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domingo, enero 04, 2026

Zen: El Camino Abrupto a la Realidad

Blay,A.
Introducción
Paralelamente a la tónica dominante en el presente de estudiar los problemas humanos desde el punto de vista social, colectivo o grupal cada vez se hace sentir también de un modo más fuerte, como reiteradamente lo afirman los psicólogos, psiquiatras y psicólogos, la necesidad de encontrar la forma de reafirmar y consolidar el valor del individuo frente al grupo, de hallar la manera de que viva su realidad personal de un modo más pleno y directo para que su integración social no sea causa de perjuicio ni para sí mismo ni para la sociedad.
En efecto, frente a su progresiva dependencia y condicionamiento social, el hombre de hoy necesita salvaguardar sus valores personales reiterando aún más que antes su fortaleza e independencia interior. Necesita para ello poderse apoyar en algo real, sólido y estable, pero que esté al mismo tiempo emancipado de nuevos reglamentos y convenciones externas, y que le dé plena garantía de autenticidad. Porque cuanto más consciente se hace el hombre de su estrecha e inevitable ligazón externa e interna con el engranaje social, más urgente se convierte su necesidad de buscar una nueva dimensión de sí mismo que esté libre de todo condicionamiento externo, para salvar esa conciencia de individuo libre y le evite caer en la sensación de ser tan sólo una máquina más dentro del complejo económico, político y social en el que su vida se desenvuelve. [...]
El caso es que hay muchas personas que viven muy descontentas tanto de sí mismas como de la sociedad que les rodea. Y este descontento no es fruto de problemas personales o de una incapacidad de adaptación al medio ambiente, sino de una aspiración sincera a vivir algo fundamental, real y definitivo --más allá de doctrinas y filosofías-- que no saben cómo satisfacer porque no logran verlo en ninguna parte. [...]
En un libro dedicado al Zen, The World of Zen, N. W. Ross a la pregunta que se formula de por qué tanta gente se interesa hoy día por el Zen, contesta: "La respuesta reside en los caracteres de base que hacen del Zen un modo de vida y que sumariamente podrían resumirse así: el Zen, aunque esté considerado por sus adeptos como una religión, no tiene textos sagrados cuyos términos tengan fuerza de ley, ni reglas fijas, ni dogmas rígidos; no se refiere a ningún salvador, a ningún Ser divino de cuya gracia o mediación dependa nuestra final salvación. La ausencia de los caracteres comunes a todos los demás sistemas religiosos dan al Zen cierto aire de libertad, al cual son sensibles muchos de nuestros contemporáneos. Además, el objetivo manifiesto del Zen --que es el de procurar un alto grado de conocimiento de sí mismo y, como consecuencia, gran paz interior-- ha despertado la atención de ciertos psicólogos de Occidente, tales como C. Jung, Eric Fromm y Karen Horney. Se ha podido evocar también como relacionados con el Zen los nombres de Kierkegaard, de Heisenberg, de Martín Buber, de Kafka, de Jaspers, de Korzybsky, de Sartre, de Kerouac. Cuando el filósofo existencialista alemán Martín Heidegger tuvo conocimiento de ciertos textos Zen, declaró haber descubierto en ellos las mismas ideas que él por su parte había desarrollado."
Numerosos libros han aparecido y siguen apareciendo sobre el tema, entre los que sin duda merecen lugar preeminente por su autoridad y documentación los del Profesor Daisetz Teitaro Suzuky.
Tratando de entender el Zen
Lo primero que nos dicen los maestros del Zen, cuando queremos interrogarles es: "No esperes en absoluto entender lo que es el Zen; es imposible". Y si se les replica que algún modo habrá de acercarse a él, empiezan a utilizar paradojas que llevan de uno a otro desconcierto.
No obstante, buscando lo que se esconde detrás de esta primera visión abrupta, podemos entresacar una serie de consecuencias que nos aproximan el Zen. [...]
El budismo sostiene que la causa de los problemas que nos aquejan, y de la distorsión interior que nos impide alcanzar el satori es la ignorancia que padece nuestra mente. La mente se detiene en los medios y olvida el objeto primordial, alejándose de la percepción directa de nuestra propia realidad. [...]
Todas las operaciones de la mente son, por definición, transitorias, fenoménicas, vienen y se van, se diluyen en el tiempo. Lo único real es lo que está detrás de todo fenómeno. Si buscamos algo sólido donde asirnos, donde cogernos, es porque la experiencia de la vida diaria nos ha acostumbrado a depender de las ideas e intentamos hallar la realidad en las ideas. Ahora bien, la realidad, nuestra naturaleza esencial, no es ninguna idea, como no es ningún sentimiento, ni nada de lo que va y viene.
Por lo tanto, nos vienen a decir los maestros de Yoga, si queremos llegar a descubrir esta realidad que hay detrás de las formas, no tenemos más remedio que prescindir temporalmente, pero por completo de nuestro razonamiento, de nuestro sistema lógico de las ideas. [...]
Lo que hay que superar en el proceso de investigación de la realidad esencial es el pensamiento; lo que ha de subsistir en todo momento, en cambio, es la atención lo más lúcida y amplia posible. Sólo así tenemos la oportunidad de desvanecer nuestra ignorancia. [...]
Estamos tan acostumbrados a manejar las realidades de nuestro mundo gracias a las ideas que de ellas podemos obtener, que nos parece que todo conocimiento posible lo hemos de adquirir sólo y exclusivamente mediante las ideas pertinentes. En otras palabras, hemos llegado a la íntima convicción de que únicamente con nuestras ideas y juicios podemos conocer la realidad.
El Zen nos afirma que es precisamente este hábito nuestro de apoyarnos exclusivamente en las ideas lo que nos impide percibir la realidad que está detrás de ellas y que, en definitiva, es la única Realidad. Nos agarramos a cada representación mental creyendo que es ella misma realidad, cuando no es más que una forma de la Realidad. Por lo tanto, en la medida en que sigamos con esta adhesión a cualquier forma mental particular --por abstracta y elevada que ésta pueda parecer-- seguiremos estando incapacitados para percibir nuestra Realidad esencial. Y lo mismo que decimos respecto a las ideas puede decirse de todos nuestros fenómenos psíquicos personales: sensaciones, emociones, sentimientos.
Fijémonos en la mayoría de las cosas que nos proporcionan alegría o pena durante el día y veremos que, en efecto, casi siempre nuestras alegrías y nuestras penas dependen de lo que nos dicen o de las cosas que nosotros pensamos que ocurren. En una palabra: que siempre se deben a representaciones de la mente, a ideas. Nos dicen algo que va a favor de nuestros deseos, y automáticamente nos sentimos más tranquilos, más felices, más seguros, como si fuéramos más nosotros mismos. Nos dicen algo que va en contra de nuestros deseos o que aumenta nuestros temores y, automáticamente también, nos sentimos inquietos, tristes, irritados.
Por qué nos ocurre esto? Porque no vivimos directamente en nuestra realidad, sino que estamos siempre cogidos, agarrados a una idea básica que tenemos de nosotros mismos.
A medida que hemos ido creciendo, se ha formado en nosotros una imagen mental, una representación de nosotros mismos: "yo soy fulano de tal, y tengo estas cualidades, y estos defectos; determinado tipo de gente me acepta, me admira y me considera importante, otras personas me son
hostiles". Así hemos ido construyendo una imagen de nosotros mismos con toda una serie de datos a favor y otros en contra. Al mismo tiempo, mientras íbamos ampliando esta imagen mental o yo-idea, la íbamos también proyectando en el futuro, forjándonos así un ideal de nosotros mismos que esperábamos realizar algún día: es el yo-idealizado, sueño dorado de nuestro "yo" que hemos compuesto reuniendo en él las cosas que no tenemos y ansiando tener en ese futuro que jamás llega.
Así, resulta que, cuando actuamos en el mundo, lo hacemos en función del yo-idea; siempre que pensamos, diríamos, de un modo razonable, es partiendo de esta idea básica de nosotros mismos que está en la raíz misma de todos nuestros razonamientos. Por eso, en el fondo, aunque nos parezca a veces que estamos buscando la verdad, con muchísima frecuencia lo que estamos buscando es algo o alguien que nos confirme y ratifique en esta buena idea que tenemos de nosotros mismos y que además la amplíe, es decir, que de algún modo nos prometa que llegaremos a realizar en el futuro el ideal que nos hemos forjado. Y cuando pensamos en este ideal, al que damos el nombre de yo-idealizado, se presente bajo las apariencias que quiera --espiritualidad,
inteligencia, poder, riqueza, etc.--, nos sentimos confortados y seguros.
Pero es una seguridad falsa. Puede ser muy buena en un orden relativo e incluso podemos aceptarla porque la necesitamos para vivir diariamente. Pero lo que no podemos hacer en absoluto es confundirla con el auténtico descubrimiento central, con la verdadera naturaleza de nosotros mismos.
Porque así no seremos nunca libres, es decir, no seremos jamás nosotros mismos del todo, ya que estaremos siempre sujetos, pendientes, debajo de la idea que "yo" tengo de "mí", y, por lo tanto, debajo de aquellas personas o situaciones que van a favor de nuestra idea y de las que van en contra.
Nuestra vida, querámoslo o no, seamos o no conscientes de ello, será una vida de dependencia total.
Y esto es lo que nos ocurre constantemente. Tenemos miedo de encontrarnos con determinadas personas, miedo a decir algunas cosas para no despertar oposición. ¿Pero por qué? No sólo porque vemos en la oposición nuestro perjuicio social o el de otros, sino porque entonces nos sentimos desvalidos, más pobres, como si fuéramos menos y se viniera más abajo nuestro yo. Y se debe tan sólo a que nos vivimos únicamente en función de la idea de nosotros mismos, que guardamos bien escondida dentro, en lugar de vivirnos directamente en función de nuestro eje espiritual interior, que está detrás de todas las ideas. Todo juego de ideas es un juego de ilusión comparado con la realidad. De este error básico se originan todos nuestros problemas. Por lo tanto, nuestra atención ha de ampliarse y profundizar hasta que sea capaz de percibir lo que hay más allá de todo fenómeno, hasta que se pueda abrir a la fuente interior de donde surge todo impulso, todo sentimiento, toda idea y todo conocimiento.
El Zen no niega que las ideas y raciocinios sean útiles y excelentes para otros fines, pero afirma que nunca nos pueden conducir a la realidad. La mejor de las ideas, dicen los maestros, es como un dedo que está señalando a la luna: por mucho que miremos el dedo, nunca descubriremos la luna. Hemos de dejar de mirar el dedo y dar un salto en el vacío para poder descubrir qué hay más allá del dedo. Las ideas son símbolos, dedos que señalan, indicadores, pero nunca son la realidad. Esa realidad es la naturaleza de Buda, nuestro propio ser. Las ideas pueden señalar, apuntar hacia ella, pero si no salimos de las ideas, nunca llegaremos a la realidad.

 

viernes, enero 02, 2026

OSHO - El Maestro Rebelde

(Rajneesh) [1932 - 1990]
En la segunda mitad del siglo XX, este líder espiritual atrajo a multitudes desde todos los lugares del planeta. Profesionales, estudiantes, terapeutas, psiquiatras, artistas, hombres de negocios, financistas, y celebridades llegaron a la India cautivados por la perfección filosófica y la expresiva belleza de sus libros, traducidos a muchos idiomas.
La fuerza espiritual del maestro los impulsó a construir comunidades en la India, Estados Unidos y otros países del orbe. Deseaban experimentar en sí mismos sus enseñanzas de amor, luz interior, crecimiento personal y conciencia superior. Bhagwan Shree Rajneesh, que en los últimos años de su vida tomó como nombre de Osho, fue para sus sannyasins o buscadores de la verdad un Buda, un Cristo de nuestros tiempos.
Para los gobernantes del mundo y religiosos oficialistas, sólo un personaje controvertido y molesto, con ideas peligrosas para la juventud, que apuntaban a destruir las bases de la sociedad. La prensa le puso mascaras falsas llamándolo gurú del sexo y santón de los ricos. Esa fue la reacción de lo establecido en la médula de sus enseñanzas, que pretendían liberar a los seres humanos de los grilletes del condicionamiento patriarcal, fuente de conductas autodestructivas, como la guerra y la violencia, que han persistido durante siglos e impiden el verdadero autoconocimiento.
Perseguido, llevado a la cárcel, cargado de cadenas por infringir las leyes de inmigración de los Estados Unidos, fue posteriormente expulsado también de 21 países del mundo cuando intentó realizar una gira mundial. Envenenado con talium en los presidios estadounidenses murió, antes de que cumplira los 60 años. Fue el último inconformista de este siglo. No adhirió a credo ni doctrina alguna. Inflamado por la llama de la rebelión, pretendió iniciar las tradiciones muertas. Nunca tuvo miedo de las consecuencias.
Sus sanyasin, agrupados hoy en pequeñas comunas, mantienen viva la llama y difunden, en los centros Osho de todo el mundo y por Internet, la extensa obra del sabio e iluminado maestro que hablo del cuerpo, del sexo, del movimiento y la música como las mejores vías de conexión con la conciencia cósmica universal a la cual todos pertenecemos. Bajo el nombre de Rajneesh Chandra Mohan, llegó al mundo el 11 de diciembre de 1932 en el pueblo de Kuchwada, en el estado de Madhya Pradesh, India.
Primogénito de una modesta familia de mercaderes de ropa profesaban la religión jainista, la misma del Mahatma Gandhi, fue criado por sus abuelos maternos hasta los ocho años, hecho que tuvo una profunda y decisiva influencia en sus futuras enseñanzas. Su abuela fue su verdadera madre. Nacida en Khajuraho - hermosa ciudad tántrica, llena de templos con miles y miles de esculturas de los dioses hindúes haciendo el amor, no profesaban la religión jainista de su esposo, e instruyó al niño en la ciencia del tantra en la que había sido educada. Su abuelo, interesado en conocer el destino de su nieto, encargó levantar su carta natal al mejor astrólogo de la cercana ciudad de Varanasi.
Sintió una gran desilusión cuando el astrólogo manifestó que debía esperar a que cumpliera siete años. "Si sobrevive hasta esa edad - le dijo - será un Buda". Pasaron los siete años y el astrólogo visitó la aldea montado a un caballo lujosamente enjaezado. Rajneesh correteaba desnudo por las calles del pueblo y siguió el corcel hasta la puerta de su casa. Allí se plantó al lado de su abuelo mirando fijo a los ojos del astrólogo.
Este rió y le dijo:
-"Te traigo tu carta astral, estaba preocupado porque los que son como tú y serán como Buda, no viven mucho tiempo".
El niño replicó:
-"Tu no serás un Buda, pero sí un bhikhu (discípulo de Buda)".
El astrólogo contestó riendo:
-"Imposible".
El niño replicó:
-"Aunque no tengo que apostar, ¿Quieres apostar? "
Dijo el sabio:
-"No importa que no tengas nada, pero si tú ganas y llego a ser un bhikhu, te daré mi reloj de oro con brillantes".
A los 14 años, Osho viajó con su familia a Varanasi. En el camino, encontraron a un anciano que vestía la túnica de un bhikhu. Reconocieron al astrólogo y lo saludaron. Éste pagó su apuesta entregando al adolescente su valioso reloj y con gran reverencia se inclinó para tocarle sus pies, gesto que en la India significa rendirse al maestro. El niño se crió en libertad, como un animalito salvaje, hasta los siete años.
Sin acondicionarlo ni obligarlo a asistir al templo jainista, su abuela le enseñó el secreto tántrico de vivir y disfrutar la vida en su plenitud, uno de los fundamentos de la enseñanza del maestro. A los cinco años mostró su talante rebelde, mostrándose impertinente con un monje jianista invitado por su abuelo a predicar en su hogar. Empezó su enseñanza con información sobre los siete infiernos de los jainistas, señalando que de seis de ellos se puede salir, pero que el séptimo es eterno.
Osho, que conocía por su abuelo el principal precepto del jainismo que dice: "No creas nada que no hayas experimentado por ti mismo", preguntó al monje:
-"¿Ha estado usted en el séptimo infierno para asegurar que existe?
El otro no pudo responder. El abuelo saltó en defensa de su invitado e, indignado, intento hacer callar al nieto, quien, apoyado por su abuela, insistió en seguir preguntando. No sólo esa vez, sino en muchas otras ocasiones, ella apoyó la naciente rebeldía del niño a las incongruencias de las enseñanzas religiosas. "Entonces aprendí que la rebelión es el principal fundamento de la verdadera religión. Por esto, argumentar y discutir entregando buenas razones ha sido siempre una gran alegría para mí", comentó Osho al relatar, años más tarde, la anécdota del monje.
Su infancia libre y salvaje cambió al morir su abuelo, en 1938. Se mudaron al pueblo de Gadarwara, donde vivían sus padres. Pero el niño se negó a vivir con la familia paterna. Incapaz de tratar a su madre de mamá, le decía " Bhabhi ", un término hindú que significa cuñada. Como no lograba adaptarse, su abuela decidió alojarlo en las noches y enviarlo en el día a convivir con su familia. "El amor con libertad es de reyes y reinas, porque el amor con libertad es el reino de Dios verdadero. El amor te da las raíces de la tierra y la libertad te da las alas. Mis abuelos me dieron amor y libertad", decía el maestro al recordar su infancia.
Al cumplir nueve años, su padre lo matriculó en la escuela del pueblo, obligándole, casi a la fuerza, a asistir a clases. Su primer profesor fue Kantar Master, que enseñaba a la antigua, con golpes, cachetadas y tirones de las orejas.
Con gran osadía para su corta edad, el pequeño lo denunció como torturador de infantes al vicepresidente del Comité Municipal del pueblo, el pandit Shamburatan Dube, conocido como Shambu Dube. El Pandit escuchó respetuosamente su denuncia, felicitándole por ser un rebelde atrevido y cambió al profesor. Desde entonces, se convirtió en su mejor amigo. Respetado abogado, escritor y poeta, Dube era muy conocido en la India por el premiado film la reina de Jhansi basado en uno de sus cuentos.
Las gentes del pueblo se admiraban de que un hombre de 50 años fuese amigo de un niño de nueve. Pero Shambu Dube, poeta sensible, fue el primero en descubrir al maestro espiritual en el pequeño Rajneesh. Sostenían largas conversaciones sobre la eternidad del momento presente, durante sus paseos por la orilla del río. Fueron amigos hasta la muerte de Dube en 1960.
Música en la meditación
Tutor, maestro y protector de Rajneesh durante su infancia y adolescencia fue el reputado flautista Pagal Baba, un virtuoso de la música, muy amigo de su familia, quien lo invitó a viajar por la India, llevándolo a conocer el Taj Mahal, las cuevas de Ellora, Ajantas y los Himalayas. Juntos asistieron a una gran Khumba Mela, multitudinaria reunión tradicional de santos y yoguis que cada cierto tiempo se efectúa en la India, siendo de gran importancia para los buscadores espirituales del país. Pagal Baba le obsequio una flauta para iniciarlo, diciéndole: "La música conduce a las mayores alturas". Le presentó a los mejores flautistas de ese tiempo, como Hariprasad, Sachdeva y Pannalal Gosh, famosísimo intérprete que llegó a ser un gran amigo de Rajneesh.
El anciano músico intuía que el niño sería un maestro espiritual. La filosofía de Pagal Baba emergió en las enseñanzas del maestro cuando incorporo música a todas sus técnicas meditativas. Osho explicaba: "Tal vez la meditación emana de la música o quizá la música es la madre de la meditación".
Al morir Pagal Baba, su amigo Masta Baba, conocido como Masto, citarista de mucho dinero y conocido de los abuelos de Osho, se encargó de guiar al muchacho. En 1952, Masto lo presentó a Jawaharlal Nehru, primer ministro de la India, reuniéndose los tres en la famosa casa "Trimurti", hoy convertida en museo dedicado a la memoria de Nehru. En otras visitas conoció a Indhira y a su marido Feroze Gandhi. Nehru quedó sorprendido de la sabiduría del joven de 20 años, al preguntarle si espiritualmente era correcto estar en el mundo político.
Osho respondió: "No. Debe haber hecho algo errado en sus vidas pasadas, de otra manera no sería primer ministro". Al terminar el encuentro, Nehru manifestó:
-"Esta reunión ha sido fructífera porque ahora tengo la amistad de un hombre que no pertenece a este mundo".
La iluminación
El 21 de marzo de 1953, a la edad de 21 años, Rajneesh alcanzó la iluminación, la más alta cumbre de la conciencia humana. Al día siguiente, el 22 de marzo, su protector y amigo, el maestro Masto, partió para un retiro espiritual en los Himalayas, a un lugar desconocido del cual nunca retornó.
De su experiencia iluminadora, Osho dijo: "Ya no busco nada. La existencia me ha abierto todas sus puertas. Ni siquiera puedo decir que pertenezco a la existencia, porque soy parte de ella... Cuando un capullo florece, yo florezco con él. Cuando el sol sale, yo salgo con él. El ego, que mantiene a las personas separadas, ya no está presente en mí. Soy parte de la naturaleza, mi ser es parte del todo..." En sus años universitarios se hizo famoso por su participación en concursos de debates entre estudiantes, muy populares en la India.
Obtuvo el título y la medalla de oro de Campeón de Debates de todo el país. En 1956 recibió su master en filosofía con primera clase de honores - la clasificación más elevada dentro de una especialidad -, en la Universidad de Sagar.
Osho no tenía fortuna y debió comenzar a ganarse la vida como profesor del Colegio de Sánscrito de Raipur, durante 1957. Al año siguiente, lo contrató la Universidad de Jabalpur, donde ejerció como un destacado catedrático de Filosofía, hasta 1966. En este periodo comenzó a dar conferencias públicas en el estilo del debate. Magnífico orador, dotado de una amplia erudición, desafiaba a los líderes religiosos ortodoxos, perturbando en forma osada sus creencias tradicionales. Como en sus años estudiantiles, en cada debate salía triunfador y de ese modo sacudía todas las creencias establecidas de la India.
El maestro interior crecía en él a niveles gigantescos. Le era imposible seguir confinado en las aulas universitarias. Necesitaba entregar al mundo sus conocimientos espirituales, sus vivencias, su iluminación. Deseaba dedicarse por entero al desarrollo de la conciencia humana. En 1966, abandonó su cátedra y se dedicó a enseñar a sus contemporáneos de Oriente y Occidente el arte de la meditación. Viajó a lo largo y a lo ancho de toda la India con el nombre de Acharya (profesor) Rajneesh.
Miles de sus compatriotas acudían a escucharlo y sus corazones eran alcanzados por el rayo iluminador de su palabra. Pero la sociedad hindú y los dirigentes religiosos no lo miraban bien. ¿Cómo se atrevía a aconsejar a su público que superaran los condicionamientos sociales? ¡Que osadía recomendarles vivir de acuerdo con su naturaleza, diciéndoles que la plenitud provenía de la naturaleza y no de la sociedad! ¿Qué herejía era esa de afirmar que la sexualidad no era un impedimento para la iluminación?
Aunque es imposible encasillar a Osho dentro de alguna especial tendencia filosófica o religiosa, tal vez fue una reedición de los milenarios maestros tántricos. Sus contemporáneos hindúes parecían ignorar que 5000 años antes, los místicos de la tradición tántrica habían escandalizado, aún más que Osho, a los sacerdotes de las religiones organizadas de la India.
El surgimiento del tantra fue la rebelión contra los preceptos morales represivos religiosos, las prácticas ascéticas brahmánicas y el rechazo de la sexualidad para conseguir la iluminación. Esta propuesta rebelde e inconformista desafió tabúes y credos, ramificándose e influyendo, no sólo en el hinduismo, sino también en el taoísmo y en el budismo, y en Occidente se convirtió en el culto del éxtasis del dios griego Dionisos.
Los maestros tántricos enseñaron de un modo que la tradición tibetana denomina "sabiduría demente". Utilizaban historias paradójicas comportándose de forma provocativa con el fin de propiciar en sus discípulos el abandono de actitudes convencionales y la adopción de una vida integrada, sin contradicciones entre lo sagrado y lo profano, entre lo espiritual y lo sexual. Postulaban que hombres y mujeres están dotados con dos tipos de energía: la femenina y la masculina, y que es necesario integrarlas, en pareja o solos, en la senda de la iluminación.

En vez de favorecer el apartamiento de los placeres mundanos como hacen otras tradiciones, el tantra señala que es mucho más efectivo para los seres humanos disfrutar y canalizar la energía del goce por medio de técnicas de meditación especiales que conducen rápidamente a la satisfacción humana y la iluminación espiritual. Lo mismo enseñaba Osho. Al igual que los antiguos tántricos, ofrecía un camino que enfatizaba la experiencia directa, en lugar de la aceptación ciega de dogmas, y entregaba técnicas específicas para modificar costumbres autodestructivas sin luchar contra ellas. Aconsejaba dejarse llevar para la espontaneidad y el gozo.
Su religión era la celebración, y la vida misma una celebración. "Dios es la vida - decía. No hay otro Dios más que la vida. Vive la vida en su totalidad con éxtasis. Cuanto más lleno de vida estés serás como Dios. Tú eres la semilla. Dios es el florecimiento del árbol." En 1968, se estableció en Bombay. Dos años más tarde creó su revolucionaria Meditación Dinámica, técnicas que ayuda a detener la mente y a liberarse de ataduras y traumas mediante la catarsis. Más tarde ideó otras meditaciones con música y danzas: Kundalini, Nataraj, Whirling (técnicas sufis) y Nadhabrama, relacionadas con la energía auditiva, con una versión para hacer en pareja.
¿Qué efecto causaba en sus seguidores indios?
El testimonio de una antigua sanyasin hindú que participó en su primer ashram y fue testigo de sus últimos días en el mundo, entrega una visión de primera mano del efecto magnético del maestro. Ma Dharma Jyoti, de 26 años, buscadora espiritual desilusionada de santones y mahatmas, del juego religioso y proselitista que se daba en la India, asistió en enero de 1968 a una conferencia de Acharya Rajneesh en Bombay. Relata en su libro One Hundred Tales for Ten Thousands Buddhas (Cien cuentos para diez mil Budas) que al escucharlo sintió una presencia mágica inundando su ser.
El profesor le pareció un antiguo rishi de los tiempos de los Upanishads y no un hombre de 36 años. Más tarde pidió audiencias privadas. En su segundo encuentro con el maestro, este colocó su mano derecha en el chakra del corazón de Jyoti y la izquierda sobre su cabeza. "Me sentí penetrada por una energía inmensa. Empecé a llorar y terminé sollozando en el regazo del maestro. Retiró sus manos y me pidió que abriera los ojos. Cuando lo miré, sus ojos brillaban como estrellas en el cielo azulmarino de la noche. El miedo desconocido que siempre agarrotaba mi corazón, mi soledad y mi desamparo desaparecieron desde ese mismo instante para siempre. Estaría junto a ese hombre hasta la misma eternidad.
Los primeros iniciados
En 1970, en Kulu Manali, un hermoso lugar de lis Himalayas, el maestro inició a su primer grupo de sanyasins. En la India, tomar sanyas significa renunciar al mundo. Osho le daba otro sentido: abandonar las ataduras con el mundo de las convenciones y convertirse en su discípulo.
Como los otros buscadores, los sanyasins de Osho usaba ropa de color naranja o rojo y un mala (rosario hindú de 108 cuentas) con una foto del maestro, y adoptaron un nombre nuevo. Al iniciarlos, les pedían que se arrodillaran, cerraran los ojos y levantaran los brazos, advirtiéndoles que, si sucedía algo, dejaran que ocurriera. Escribía un nuevo nombre en un papel, les solicitaba que abrieran los ojos y colocaba un dedo en el sitio del tercer ojo espiritual mientras comentaba el porqué del nuevo nombre. A todos los varones los nominaba inicialmente swami, que literalmente significa "aquel que es maestro de sí mismo" y a las mujeres como ma, término que en la India designa a la "Madre Divina". Les exigía meditar dos horas diarias para que pudieran acceder al estado de "awareness" o despertar de la conciencia superior.
"El sanyas es un nuevo nacimiento -decía-, debe conducir a un nuevo estado de ser, a un nuevo nivel de conciencia. El nombre nuevo es el símbolo de es renacimiento. El sanyas es un intento de hacer al discípulo consciente de sus potencialidades, de que la vida que conoce no es la vida real y que debe encontrar la vida oculta." A partir de los 70 llegaron hasta él miles de occidentales interesados en la búsqueda de sí mismos y en experimentar su meditación dinámica.
En fecha muy significativa, el vigésimo primer aniversario de su iluminación, el 21 de marzo de 1974, fundó el ashram de Poona. El centro alcanzó fama mundial. Además de enseñar todas sus meditaciones, incluía grupos y talleres que combinaban métodos orientales con psicoterapia occidental. En forma paralela, entregaba técnicas de rolfing, bioenergía, terapia corporal neoreichiana, tai chi, rebirthing. En 1980, Osho había reunido 250.000 discípulos en todo el mundo, que se vestían con tonos del sol naciente, bautizados por la prensa como "los rojos". En Poona entregaba una charla matinal, que era seguida por la meditación dinámica. En sus discursos, mostraba un gran sentido del humor y vasta erudición filosófica.
Hablaba de los sutras del yoga, de las parábolas de Jesús, de los Koanes del zen, de sufismo, taoísmo, hassidismo, tantra, discursos que mezclaban chistes, que hacían aún más amena sus exposiciones. Las charlas eran alternadas con sesiones de preguntas y respuestas. Cuando lo interrogaban sobre cómo debía ser un místico, quebraba los esquemas de las occidentales definiéndolos como un aventurero, un explorador o un niño que inicia su vida con expectativas de asombro y un gran interrogante en su corazón. "Cada niño es un místico - afirmaba - que en alguna parte del camino de su crecimiento perdió el contacto con sus posibilidades intrínsecas de ser un místico. Lo condicionaron, le dieron doctrinas religiosas, lo torturaron, lo volvieron falso. Lo metieron en una jaula, en una prisión. Mediten, porque la meditación es un descondicionamiento, un desaprendizaje. Permite llegar a ser abierto otra vez, totalmente sensitivo." Una afección congénita de la columna deterioraba poco a poco su salud, y a principios de los ´80 aparecía sólo dos veces al día ante el público de Poona. En esa época, comenzaron a surgir ataques a sus enseñanzas.
Dirigentes religiosos de las iglesias de Oriente y Occidente criticaban públicamente las actividades del ashram de Poona, en especial los discursos del maestro. Es posible que molestara a moros y cristianos la insistencia de Osho de vivir en plenitud. Algunas de sus frases resultaron verdaderas paradojas para las religiones tradicionales, cuyo fundamento principal es el concepto de pecado.
"Si vives totalmente la ira, tu ira poco a poco desaparecerá. Si vives totalmente cualquier cosa, te transformarás. Enseño la totalidad. Si estas llorando deja que llore tu corazón. Deja que todo tu ser sea un llorar, que las lágrimas broten de todos tus poros. La vida es crecimiento y este sólo es posible cuando eres imperfecto. No hay necesidad de ser perfecto. La idea de perfección crea ansiedad, tensión, sentimientos de culpa. No te transforma. Te hace sentir culpable de no ser perfecto. Hay que aprender a estar centrado en medio de la tormenta. Como el eje que permanece quieto mientras la rueda da vueltas. Aprender a estar en el mundo, sin perderse en él".
El 1° de mayo de 1981, el maestro entró en etapa de silencio. Su salud empeoraba. Sus médicos personales decidieron llevarlo a los Estados Unidos para operar su columna. Viajó en silencio a Norteamérica. Sus sanyasins del nuevo mundo le regalaron tierras en Oregón y crearon, trabajando con sus propias manos, Rajneeshpuram, una ciudad para 500 personas, con capacidad de recibir 20.000 alojados. Allí empezaron a celebrar festivales anuales. Aunque recuperó su salud, la etapa norteamericana fue tensa y critica para el maestro.
El gobierno conservador de Ronald Reagan rechazaba la existencia de Rajneeshpuram y buscaba pretextos para destruirla. En octubre de 1984, el maestro rompió el voto de silencio, y en 1985 comenzó a dar charlas públicas. El hostigamiento del gobierno crecía y la oportunidad para librarse de Osho se presentó el 14 de septiembre de 1985, cuando su secretaria privada cometió varias irregularidades, entre ellas un intento de envenenamiento al médico del maestro, y escapó llevándose 40 millones de dólares de propiedad de la comunidad. Osho abrió las puertas al gobierno para que investigara, pero se lo acusó de infringir las leyes de inmigración, enviándolo a la cárcel.
Sus abogados lograron excarcelarlo en noviembre, pagando una fianza de 40.000 dólares, con el compromiso de que no volvería a Estados Unidos por cinco años. El gobierno presionó a otros países, para que no lo recibieran, lo que dio lugar a un doloroso peregrinaje por 21 naciones que, alineándose con el gigante del Norte, rechazaron su presencia negándole la visa e impidiéndole, a veces, hasta descansar en los aeropuertos. El 4 de enero de 1987 retornó a Poona, pero en julio de 1988 se sintió con ánimo para dirigir la meditación al final de los discursos de la tarde. En esa época, creó una nueva técnica meditativa: la Rosa Mística. En 1989, borró su pasado cambiando el nombre de Bhagwan Rajneesh por el de Osho, que deriva de la palabra oceanic, creada por William James, que significa "disolviéndose en el océano" y que en el lejano Oriente quiere decir "El Bendecido".
Pero su salud empeora cada vez. Culpaba al envenenamiento de las prisiones el evidente deterioro de su cuerpo. Ma Dharma Jyoti, en los capítulos finales de su libro, describe la desesperación de los médicos y la angustia de los sanyasins en la etapa previa a su muerte. "Después de celebrar su cumpleaños, el 11 de diciembre de 1989, el maestro comenzó a decaer. Su doctor culpa a alguien que no conocemos de cantar mantras en sus discursos que emiten energías negativas dañina para sus centros nerviosos.
Dos días más tarde, el médico insiste en que alguien utiliza magia negra par dañar al maestro. Osho ha dicho que puede defenderse y devolver el mal a esa persona, pero que no es su estilo. Todos sentimos desesperación". Enero de 1990 marca el principio del fin. Cada día se siente más débil, no puede pronunciar discursos ni liderar meditaciones. Es incapaz de caminar hasta el Gautama Buddha Auditórium. El día 18 ya no se levanta.
En la mañana del 19, su doctor observa un pulso irregular y le sugiere prepararse para resucitación cardiaca. Osho responde: "No. Déjenme ir. La existencia ha decidido que es el tiempo... Mi presencia será mucho más fuerte sin el infierno de mi cuerpo torturado". Su médico afirma que el sufrimiento es el efecto del veneno de las prisiones americanas. A las 17:30 su espíritu vuela. Sus discípulos lloran desconsolados.
Su muerte fue noticia internacional de las agencias cablegráficas que hacían notar un dato curioso: el críptico epitafio grabado en la tumba que guarda sus cenizas había sido escrito por el propio maestro pocos días antes de morir: "Osho nunca nació, nunca murió, solamente visito el planeta Tierra entre el 11 de diciembre de 1931 y el 19 de enero de 1990". Antes de su muerte, le preguntaron qué pasaría cuando se fuera. Respondió:
-"Si hay algo de verdad en lo que he dicho, sobrevivirá. La gente interesada en mi trabajo llevará la antorcha, sin imponer nada a nadie... Deseo que no olviden el amor, porque si no es sobre él no se puede fundar iglesia alguna. La conciencia no es monopolio de nadie, igual la celebración, el regocijo y la mirada inocente de un niño... Conózcanse a sí mismos pues el camino es hacia adentro".
De acuerdo con sus orientaciones, florece hoy la comunidad Osho de Poona. Las nuevas reglas incluyen sus recomendaciones ante el SIDA. Los visitantes deben portar test negativo del HIV, Osho advirtió que el test y la prevención eran importantes medidas para frenar la epidemia, que podía afectar a dos tercios de la humanidad.
No hay visitante femenina que no se sienta reconfortada al conocer la profecía del maestro sobre la mujer, como futuro de la tierra: "La era que viene será de las mujeres. Los hombres han gobernado durante cinco mil años y su fracaso es amargo. En tres mil años han realizado cinco mil guerras. ¡Es suficiente! Ahora es tiempo de entregar a ellas todos los poderes. Es el tiempo de liberar las energías femeninas y deben ponerlas en funcionamiento".
Fuente: Del libro: Ven Sígueme de Bhawan Shree Rajneesh. Editorial Ashram, 1983