19 abr. 2015

El poder perverso de las "Modas Espirituales".

Ramiro Calle

Cuando una corriente espiritual se pone de moda, gana en propagación, sin duda, pero corre el riesgo cierto de perder de vista su fuente y esencia, desvirtuarse y degradarse. Cuando abrí el centro de yoga y orientalismo Shadak en 1971, eran un puñado de personas las que habían oído hablar de yoga, zen, budismo, vedanta o tantra. Los libros al respecto en España brillaban por su ausencia y durante años hube de pedirlos a Hispanoamérica, Francia o Inglaterra. Aunque eran muy pocas las personas entonces interesadas por las técnicas orientales de autorrealización (que así solían denominarse en esos días), tales personas se las tomaban muy en serio y trataban de seguirlas fielmente y con inquebrantable motivación. Pero en los días que corren, debido a que muchas de estas técnicas orientales de autorrealización se han puesto de moda y la demanda de las mismas es incesante, se ha construido todo un supermercado espiritual y como escribe en mi obra “YOGA, MÉTODO RAMIRO CALLE”, el gran escritor de estos temas y editor Agustín Pániker: “El mundo de la espiritualidad está lleno de aprovechados y caraduras. Yo creo que siempre lo ha estado, pero ahora, con el dinero que se mueve, se ha convertido en un verdadero bazar de ladrones. Rebosante de charlatanes. En fin, es nuestra época”. A pesar de todo ello y precisamente por todo ello, hay que velar por las genuinas enseñanzas. Son muy ciertas las palabras de otro gran editor y escritor, Álvaro Enterría, que asevera: “Una labor muy necesaria es la de desenmascarar todos los neoyogas, neovedantas y neotantras que desfiguran las auténticas tradiciones. Es el aspirante quien debe hacer el esfuerzo para ponerse a la altura de las enseñanzas, no éstas quienes deben bajar al nivel medio de los aspirantes. Pero tal como está el personal, este proceso de aguar las tradiciones espirituales está ocurriendo incluso en la India”.

Hay varias técnicas orientales de autorrealización que se han visto especialmente falseadas en Occidente, y seguramente también en sus países de origen. Hagamos referencia a algunas de ellas.
Yoga: Es sin duda el yoga, dado que ha llegado la yogomanía, la enseñanza más desdibujada, falseada y, ¿por qué no decirlo sin ambages?, traicionada. Como ya he dicho en otros trabajos, los primeros traidores a la auténtica enseñanza del yoga fueron mentores indios que viajaron a Estados Unidos y allí distorsionaron el yoga, sobre todo el hatha-yoga, de una manera vergonzante, incluso favoreciendo el culto al cuerpo, la estampa del campeón, el contorsionismo barato, el postureo impúdicamente exhibicionista, los campeonatos de asanas y la competición antiyóguica. Todo ello debería recaer sobre la conciencia de los que todavía viven. Incluso en la India se hace una diferencia entre el genuino yoga y el falseado. Nos dice Álvaro Enterría: ” En la India hay dos cosas: Yog (el yoga clásico, que se pronuncia en hindi así) y el Yogá (el yoga traído de Occidente, basado casi exclusivamente en asanas y obsesionado con la salud. Es una pena que una tradición que tiene por fin acabar con la identificación de la persona con su cuerpo y su mente se convierta en un culto al cuerpo y una técnica para mejorar la mente para poder funcionar mejor en los negocios y el samsara. También es muy cierto lo que dices, Ramiro, de la incomprensión del vedanta y del tantra. Hay una demanda espiritual sin esfuerzo, y de disfrute, pues se les da eso a los que lo piden. Muy poca gente dispuesta a hacer el sacrificio que una auténtica vía espiritual conlleva. Hoy en día todo vale, hay una enorme confusión”.
Para colmo, han surgido también en nuestro país esos “pontífices” egocéntricos que quieren determinar quiénes pueden y no pueden formar profesores, arrogándose el monopolio de la verdad y engordando su ego, cuando no hay peor orgullo que el espiritual. Y se ha impuesto la ofuscación de unos cuantos, por supuesto no precisamente karma-yoguis ni por generosidad, que tratan de etiquetar, rotular, encapsular el yoga creando regulaciones, federaciones, sociedades y demás. ¡Ah, si Buda, Mahavira, Lao-T´sé, Patanjali, Samkaracharya, Ramakrishna o Ramana Maharshi levantaran la cabeza!. Se quedarían realmente espantados, como cualquier persona que tenga un poco de sentido común al respecto. Gran negocio también la formación de profesores, sin que los que la organizan les digan la verdad a los que se forman y les avisen de tres cosas esenciales: que un título no refleja la evolución espiritual ni la virtud y sabiduría del que lo recibe; que ya está habiendo más profesores que practicantes y que difícilmente podrán vivir de la profesión de instructores; que habrá centros y organizaciones que abusarán de ellos, malpagando o incluso no pagando su trabajo y no asegurándoles.

El yoga es básicamente una vía para el desarrollo interior y el trabajo consciente sobre el cuerpo no es para adelgazar, ganar musculatura o pavonearse con una llamativa flexibilidad, sino para hacer del cuerpo una herramienta de autorrealización. No hay atajos para llegar al cielo. Como ya hace muchos años dijera el gran especialista en ciencia psicosomática, Rof Carballo, es que el occidental quiere conseguir en semanas lo que un yogui o un maestro zen obtienen tras veinte años de práctica. Llevo sesenta años en el yoga y como declaro en mi novela El Faquir, sigo siendo un aprendiz y el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo.
Zen: Ha corrido mejor fortuna que el yoga, menos degradación, pero también ha sido en no pocos casos adulterado, como dice mi buen amigo y japonólogo, así como escritor y profesor de la Autónoma, José Pazó. Se ha convertido en una moda, falseado en infinidad de revistas de decoración, reduciéndoselo caricaturescamente muy a menudo a una técnica para decorar o un método para pretextar el desmesurado hedonismo con ese canto al aquí y ahora, sin atender a dos pilares esenciales: la virtud o ética genuina y la sabiduría.

Vedanta: El neovedanta ha pervertido el verdadero vedanta, ignorando sus principios esenciales, haciéndole creer a la persona que no hay que hacer ningún esfuerzo para evolucionar y autodesarrollarse, incluso ignorando un factor esencial en la senda del vedanta: la correcta e incansable utilización del discernimiento para superar la maya (ignorancia básica de la mente). Se da a entender, falazmente, que no hay que hacer nada, porque uno ya es la Conciencia y así los “maestros” vedantines de nuevo cuño (la mayoría se hacen pasar por iluminados sin el menor decoro), logran “cazar” un gran número de holgazanes espirituales. Eso no es Vedanta.

Tantrismo: Hasta qué punto se puede utilizar un método riguroso de autorrealización para justificar o pretextar el “largo desenfreno de los sentidos”, en lugar de aceptarlo como tal sin necesidad de vitolas de carácter pseudoespiritual. El Tantrismo es una milenaria enseñanza espiritual donde existe el erotismo místico en base a muy estrictos requisitos, pero no existe tal cosa como el sexo tántrico ni nada que se le parezca. Todo lo que se enseña sobre tantra es la mayoría de las veces algo que ni siquiera se acerca de lejos al verdadero tantra.
Mindfulness: En lugar de acudir a investigar en el Sermón de la Atención de Buda o en los fenomenales libros de Nyanaponika Thera (editados por ELA), se agua la enseñanza recogida en el Satipatthana, se la deforma y se la pone al servicio de desestresarse, ser más brillante en una reunión de trabajo o jugar a estar más presente en lo que uno hace, aunque sea un acto negativo. Ya para colmo, se utiliza el término mindfulness en lugar de Atención Plena, para desligar la enseñanza de su verdadera tradición y convertir el método en una chapuza a la occidental.

A los buscadores serios, que por fortuna hay muchos, sería útil recordarles que lean obras solventes y serias (aunque no sean de fácil lectura), que pongan a prueba al mentor, que se sirvan del discernimiento, que no rindan culto a ningún gurú que no sea el interior y propio, que desconfíen de las mentes ávidas, prepotentes y tendentes al engaño que han entrado en estos campos, que no se dejen atrapar por los burócratas pseudoespirituales y que recuerden en todo momento la admonición de Buda:
Tú eres tu propio Refugio.
¿Qué otro refugio puede haber?