Mostrando entradas con la etiqueta Budismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Budismo. Mostrar todas las entradas

viernes, enero 23, 2026

Vacuidad Budista

Blofeld, J.
La vacuidad budista - shunyata - es un gran misterio. Es un concepto que está en el corazón mismo de toda la enseñanza del budismo Mahayana. Se ha escrito sobre este tema innumerables tratados y las alusiones que se han hecho sobre él en las escrituras sagradas llenarían volúmenes.
Sin embargo, como todo lo que es objeto de experiencia mística, la vacuidad no puede ser ni descrita ni definida. En verdad, casi nada puede decirse que tenga valor. Pocos sabios occidentales parecen haber captado su sentido, y aún en los países budistas, con la excepción de algunos místicos realizados, los que en sus meditaciones más profundas se han encontrado cara a cara con la vacuidad, hay relativamente pocas personas que gracias a ciertas intuiciones preliminares adquiridas en el curso de la meditación, asociadas a un vasto conocimiento de los sutras, puedan haberse formado una idea aproximada de lo que es la vacuidad.
En cuanto a mí, que estoy muy lejos de ser un místico realizado, escribir, aunque sea unas líneas sobre este tema es presunción pura. La razón que me incita a correr este riesgo es doble. En primer lugar, el conocimiento adquirido de mis maestros chinos y tibetanos me autoriza, aunque sea un poco, a proponer algunas pautas que permitan hacerse una idea imperfecta de lo que los sutras quieren decir cuando hablan de la vacuidad.
En segundo lugar, creo que la acusación de pesimismo, totalmente infundada, que ciertos críticos occidentales lanzan contra el budismo se debe, en gran medida, a que confunden la vacuidad con el vacío puro y simple - en el sentido negativo de la nada - llegando así a la conclusión - blasfemia para los budistas - que el nirvana es sinónimo de extinción. Sin embargo, no estoy absolutamente seguro de haber comprendido correctamente la enseñanza recibida de mis maestros y de los sutras, y en mis meditaciones en ningún momento me he aproximado yo mismo a la experiencia de la vacuidad. Por consiguiente, estas afirmaciones deben ser recibidas con la circunspección que pueda experimentar un ciego que acepta dejarse guiar por un pobre miope.
La idea clave está dada en el pequeño Sutra del Corazón que es recitado cada día - en chino, en japonés, en tibetano o en sánscrito - por millones de budistas del Mahayana.
Este sutra afirma nítidamente que "la forma es vacuidad y la vacuidad , forma; la forma no difiere de la vacuidad ni la vacuidad de la forma." Aunque su sentido real pueda no parecer de una claridad luminosa, al menos demuestra que la vacuidad es algo muy diferente de la simple nada. La explicación dada generalmente es que no puede existir separación valedera entre lo absoluto y lo relativo, entre la realidad y las apariencias, entre la fuente de origen y el universo manifestado, o entre el "creador" y lo "creado".
Nada es real, en el sentido en que nada tiene una existencia independiente que le pertenezca como propia, y no es más que un fenómeno transitorio, combinación de millones de fenómenos todavía más fugaces. Sin embargo, todo es real en el sentido que es una manifestación del Ser sin atributos y por lo tanto inasequible.
Propongamos una comparación burda: las olas aisladas del mar no tienen ninguna permanencia ni existencia, ellas cambian de instante en instante confundiéndose para desaparecer en el acto ¿se podría decir que ninguna existe en tanto que el mar permanece? Esta comparación no deja de tener sus puntos débiles, pues si una ola, en cualquier momento que se la considere, no es otra cosa que mar, no es el mar en su totalidad sino sólo una parte. En tanto que, si hablamos de vacuidad, no estamos tratando con algo sometido a leyes espaciales, de manera que cada "partícula" es en efecto el todo. Es por eso que los chinos prefieren la comparación con el sol cuya imagen se refleja en el agua de múltiples receptáculos: "cada uno de estos receptáculos contiene un sol y cada sol es completo en sí mismo y no obstante idéntico al sol del cielo... y aún más... el sol del cielo de ninguna manera ha sido disminuido por eso." (Huai-Hai, siglo VIII D.C.)
Además, este mismo escritor habla de la Iluminación como de "la identidad de la forma y de la vacuidad". Sin embargo, él indica más adelante dos especies de vacuidad: la que está asociada a la no-vacuidad y "la última vacuidad" que está más allá de la dualidad de la vacuidad y de la no-vacuidad. Es obvio que la vacuidad de la que el místico hace la experiencia es la primera de las dos, porque él llega allí a partir de un estado de conciencia llamado "normal", en el cual la no-vacuidad es constantemente aparente, y se espera que recuperará ese estado después de su experiencia mística.
¿Cómo podría él evitar la comparación de su estado de vacuidad con el estado de no vacuidad que le precede y que le sigue? No obstante, si su experiencia ha sido profunda, sale de su meditación con la total convicción que vacuidad y no-vacuidad no son alternativas, pues ellas son no sólo coexistentes sino además absolutamente idénticas.
Es aquí donde la lógica nos traiciona. Lógicamente nada puede ser a la vez vacío y no vacío, si no es en el sentido que algo pueda tener dos aspectos diferentes. Es por eso que el occidental entrenado a pensar en términos de categorías lógicas cae, hasta cierto punto, en el dualismo. Él puede admitir que, en abstracto, el vacío y el no vacío sean realmente una sola y misma cosa, pero las limitaciones que le impone su formación lógica lo obligan a considerar los dos aspectos coexistentes de la realidad: vacuidad y no- vacuidad, de todas maneras, como transitoriamente separados en alguna medida. El iniciado oriental experimenta el mismo género de dificultad porque su experiencia en el estado místico (de vacuidad) difiere de su experiencia en el estado llamado "normal" (de no-vacuidad); pero, como su espíritu está menos moldeado por la lógica occidental, está desde el comienzo más dispuesto a admitir intelectualmente que el vacío y el no-vacío pueden ser una sola y misma cosa al mismo tiempo. Así en su búsqueda de una experiencia mística realmente vivida de la unidad de ambos, él tiene menos obstáculos que superar.
Se podría objetar que Huai-Hai había también sucumbido a este error del dualismo, porque él indica dos clases de vacío; pero estoy seguro que, menos que nadie, podría ser culpable (o víctima) de un error tan burdo. Es evidente que la distinción que establece es subjetiva: la vacuidad es asociada a la no-vacuidad en el espíritu de los que van y vienen entre un estado de conciencia que percibe todo como no-vacuidad y otro que percibe todo como vacuidad; pero esta misma vacuidad - tal como es ella realmente y aparte de cómo es experimentada y de la persona que lo hace - está por siempre más allá de las distinciones del vacío y del no vacío.
Esta doctrina de la vacuidad, aún si es sólo vagamente comprendida - siempre que no sea mal interpretada - es suficiente para desengañarnos de la idea que el budismo es pesimista. ¿Cómo la muerte o la extinción pueden ser una causa de dolor si absolutamente nadie muere o se aniquila? Tanto tiempo como persistimos en creer que somos verdaderamente entidades individuales, que soportan el nacimiento, el crecimiento, la declinación y la muerte, tendremos suficientes razones para verter lágrimas. Pero cuando - por la práctica de la verdadera meditación - aparece de súbito claramente que "yo" no es "yo", que la conciencia individual no es del todo individual sino que se identifica a esta conciencia luminosa, cuya existencia es independiente, sin objeto, y que es el ser del universo entero - sin nacimiento, sin muerte, increada e indestructible – entonces uno puede permitirse reír ante el pensamiento de la muerte, la propia o la de no importa quién.
Admitamos que haya gente que se aferra a esta vida por fuerza insatisfactoria y a la creencia en la realidad de su yo, de manera tan tenaz para que el pensamiento de perderse en el infinito sea mucho menos atrayente que la creencia en una existencia individual, bajo una forma u otra, que sea eterna. Si nos figuramos que ahora somos individuos, el temor de perder nuestra individualidad bien causarnos una cierta ansiedad; pero para un místico realizado que sabe, sin ninguna duda posible - después de una experiencia vivida - que ninguna individualidad ha existido jamás, el pensamiento de perderla está absolutamente desprovisto de sentido.
Todo lo que vamos a perder - en esta vida o en una vida futura - es la ilusión vana de ser individuos. Es esta ilusión, dicho sea de paso, que es responsable de todas las frustraciones de la vida y de la mayor parte de sus sufrimientos. Es una felicidad perderla.
Si yo mostrara este artículo a uno de mis maestros tibetanos o chinos, me diría probablemente: "¡ Rómpelo ! ¿para qué perder tu tiempo y el de los otros en discusiones filosóficas, en especulaciones desprovistas de sentido, sobre lo que los sutras llaman la vacuidad?
Diez gruesos volúmenes sobre este tema no te conducirían a ti ni a tus lectores, más cerca de una verdadera comprensión. La vacuidad está allí en tu espíritu y por todas partes alrededor. Lo que hace falta, es vivir la experiencia. Cesa entonces de escribir y aún de leer y busca hacer la experiencia directa ahora."
Presumo que este consejo sería acompañado de una sonrisa; pues, en efecto, aún los maestros más iluminados son llevados, en cierta medida, a escribir y a hablar justo lo suficiente para hacer tomar conciencia a sus discípulos que hay un tesoro que buscar, y evitar que corran el riesgo de derrochar las horas y los años sin intentar esta búsqueda.
Por lo tanto, jamás he escuchado a alguno de mis maestros pretender definir la vacuidad. Ellos están mucho más preocupados en proporcionar los métodos gracias a los cuales todo discípulo puede, si tiene suficiente celo, descubrirla por sí mismo, franqueando los estrechos límites de la lógica, sus encadenamientos conceptuales y su dualismo, para penetrar en el dominio ilimitado de la experiencia pura.
Los métodos tibetanos para realizar tal experiencia son multiformes, porque está reconocido que los obstáculos varían según la aptitud natural, la inteligencia y el entrenamiento de cada discípulo. No obstante, todos ellos son muy próximos en su esencia. Para preparar el espíritu al salto hacia adelante, en todos ellos se exige una muy frecuente meditación de un manta que se puede traducir así: "La vacuidad es la esencia de todos los dharmas (objetos, conceptos, etc.) y yo mismo soy también de la esencia de la vacuidad".
El poder de sugestión de la repetición frecuente es muy fuerte, tan fuerte como para ayudar a la destrucción de los obstáculos levantados en el curso de una vida por gente que juzga el mundo fenomenal según la apariencia. La mayor parte de los métodos comprenden también un entrenamiento basado en la representación visual. Una serie de símbolos bien escogidos es visualizada tan a menudo y tan nítidamente como sea posible. Progresivamente estos símbolos se funden el uno en el otro y, luego, en el meditante que se confunde también con el símbolo. El proceso de fusión y de reducción se prosigue hasta que no subsiste sino un punto minúsculo y éste desaparece a su turno en la vacuidad. Naturalmente el proceso rara vez tiene éxito antes de que se haya alcanzado una maestría considerable del espíritu. Sin embargo, pequeños éxitos al comienzo permiten captar lo que resta todavía por realizar.
El valor de una cierta percepción directa o indirecta de la vacuidad es evidente. Si el discípulo está, por experiencia, perfectamente convencido de la relatividad y de la impermanencia de toda cosa - comprendido, naturalmente, su propio yo - él será liberado de su aferramiento a formas e ideas vacías, condición elemental y previa a todo real progreso espiritual. Será libre en el sentido en que nada podrá dominarlo o retenerlo. Su punto de vista sobre todas las cosas de la vida será radicalmente modificado. No será más presa de la codicia, del deseo, del egoísmo, del pesar, del miedo; desprendido de todas las trabas, podrá avanzar libremente por el sendero que conduce a la plena Iluminación.
Cuando se habla de enfrentarse cara a cara con la Vacuidad, se habla de una experiencia infinitamente sagrada, pues la vacuidad no es otra cosa que la matriz de la existencia, la realidad última en la cual el pasado y el porvenir, lo próximo y lo lejano, el Uno y lo Múltiple son transcendidos y donde nada oscurece el resplandor radiante de lo Verdadero. En el estado actual, vemos el Uno bajo el aspecto de lo Múltiple; en un estado más avanzado - la vacuidad menor - veremos lo Múltiple bajo el aspecto del Uno; cuando la meta es alcanzada, se revelan los dos en su forma eterna que transciende toda distinción más allá de las palabras y de los pensamientos.

 

sábado, enero 17, 2026

Práctica de Meditación Budista para la Enfermedad

Hace algunos años realicé un curso de meditaciones budistas, en donde el Lama nos contó una historia antigua sobre un monje que enseñaba en secreto una práctica de imaginación consciente a unos enfermos que tenían lepra. La práctica consistía en que los leprosos debían imaginar el dolor ajeno o la enfermedad de alguna persona que estaba mal físicamente y sentir ese dolor en ellos mismos.
Ellos se imaginaban como llegaba ese dolor, en forma de una nebulosa de color negro, a su corazón espiritual. Luego ellos, venciendo sus propios egoísmos, transformaban ese dolor, ese sufrimiento, esa enfermedad, en energía positiva, salud y amor. Entonces imaginaban como si hubiera una explosión de energía de luz brillante inundando todo su corazón, todo su cuerpo, y que esa misma luz se dirigía energizando y curando a las personas que estaban imaginando.
Lo curioso de esta práctica que no solamente se curaban las otras personas, sino que también algunos leprosos se llegaron a curar realizando estas prácticas imaginando y amando a distancia. A todo esto, el monje tenía un hermano que era un escéptico y bastante malvado, que se ponía a escuchar detrás de la puerta las enseñanzas de su hermano monje sin que este se diera cuenta. En el trascurrir de las semanas, el monje al ver los cambios interiores para mejor que iba sufriendo su hermano, se dió cuenta de que su hermano estaba utilizando las técnicas que él estaba enseñando a los leprosos.
A partir de ese momento aquel monje que comprobó el positivo cambio de su hermano, decidió divulgar esa práctica de imaginación consciente que hasta ese momento era solamente para algunos pocos y así la pudiera conocer todo el mundo". Personalmente he utilizado muchas veces esta práctica, inclusive con mi padre que sufría de un cáncer con metástasis, tenía fuertes dolores en el final de sus días y noté que cuando realizaba la práctica se aliviaban sus dolores y la agonía.
Según Gueshe Kelsang Giatso, es posible que algunas personas malentiendan el objetivo de la práctica y piensen "Yo ya tengo suficiente con mi propio sufrimiento y no puedo tomar el de nadie más". El propósito de esta práctica no es acumular una carga intolerable de sufrimiento, sino aumentar nuestra compasión, estabilizar nuestra experiencia de cambiarnos por los demás y acumular méritos. Puesto que la compasión es la causa de la iluminación podemos tener la certeza que con esta práctica creamos la causa para alcanzar esa meta algún día.
Si realizamos la práctica con sinceridad no nos deprimiremos con nuestros propios problemas. Cuando nos preocupamos sólo de nuestro bienestar nos excitamos o deprimimos con facilidad. Un saludo a todos y espero que utilicen también esta práctica para la curación y sanación de todos los enfermos que se hayan sufrido en cada rincón del planeta.
RECONOCIMIENTO de que TODOS los SERES son NUESTRAS MADRES
Una vez que hayamos generado ecuanimidad, tenemos que generar amor, compasión y bodhichita. Para ello, primero debemos generar amor afectivo por todos los seres sintientes. Con este fin comenzamos contemplando cómo todos los seres han sido nuestra madre en alguna ocasión. PREPARACIÓN Nos refugiamos en las Tres Joyas, generamos la preciosa motivación de bodhichita y completamos las demás prácticas preparatorias.
CONTEMPLACIÓN
Puesto que es imposible encontrar el principio de nuestro continuo mental, podemos deducir que en el pasado hemos renacido numerosas veces. Siendo así, esto significa que hemos tenido también innumerables madres. ¿Dónde están ahora todas ellas? Nuestras madres son todos los seres sin- tientes. Es incorrecto pensar que nuestras madres de vidas pasadas han dejado de serlo porque haya transcurrido mucho tiempo desde que se preocuparon por nosotros.
Si nuestra madre muriera hoy, ¿dejaría acaso de ser nuestra madre? Todavía la consideraríamos como tal y rezaríamos por su felicidad. Lo mismo ocurre con todas las madres que tuvimos en el pasado - murieron, pero siguen siendo nuestras madres. El que no nos reconozcamos sólo se debe a que hemos cambiado nuestra apariencia externa. En nuestra vida diaria nos encontramos con diferentes seres sintientes: humanos y no-humanos. A algunos los consideramos como amigos, a otros como enemigos y a la mayoría como extraños. Este tipo de discriminación es producto de nuestras mentes erróneas y no es verificado por una mente válida.
Como resultado de las diferentes relaciones kármicas que tuvimos en el pasado, algunos seres nos parecen agradables y atractivos, otros desagradables y otros ni lo uno ni lo otro. Tenemos la tendencia a aceptar estas impresiones sin vacilar, como si fueran realmente ciertas. Pensamos que las personas que nos agradan son de por sí agradables, y las que nos desagradan intrínsecamente desagradables. Esta manera de pensar es del todo incorrecta.
Si las personas que nos parecen atractivas lo fueran de manera intrínseca, cualquiera que las viera las consideraría también como tales; lo mismo sucedería con las que consideramos desagradables; pero esto no es así. En vez de asentir a este tipo de mentes erróneas, es mucho más beneficioso considerar que todos los seres sintientes son nuestras madres.
Al encontrarnos con alguien hemos de pensar: «Esta persona es mi madre». De esta manera fluirá un sentimiento ecuánime de afecto hacia todos los seres. Si pensamos que todos los seres sintientes son nuestras madres, nos resultará más fácil generar hacia ellos sentimientos sinceros de amor y de compasión, nuestras relaciones diarias serán más estables y positivas, y de manera natural evitaremos cometer acciones perjudiciales tales como el matar o el hacer daño.
Puesto que el reconocer que todas las criaturas son nuestras madres aporta enormes beneficios, deberíamos adoptar esta manera de pensar sin vacilaciones.
MEDITACIÓN
Reflexionamos de este modo hasta que generemos la convicción de que todos los seres son nuestras madres. Luego, a fin de reafirmar esta resolución, nos concentramos en ella por tanto tiempo como podamos.
DEDICACIÓN
Dedicamos todas las virtudes que hemos creado en esta práctica de meditación para el beneficio de los demás seres mientras recitamos las oraciones de dedicación.
PRÁCTICA SUBSIGUIENTE
Entre sesiones debemos considerar que todas las personas que veamos son nuestras madres. Esto incluye a los insectos y otros animales, así como a nuestros enemigos y demás seres humanos. En vez de clasificar a las personas como amigos, enemigos o extraños, deberíamos considerarlos a todos por igual, como nuestras madres.
De este modo superaremos las actitudes perjudiciales de apego, odio e indiferencia. 5ª Práctica APRECIO DE LA BONDAD DE TODOS LOS SERES Una vez que estemos convencidos de que todos los seres son nuestras madres, a fin de generar amor afectivo hacia ellos, reflexionamos y recordamos lo benevolentes que han sido con nosotros. En esta meditación comenzamos contemplando lo bondadosos que han sido con nosotros cuando fueron nuestra madre, y luego contemplamos la gran bondad que hemos recibido de ellos en muchas otras ocasiones.
PREPARACIÓN
Nos refugiamos en las Tres Joyas, generamos la motivación especial de bodhichita y completamos las demás prácticas preparatorias.
CONTEMPLACIÓN
Cuando fuimos concebidos, si nuestra madre no hubiera querido mantenernos en su seno, podría haber cometido un aborto, y si lo hubiera hecho, ahora no dispondríamos de esta vida humana. Gracias a que tuvo un buen corazón nos mantuvo en su seno y ahora disfrutamos de esta existencia humana con todas sus ventajas.
Cuando éramos un bebé nos cuidó con extremada atención. De no haberlo hecho, lo más probable es que hubiésemos sufrido algún accidente y ahora estaríamos incapacitados físicamente de alguna manera, ciegos o con algún miembro lisiado. Por fortuna, nuestra madre nunca nos descuidó. Veló por nosotros día y noche con gran amor y cariño considerándonos más importantes que ella misma. ¡Cuántas veces al día nos tuvo que salvar de todo tipo de peligros! Por la noche interrumpimos su sueño y durante el día sacrificó sus pequeños placeres por nosotros. Tuvo que dejar su trabajo y cuando sus amigos salían a divertirse, ella se quedaba en casa para cuidarnos.
Gastó todos sus ahorros para proporcionarnos los mejores alimentos y ropas. Nos enseñó a comer, a andar y a hablar. Pensando en nuestro futuro hizo todo lo posible para que recibiéramos una buena educación. Gracias a su extremada bondad, podemos aprender cualquier cosa que nos propongamos. Debido principal- mente a la benignidad de nuestra madre, ahora tenemos la oportunidad de practicar el Dharma y podremos, por último, alcanzar la iluminación.
Puesto que no hay nadie que no haya sido nuestra madre en un tiempo dado en vidas previas, y dado que cuando fuimos su hijo nos trató con el mismo amor y cuidado de nuestra madre actual, podemos afirmar que todos los seres han sido muy benevolentes con nosotros. La amabilidad de todos los seres no se limita al período de tiempo en que fueron nuestra madre.
Todas y cada una de nuestras necesidades diarias nos son provistas gracias a la bondad de otros. Vinimos desnudos al mundo, pero desde el primer día se nos dio un hogar, se nos alimentó y vistió, y se nos proporcionó todo lo que necesitábamos - gracias a la amabilidad de los demás -. Todo lo que disfrutamos es el resultado de la generosidad de otras personas del pasado o del presente. Ahora, con poco esfuerzo podemos hacer uso de muchas cosas.
Si consideramos las facilidades públicas tales como carreteras, automóviles, aviones, barcos, restaurantes, hoteles, bibliotecas, hospitales, tiendas, dinero y demás, es obvio que mucha gente ha trabajado muy duro para que todas estas cosas sean una realidad. Aunque nosotros aportemos muy poco o nada para que el abastecimiento de estas comodidades sea posible, éstas están disponibles para nuestro propio uso, lo que es una muestra continua de la gran benevolencia de los demás. También podemos actualizar nuestra educación secular y nuestro adiestramiento espiritual gracias a la bondad de otros seres.
Todas las realizaciones del Dharma, desde las primeras experiencias hasta los logros de la liberación y la iluminación, las conseguiremos alcanzar gracias a la gran bondad de otros seres.
MEDITACIÓN
Reflexionamos sobre la gran benevolencia de los maternales seres sintientes hasta que generemos un profundo y sincero sentimiento de gratitud. Meditamos entonces sobre este sentimiento de manera convergente.
DEDICACIÓN
Dedicamos todas las virtudes que hemos creado durante esta meditación para el beneficio de todos los seres al recitar las oraciones de dedicación.
PRÁCTICA SUBSIGUIENTE
Cuando realicemos cualquier actividad fuera de la sesión de meditación debemos mantener el reconocimiento de que todos los seres han sido y siguen siendo muy bondadosos con nosotros. Adoptando esta manera de ver a los demás dejaremos de involucramos en críticas y querellas contra el prójimo, y pronto alcanzaremos las realizaciones de amor, compasión y bodhichita. 6ª practica.
GENERACIÓN DE ECUANIMIDAD
Por lo general, nuestras actitudes emocionales hacia los demás son desequilibradas. Cuando vemos a un amigo o a alguien que nos resulta atractivo, nos alegramos de forma desmesurada; cuando nos encontramos con algún enemigo o persona que no nos agrada, inmediatamente generamos un mal sentimiento hacia ella; y cuando tropezamos con un extraño o con alguien que ni nos gusta ni nos disgusta, sentimos indiferencia.
Estas actitudes desequilibradas son el obstáculo principal que nos impide generar amor imparcial, compasión y bodhichita, realizaciones fundamentales del camino maha- yana. Mientras tengamos estas actitudes, nuestra mente será como un campo árido y rocoso en el que no es posible que crezcan los frutos de las realizaciones mahayanas. Nuestra tarea principal es, por lo tanto, liberar la mente de esta inestabilidad emocional y desarrollar verdadera ecuanimidad hacia todos los seres sintientes.
PREPARACIÓN
Nos refugiamos en las Tres Joyas, generamos la preciosa motivación de bodhichita y completamos las demás prácticas preparatorias.
CONTEMPLACIÓN
Tenemos que recordar que, en vidas previas, el que ahora es nuestro mejor amigo en numerosas ocasiones fue nuestro peor enemigo y viceversa. Incluso en esta vida de tan corta duración, estos cambios se repiten constantemente en nuestra convivencia con los demás.
No existe verdadera certeza en las relaciones. En el pasado nos hemos sentido cerca de muchas personas que ahora consideramos extrañas, y llegará un día en el que nos sentiremos alejados de nuestros amigos más íntimos. Por lo tanto, no tiene ningún sentido que sintamos apego por unos y aversión o indiferencia por otros. Pensando de este modo podemos abandonar nuestras actitudes de apego, aversión e indiferencia, y cultivar, por el contrario, un sentimiento ecuánime de afecto por todos los seres sintientes.
MEDITACIÓN
Después de haber contemplado estos puntos generamos tres resoluciones:
1 Voy a liberar mi mente de actitudes desequilibradas hacia los demás.
2 No voy a generar apego, odio o indiferencia por ningún ser.
3 Voy a mantener una actitud ecuánime de afecto y consideración hacia todos los seres sintientes.
Meditamos en estas tres resoluciones de manera convergente por tanto tiempo como podamos.
DEDICACIÓN
Dedicamos todas las virtudes que hemos creado en esta meditación para el beneficio de todos los seres sintientes mientras recitamos las oraciones de dedicación.
PRÁCTICA SUBSIGUIENTE
Debemos mantener estas tres determinaciones día y noche, haciendo brotar un sentimiento afectuoso cada vez que nos encontremos o pensemos en alguien. Si podemos conseguirlo, no habrá ninguna razón por la cual sentir apego u odio, y nuestra mente disfrutará de tranquilidad.
PRÁCTICA BUDISTA Nº 3 MUERTE E IMPERMANENCIA
HAY TRES MODOS DE UTILIZAR LA EXISTENCIA HUMANA DE MANERA SIGNIFICATIVA: AFIN DE ASEGURARNOS DE QUE RENACEREMOS COMO UN SER HUMANO O UN DIOS EN NUESTRA PRÓXIMA VIDA, PARA LOGRAR LA LIBERACIÓN O PARA ALCANZAR LA ILUMINACIÓN TOTAL. ESTOS LOGROS DEPENDEN DE NUESTRO ADIESTRAMIENTO EN EL DHARMA, PERO NUESTRA PREOCUPACIÓN POR LOS ASUNTOS MUNDANOS ES TAN GRANDES QUE POCAS VECES GENERAMOS EL DESEO DE PRACTICAR. ÉSTE ES NUESTRO OBSTÁCULO PRINCIPAL. PARA SUPERARLO DEBEMOS MEDITAR SOBRE LA MUERTE. CONTEMPLACIÓN PENSAMOS: "EL HECHO DE QUE VOY A MORIR ES DEFINITIVO.
NO HAY MANERA DE IMPEDIR QUE MI CUERPO DEGENERE. DÍA A DÍA, MOMENTO A MOMENTO, MI VIDA VA DESAPARECIENDO, COMO LA ARENA QUE SE DESLIZA ENTRE LOS DEDOS. LA HORA DE MI MUERTE ES INCIERTA, LA MUERTE ME ESPERA EN CUALQUIER INSTANTE. MUCHOS JÓVENES MUEREN ANTES QUE SUS PADRES; ALGUNOS NADA MÁS NACER; NINGÚN SER HUMANO TIENE CERTEZA RESPECTO A LAS CIRCUNSTANCIAS DE SU MUERTE. HAY MUCHAS CAUSAS QUE PUEDEN PRODUCIR UNA MUERTE PREMATURA. LAS VIDAS DE MUCHA GENTE FUERTE Y SANA SE HAN PERDIDO EN TODO TIPO DE ACCIDENTES. NADIE PUEDE GARANTIZARME QUE NO VOY A MORIR HOY MISMO".
MEDITACIÓN DESPUÉS DE HABER REFLEXIONADO SOBRE ESTOS PUNTOS, REPETIMOS MENTALMENTE: "QUIZÁ ME MUERA HOY, ES MUY POSIBLE QUE ME MUERA HOY" Y NOS CONCENTRAMOS EN EL SENTIMIENTO QUE ESTE PENSAMIENTO EVOCA. AL CABO DE UN RATO CONCLUIMOS "PUESTO QUE HE DE PARTIR PRONTO DE ESTE MUNDO, NO TIENE NINGÚN SENTIDO QUE ME APEGUE A LOS DISFRUTES MUNDANOS. EN VEZ DE ELLO, VOY A DEDICAR LA VIDA ENTERA A LA PRÁCTICA DEL DHARMA". ENTONCES NOS CONCENTRAMOS EN ESTA CONCLUSIÓN POR TANTO TIEMPO COMO PODAMOS. DEDICAMOS TODAS LAS VIRTUDES QUE HEMOS CREADO EN ESTA MEDITACIÓN PARA EL BENEFICIO Y LA FELICIDAD DE TODOS LOS SERES CON LA RECITACIÓN DE LAS ORACIONES PERTINENTES.
PRÁCTICA SUBSIGUIENTE
DURANTE EL DESCANSO DE LA MEDITACIÓN HEMOS DE ESFORZAMOS EN SUPERAR LA PEREZA QUE OBSTACULIZA NUESTRA PRÁCTICA DEL DHARMA. RECONOCIENDO QUE LOS PLACERES MUNDANOS SON FALACES Y QUE NOS DISTRAEN EN NUESTRO OBJETIVO DE UTILIZAR LA VIDA DE MANERA SIGNIFICATIVA, DEBEMOS ELIMINAR NUESTRO APEGO HACIA ELLOS. DE ESTE MODO SEREMOS CAPACES DE SUPERAR EL OBSTÁCULO PRINCIPAL DE NUESTRA PRÁCTICA ESPIRITUAL.
BUDISMO: PRÁCTICA Nº2
La gran compasión La gran compasión es el deseo espontáneo de liberar a todos los seres del sufrimiento del samsara. Una vez hayamos generado amor afectivo hacia todos los seres, si entonces contemplamos cómo están atrapados en el samsara, soportando problemas sin cesar, desarrollaremos con facilidad compasión hacia ellos. Si reflexionamos sobre este punto, nos daremos cuenta que de que todos están padeciendo terribles tormentos.
Hemos de contemplar estos sufrimientos ajenos hasta que generemos en nuestro corazón un fuerte sentimiento de misericordia hacia todos los seres. A continuación, meditamos sobre este sentimiento sin distracciones. Cuando hayamos generado la mente de gran compasión hacia todos los seres, hemos de pensar: "Quiero liberar a todos los seres del samsara, pero ¿Cómo puedo conseguirlo? Mientras yo mismo permanezca en el samsara, no tendré capacidad para ayudarles. Si no soy capaz de resolver ni mis propios problemas, ¿cómo podré solventar los de los demás? Solo un Buddha tiene el poder de proteger a todos los seres sintientes y de brindarles una felicidad sin contaminar.
Por tanto, para cumplir mi deseo de liberar a todos los seres del sufrimiento, voy a alcanzar el estado de Buddha." Podemos meditar en este pensamiento una y otra vez hasta que lo generemos de manera espontánea día y noche. Cuando sea así, habremos logrado la verdadera realización de la bodhichitta y nos habremos convertido en un bodhisattva, en un hijo o hija de los Buddhas.
El mero deseo de llegar a ser un Buddha para el beneficio de todos los seres es lo que se llama "la bodhichitta aspirante". PRÁCTICA BUDISTA Nº 1 Hay una meditación budista muy interesante para practicar." En primer lugar, he de poner el esfuerzo en meditar para igualarme a los demás. He de proteger a todos los seres como a mí mismo, porque todos somos iguales en que deseamos felicidad y no dolor". "Así como yo deseo lograr una felicidad duradera, los demás seres también lo desean, y en este sentido todos somos iguales.
¿No es por lo tanto injusto desear mi propia felicidad al mismo tiempo que me olvido de la de los demás?" "Ahora poseo esta preciosa existencia humana que es tan difícil de conseguir. Si no la aprovecho para alcanzar la Budeidad desperdiciaré una oportunidad de oro. Para lograr la iluminación tengo que igualarme a los demás. Si lo consigo, seré capaz de adiestrarme en las prácticas de tomar y dar, cultivar las preciosas mentes de compasión y bodhichita y finalmente alcanzar la iluminación." "Aunque no seamos capaces de ayudar directamente a los demás, deberíamos intentar generar la intención de hacerlo.
Si cultivamos esta aspiración cada vez con mayor intensidad encontraremos de manera natural el modo de ayudarles." "Puesto que nadie desea el menor de los sufrimientos ni se contenta con la felicidad que posee, no hay diferencia entre yo y los demás; comprendiendo esto, ruego tus bendiciones para poder con alegría hacer felices a los demás."