15 oct. 2015

Ocho señales que indican tu crecimiento emocional

Yamila Papa

“La seriedad no es signo de madurez.
La madurez es saber reírse de la vida,
pero tomarla en serio cuando es necesario”

El hecho de añadir más y más velas al pastel de cumpleaños no son indicadores de que nuestra madurez aumente. Tampoco de haber crecido en lo emocional o o de haber ganado habilidad con aquellas cosas que nos hacen perder el equilibrio.
La mayoría tenemos una tendencia a castigarnos por los errores que cometemos, antes que felicitarnos por los logros que alcanzamos. Siendo muy duros con nosotros mismos (más que con cualquier otra persona) y centrándonos únicamente en los fracasos y no en los aciertos.
Esto puede deberse a la sociedad en la que vivimos o el siglo que nos ha tocado en suerte. Solemos desmotivarnos rápidamente cuando algo no sale como esperábamos.

No valoramos lo que hacemos bien. No contamos con la paciencia suficiente para seguir adelante y no prestamos atención a los pequeños cambios.
De vez en cuanto vale la pena detenernos en la vorágine del día a día para hacer una lista con todo aquello que hemos logrado. No para pecar de arrogantes, sino para darnos cuenta de cuanto hemos crecido emocionalmente.

Señales de que hemos madurado emocionalmente
Algunas señales que nos indican que podemos sumar velas al pastel de cumpleaños mental son:
Dejas ir lo que te hace mal: Es muy importante aprender a retirar de nuestra vida lo que nos daña, lo que no nos ayuda a seguir o nos ata al pasado. Esta habilidad es clave para alcanzar el éxito en cualquier cosa que emprendamos. Reconocer a las personas tóxicas ya es un gran paso.
Aprendes de los errores: ¿Quién dijo que equivocarse ha de convertirse en un flagelo para toda la eternidad? De los fallos podemos sacar muchas enseñanzas. De nada vale aspirar siempre al perfeccionismo obsesivo. Es bueno equivocarse y saber qué cosas no volver a repetir.
Esto cambia completamente nuestras perspectivas y nos ayuda a emprender nuevos proyectos; esta vez, más exitosos y ambiciosos.

¿Por qué?
Porque la experiencia nos guía.
Evitas las quejas: esta es sin dudas una de las señales más destacadas de haber crecido emocionalmente. Las personas que se lo pasan todo el día criticando por que si lo único que logran es aumentar la negatividad y el pesimismo a su alrededor. Aprender a “nollorar sobre la leche derramada” hace a una persona madura. Si actúas o resuelves más y te quejas o lloras menos, es porque estás creciendo.

Celebras los éxitos ajenos: Aplaudir y ponerte feliz, de verdad, cuando al otro le va bien, es sinónimo de madurez. Esto quiere decir que no lo envidias, que comprendes que se ha esforzado mucho y que eres capaz de reconocer el trabajo de los demás.
Tienes relaciones menos conflictivas: No quiere decir que todo será “amor y paz” pero si que no te lo pasarás peleando y discutiendo. Ya ha pasado esa etapa de querer llevarte el mundo por delante a cualquier coste. Has aprendido a ponerte en el lugar del otro, a intentar llegar a un acuerdo antes de confrontar, que las peleas son una pérdida de tiempo y que mejor es buscar una solución en conjunto. Además, te has dado cuenta de que es mejor tener tranquilidad que razón.

No temes pedir ayuda: hasta hace un tiempo (cuando aún no habías crecido en lo emocional), considerabas que solicitar ayuda era una forma de mostrar debilidad y que tú no podías permitirlo.

Sin embargo, ahora has comprendido que es una señal de confianza en el otro, por ejemplo. No puedes hacer todo tu solo siempre, es bueno ser humildes y reconocer que no se sabe algo o se necesita ayuda.
Sabes lo que quieres: La incertidumbre del futuro ya no es una regla, sino la excepción. Eres más consciente de lo que deseas lograr en tu vida y hasta en qué momento. Al estar más seguro de ti mismo estableces las reglas de tu destino y conoces a ciencia cierta lo que esperas del mañana.

No te importa lo que digan los demás: El qué dirán muchas veces te ha desvelado, pero ahora estás en otra etapa. Únicamente te interesan las opiniones de aquellos que te quieren ayudar y desean verte bien. Es decir, las “críticas constructivas” de los que te rodean (porque además ya te has alejado de las personas tóxicas).