sus vidas. A la edad de 24 años, el Dr. Hamer obtiene, por fin, el diploma de Estado en medicina, en Marburgo −todavía hoy, continúa siendo el estudiante más joven en haber conseguido esta hazaña en Alemania− y, ya en 1961, obtiene el grado de Doctor en medicina y oncología . El Dr. Hamer cuenta, además, con dos años de estudios en física.

Como internista a cargo de pacientes con cáncer, trabaja durante quince años en las clínicas universitarias de Tubinga y Heidelberg, donde ejerce también la docencia. Al mismo tiempo, ejerce práctica médica privada con su esposa, la Dra. Sigrid Hamer. El Dr. Hamer se especializa, en 1972, en medicina interna y comienza a distinguirse rápidamente por la superioridad de sus cuidados, lo que atrae a pacientes de toda Europa.

Por otro lado, el Dr. Hamer muestra un ingenioso talento para inventar artilugios y equipos médicos. Por ejemplo, dentro del marco de la cirugía plástica, patenta el 'escalpelo eléctrico Hamer', utilizado aún hoy en día ya que permite operar de forma no traumática, cortando casi veinte veces más fino que un bisturí; una sierra especial para las intervenciones óseas; una couchette para masaje, que se adapta automáticamente al contorno del cuerpo; y un aparato que permite el diagnóstico serológico transcutáneo, entre otros.

Su s inventos le proporcionan los medios financieros suficientes para ir con su familia a Italia, donde pone en marcha un plan para tratar, sin coste alguno, a los enfermos de los barrios marginales de Roma.

Inesperadamente, todo se trunca un 18 de agosto de 1978, estando en Roma, cuando la familia Hamer, ahora ya con cuatro niños −dos chicas y dos chicos−, vuelca en el horror tras recibir una traumática noticia que cambiaría tanto sus vidas como la historia de la medicina.

Historia de la Nueva Medicina Germánica
A las 3 de la madrugada, ante el pueblo de Cavallo (Córcega) y en el transcurso de una fiesta celebrada en una nave, un aristócrata italiano, el Príncipe Victor Emmanuel de Saboya, dispara, por error, contra una persona desconocida que duerme en la cubierta de un barco cercano. Esa persona es Dirk Hamer, de 19 años, uno de los hijos del Dr. Ryke Geerd Hamer. Tras la traumática noticia, trasladan al chico, todavía con vida, a Munich. Durante cerca de cuatro meses, Ryke Geerd vela día y noche por su hijo, quien lucha entre la vida y la muerte; finalmente, el 7 de diciembre de 1978, en Heidelberg, Dirk Hamer daría su alma a Dios en los brazos de su padre.

La trágica muerte de su hijo, unida a las dificultades de la investigación judicial que se llevó a cabo y al desarrollo de un complicado proceso posterior, afecta profundamente a la familia Hamer. Tras este dramático hecho, el Dr. Hamer desarrolla, al cabo de cuatro meses, un cáncer de testículos; en tanto que su esposa, la Dra. Sigrid Hamer, recae consecutivamente en cuatro enfermedades tumorales, tras un primer cáncer de ovario.

Desde la década de los 70, el Dr. Hamer ya viene intuyendo que la Medicina Clásica es una ciencia muy especulativa, basada en hipótesis, que no encaja en la mayoría de casos. Ve que falta algo, que no hay ni orden ni concierto en lo que, tanto él como el resto de profesionales, vienen haciendo.

A partir de la muerte de su hijo y del desarrollo de los cánceres en él mismo y en su esposa, el Dr. Hamer emite la hipótesis de que ambos fenómenos −extrañamente, los dos afectan a las gónadas− puedan estar relacionados con la pérdida inesperada de su hijo. De hecho, eran todavía jóvenes, completamente sanos y ninguno de los dos había estado seriamente enfermo antes. Pero, son conscientes de que este brutal shock ha sido percibido como el acontecimiento más grave ocurrido en sus vidas.
El Dr. Hamer se reprocha a sí mismo no haber tenido el coraje de sacar a su hijo de la Medicina Clásica y tratarlo como él presumía. Esta frustración le impulsa a iniciar una investigación a través de un viaje científico extraordinario.
El ser internista en jefe de una clínica oncológica en la Universidad de Munich, le ofrece la posibilidad de investigar las historias de sus pacientes con cáncer, cara a cara. Pronto comprueba que, como él, todos ellos han experimentado un 'choque' inesperado de algún tipo en sus vidas; y que cada uno de esos choques tenia una relación orgánica similar en cada persona.
Definitivamente, el Dr. Hamer confirma, tres años más tarde, que esta profunda pérdida habría sido la causa del diagnóstico inesperado de carcinoma testicular. Él mismo bautizaría a este tipo de choque conflictivo biológico como DHS (Dirk Hamer Syndrome) en memoria de su hijo.

"En aquella época −cuenta el Dr. Hamer−, todavía no conocía esta relación de causa-efecto, pero sospechaba que la hinchazón de los testículos que sentí dos meses después de la muerte de mi hijo Dirk tenía algo ver con ésta.
Jamás había estado seriamente enfermo, ni antes ni después... Y es así como me vino la idea: verificar, tan pronto como tuviera la oportunidad, si todos los pacientes con cáncer no habrían sufrido antes un choque tan terrible como el mío."

Así es como el Dr. Hamer hace su primer descubrimiento: toda enfermedad cancerosa comienza con un choque psíquico muy intenso, un choque conflictivo (biológico) por el cual el ser humano es afectado de manera tan inesperada que se encuentra momentáneamente en ‘inhibición de acción’ (impotencia), según la consagrada fórmula del profesor Henri Laborit, médico cirujano, biólogo y filósofo del comportamiento animal, pero ante todo humano.
Hamer verifica su teoría con numerosos casos, incluyendo −ironía del destino...− el del padre del asesino de su hijo, Humbert II de Saboya, quien siente su propia autoestima tan fuertemente herida al perder su nombre y su honor, que sería, de hecho, afligido por un cáncer óseo.

"Umberto nos dio una prueba clásica del desarrollo del choque biológico y su correspondencia exacta con el tipo de cáncer y su evolución, −cuenta el Dr. Hamer−.

Mientras la Casa de Saboya pensaba poder evitar el proceso y retener la confesión oficial del homicidio (se había ofrecido al Dr. Hamer una gran cantidad de dinero para comprar su silencio), la enfermedad del ex-monarca se estabilizaba a medida que el conflicto parecía calmarse.
(...) Pero cuando el alto tribunal de justicia francés, el Tribunal Supremo, decidió, el 18 de mayo de 1982, acusar al príncipe del presumido homicidio y empezar sin demora el proceso ante la Audiencia, esto provocó en Umberto una dramática recidiva del conflicto y del cáncer de huesos.

¡Su propia autoestima fue aniquilada!"
Aún en 1981, el Dr. Hamer cree todavía que su descubrimiento y su comprobación de las correlaciones entre los tipos de conflictos y los cánceres se aplican únicamente a estos. Todavía estaría muy lejos de sospechar que la LEY DE HIERRO DEL CÁNCER se convertiría en la piedra angular de toda la Nueva Medicina.

Presenta su descubrimiento, para su habilitación en la Universidad de Tübingen, en octubre de 1981. Su principal objetivo es que, sin tardar, la verifiquen con enfermos y así ayudar lo más rápidamente posible a salvar vidas. En mayo de 1982, la universidad rechaza el trabajo sobre las correlaciones entre el psiquismo y los cánceres, sin haber procedido ni a la más mínima comprobación, lo que ella misma reconocería, más tarde, delante un tribunal.

Durante los años posteriores, el Dr. Hamer intenta, en repetidas ocasiones, encontrar un refugio ‘hospitalario’ para sus enfermos, donde sus nuevos conocimientos podrían serles de gran utilidad; pero, una vez tras otra, acciones fácticas se lo impiden.

La Dra. Sigrid Hamer jamás se recuperaría del fallecimiento de su hijo y de las molestias de la Casa de Saboya, hasta fallecer, el 12 de abril de 1985, a causa de un infarto agudo de miocardio. Al año siguiente, la ‘montería’ que sufre el Dr. Hamer alcanza su paroxismo. La dirección del distrito de Coblenza da comienzo a un procedimiento de condena, prohibiéndole así practicar la medicina, con motivo de su negativa a abjurar la Ley de Hierro del Cáncer y volver a una práctica conforme con la medicina oficial.

Tanto es así que, acusado de "azuzar contra la medicina académica, no asumir las tesis convencionales sobre el cáncer e incitar al ejercicio de la Nueva Medicina Germánica" (en suma, por negarse a abjurar de sus descubrimientos), el tribunal de la Corte de Chambéry da comienzo, desde el año 1986, a un procedimiento de condena, inhabilitando al Dr. Hamer para ejercer la medicina. A la edad de 51 años, por consiguiente, no tiene ya el derecho de recibir a un solo enfermo. Por mediación de un mandato, un juez del tribunal de Colonia incluso llega a aconsejarle cambiar de oficio y no ejercer nunca más la medicina.

El Dr. Hamer se ve así forzado por las autoridades a interrumpir su investigación científica; no obstante él es tenaz. Solo, sin ningún medio financiero, sin secretario o colaborador, él persigue sus trabajos sin tregua, gracias a otros médicos que le proporcionan particularmente dosieres de pacientes y escáneres cerebrales indispensables para su investigación.

Si algunos le reprocharon, y todavía le reprochan, su intransigencia al Dr. Hamer o, peor, por dar prueba de integrismo, los mejor informados al tanto de sus trabajos alabarán su genio, su integridad y su incorruptibilidad.

En 1986, un tribunal prohíbe, a la Universidad de Tübingen, reanudar el procedimiento de habilitación. ¡Nada se produce hasta el 3 de enero de 1994, cuando se presenta el juicio para validar la tesis del Dr. Hamer, lo que representa un procedimiento único y sin precedentes en toda la historia universitaria! Después de 13 años de rechazo, sería poco probable que la universidad validara la Nueva Medicina. El 22 de abril del mismo año, esta declara que "la comprobación, en el marco del procedimiento de habilitación, no está prevista".

En 1987, tras observar cerca de 10.000 casos, el Dr. Hamer extiende su descubrimiento a cuatro leyes biológicas cubriendo así todas las enfermedades conocidas en medicina. En 1994, añade la Quinta Ley Biológica −La Quintaesencia− la cual documenta el nuevo modo de entender cada supuesta 'enfermedad' como un programa biológico especial concebido por la naturaleza, interpretado a través de la evolución de las especies. En 1998, la Facultad de Medicina de la Universidad de Trnava (Eslovaquia) verifica la Nueva Medicina gracias al estudio de varios casos y concluye que es tan científica como precisa.

Ya que los criterios que la sostienen son estricta y rigurosamente científicos, la comprobación de la Nueva Medicina es muy fácil de realizar. Ya, numerosos médicos y profesores la reconocen a través del mundo y no vacilan en firmar bajo los protocolos de comprobación.

Paradógicamente, en 1988, el tribunal de primera instancia de Coblence cita al Dr. Hamer a comparecer ante la cámara correccional del tribunal, para someterle al examen del profesor Horn, director del hospital psiquiátrico regional. El veredicto implantado a la fuerza, llegaría hasta declarar que el Dr. Hamer no posee todas las facultades de control de sí mismo y su juicio es declarado deficiente en cuanto a las necesidades de los tratamientos contra el cáncer. No obstante, el intento por internarlo a la fuerza, en una institución psiquiátrica, fracasa. Aun así, es arrestado (Colonia-Almenia) por haber proporcionado a tres personas información médica sin tener licencia médica; por ellos es sentenciado a 19 meses de prisión en Colonia (Alemania), donde es encarcelado en condiciones inhumanas.

En Septiembre de 2004, es detenido de nuevo, en su casa de Málaga (España), por la policía nacional española, con una euroorden francesa a través de la Interpol. Había cometido un delito en Francia al redactar un libro en lengua francesa sobre la NMG. Es condenado a 3 años de encarcelamiento en la prisión francesa de Fleury-Mérogis. No obstante, tras la revisón del caso, es puesto en libertad solo en Febrero de 2006, tras 535 días de cárcel.

Hay que saber que el Dr. Hamer escapa de diez tentativas de asesinato.

Los medios de comunicación de masas hablan de este gran científico como si de un charlatán se tratase, incluso de un peligroso criminal. Es comparado, y con razón, a Galileo. A pesar de que numerosos médicos, entre ellos varios profesores, hubieran verificado los principios de su medicina, ninguna universidad alemana aceptaría hasta ahora someterlos a examen y todo esto, a pesar del mandato del tribunal que exigía a la Universidad de Tübingen que procediera a esta comprobación imperativa y científica. "¡No queremos, porque sabemos que Hamer tiene razón!"

Actualmente, sus trabajos se extienden a más de 40.000 casos. Desde su liberación de Fleury-Mérogis, el Dr. Hamer persigue incansablemente sus investigaciones en Sandefjord (Noruega), protegido de las represalias de la Unión Europea.

En Europa, los médicos y los terapeutas que ejercen según las leyes de la Nueva Medicina son objeto de persecuciones. En Austria, Bélgica, Francia, Alemania y España, las autoridades lanzan persecuciones en contra de los médicos que la practican, con el fin de excluirles de su orden. Los juicios duran desde años. Solo los tribunales españoles ya decidirían que no les pertenece juzgar entre terapias y teorías médicas conflictivas.

La reacción violenta de los poderes establecidos es comprensible, un conocimiento y una aplicación extendidos de la Nueva Medicina Germánica harían sonar las campanas del complejo médico-farmacéutico.