miércoles, noviembre 12, 2008

Inadecuación Escencial

Sobre la soledad de la lucidez,

por Eduardo Sosa

La inadecuación esencial se definiría como el sentimiento de la persona que, teniendo un nivel de conciencia más desarrollado que quienes lo rodean, no puede asumirlo como tal, sino que lo vive íntimamente como si esto fuera un defecto. Se siente inadecuado en donde todos parecen estar cómodos; se ve incomunicado en donde todos parecen comunicarse con códigos que no logra aprehender; se encuentra buscando los porqués profundos en donde todos transitan livianas superficialidades... y padece su condición como si fuera un estigma.

Ya lo había descripto con otras palabras Platón, cuando formuló su alegoría de la caverna: un lugar mítico subterráneo en el cual sus habitantes estaban habituados a transitar, desde niños, encadenados en la oscuridad. Sus cabezas estaban obligadamente direccionadas hacia las sombras que se proyectaban en las paredes, generada por la luz del Sol que penetraba, desde lo alto, por la entrada de la cueva. Consideraban esas sombras como la única realidad. El Sol de esta alegoría representaría la Vida, la Verdad. ¿Qué pasaría si de entre esos cientos o miles de hombres, alguien audaz, intrépido, se aventurara a romper sus cadenas y ascender hacia la luz? ¿Cómo podría volver luego a explicarles a los demás que esas sombras no son la Realidad? ¿Cómo podría evitar ser visto como un desquiciado, un excéntrico, un fabulador... un "raro"?

La inadecuación esencial es la figura psicológica que corresponde a quien conoce -o al menos intuye- que hay otra Realidad fuera de la caverna. Quizás no lo sabe aún claramente, quizás sólo lo presiente y simplemente no admite, no soporta permanecer pasivo y encadenado, conforme con las fantasmagorías de las sombras contra la pared. Y ese rechazo a lo consensuado, esa percepción más lúcida que le hace distinto de la gran mayoría, lo sumerge en una cruda soledad. Muchas veces, inclusive, le lleva a dudar de su propia cordura: "Algo en mí debe andar mal".

Siendo que universalmente los condicionamientos van sepultando nuestra real naturaleza esencial, podría decirse que en este tipo de individuos la personalidad no llegó a reprimir totalmente a la esencia, al verdadero Ser. Si al primer proceso (represión de la esencia) las Tradiciones de Sabiduría le llaman "estar dormido", lo que en este otro caso sucede es que la persona no se durmió del todo, no se produjo un total olvido del Sí Mismo. (Para facilitar saber a qué tipo de estructura psicológica nos referimos, hemos consensuado llamarle ines a quien padece de esta inadecuación esencial. Sería extenso para este artículo hacer la distinción del ines respecto de otras figuras vinculadas a la Psicología en general y a la Psicopatología en particular, tales como el trastorno de la personalidad por evitación, los trastornos narcisistas o esquizotípicos. En principio, el ines puede ser definido como un metatrastorno, y quien lo vivencia puede tener núcleos patológicos en su estructura, o no tenerlos. La mayoría de los ines desarrollan trastornos psicológicos cuando no encuentran lugares apropiados donde establecer vínculos con otras personas de similar condición.)

En lo personal, puedo decir que conozco esta estructura psicológica no sólo por haber acompañado durante años a personas que padecían esa situación, sino también porque la he encarnado durante la mayor parte de mi vida (y también aquellos con quienes tengo mayor intimidad afectiva). Sobre todo en la niñez y la adolescencia, comprender el fenómeno psicológico que se está dando en nuestro interior se vuelve vital, dado que es usual que el ines sea rechazado por el entorno (por distinto, por cuestionador, por no ajustarse al promedio). Y lo peor que podrá pasarle es que además de ser rechazado por el entorno, padezca ese rechazo no sólo respecto de sus seres queridos, sino también respecto de sí mismo: el autorrechazo es algo que todo ines tendrá que trabajar intensamente.

¿Cuáles son, en resumidas cuentas, las características que distinguen esta figura respecto de otros tipos de inadecuación social? Quiero señalar al menos algunas de ellas, a sabiendas de que éste sería un tema como para explayarse mucho más largamente:

El ines tiene una característica necesidad, profunda y sostenida en el tiempo, de hurgar en el Sentido de la vida. Pero no sólo de la propia vida, sino de la vida en general, referida a todos los seres sintientes y a la raíz de todos los fenómenos. Hay preguntas macrodimensionales que trascienden lo inmediato, y que ninguna creencia ni ninguna explicación fácil pueden satisfacer. Esa pregunta perenne está instalada como fundamento de la propia identidad, y se manifiesta día a día (no sólo circunstancialmente), generando una mezcla de angustia existencial, y de asombro ante el Misterio.

Experimenta también un dolor peculiar, caracterizado por padecer la mediocridad en todas sus manifestaciones, entendiéndola como un desvío respecto de lo verdaderamente importante. Se siente una honda tristeza al ver cómo a los demás se les va la vida en asuntos inconsistentes, en cómo eligen lo burdo en vez de lo Bello, lo superficial en vez de lo que tiene hondura. Le duele la mezquindad, la falta de valores, la hipocresía. Pero esto no es sólo respecto de los demás (lo cual sería más propio de la estructura narcisista): también siente dolor respecto de la propia mecanicidad, de las propias elecciones de vida ejecutadas desde los lugares internos menos evolucionados.

Es como si una parte de sí más despierta padeciera lo que las partes más inmaduras van decidiendo. Esta fricción requiere de un trabajo seriamente realizado sobre sí mismo. La ignorancia propia y la ajena, la falta de valores éticos, la predominancia de la chatura, pueden resultar lacerantes, y generar un sentimiento de impotencia que oscila entre la irritación y la compasión. La inadecuación se hace extensiva no sólo a lo social inmediato, sino a la sensación persistente de haber nacido en el planeta equivocado y en la época incorrecta...

Un rasgo clave del ines es el experimentar una marcada dificultad para establecer vínculos sociales, tendiendo a sentirse inepto, inapropiado en cualquier entorno, y eligiendo entonces con frecuencia la soledad como un modo de no quedar expuesto a ese sentir. Pero esa soledad le resulta dolorosa, pues no es totalmente elegida, sino que no encuentra otra opción: hay un anhelo de correspondencia, de comunicación, pero reales impedimentos para encontrar con quiénes establecer ese tipo de vínculo (no conformándose con ligazones superficiales en función de lo intrascendente).

Es bastante frecuente también que, desde esa estructura interna, la persona establezca relaciones en donde inicialmente puede haber habido un contacto recíproco más esencial, pero que no pudo sostenerse en el tiempo (o sea, se dio sólo momentáneamente y bajo determinadas circunstancias); el desarrollo posterior de ese tipo de vínculos suele desembocar en la construcción de proyecciones e idealizaciones sobre un otro al que en verdad no se conoce. Desde la inexperiencia vincular y la dificultad de relacionarse, el ines puede construir vínculos tortuosos o fallidos, cuyo fracaso hiere seriamente su sensibilidad y propende a que tienda a cerrarse más aún sobre sí mismo, peligrosamente.

Tal como sería en un miembro de una especie en vías de extinción que puede hallar raramente un ser afín, el ines experimenta serias dificultades para encontrar a sus verdaderos pares. Sin embargo, si realiza un trabajo sobre sí mismo para comprender sus dificultades vinculares, y para permitirse transitar por donde pueda encontrar compañeros de camino, la persona puede establecer relaciones que generalmente se destacan por la sensibilidad compartida, por la profundidad de lo íntimo, por la solidaria reciprocidad, y sobre todo por la autenticidad que deviene del contacto esencia-a-esencia.

Tanto en el área terapéutica como en los grupos de estudio (ya sea presenciales o virtuales) es observable cómo, si se crean las condiciones apropiadas, se propicia el despliegue de relaciones sanas, sinérgicas, en las cuales el encuentro con el otro resulta altamente sanador, y un acicate para ir desplegando todo lo que se es.

Conocer esta figura interna que denominamos inadecuación esencial, se vuelve un factor indispensable a la hora de ayudar en la labor. Es indispensable discernir que no estamos en presencia de una patología en sí misma, sino de una condición de lucidez sensible, que, en todo caso, probablemente, debido a su profundidad tan peculiar, requerirá auxilio para funcionar saludablemente. Desde el conocimiento de este patrón estructural el terapeuta podrá ayudarle al ines a desplegar su máximo potencial, y a convertir el autorrechazo en maitri (lo cual en la Psicología del Yoga se traduciría como una "amistad incondicional consigo mismo").

El ines suele sentir algo así como que nació en el planeta equivocado, y en la época equivocada. Nuestro planeta y nuestra época necesitan que los seres que tengan el don de una mayor lucidez sean ayudados a ayudarse y a ayudar a otros a reconocer quiénes son.