6 sept. 2015

Los estados del "YO" - Análisis Transaccional

Francisco de Sales

El Análisis Transaccional, una herramienta imprescindible en el conocimiento del ser humano, dice que cuando nos manifestamos lo hacemos desde uno de estos tres patrones de conducta o estados del yo: Padre (P), Adulto(A) o Niño (N), y dice que es útil conocer cada uno de ellos, para saber desde cuál estamos actuando o manifestándonos, y así saber si estamos utilizando el adecuado para el momento o la situación.
Podemos averiguar el origen de muchos de nuestros pensamientos o formas de pensar, el por qué de ciertos sentimientos, o de dónde vienen ciertas opiniones.Esos estados del yo son tres formas distintas de estar, pensar, sentir y actuar.

El Padre
Es la parte de nuestra personalidad regida por el principio del deber. Aquí están las costumbres, la moral, las obligaciones, los condicionamientos… aquí se fijan las normas, y en muchísimos casos está desactualizado. Funciona repitiendo todo, como una grabación que se hizo en su momento y sigue repitiendo siempre lo mismo mientras no se vuelva a hacer una nueva grabación encima.
Se formó a partir de la información que adquirimos al ver cómo se comportaban nuestros padres o educadores. El Padre puede ser Crítico (PC) ó Nutritivo (PN).
En del primer caso, lo único que hace es juzgar, amenazar, castigar, sermonear, reprobar, pero sin dar una razón; el motivo es porque sí o porque lo digo yo. Regaña, critica, acusa desde una especie de superioridad. Da órdenes e impone. Actúa en base a patrones y modelos cerrados. Sus respuestas están automatizadas. No aporta nada, sino que más bien desvaloriza.
El segundo caso corresponde al Padre que educa, aporta,cuida, protege, nutre… Advierte, sin amenazar. Confía enel otro y cuando interviene lo hace suavemente. No impone autoridad, aunque se hace respetar. Escucha.
Si un niño coge un plato de la mesa y se le cae, el PC (Padre Crítico) le va a reñir; le va a echar en cara que es torpe, y que por su torpeza ha roto el plato, y le recriminará que ahora tendrá que trabajar más para comprar otro plato, y que lo que tiene que hacer es quedarse quieto y no hacer cosas de mayores. Cara de enfado para el resto del día que le hará sentirse mal al niño, le creará un complejo de torpe, y le coartará su capacidad de seguir experimentando en la vida, ante el temor de otra reprimenda.
El PN le dirá, con mucho cariño, que su intención ha sido buena y eso es lo importante, y que la próxima vez que coja un plato será bueno que lo sujete con más fuerza para que no se le caiga. Le dará su apoyo y le mostrará una sonrisa de premio al final de la conversación.

El Adulto
Es el que piensa, el que se da cuenta de las cosas y sabe lo que conviene hacer. Razona, analiza, calcula probabilidades, usa la lógica, da y pide información y, por lo menos aparentemente, no tiene emociones, sino que es práctico.
El Adulto es sereno, calmado, actúa desde el aquí y ahora. Sabe lo que conviene hacer. No le gusta predominar, y sí colaborar. No responsabiliza a los demás de sus problemas. Sabe decir no. Tiene libertad de opción y cambio. No se implica emocionalmente en las decisiones que toma.
Si el Adulto actualiza sus informaciones, sus respuestas serán acertadas. En cambio, el Padre se mantiene más anclado en sus ideas, por lo que sus soluciones pueden ser menos propicias. El Niño es más “irresponsable” por lo que sus respuestas pueden ser disparatadas. Eso sí, el Adulto tiene que tener cuidado de que ninguno de los otros dos estados le contamine sin darse cuenta y entonces no sea él, puro, quien al final decida. Los estados de Padre y Niño, por sí, son estáticos, pero el Adulto puede actualizar ambos, y eso es conveniente. Puede conseguir, por ejemplo, que el PC (Padre Crítico) no sea tan rígido,tan crítico, que no se entrometa en los otros estados; puede pedir su colaboración al PN (Padre Nutritivo) en ciertos momentos; puede pedir al Niño que salga más a menudo.
Si es el Padre quien contamina, es un prejuicio; si es el Niño, es un auto-engaño.

El Niño
Es el que hace en cada momento lo que le apetece o le gusta. Lo suyo es la intuición, la parte mágica y creativa. Es ingenuo y natural. Dice cuando algo le gusta y lo que le disgusta. Goza, sufre, siente. Busca cariño y aceptación. Fantasea y sueña. Es alegre,entusiasta y vivaz. Dispone de una gran fuerza interior.
El Niño puede ser Natural (NN) y Adaptado (NA). El Niño Adaptado puede ser Sumiso (NAS) o Rebelde (NAR). También hay un Pequeño Profesor (PP).
El NN (Niño Natural) es odioso o amoroso, pero es natural, espontáneo y juguetón. Lo que uno es cuando nace.
El NAS (Niño Adaptado Sumiso) se ha tenido que adaptar a lo que había durante su educación, para poder sobrevivir. Seguramente no estaba de acuerdo con las normas injustificadas que le exigían sus educadores, y encontraba incoherencias, pero un poco de cordura le hizo ver que si se sometía y acataba cuanto le mandaban, eso le aseguraba seguir en la familia y era lo que necesitaba a esa edad para seguir vivo. Su obediencia es automática: no piensa, pero padece una auto-descalificación continua. Se adaptó de un modo Sumiso y acepta lo que hay.
El NAR (Niño Adaptado o Rebelde), por contra, se adaptó a lo que había, pero no lo acepta y se rebela cada vez que puede. Es inconformista, agresivo, y desafiante. Tanto este como el NAS (Niño Adaptado Sumiso) tienen sensaciones de angustia, de que algo va mal, y se sienten atemorizados y culpables al mismo tiempo.
El PP (Pequeño profesor), en vez de reaccionar NAR (Niño Adaptado o Rebelde) o someterse NAS (Niño Adaptado Sumiso) a las normas, aprende a actuar desde su astucia, su intuición o imaginación, y aporta soluciones originales cuando se necesitan, pero conviene que las revise el Adulto, que está acostumbrado a hacerlo basándose en los hechos de experiencias anteriores o similares. Es pensativo, a su modo, y creativo e imaginativo.
Según Berne, el fundador del Análisis Transaccional, “el Adulto que hay en el Niño es un agudo y perspicaz estudioso de la naturaleza humana y, por tanto, se le llama Profesor.”
Es bueno distinguir cada uno de los estados, de ese modo si uno se sorprende utilizando el inadecuado para el momento, lo puede cambiar.
En general, si uno está en el trabajo puede ser Adulto o Padre, pero no Niño (salvo que trabaje de payaso o animador infantil); si uno está jugando no debe ser Adulto, y aún menos ser Padre, porque no le acompañarían en su juego; si uno tiene que tomar una decisión importante, es mejor que sea el Adulto quien se encargue, y no el Padre ni el Niño.
Para que la comunicación con las demás personas prospere de un modo adecuado, conviene que nos pongamos en el mismo nivel desde el que nos están hablando.
Si me están dando una información importante en el trabajo, no conviene que sea Niño y me comporte como tal; si estoy jugando con un niño pequeño no es conveniente que lo haga desde el Padre o el Adulto, porque ninguno de ellos sabe jugar; si estoy en un velatorio es adecuado que sea Adulto, pero no Niño.
Los errores y conflictos en la comunicación se provocan al hablar desde distintos estados del yo.
Para que las relaciones con los demás, y con nosotros mismos, se desarrollen del modo adecuado, conviene tener en cuenta en qué estado del yo nos encontramos, cómo debemos usarlo, cuándo, y con quién.
Debes estar en todos en el momento adecuado, pero siendo consciente, y, sobre todo, no dejar nunca de ser tú mismo independientemente del estado del yo en que te encuentres.
Pero, atención, porque uno de ellos puede dominar y excluir a los otros dos y eso no es lo correcto.
Tienes que acostumbrarte a manejarte bien en todos, y ser íntegro cuando estés en cada uno de ellos.
Estos estados no tienen nada que ver con la edad de cada uno. Es precioso ser Niño cuando uno ya está jubilado, y es digno de admiración el niño que sabe ser Adulto cuando es necesario.

RESUMIENDO
Conviene que releas el capítulo si no te ha quedado claro, o que busques más información por otra parte, porque este es un asunto muy importante. Si te empiezas a observar a partir de ahora, verás cómo están bastante claros los tres estados. Te verás pasar de uno a otro varias veces a lo largo del día, y advertirás que no siempre estás en el adecuado. Observarás que dándote cuenta de ello, y yendo al conveniente, te irán mucho mejor las cosas. Fíjate en los demás cuando están contigo y practica a comprobar en qué estado están en cada ocasión: te ayudará mucho a mejorar tu relación con ellos.
Sé tú mismo en cada momento, pero desde el estado apropiado.