19 ago. 2015

El Testigo Puro - 4º parte de 4

Ken Wilber

En el camino que lleva a Un Solo Sabor, las personas suelen incurrir en dos tipos de errores. El primero de ellos tiene lugar cuando uno establece contacto con el Testigo y el segundo se refiere al paso que conduce desde el Testigo hasta Un Solo Sabor.
Veamos. Existe la creencia de que, en el momento en que uno establece contacto con el Testigo (con el Yo-Yo) experimentará algo muy especial. Pero lo cierto es que, en ese mornento, uno no ve nada, sino que simplemente contempla todo cuanto aparece, porque uno no es algo que pueda verse sino el Veedor puro y vacío. Las luces, la beatitud y las visiones súbitas no son más que objetos y, en consecuencia, no tienen nada que ver con el Testigo y aunque finalmente, en Un Solo Sabor, uno se convierta en todo lo que ve, no puede empezar tratando de hacer eso ―tratando de ver la Verdad―, porque ese mismo intento impediría su misma emergencia. Por ello tenemos que partir de "neti, neti" ("yo no soy esto, yo no soy eso").

De modo que el primer error impide la presencia del Testigo tratando de convertirlo en un objeto que pueda ser apresado, cuando lo cierto es que es el Veedor de todo cuanto aparece y sólo puede ser "experimentado" como el sustrato de Libertad y Liberación de todos los objetos.
Cuando descansas en esa Libertad y Vacuidad ―contemplando ecuánimemente todo cuanto emerge―, te das cuenta de que el yo separado (o ego) aparece en tu conciencia como cualquier otra cosa. Y eso es algo que puedes sentir del mismo modo que puedes sentir tus piernas, una mesa, una piedra o tus propios pies. La contracción en uno mismo se experimenta como una tensión interior que, a menudo, se halla localizada detrás de los ojos y se ancla en forma de una leve tensión muscular en todo el cuerpo-mente. Es una sensación de contracción frente al mundo, una ligera tensión que afecta a la totalidad del cuerpo. Advierte, simplemente, esa tensión.
Cuando uno descansa en el Testigo vacío y se percata de esa contracción supone de forma errónea que, para avanzar finalmente desde el Testigo hasta Un Solo Sabor, debe desembarazarse de ella (liberarse del ego). Y ése es el segundo error, un error que no hace más que fortalecer la tensión.

Nosotros creemos que la contracción en uno mismo oculta o eclipsa el Espíritu cuando, de hecho ―como ocurre con cualquier Forma del universo―, no es más que otra de sus resplandecientes manifestaciones. Todas las Formas ―incluida la forma del ego― no son más que Vacuidad. Es más, lo único que quiere desembarazarse del ego es el propio ego. El Espíritu ama todo lo que emerge tal cual es y lo mismo sucede con el Testigo. El Testigo ama el ego, porque el Testigo es la mente-espejo ecuánime que refleja y abraza con la misma aceptación todo cuanto aparece.
Pero el ego decide jugar al juego de desembarazarse de sí mismo porque, mientras tanto, seguirá existiendo (¿quién, sino, está jugando?). Como dijera Chuang Tzu hace ya mucho tiempo: ¿No es acaso el deseo de librarse del ego una manifestación más del ego?.
El ego no es más que una tensión sutil y no es posible recurrir a la tensión para librarte de la tensión porque, en tal caso, acabarías con dos tensiones en lugar de una. El ego es una manifestación perfecta de lo Divino y opera mejor descansando en la Libertad que tratando de desembarazarse de sí mismo, lo cual, dicho sea de paso, no hace sino intensificar todavía más la contracción.
¿Cuál es, entonces, la práctica más adecuada? Cuando descanses en el Testigo, cuando descanses en el Yo-Yo, cuando descanses en la Vacuidad, presta atención simplemente a la contracción en ti mismo. Descansa en el Testigo y advierte esa contracción porque, para sentirla, para contemplarla, deberás haberte desidentificado ―y, en consecuencia, liberado ya― de ella. Entonces estarás mirando desde la posición del Testigo que siempre se encuentra completamente libre de todos los objetos.

De modo que descansa en el Testigo y percátate de la contracción en ti mismo exactamente del mismo modo en que puedes sentir la silla en la que estás sentado, la tierra o las nubes que flotan en el cielo. Los pensamientos flotan en la mente, las sensaciones flotan en el cuerpo, la contracción en ti mismo flota en tu conciencia y tú lo contemplas todo de un modo espontáneo y ecuánime.
En ese estado simple, cómodo y sin esfuerzo, no estás tratando de desembarazarte de la contracción, sino que simplemente estás sintiéndola y, mientras descanses en el gran Testigo o Vacuidad que es, Un Solo Sabor podrá resplandecer con más facilidad. No hay nada que puedas hacer para provocar (o causar) Un Solo Sabor, porque éste no es el resultado de acciones temporales, siempre está completamente presente y jamás te has alejado un ápice de él.

Lo máximo que puedes hacer, por vía del esfuerzo temporal, es eludir estos dos grandes errores. No pretendas, pues, ver al Testigo como un objeto, limítate a descansar en Él en tanto que Veedor y tampoco trates de desembarazarte del ego, sino que debes dedicarte, simplemente, a percibirlo. Así es como llegarás a colocarte en el borde del abismo que conduce a tu Rostro Original.
Descansa en el Testigo y date cuenta de la contracción en ti mismo, porque ése es precisamente el ámbito en que Un Solo Sabor resplandece con más intensidad. Pero no lo hagas para conseguir esto o aquello, sino de un modo espontáneo durante todo el día y toda la noche, permaneciendo de pie al borde de su más sorprendente reconocimiento.

Éstos serían los pasos que deberías dar:
Descansa en el Testigo y experimenta la contracción en ti mismo y, cuando lo hagas, date cuenta de que el Testigo no es la contracción, sino que simplemente sé consciente de ella. El Testigo está libre de la contracción... y tú eres el Testigo.
En tanto que Testigo, tú estás libre de la contracción en ti mismo. Descansa en esa Libertad, Apertura, Vacuidad y Liberación. Experimenta esa contracción y déjala ser, del mismo modo en que permites la existencia de cualquier otro tipo de sensación. No trates de librarte de las nubes, los árboles o el ego, déjalos ser mientras permaneces relajado en el espacio abierto de Libertad que eres.
En ese espacio de Libertad ―y de un modo espontáneo― puedes advertir que la sensación de Libertad carece de interior y de exterior, de centro y de periferia. Los pensamientos flotan en esa Libertad, el cielo flota en esa Libertad, el mundo emana de esa Libertad y tú eres Eso. El cielo es tu cabeza, el aire tu respiración, la tierra tu piel, y todo ello de un modo inmediato e íntimo. Cuando descansas en esa Libertad, que es Plenitud infinita, te conviertes en la totalidad del mundo.

Éste es el mundo de Un Solo Sabor, un mundo que no tiene dentro ni fuera, sujeto ni objeto, aquí ni fuera de aquí, un mundo que carece de origen y de final, de objetivos y de medios, de camino y de meta. Esta, como dijo Ramana Maharshi, es la verdad última.
One Taste, págs. 533-535 [Diario]
Las personas suelen hallarse atrapadas por la vida, atrapadas por el universo, porque creen estar dentro del universo y que, en consecuencia, el universo puede aplastarles como si de un bicho se tratara. Pero esa suposición es falsa porque tú no estás en el universo, sino que el universo es el que está en ti.

La creencia habitual es la siguiente: mi conciencia está en mi cuerpo (fundamentalmente en mi cabeza), mi cuerpo está en esta habitación y esta habitación está en el espacio que me rodea, el universo mismo. Y si bien, desde alguna perspectiva, eso es cierto, desde la perspectiva del Yo resulta completamente falso.

Cuando descanso en el Testigo, en el Yo-Yo sin forma, es evidente que, en este mismo instante, no estoy en mi cuerpo, sino que mi cuerpo está en mi conciencia. Yo soy consciente de mi cuerpo y, por tanto, no soy mi cuerpo. Yo soy el Testigo puro en el que ahora mismo emerge mi cuerpo. Yo no estoy en mi cuerpo, sino que mi cuerpo está en mi conciencia. YO soy, por consiguiente, conciencia.
Cuando descanso en el Testigo, en el Yo-Yo sin forma, es evidente que, en este mismo instante, no estoy en esta casa, sino que esta casa es la que está en mi conciencia. Yo soy el Testigo puro en el que emerge ahora mismo esta casa. Yo no estoy en esta casa, sino que esta casa está en mi conciencia. Yo soy, por tanto, conciencia.
Cuando dirijo mi mirada fuera de esta casa hacia el espacio circundante ―tal vez una gran extensión de tierra, una gran apertura al cielo, otras casas, calles y automóviles―, cuando miro, en suma, al universo que me rodea y descanso en el Testigo, en el Yo-Yo sin forma, es evidente que, en este mismo instante, yo no estoy en el universo, sino que es el universo el que está dentro de mi conciencia. Yo soy el Testigo puro en el que ahora mismo emerge este universo. Yo no estoy en el universo, sino que el universo es el que está en mi conciencia. Yo soy, por consiguiente, conciencia.

Es cierto que la materia física de tu cuerpo se halla dentro de la materia de la casa y que la materia de la casa se encuentra dentro de la materia del universo. Pero tú no eres sólo algo físico, tú eres algo más que materia, tú también eres Conciencia, de la que la materia no es más que un mero cascarón. Cuando el ego adopta el punto de vista de la materia, queda atrapado en la materia y se ve, por tanto, torturado de continuo por el aspecto físico del dolor. Pero el dolor también emerge en tu conciencia y tú puedes hallarte en el dolor o, cuando descansas en la inmensidad de la Vacuidad pura que constituye tu identidad más profunda, puedes darte cuenta de que es el dolor el que se halla en ti, de que eres tú el que incluye al dolor, de que eres más grande que el dolor y de que, en consecuencia, lo trasciendes.
¿Qué es, pues, lo que soy? Si me contraigo en el ego, parece que estoy confinado al cuerpo, que a su vez está confinado en la casa, que a su vez está confinada en el inmenso universo que la rodea. Pero cuando descanso en el Testigo ―la conciencia abierta, inmensa y vacía―, resulta evidente que yo no estoy en el cuerpo, sino que el cuerpo está en mí, que yo no estoy en esta casa, sino que la casa está en mí, y que yo no estoy en el universo, sino que el universo está en mí. Todo eso es lo que emerge en el Espacio inmenso vacío, puro y resplandeciente de la Conciencia primordial ahora y también ahora y eternamente ahora.
Yo soy, por consiguiente, Conciencia.
One Taste, págs. 448-449 [Diario]