Mostrando entradas con la etiqueta Relajación y Meditación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relajación y Meditación. Mostrar todas las entradas

martes, enero 06, 2026

HO´OPONOPONO

MEDITACIÓN para la CALMA y la CLARIDAD INSTANTÁNEA
Olivia Gracia -MINDVALLEY BLOG
Los hawaianos saben algo sobre la sanación. De hecho, sus prácticas, típicamente transmitidas de generación en generación, están profundamente entrelazadas en la trama de sus vidas. Una de estas filosofías es el ho’oponopono (pronunciado ho-opo-no-po-no), una herramienta poderosa que ofrece un camino hacia la paz interior y la armonía.
La mejor parte es que es sorprendentemente simple. Solo toma unos minutos al día. Y podría ser exactamente lo que necesitas en esta vida moderna y agitada.
¿Qué es el Ho’oponopono?
Esta antigua práctica hawaiana es una de reconciliación y perdón.
¿Pero qué significa exactamente ho’oponopono?
Proviene de ho’o (“hacer”) y pono (“correcto”), y con la repetición de pono, lo hace “doblemente correcto”. Esencialmente, el significado de “ho’oponopono” en hawaiano es “hacer las cosas bien”.
Tradicionalmente, era utilizado por los kahunas, o sanadores espirituales, para abordar la desarmonía y resolver conflictos dentro de las familias. Repetían el mantra del ho’oponopono:
“Lo siento. Por favor, perdóname. Gracias. Te amo.”
Este mantra está destinado a ayudar a reconocer y liberar emociones negativas, fomentar el perdón y promover el amor y la conexión. ¿El objetivo? Sanar no solo al individuo, sino también a toda la unidad familiar.
La práctica se basa en la creencia de que todos estamos conectados. Al sanarnos a nosotros mismos, contribuimos a la sanación de los demás y del mundo que nos rodea.
“Se trata de limpiar”, explica Vishen, el fundador de Mindvalley. “Se trata de paz”. Hoy en día, el ho’oponopono es una práctica más personal. Puedes usar esta meditación para abordar pensamientos, emociones y experiencias negativas.
“Cuando haces eso”, añade Vishen, “suceden cosas increíbles”.
¿Cómo funciona el Ho’oponopono?
La efectividad del ho’oponopono radica en su principio central: asumir la responsabilidad de tu propia realidad.
Sugiere que todo lo que experimentas, tanto positivo como negativo, es un reflejo de tu mundo interior. Y cuando reconoces esta conexión, puedes comenzar a abordar las causas profundas de la negatividad dentro de ti.
Aquí tienes un desglose de las ideas clave:
• Comienza reconociendo tu parte en cualquier negatividad, incluso si parece externa.
• Pide perdón, tanto a un poder superior como a tu propio yo interior.
• Expresa gratitud por la oportunidad de aprender y crecer a partir de la experiencia.
• Envía amor para sanar la negatividad dentro de ti y promover una transformación positiva.
Es importante tener en cuenta que el ho’oponopono no es una solución mágica. Sin embargo, su enfoque en la autorreflexión, el perdón y el amor puede tener valiosos beneficios para tu bienestar.
Beneficios
Este tipo de meditación no se trata solo de recitar un mantra. Hay una serie de beneficios respaldados por la ciencia que vienen con ella. Aquí están algunos de los principales beneficios de la oración ho’oponopono:
• Libera emociones negativas como la ira, la culpa y el resentimiento.
• Promueve la sanación emocional y el bienestar.
• Reduce el estrés y la ansiedad.
• Mejora tus relaciones con los demás.
• Fomenta el amor propio y la aceptación.
• Ayuda a conectarse con tu yo superior y lo divino.
• Impacta positivamente en la salud física, incluyendo una mejor salud cardíaca y un sistema inmunológico más fuerte.
Una práctica tan simple puede hacer cambios positivos duraderos en todos los aspectos de tu vida cuando la haces parte de tu rutina diaria.
La oración y el mantra Ho’oponopono
Cada una de las cuatro frases simples en la meditación ho’oponopono tiene un propósito específico. Esto te ayuda a abordar diferentes aspectos de la sanación y el perdón. La cuestión es que no están dirigidas a ninguna persona o situación externa. En su lugar, actúan como una especie de mantra de meditación que te ayuda con la autorreflexión y la limpieza interior.
“Lo siento”
Decir «Lo siento» va más allá de una simple disculpa. En cambio, es una forma de reconocer que todo lo que experimentas, ya sea bueno o malo, consciente o inconscientemente, está de alguna manera conectado contigo. Míralo de esta manera: Supongamos que tuviste una discusión con alguien que amas. «Lo siento» es tu manera de reconocer que tus palabras o acciones podrían haber contribuido a la tensión, incluso si no fue intencional. Pero aquí está la clave: No se trata de culparte a ti mismo. Más bien, se trata de entender tu impacto. Se trata de ser responsable de tus acciones. Y decir esta frase puede ayudarte a abrir la puerta al auto perdón y la sanación.
“Por favor, perdóname”
Mientras que «Lo siento» reconoce que hiciste algo mal o causaste daño, «Por favor, perdóname» va un paso más allá. Es una solicitud para que la otra persona (o incluso tú mismo) deje ir cualquier enojo o resentimiento hacia ti. Por ejemplo, piensa en un momento en el que te juzgaste duramente por un error en el trabajo. Esta frase es tu manera de pedir perdón a ti mismo por ser excesivamente crítico y a cualquiera que pueda haber sido afectado por tus acciones. Se necesita humildad y coraje, sin duda. Pero te ayuda a liberarte de la carga de estas emociones negativas, permitiéndote avanzar con amabilidad.
“Gracias”
La gratitud es una actitud, como dice el refrán, y por una buena razón. Cambia tu enfoque de lo que falta o está mal a lo que es abundante y correcto. Por ejemplo, podrías reflexionar sobre una ruptura difícil. Cuando expresas gratitud por las lecciones aprendidas y el crecimiento personal que surgió de esta experiencia, es probable que veas el valor incluso en los momentos más difíciles. Y aquí está la cuestión sobre la gratitud: también puede abrirte a recibir más experiencias positivas en el futuro. Entonces, al estar agradecido por el proceso de sanación, fomentas su continuación.
“Te amo”
Tres pequeñas palabras. Sin embargo, tienen un poder inmenso. Usarlas en la meditación ho’oponopono es un recordatorio de la importancia del amor propio y la compasión. ¿Por qué? Simplemente porque te anima a abrazarte a ti mismo y a los demás con amor y amabilidad. «Te amo» ayuda a construir una base de autoestima y aceptación, que es esencial para una salud emocional duradera. Además, cuando te amas incondicionalmente, te das permiso para hacer lo mismo con los demás. Esto crea un efecto dominó de positividad y armonía, fomentando un sentido más profundo de conexión y unidad.
Cómo hacer Ho’oponopono
Hay clases de meditación en las que puedes aprender cómo hacer ho’oponopono. Sin embargo, el concepto es bastante simple y directo. Lo genial es que se puede hacer en cualquier momento y en cualquier lugar.
Aquí están los pasos a seguir:
• Encuentra un lugar tranquilo y cómodo donde no te molesten.
• Toma algunas respiraciones profundas para centrarte y relajar tu mente.
• Comienza repitiendo las cuatro frases clave en silencio o en voz alta:
• “Lo siento.” Reconoce tu papel en la creación de la situación.
• “Por favor, perdóname.” Libera cualquier sentimiento de culpa o culpa, tanto hacia ti mismo como hacia los demás.
• “Gracias.” Expresa gratitud por la oportunidad de aprender y crecer a partir de la experiencia.
• “Te amo.” Envía amor y aceptación hacia ti mismo y hacia la situación.
• A medida que repites cada frase, enfócate en su significado y las emociones que evoca. Permítete experimentar completamente los sentimientos que surjan.
• Continúa repitiendo las frases durante el tiempo que sientas necesario. No hay un límite de tiempo establecido, así que confía en tu intuición y fluye con ella.
• Cuando estés listo, toma algunas respiraciones más profundas y abre lentamente los ojos. Luego, tómate un momento para reflexionar sobre la experiencia y cualquier visión o emoción que haya surgido.

 

domingo, enero 04, 2026

Zen: El Camino Abrupto a la Realidad

Blay,A.
Introducción
Paralelamente a la tónica dominante en el presente de estudiar los problemas humanos desde el punto de vista social, colectivo o grupal cada vez se hace sentir también de un modo más fuerte, como reiteradamente lo afirman los psicólogos, psiquiatras y psicólogos, la necesidad de encontrar la forma de reafirmar y consolidar el valor del individuo frente al grupo, de hallar la manera de que viva su realidad personal de un modo más pleno y directo para que su integración social no sea causa de perjuicio ni para sí mismo ni para la sociedad.
En efecto, frente a su progresiva dependencia y condicionamiento social, el hombre de hoy necesita salvaguardar sus valores personales reiterando aún más que antes su fortaleza e independencia interior. Necesita para ello poderse apoyar en algo real, sólido y estable, pero que esté al mismo tiempo emancipado de nuevos reglamentos y convenciones externas, y que le dé plena garantía de autenticidad. Porque cuanto más consciente se hace el hombre de su estrecha e inevitable ligazón externa e interna con el engranaje social, más urgente se convierte su necesidad de buscar una nueva dimensión de sí mismo que esté libre de todo condicionamiento externo, para salvar esa conciencia de individuo libre y le evite caer en la sensación de ser tan sólo una máquina más dentro del complejo económico, político y social en el que su vida se desenvuelve. [...]
El caso es que hay muchas personas que viven muy descontentas tanto de sí mismas como de la sociedad que les rodea. Y este descontento no es fruto de problemas personales o de una incapacidad de adaptación al medio ambiente, sino de una aspiración sincera a vivir algo fundamental, real y definitivo --más allá de doctrinas y filosofías-- que no saben cómo satisfacer porque no logran verlo en ninguna parte. [...]
En un libro dedicado al Zen, The World of Zen, N. W. Ross a la pregunta que se formula de por qué tanta gente se interesa hoy día por el Zen, contesta: "La respuesta reside en los caracteres de base que hacen del Zen un modo de vida y que sumariamente podrían resumirse así: el Zen, aunque esté considerado por sus adeptos como una religión, no tiene textos sagrados cuyos términos tengan fuerza de ley, ni reglas fijas, ni dogmas rígidos; no se refiere a ningún salvador, a ningún Ser divino de cuya gracia o mediación dependa nuestra final salvación. La ausencia de los caracteres comunes a todos los demás sistemas religiosos dan al Zen cierto aire de libertad, al cual son sensibles muchos de nuestros contemporáneos. Además, el objetivo manifiesto del Zen --que es el de procurar un alto grado de conocimiento de sí mismo y, como consecuencia, gran paz interior-- ha despertado la atención de ciertos psicólogos de Occidente, tales como C. Jung, Eric Fromm y Karen Horney. Se ha podido evocar también como relacionados con el Zen los nombres de Kierkegaard, de Heisenberg, de Martín Buber, de Kafka, de Jaspers, de Korzybsky, de Sartre, de Kerouac. Cuando el filósofo existencialista alemán Martín Heidegger tuvo conocimiento de ciertos textos Zen, declaró haber descubierto en ellos las mismas ideas que él por su parte había desarrollado."
Numerosos libros han aparecido y siguen apareciendo sobre el tema, entre los que sin duda merecen lugar preeminente por su autoridad y documentación los del Profesor Daisetz Teitaro Suzuky.
Tratando de entender el Zen
Lo primero que nos dicen los maestros del Zen, cuando queremos interrogarles es: "No esperes en absoluto entender lo que es el Zen; es imposible". Y si se les replica que algún modo habrá de acercarse a él, empiezan a utilizar paradojas que llevan de uno a otro desconcierto.
No obstante, buscando lo que se esconde detrás de esta primera visión abrupta, podemos entresacar una serie de consecuencias que nos aproximan el Zen. [...]
El budismo sostiene que la causa de los problemas que nos aquejan, y de la distorsión interior que nos impide alcanzar el satori es la ignorancia que padece nuestra mente. La mente se detiene en los medios y olvida el objeto primordial, alejándose de la percepción directa de nuestra propia realidad. [...]
Todas las operaciones de la mente son, por definición, transitorias, fenoménicas, vienen y se van, se diluyen en el tiempo. Lo único real es lo que está detrás de todo fenómeno. Si buscamos algo sólido donde asirnos, donde cogernos, es porque la experiencia de la vida diaria nos ha acostumbrado a depender de las ideas e intentamos hallar la realidad en las ideas. Ahora bien, la realidad, nuestra naturaleza esencial, no es ninguna idea, como no es ningún sentimiento, ni nada de lo que va y viene.
Por lo tanto, nos vienen a decir los maestros de Yoga, si queremos llegar a descubrir esta realidad que hay detrás de las formas, no tenemos más remedio que prescindir temporalmente, pero por completo de nuestro razonamiento, de nuestro sistema lógico de las ideas. [...]
Lo que hay que superar en el proceso de investigación de la realidad esencial es el pensamiento; lo que ha de subsistir en todo momento, en cambio, es la atención lo más lúcida y amplia posible. Sólo así tenemos la oportunidad de desvanecer nuestra ignorancia. [...]
Estamos tan acostumbrados a manejar las realidades de nuestro mundo gracias a las ideas que de ellas podemos obtener, que nos parece que todo conocimiento posible lo hemos de adquirir sólo y exclusivamente mediante las ideas pertinentes. En otras palabras, hemos llegado a la íntima convicción de que únicamente con nuestras ideas y juicios podemos conocer la realidad.
El Zen nos afirma que es precisamente este hábito nuestro de apoyarnos exclusivamente en las ideas lo que nos impide percibir la realidad que está detrás de ellas y que, en definitiva, es la única Realidad. Nos agarramos a cada representación mental creyendo que es ella misma realidad, cuando no es más que una forma de la Realidad. Por lo tanto, en la medida en que sigamos con esta adhesión a cualquier forma mental particular --por abstracta y elevada que ésta pueda parecer-- seguiremos estando incapacitados para percibir nuestra Realidad esencial. Y lo mismo que decimos respecto a las ideas puede decirse de todos nuestros fenómenos psíquicos personales: sensaciones, emociones, sentimientos.
Fijémonos en la mayoría de las cosas que nos proporcionan alegría o pena durante el día y veremos que, en efecto, casi siempre nuestras alegrías y nuestras penas dependen de lo que nos dicen o de las cosas que nosotros pensamos que ocurren. En una palabra: que siempre se deben a representaciones de la mente, a ideas. Nos dicen algo que va a favor de nuestros deseos, y automáticamente nos sentimos más tranquilos, más felices, más seguros, como si fuéramos más nosotros mismos. Nos dicen algo que va en contra de nuestros deseos o que aumenta nuestros temores y, automáticamente también, nos sentimos inquietos, tristes, irritados.
Por qué nos ocurre esto? Porque no vivimos directamente en nuestra realidad, sino que estamos siempre cogidos, agarrados a una idea básica que tenemos de nosotros mismos.
A medida que hemos ido creciendo, se ha formado en nosotros una imagen mental, una representación de nosotros mismos: "yo soy fulano de tal, y tengo estas cualidades, y estos defectos; determinado tipo de gente me acepta, me admira y me considera importante, otras personas me son
hostiles". Así hemos ido construyendo una imagen de nosotros mismos con toda una serie de datos a favor y otros en contra. Al mismo tiempo, mientras íbamos ampliando esta imagen mental o yo-idea, la íbamos también proyectando en el futuro, forjándonos así un ideal de nosotros mismos que esperábamos realizar algún día: es el yo-idealizado, sueño dorado de nuestro "yo" que hemos compuesto reuniendo en él las cosas que no tenemos y ansiando tener en ese futuro que jamás llega.
Así, resulta que, cuando actuamos en el mundo, lo hacemos en función del yo-idea; siempre que pensamos, diríamos, de un modo razonable, es partiendo de esta idea básica de nosotros mismos que está en la raíz misma de todos nuestros razonamientos. Por eso, en el fondo, aunque nos parezca a veces que estamos buscando la verdad, con muchísima frecuencia lo que estamos buscando es algo o alguien que nos confirme y ratifique en esta buena idea que tenemos de nosotros mismos y que además la amplíe, es decir, que de algún modo nos prometa que llegaremos a realizar en el futuro el ideal que nos hemos forjado. Y cuando pensamos en este ideal, al que damos el nombre de yo-idealizado, se presente bajo las apariencias que quiera --espiritualidad,
inteligencia, poder, riqueza, etc.--, nos sentimos confortados y seguros.
Pero es una seguridad falsa. Puede ser muy buena en un orden relativo e incluso podemos aceptarla porque la necesitamos para vivir diariamente. Pero lo que no podemos hacer en absoluto es confundirla con el auténtico descubrimiento central, con la verdadera naturaleza de nosotros mismos.
Porque así no seremos nunca libres, es decir, no seremos jamás nosotros mismos del todo, ya que estaremos siempre sujetos, pendientes, debajo de la idea que "yo" tengo de "mí", y, por lo tanto, debajo de aquellas personas o situaciones que van a favor de nuestra idea y de las que van en contra.
Nuestra vida, querámoslo o no, seamos o no conscientes de ello, será una vida de dependencia total.
Y esto es lo que nos ocurre constantemente. Tenemos miedo de encontrarnos con determinadas personas, miedo a decir algunas cosas para no despertar oposición. ¿Pero por qué? No sólo porque vemos en la oposición nuestro perjuicio social o el de otros, sino porque entonces nos sentimos desvalidos, más pobres, como si fuéramos menos y se viniera más abajo nuestro yo. Y se debe tan sólo a que nos vivimos únicamente en función de la idea de nosotros mismos, que guardamos bien escondida dentro, en lugar de vivirnos directamente en función de nuestro eje espiritual interior, que está detrás de todas las ideas. Todo juego de ideas es un juego de ilusión comparado con la realidad. De este error básico se originan todos nuestros problemas. Por lo tanto, nuestra atención ha de ampliarse y profundizar hasta que sea capaz de percibir lo que hay más allá de todo fenómeno, hasta que se pueda abrir a la fuente interior de donde surge todo impulso, todo sentimiento, toda idea y todo conocimiento.
El Zen no niega que las ideas y raciocinios sean útiles y excelentes para otros fines, pero afirma que nunca nos pueden conducir a la realidad. La mejor de las ideas, dicen los maestros, es como un dedo que está señalando a la luna: por mucho que miremos el dedo, nunca descubriremos la luna. Hemos de dejar de mirar el dedo y dar un salto en el vacío para poder descubrir qué hay más allá del dedo. Las ideas son símbolos, dedos que señalan, indicadores, pero nunca son la realidad. Esa realidad es la naturaleza de Buda, nuestro propio ser. Las ideas pueden señalar, apuntar hacia ella, pero si no salimos de las ideas, nunca llegaremos a la realidad.