jueves, noviembre 18, 2021

La Búsqueda Más Importante

Daniel López

¨La resistencia a considerar como hipotético el factor de una voluntad se ha convertido en una ceguera inexplicable que limita el interés por la exploración sobre este campo y que parece inaudita a los espíritus inquietos al no haber propulsado labores orientadas a su comprobación. Tal parece que la sola posibilidad de una inteligencia no humana supera la capacidad de asimilación de algunos y agarrota los músculos intelectuales del resto quedando sin acción y sin respuestas el más formidable descubrimiento de todos.¨

Los acontecimientos internacionales, los conflictos y políticas internas de muchas naciones parecen haber acentuado la sensación de un estancamiento de las informaciones sobre el otrora agitado panorama Ovni.

La sensación de una apenas sinuosa línea de pulsos noticiosos puede sin embargo responder a otras circunstancias que nada tienen que ver con una desaceleración casuística que en otros momentos promueve el interés de los medios. No solo debemos considerar que los grandes movimientos sociales generados por guerras o nuevas políticas monetarias ocupen la atención de las personas, existe de hecho una saturación previsible de interés por las noticias devenidas de la explotación excesiva de temarios e historias recicladas, de insistencia banal sobre nudos gordianos, de posturas y debates en buen número fútiles que hartan, carecen de novedad y están muy lejos de apreciar y ocuparse de los problemas presentes que depara el fenómeno Ovni en toda su magnitud.

Hay un notable marasmo en la prosecución de ideas y proyectos serios orientados a enfrentar los desafíos irresueltos de la problemática que nos ocupa y se recurre sin pudores intelectuales a machacar en puntos que entretejen la sensación que navegamos sobre un remolino sin alejarnos demasiado y nunca del mismo lugar. ¿No progresa el pensamiento deductivo o estamos enviciados de callejones sin salida?

LA TRAMPA...

Evidentemente resulta lógico que el variopinto concierto de temarios sin fundamento casuístico generaran con el tiempo una desazón por falta de novedades importantes. Todo aquello que nace puramente de la imaginación y el sensacionalismo tarde o temprano encuentra la línea fronteriza de su propia expansión merced a la falta de sustento racional pudiendo mostrar como artilugio de continuidad una serie de factores reactivantes desde la propia usina desde donde se los generaron, o sea más fantasía, más espectacularidad amarillista que termina tan alejada de la realidad que molesta todo genuino interés por saber e informarse, que comete la irresponsabilidad de desviar la opinión de la gente de los temas trascendentes.

La ensoñación de esta parte encastrada de la ovnilogía mundial también es inserción de la tan olvidada desinformación o estrategia de deformación informativa que por lo general son aplicadas a los segmentos de datos sancionados como peligrosos o inconvenientes según las imposiciones de las políticas internas o transnacionales ligadas invariablemente a las agencias de inteligencia.

Todo ello ha palidecido de tono enfermizo la expectante curiosidad publica que al principio del boom mundial de los ovnis veía en ellos uno de los enigmas más profundos y movilizadores de la humanidad; en todos estos años la saturación antes aludida, adrede o espontánea, ha relativizado el impacto y lo tornó turbio, laberíntico y hasta aburrido.

La pintura resultante es la estrafalaria imagen de los grises raptando gente, haciendo pactos que sonrojarían a los especuladores, vinculándose la hipótesis extraterrena con los movimientos contactisticos o la búsqueda de la evolución espiritual. Pretexto justo para que un escepticismo disfrazado de hiper racionalismo desnude la abundosa e incomprobable cantidad de datos inconexos, la disminución de un interés investigativo y el entretenimiento del pseudo análisis por Internet donde se absorbe una cantidad de datos nunca posible de cualificar ni cuantificar mezclando lo genuino con lo ímprobo, lo fácil o lo insondable, inhibiendo por tal avalancha de recursos la necesidad de la tarea de campo.

El pasatiempismo que ha suplantado la actitud científica, el cómodo revisionismo posible de adquirir mediante un ordenador, la falta de fuentes confiables y la cantidad de residuos intelectuales atados a una pretendida preocupación por mantener vigente el parecer de unos pensamientos personalistas tampoco colaboraron en la evolución y el descubrimiento de nuevas facetas temáticas que existen sin embargo aisladas y perdidas en la intimidante manifestación del número de propuestas lanzadas como opciones al mercado de lo insólito.

Pero como decíamos esa visión compleja y apabullante apenas perfila la magnitud del fenómeno en cuestión y sus reales implicancias en la sociedad, y pasa inadvertida todavía como un factor de conflicto a gran escala sin nombrar lo que puede significar al futuro del hombre su resolución verdadera.

¿Cómo medir su magnitud? ¿Cuál es el instrumento de la renovación temática que impida las trampas y los fracasos, los callejones sin salida? A la esencia del fenómeno debemos ir.

LA RACIONALIDAD

Muchas veces se confunde a la racionalidad con escepticismo o prejuicio así como la actitud científica es confundida con la rigidez dogmática. Lo racional, como iniciación de un espectro de posibilidades analíticas que forman un recurso básico de investigación es sinónimo de seriedad, razón, amplitud, evaluación y exploración. No se es poco objetivo o serio por investigar Ovnis sino por la forma de asumir y admitir los datos y reconocer la validez de procedimientos y fuentes, por la manera de valorar sucesos y personas, por comprender el medio, las consecuencias y la factibilidad de un hecho. Principalmente la investigación es una actitud antes que los requerimientos de la disciplina y se puede ser tan serio o facilista como lo sea nuestra forma de resolver los entuertos u opinar sobre ellos. Es dable que algunos diplomados científicos puedan parecer tan antagónicos a la ciencia como el mismo pensamiento mágico y la verdad es que en la cuestión de los Ovnis la liviandad ha estado más emparentada a la falta de esfuerzos de trabajos de campo que a la libertad deductiva con la que a veces se suplanta la falta del mismo.

No se conciben las aptitudes profesionales sin la residencia y la práctica, y no se puede tener el mínimo aplomo en lo concerniente a los no identificados si antes no se ha estado o no se permanece en contacto con el medio que le es propio, se puede opinar sobre la opinión o juzgar sobre lo juzgado pero sin la base de su esencia se convierte en un círculo vicioso.

A decir verdad se ha estado más lejos que cerca de conocer el medio Ovni. Las espectaculares propuestas del proyecto Hessdalen, la comunión de intereses observadas durante la oleada de Ovnis triangulares en Bélgica, las iniciativas aisladas de los análisis y trabajos respecto del enigma de los círculos de Inglaterra o las redes informativas entre investigadores no han sido lo corriente, lamentablemente. Muchos emprendimientos dieron forma a movimientos interesantes que concluyeron su vida útil tornándose en clubes sociales donde la autocrítica apenas sobrevivía al entusiasmo y la exploración no podía sostenerse en medio de las necesidades de la autosatisfacción, el pasatiempo y la novedad. Les fue tan difícil sostener la mínima disciplina que confundieron la amplitud del criterio con la aceptación de casi cualquier cosa. A lo largo de los años cientos y tal vez miles de grupos inquietos se han formado y se han desintegrado paulatinamente, muchas veces por falta de recursos, otras tantas por falta de coincidencias, perspectivas comunes e incentivo. Su fallo no es el amateurismo o la sencillez de los recursos, muy probablemente se deba al límite que impone la carencia de una continuidad y una vivencia en el medio antes aludido donde se templa la personalidad al calor de las experiencias y los relevamientos, donde se pone a prueba al intelecto bajo el manto de lo increíble y lo mundano.

Pero en la prosecución de los recursos de ideas es donde se falla más comúnmente y esto se ha visto reiteradamente en posturas y fines, y es que no se hace una valoración del fenómeno como tal más allá de la hipótesis base que se sustenta previamente. El Fenómeno Ovni, por virtud o complejidad, es la encrucijada de muchos caminos a la vez.

Es esencialmente un evento multifacético. A él acuden datos físicos, percepciones ordinarias y no ordinarias, temporalidad, regionalidad, relaciones históricas y unos hechos imposibles de medir por falta de posibilidades de mensura que ocupan buena parte de la resistencia que produce en los ámbitos académicos. La ecuación perfecta sobre le peso aportado por cada disciplina y contexto resulta lo difícil de lograr como equilibrio y muchas veces el excesivo peso de un factor entre otros tiende a desenfocar la importancia de sus componentes.

Si se trabaja con la premisa de lo extraterrestre únicamente puede alterarse una correcta valoración de la evidencia así como al revés, pude resultar un falso instrumento desmerecer un fenómeno anómalo por el solo hecho de conformar un requisito de investigación, y a los hechos todo lo que es Ovni es primeramente anómalo y debe constatarse esa peculiaridad con los mejores recursos de la razón y el análisis sin desmerecer cualquier posibilidad y variable.

Pero lejos de aportar un manual de consideraciones sobre los criterios de investigación prima la urgencia de hacer notar que la perspectiva dada por la actividad de campo es única e intransferible porque el propio trabajo da la claridad sobre el equilibrio y la amplitud que alcanza, y desestima por lógica evidencia los entretenimientos fútiles que se profesan como verdades que pocas veces o casi nunca encuentran justificación visible y palpable en la realidad.

Pero esto es solo una parte.

No solo no ha descendido la casuística y los hechos extraordinarios, muy probablemente hayan crecido en magnitud o conozcamos una muy pequeña porción de lo que ocurre por falta de un relevamiento global de sucesos jamás alcanzada después de 50 años de trabajo. Todas las experiencias conocidas, todos los sucesos capitales forman la arista apenas visible de un cuerpo enorme que yace oculto y contenido por los paisajes, las leyendas, las distancias y la falta de iniciativa de campo, y es, con este panorama auténtico, muy difícil de determinar la magnitud del problema, sus implicancias y sus derivaciones.

En cualquier parte no relevada puede ocurrir un hecho que proponga una nueva perspectiva del asunto o que haga añicos la postura más aceptada de la Ovnilogía, y hay tal cantidad y variedad de elementos de juicio desconocidos que incluso entre esa parte ciega también puede ocultarse una pieza fundamental de probatoria. El entretenimiento fuera del ámbito propio del Ovni puede resultar un retraso a las posibilidades de aportar un elemento de valor porque desvía el objetivo básico que es palpar y medir la realidad y no las posturas personales únicamente.

La falsa idea que se ha visto casi todo o que las comunicaciones nos ponen a la mano de la mayor parte de los acontecimientos puede significar el peor de los errores porque apenas abarcamos un pequeño porcentaje de todo lo que es y esto se comprueba al echarse a andar por los caminos y descubrir regiones enteras jamás incluidas al mapa general de los Ovnis.

Es improbable que las estadísticas se atrevan a aventurarse sobre lo que no se conoce, sobre lo inexplorado. Es esa región virtual y a la vez palpable la que exige una militancia comprometida en la investigación, la comunión de esfuerzos por realimentar el tibio fogón de donde surgen las ideas y las especulaciones porque entre una de las sensaciones que mejor describen el panorama actual es que falta fuego en el caldero, y el fuego no es más que el símbolo de todos los sucesos que permanecen lejos de nuestros ojos, y nuestras mentes...

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Tanto más se profundiza en las raíces del fenómeno tanto más crecen las disciplinas que intervienen como auxiliares a su tratamiento. Antes se pensaba que los Ovnis eran un problema científico, especialmente adscripto a la física, la astronomía, la exobiología. Hoy el espectro abraza a la antropología, a la historia, a la psicología, a la sociología y tiene una raigambre humana que solo malintencionadamente fue explotada como causante de todo lo referido a experiencias Ovnis cuando en verdad se asoma la certeza que, fuera lo que fuese el fenómeno, posee una indudable tendencia a la relación antropocéntrica que no es posible de observar en otro evento de la naturaleza, salvo en las especies vivas, esto es que el fenómeno como tal no solo comparte el medio social del hombre, podemos sospechar que lo ¨invade¨ por factores no mecánicos o casuales. ¿Lo hace intencionadamente?

Todo lo que forma el abanico Ovni, desde los elementos que promueven la idea de una tecnología no humana hasta los fenómenos sospechosamente emparentados a la naturaleza física de la Tierra actúan como conjuntos (como lo venimos sosteniendo en diversos trabajos) y por supuesto su inclusión al índice de los No Identificados se debe a la anomalía que sus rasgos perfilan, muchas de ellas emparentadas a ¨conductas¨ por propia dinámica y no solo por juicio apresurado de los investigadores.

No solo está la apariencia de naves que muchos de estos fenómenos ostentan como origen de una posible inteligencia, también está el movimiento sobre el hombre, vivencias que conducen a la correcta aplicación del término ¨interacción¨ que afirma en primer instancia que todo el fenómeno por lo menos responde a la acción de una voluntad.

¿Por qué importa la voluntad?

Parece una obviedad decir que es lo trascendente pero hace falta reafirmarlo. En buena medida la lisa y llana aceptación de entidades inteligentes como responsables de lo Ovni no es suficiente, hay que demostrarlo. El entretenimiento hace a este factor preponderante un punto menor pero a la perspectiva de la ciencia, de la interacción y de la opinión publica no alcanza con creerlo por más que los grises sean el emblema o que los comandantes galácticos sirvan de excusa para considerar esta obviedad como intranscendente. Es un hecho que la humanidad sigue estando tan lejos de esa supuesta inteligencia como cuando se sostenía sin pudor que los contactos crecerían y traerían luz al mundo, no solo no lo hicieron, parece que nunca lo harán.

Una falla tan grave en el diagnóstico no solo arrastró vidas al fanatismo, también lo hizo a la muerte, y peor aún, a la perdida de la razón y la locura.

El verdadero enigma es no solo demostrar que hay una inteligencia sino además comprenderla como camino inexcusable a una comunicación. Efectivamente, poco o nada se ha ensayado una interacción seria sobre el convencimiento de la inteligencia y es probable que esto se logre reasumiendo los datos de la casuística y la exploración del medio Ovni, seno de todas las respuestas que aún faltan.

La resistencia a considerar como hipotético el factor de una voluntad se ha convertido en una ceguera inexplicable que limita el interés por la exploración sobre este campo y que parece inaudita a los espíritus inquietos al no haber propulsado labores orientadas a su comprobación. Tal parece que la sola posibilidad de una ¨inteligencia no humana¨ supera la capacidad de asimilación de algunos y agarrota los músculos intelectuales del resto quedando sin acción y sin respuestas el más formidable descubrimiento de todos. Empero debemos admitir que iniciativas en este sentido pudieran haberse dado o se darán en el futuro sin intervención de los investigadores privados ni conocimiento del publico en general lo que deja a la investigación civil y los proyectos grupales independientes la responsabilidad de transmitir a la opinión publica los logros que en este campo suceden.

La tarea parece superar toda capacidad pero cuando el interés general es obviado no queda otro camino que suplir el silencio con esfuerzo y movilización. La verdad es que el fenómeno Ovni pone al individuo común en una situación protagónica muy a pesar de las consideraciones oficiales y los prejuicios sobradamente expresados, y en este desafío de proporciones cualquier ciudadano pude aportar elementos significativos al desarrollo de un análisis a cara descubierta. De hecho algunas iniciativas medianamente oficiales y reconocidas toman los testimonios ciudadanos y los aportes de grupos independientes como valores imprescindibles a su juicio.

Esto supone que las dificultades que enfrenta la temática en lo que respecta a los trabajos individuales debe poner mayor énfasis en cubrir el casi desolado territorio de la experimentación y la comprobación primaria de la existencia de una ¨voluntad¨. Es posible, es más, es un trabajo indelegable para toda aquella persona que se sumerge decididamente en la búsqueda de la verdad sobre los Ovnis, no importa cuantas condenas, reparos y críticas surjan por la decisión de hacerlo, al fin y al cabo nadie puede estar seguro quienes o en que circunstancias aportarán el dato clave a este respecto, lo que si es seguro es que no vendrá del mismo lugar que se ha empeñado en desprestigiar todo lo concerniente a los No Identificados.

¿POR DONDE EMPEZAR?

Algunos puntos son elementales para considerar este tipo de búsqueda.

En primer término hay que reconocer la naturaleza de un fenómeno esquivo, difícil de relevar y comprender sino mediante lo testimonial pues raras veces el investigador tiene la oportunidad de presenciar fugazmente una imagen del objeto en estudio para hacer sus propias valoraciones.

En segundo término se debe aceptar que la determinación de una inteligencia, de que todo el fenómeno responde a una voluntad, supone que todo movimiento, toda circunstancia en torno a una experiencia puede tener potenciales rasgos de conducta por más simples o complejos sean los parámetros que el propio fenómeno posee. A este punto debemos agregar que no hay comparación a la mano que pueda ayudar a definir o interpretar el tipo de voluntad o intencionalidad que se manifiesta, salvo reconocer en su dinámica rasgos de anomalía poco probables de achacar a efectos mecánicos del fenómeno. Podemos incluir en este grupo a las cuantiosas experiencias de persecuciones e interacción, o los momentos en que dicho fenómeno parece interactuar con los eventuales observadores.

En tercer término hay que tomar en cuenta muchos de los difundidos aspectos del movimiento Ovni. Vale la pena retomar algunos conceptos largamente vertidos en Gaceta Ovni que son puntos básicos para expandirnos en nuevos territorios de exploración. 

1- La anomalía.
La comprobación de esta faceta del fenómeno determina que se está ante un evento Ovni genuino.

2- La Interacción.
En la dinámica y su relación antropocéntrica, o sea con el testigo, se puede determinar un movimiento mecánico o una intención. 

3- Las constantes temporales y espaciales.
Las reiteraciones temporales y geográficas determinan un componente de previsibilidad que es insoslayable para cualquier iniciativa investigativa sobre la verdadera naturaleza del fenómeno en cuestión.

4- La relación social.
Tanto la temporalidad como la territorialidad concluyen en la interacción de una comunidad con el fenómeno y propone rasgos continuos de relación que se reiteran y pueden ser considerados como elementos primarios de una convivencia embrionaria de enorme interés sociológico y humano respecto de las conductas del Ovni y de las respuestas humanas y los andariveles por los que se conduce tal relación.

5- La Experimentación.
Son las actividades sobre campo que tratan de confirmar los datos aportados, recurrencias, frecuencias, territorialidad y temporalidad. Las vigilias atendiendo estos aspectos son intentos orientados a este fin que deben ser constantes y disciplinadas. Veámoslo más detenidamente

¨De solo sostener con alguna seguridad que el movimiento casuístico responde a una voluntad, es obvio que al partir de ese supuesto existiría intención manifiesta del tal conducta por compartir territorios no solo geográficos sino además humanos, causal de una comunión primaria entre Ovni y tradición.¨

¨Pero por sobre todo otro supuesto hay que tener el recaudo de trabajar con una hipótesis de sustento pues en medio de un terreno tan escabroso y laberíntico difícilmente la falta de objetivos y propuestas lleve a puerto seguro.

En este punto el investigador civil debe, sin apasionamientos, tener en claro que busca porque al compartir el Ovni tantos terrenos disímiles hay gusto y explicación para todo pero esto no es garantía de éxito en ningún campo.¨

DESARROLLO

Pero explayémonos más libremente sobre otras consideraciones sobre cada uno de los puntos precedentes con el fin de asentar algunos conceptos antes de remitirnos a las posibilidades de exploración propiamente dichas.

La Anomalía

Al referirnos al término anomalía separamos todos aquellos fenómenos extraños que no pueden ser catalogados con precisión debido a la naturaleza emergente de su descripción y dinámica.

En toda referencia Ovni debe existir un porcentaje acentuado de anomalía que se certifica en la visión primaria o general de un suceso en su grado de extrañeza, y en la faz particular por su falta de relación con otros fenómenos conocidos o cuantificables, plausibles de corroborarse por encuesta y análisis metódico.

Empero durante una investigación de campo hay multitud de sucesos extraños que comparten el terreno Ovni y no pueden sumarse indiscriminadamente a él debido a que provienen de vertientes culturales, hechos desconocidos, infrecuentes, o valoraciones personales que se suman al campo de los Ovnis por ser tan extraños al observador como el propio objeto que nos convoca. Cuando la anomalía se expresa en terreno confuso por lo menos se debe intentar separar la paja del trigo antes de descartar todo el asunto y perder un dato de interés.

Desde las creencias espirituales, rituales, leyendas y temores populares sobreviene una carga intensa de descripciones ligadas por rareza a los casos puramente Ovnis, sin embargo la discriminación no es factible ni exitosa si no se comprende desde el inicio que la incidencia, por ejemplo regional de los No Identificados motoriza o congrega sucesos que se emparentan con estos últimos merced a que producen sociológicamente los mismos efectos sobre la gente.

Una zona afectada por continuidad a una casuística que reluce testimonialmente en la superficie de una población o sociedad por lo general está relacionada a los iconos religiosos, a la conjunción con entidades supra físicas, sortilegios y magia.

Aunque la raíz sea común provienen de causes distintos cuyas confluencias no hay que desatender.

En tanto lo puramente mágico goza de vitalidad cultural por las tradiciones y costumbres de una comunidad, lo esencialmente Ovni responde a la presencia continua de un evento cuya raigambre rara vez afecta la naturaleza morfológica y dinámica de su alusión testimonial. Como dijimos, se transfiere al terreno mágico por asociación espontánea pero plantea sus propias líneas divisorias. Mientras lo mágico perdura por convivencia de la fe y de la tradición, lo fenoménico existe gracias a su reiteración como suceso posible de ser captado por la gente. En tanto uno -lo mágico- tiene que ver con lo intrínseco de la conducta humana lo Ovni suele considerarse comúnmente exterior si bien con perfiles integrados.

Por lo general se asocia a los Ovnis a lugares, tiempos y ciclos. No dependen de los calendarios religiosos, no se los asocia con los ritos de forma terminante, no conviven como tradición objetiva de la comunidad actual, y son objetos que caen en lo asociativo por la coincidencia y la circunstancia donde se exprese su particular dinámica. Es que a veces se los asocia a las fuerzas sobrenaturales por converger sobre lugares comunes, sobre cementerios, montes sagrados o zonas de valor espiritual para una población. Solo entonces el fenómeno adquiere tintes de creencia pero pocas veces comparte rituales, objetos o tendencias animistas, sí presentes en los objetos y tradiciones religiosas de una comunidad.

No es lo mismo que una luz u objeto se manifieste sobre una ciudad que sobre un monte o territorio consagrado. Su interpretación y asociación serán distintas en uno y otro sitio por peso específico.

En el tema de las luces (como otro ejemplo), concretamente aquello que hemos podido observar en comunidades integradas luego de la colonización así como en otras literalmente nativas rara vez el fenómeno luminoso promueve en el culto o la tradición algo más que una referencia continua. No es la luz un elemento de culto propiamente dicho, no se lo venera como a los entes propiciadores de la lluvia o la fertilidad, forman una parte secundaria del conjunto de creencia, pueden tornarse entes o fuerzas anunciadoras positivas o negativas pero que nunca ocupan el centro de la teogonía. Son duendes en las tradiciones del noreste argentino o sur brasileño, como deidades menores. Esto en lo concerniente a la herencia de la comunidad a través de siglos. En la actualidad sobreviven con cierto tinte mágico porque si bien las tradiciones también se han adecentado en cambios y asimilación religiosa occidental, poseen vigencia porque siguen apareciendo, y aunque en pocas oportunidades se los relacione del mismo modo que en el pasado siguen representando un suceso ligado a lo supra natural.

En este aspecto la anomalía perdura como factor preponderante, comparte inevitablemente terrenos mágicos, pero también hay un cambio en la percepción de las comunidades por la inevitable socialización con el mundo moderno y el progreso. Pero esto apenas modifica la alta significación que lo Ovni posee pues mientras algunas figuras supra naturales han sido trocadas por íconos cristianos, lo fenoménico sobrevive con pocas alteraciones visibles a su observable esencia.

¿Por que atender este aspecto? ¿Cómo identificarlo correctamente?

Hay muy buenas razones para valorar esta visión con el prisma de las tradiciones. Primero porque la casuística general se perfila en casos poco asociables con objetos definidos; entiéndase esto como navíos o estructuras morfológicas concretas. Una forma de huso, cilíndrica, elíptica y de apariencia metálica con complementos de torretas, cúpulas, ventanas, etc., suelen ocupar un porcentaje pequeño de todas las observaciones. Antes al contrario, las luces o cuerpos luminosos de amplio espectro de variantes en formas y tamaños -que van desde los pocos centímetros a las decenas de metros- suelen ser los verdaderos protagonistas de la casuística mundial presentando la misma dinámica, comportamiento y características generales de los otros. Solo por su apariencia morfológica compleja o fuera de los estereotipos pueden dificultar su inclusión o parentesco fenoménico y son el segmento que ordinariamente representa la actividad más relacionada con el hombre o comunidad.

Si es el segmento de mayor trascendencia numérica y su incidencia también es mayor, no podemos descartarla por presunción, comodidad o dificultad de campo. Puede que ahí esté la clave del problema.

Claro, porque es la parte más dificultosa de relevar y comprender por múltiples factores pues es la que resulta más prometedora por su integración a los individuos, a comunidades y regiones. Justo en lo que se debe hacer hincapié.

Para entender la magnitud que alcanza en cada lugar es imprescindible adentrarse en la historia y las creencias regionales a fin de ver el modo en que el fenómeno se ha integrado a ella y porqué adquiere tal o cual característica, método además insoslayable para poder separar al objeto de estudio de lo meramente incorpóreo de la creencia popular.

Separarlo por método de identificación, no porque sea contaminante o deformativo. Al contrario, los ángulos mitológicos, leyendisticos y religiosos suelen ser probatorios de una presencia continua e intensa que es muy importante a la magnitud de su intervención en lo mundano.

No es menos irreal el fenómeno porque se involucre en el pensamiento y la tradición, lo hace más palpable, entendible y prometedor.

Pero hay un factor también necesario de interpretar que viene de la mano de la antigüedad de la manifestación continua, la relación comunitaria y la magnitud con que se expresa, y esta es que el propio objeto de estudio sea el motor u origen de unas creencias ya integradas al pensamiento mágico de una comunidad campesina o nativa. Unas luces moviéndose periódicamente en un monte bautizado como mágico o sagrado durante largos períodos de tiempo pudo ser causa y no consecuencia de algunos cultos propiciatorios o valoraciones sobre lo telúrico, y aunque este aspecto despierta grandes contradicciones y protestas, es responsabilidad del investigador civil tomarlo en cuenta porque estaría advirtiendo, en el caso de revelarse una voluntad en el Ovni, de una conducta o dinámica ligada en lo más profundo a las actitudes humanas, sean estas meramente religiosas o lleguen a establecer una comunión tan férrea como la de cualquier otro pensamiento religioso. Es un síntoma y una prueba a la vez que se incluye al mapa de una relación que hasta ahora se sospecha inexistente. La anomalía debe ser determinada con rigurosidad. Las luces que transitan un cerro en ciclos y movimientos altamente extraños - como ejemplo posible de encontrar en campo- necesita estudiarse y descartar otras causas, por supuesto atendiendo a los pareceres de la ciencia, al método, pero sin descartar que las conclusiones oficiales sobre la explicación de estos fenómenos pueden ser presa del prejuicio general y no tan objetivas como suenan. Es este punto donde la razón, el análisis y la ilustración general suelen pesar positivamente en la conclusión del investigador.

Cuando hay certeza de identificar al fenómeno en un terreno complejo y que sus manifestaciones no pueden ser explicadas cabalmente con los recursos conocidos, entonces debe observarse al Ovni en su verdadero medio o escena y comenzar un seguimiento de todos los modos en que se expresa y se integra al paisaje geográfico y humano, sus tendencias, sus características, etc.

La Interacción

La interacción es el proceso de relación fortuita entre el fenómeno y el observador. Una interacción puede ser mecánica y natural como lo es la del hombre con el clima o la geografía, no importa en que grado afecte ello a ambos o quien incide sobre el otro con mayor intensidad.

La otra es la interacción plena, un movimiento continuo de influencias y respuestas que en los humanos adquiere carácter de comunicación. El hombre interacciona con las actitudes, las percepciones, las palabras, los gestos y ademanes sobre sus pares. El dialogo, la convivencia, la socialización son factores de interacción. Es una relación propiamente dicha.

En lo tocante al tema que nos convoca el termino interacción representa uno de los puntos más trascendentes a su estudio. ¿ De que orden es la relación entre el fenómeno y el hombre, mecánica, perceptiva, consciente de parte de ambos polos? Cualquier respuesta taxativa en este sentido puede significar la responsabilidad de confirmar o desechar una supuesta voluntad en el Ovni.

La interacción mecánica solo describe la reacción humana ante la presencia del fenómeno y nada más. Es la movilización que produce el observar cualquier cosa inusual o desconocida afectando nuestra sensibilidad o percepción, pero esto no supone en el objeto entidad consciente.

Frecuentemente se adscribe a lo mecánico, a la observación propiamente dicha, la conclusión del observador mediante su descripción y parecer sobre lo testimoniado dentro de una gama de posibilidades importantes de atender.

Aunque el fenómeno no interaccione con el hombre sino por la simple observación son las características del evento lo que produce un estímulo de atención en el testigo especialmente porque puede tratarse de un objeto con apariencia claramente anómala, un disco haciendo zig zag, un cilindro ascendiendo vertiginosamente, un triángulo cuya dinámica en el cielo o la superficie lo dote de un alto grado de extrañeza, cúpulas, elipses metálicas, formas piramidales, etc., significarán un impacto justificable en el observador que no dejará de comprender una fortuita relación a distancia. De este tipo de interacción puede quedar constancia fotográfica, fílmica o pluri testimonial (por cantidad de testigos). En todo caso tiene valor de relación por el conocimiento que el hombre adquiere de la existencia del fenómeno, y en la hipotética posibilidad que lo observado pueda manifestar indicios de voluntad se asiste a un grado de comunicación por conocimiento. La captación visual comunica al observador la existencia de la extrañeza.

Pero existe otro tipo de interacción más proclive a importarnos tanto como las formas de un objeto y su anomalía y es la que surge de un complejo marco de relación no mecánica entre hombre y fenómeno. ( Recomendamos leer el Efecto C.I. y Los Cazadores Cazados).

Nos estamos refiriendo a una forma de movimiento poco meritoria de ser tomada como fortuita mecánica. Son casos donde testigo y fenómeno parecen responder a estímulos mutuos, persecuciones, muy cortas distancias, seguimientos, detenciones abruptas frente al observador, maniobras de aparición o desaparición inesperadas e injustificables a la mera casualidad o percepción. Estas experiencias definen el ámbito de lo que llamamos Relación Antropocéntrica que alude a la intencionalidad del fenómeno al manifestarse en el terreno humano poniendo a este último en el epicentro de un evento deliberado tornando su dinámica en expresión de una voluntad. Existen buena cantidad de casos donde el objeto parece expresar una intención en forma de conducta, y este es un punto a tener muy en cuenta para nuestro intento de aproximación.

En este contexto el prisma de las tradiciones ponen su cuota de importancia. La convivencia con estos objetos describe un grado de interacción que es intenso por la extensión temporal en que se expresa. Tengamos conciencia que la concepción mágica del objeto no identificado está formado por la sumatoria de cientos o miles de experiencias aisladas de encuentros personales a través de un tiempo imposible de cuantificar. Esta convivencia empujada al terreno de las creencias supone una intensidad de contacto, de relación que se incorpora con diversa suerte en grupos y comunidades distintas aproximándonos por su valoración humana a la forma en que la rareza se ha expresado a través del tiempo.

Si una luz es considerada un evento propiciador o anunciador - no importa el caso- esa valoración supone relación continua, observación, comparación e incorporación a las ideas de la comunidad merced a la convivencia. Difícilmente un solo suceso o unos pocos casos pudieran solventar el peso que han alcanzado en determinados lugares.

Esto también es interacción.

No vamos a exponer casos puntuales pero sí a convenir que existen datos muy sugestivos y determinantes que confirman la presunción de muchísimos observadores desapasionados aludiendo a esta particular faceta de comportamiento. Imposible soslayarla.

Las Constantes Temporales y Espaciales

Las constantes representan el más sólido sostén de las expresiones de la fenoménica en sus múltiples derivaciones.

Aluden directa o indirectamente a la continuidad, a la previsibilidad que adquiere lo Ovni dejando atrás todas la presunciones que lo relacionan a un evento inconstante, imposible de prever o inasible. Por el contrario, esta tan antigua característica comenzó a hacerse notar luego de corroborar la existencia de ciclos, reiteraciones, locaciones geográficas coincidentes y el establecimiento de un patrón embrionario plausible de someterse a un seguimiento.

Aunque los términos o definiciones que expresan esta peculiaridad son altamente experimentales en su propósito de definir correctamente la naturaleza de los eventos a los que hacen referencia queda claro que existen regional, zonal y particularmente hablando constantes temporales y espaciales de variada intensidad, alcanzando ejemplos de notoria claridad.

No hay demasiada conciencia investigativa sobre la magnitud de las constantes que no sean de débil expresión en las estadísticas mundiales o regionales, muchas veces carentes de una más aproximada cuantificación numérica.

Solo esporádicamente, cuando el fenómeno alcanza la magnitud suficiente para atraer la atención periodística es dable de ser tomada en cuenta por los investigadores civiles. Y al ser relevadas -no siempre con los recursos adecuados-, descubre a los analistas no solo la importancia de una presencia actual intensa sino de un historial de fenómenos que dan sustento a términos tales como Zonas Ventana o Zonas Calientes. La verdad es que los relevamientos posibles de encarar sobre regiones ciegas o carentes de datos es de difícil concreción por los altos costos monetarios y la falta de otros aportes logísticos que están lejos de ser dados a los privados a mano suelta. Pero los senderos están plagados de potenciales zonas activas relativamente dormidas o fuera del conocimiento publico, muchas veces confundidas con la eclosión de otras rarezas y sucesos cuya capa de misterio suele tapar rica casuística. Es un echo corroborado por nuestro grupo después de muchos años de encuesta y exploración. Las constantes perfilan un mapa de movimientos y convergencias que resultan imprescindibles a la hora de establecer un acercamiento y familiarización más profunda con la rareza compartiendo su mismo teatro de operaciones, corroborando los datos testimoniales y haciendo más fácil de comprender la forma en que procesos fenoménicos inusuales y hombres interaccionan bajo la apariencia de la tradición y las costumbres ligadas o emparentadas al Ovni como figura primordial de estudio. Para llegar a esta instancia no solo vale una reencuesta sobre zonas previamente conocidas sino internarse allí donde las tradiciones y leyendas recrean un fuerte pensamiento mágico o han resultado enclaves sagrados históricamente. Por lo general el fenómeno converge en estas geografías y puede ser captado rápidamente por la encuesta.

La Relación Social

La iniciativas internacionales suelen hacer poco hincapié en la interacción entre el fenómeno y las comunidades que no sean visiones sociológicas generales o individuales, como si fuera esta relación de causa y efecto una consecuencia mecánica únicamente.

Las grandes oleadas o la insistencia de los Ovnis sobre regiones puntuales entusiasman por lo cuantificable estadísticamente, por la abundante cantidad de testimonios y datos pero poco refieren al factor de la relación social que no devenga de un impacto pasajero sobre grandes multitudes o pequeñas comunidades.

De hecho, y esto puede corroborarse en la investigación de campo, la asiduidad de observaciones en una comarca o región produce ¨convivencia¨, y esa convivencia con sus múltiples factores y respuestas pueden significar la punta del ovillo de la pretendida comunicación entre el Ovni y el hombre.

De solo sostener con alguna seguridad que el movimiento casuístico responde a una voluntad, es obvio que al partir de ese supuesto existiría una intención manifiesta de tal conducta por compartir territorios no solo geográficos sino además humanos, causal lógico de una comunión primaria entre Ovni y tradición.

Entre tantas hipótesis no hay un punto tan claro y a la mano de la investigación para adentrarse en la virtual socialización del fenómeno como éste merced a estímulos que son propios de la extrañeza y cuyas respuestas los convierten en potenciales monitores de una embrionaria convivencia.

Activamente el fenómeno comparte territorios humanos y establece una relación con éste que es de enorme importancia a la hora de determinar la característica de un futuro intento de hacer contacto con la hipotética voluntad. Y de hecho la socialización de la presencia Ovni jamás será mejor vista que desde la tradición e ideas que genera en la comunidad o grupo donde se manifiesta. Los impactos o meros rastros de su presencia en lo mundano alcanza la magnitud propia de los grandes acontecimientos sociológicos, visto esto con el supuesto de una inteligencia omnipresente.

Cada dato aportado en este sentido puede echar luz sobre eventos de interacción que nos conducen a otra serie de preguntas mejor orientadas sobre naturaleza y propósito de los No Identificados en lo tocante a su conducta evasiva o no sobre individuos y comunidades.

La Experimentación

Cada dato aportado por los conceptos anteriores pueden y deben ser sometidos a comprobación para clarificar la autentica dimensión del problema.

Pero por sobre todo otro supuesto hay que tener el recaudo de trabajar con una hipótesis de sustento pues en medio de un terreno tan escabroso y laberíntico difícilmente la falta de objetivos y propuestas lleve a puerto seguro.

En este punto el investigador civil debe, sin apasionamientos, tener en claro que busca porque al compartir el Ovni tantos terrenos disímiles hay gusto y explicación para todo pero esto no es garantía de éxito en ningún campo.

El escéptico puede absorber lo que mejor le quepa, el creyente podrá ver rasgos de voluntad aún donde no lo hay, solo un criterio de aplomo y autocrítico podrá aprovechar las huellas o pequeñas evidencias del objeto que estudia.

¿Cómo lograr ese equilibrio?

Reconociendo y aceptando la idea que lo empuja a hacerlo, sin prejuicios, sin renuncias.

Todo investigador Ovni se suma a la legión de curiosos tras una idea, una posibilidad, que detrás de este complejo enigma exista una inteligencia gobernante. Es una falsa postura, causal de yerros y equivocadas apreciaciones, el sostener que la investigación en este campo no debe moverse en preconceptos.

Si el investigador de Ovnis no busca comprobar la voluntad metódica y seriamente ¿ que otra cosa pretende buscar?

No es pecado tener un horizonte. Salvo los descubrimientos espontáneos, ninguna otra búsqueda carece de horizonte.

Cuando no nos convence lo que hacemos estamos perdiendo tiempo o entreteniéndonos con excusas.

Si no se sostuviera que la luz o rareza luminosa representa algo más que un fenómeno natural poco frecuente deberíamos estudiar física, geología, o mineralogía para comprender la curiosidad.

Si no se viera algo más que a simples iconos religiosos devenidos de las creencias populares en los sucesos extraños deberíamos compenetrarnos en la antropología o la psicología para comprenderlos.

Por el contrario, si sostenemos que tras todos esos sucesos se esconde un rastro de inteligencia deberemos interiorizarnos en todas esas disciplinas y tratar de responder a las grandes preguntas con mayor objetividad.

Al enigma presente parece no importarle todas las imposibilidades esgrimidas por los negados, los escépticos ni por los analistas honestos. La extrañeza existe, se manifiesta y requiere de exploración, porque negarla sería tomar una solución dogmática y mágica. Mágica porque con la voluntad individual pretendemos hacer desaparecer lo que existe con solo desearlo.

Como dijimos, hay que ser absolutamente desapasionados, pero tener bien en claro que es lo que se busca justamente para saber como buscarlo. No se busca derribar un árbol con un microscopio o descubrir un organismo unicelular con un serrucho. Tampoco de tratara de buscar una inteligencia o una voluntad en una rareza sin saber como se comporta y a que posibles estímulos responde.

He aquí el quit de la cuestión.

De ahora en más, para continuar nuestra exposición debemos estar seguros de lo que buscamos.

Sí, buscamos la inteligencia detrás de los Ovnis. Pero antes de continuar, ya que estamos por elección propia en este tema, debemos preguntarnos. ¿Existen en la casuística indicios serios sobre la presencia de una inteligencia detrás de los Ovnis?

¿Hay casos confiables en los que se detecte una voluntad de parte del fenómeno? Para nosotros la respuesta es sí. Podemos continuar.

"Si el fenómeno es de verdad inteligente e insiste en mostrar una faceta mas que otra quizás ello signifique que por ese preciso vértice debemos orientar la

búsqueda y dejar de insistir con que estableceremos alguna relación puramente tecnológica o un diálogo telepático entre humanoides".

"Hay que tomar un protagonismo muy relativo de todos modos. Si la voluntad existe y los encuentros en tal o cual región tienen alguna premeditación y propósito, el investigador siempre resulta un elemento exterior, ajeno al proceso e invadiendo un supuesto teatro de operaciones"

LA BÚSQUEDA DE LA INTELIGENCIA

Está claro que al comenzar una evaluación sobre la "inteligencia" ponemos en la palestra una dinámica sugestiva que se puede entender como "conducta". Esta dinámica refleja movimientos no convencionales ni atribuibles a efectos ambientales físicos, electrodinámicos, climatológicos, etc.

Es lícito pensar que la casuística que comprende a encuentros con unidades antropomorfas ligadas en escena a objetos de apariencia tangible con presunción tecnológica y elementos enlazados por descripción a estructuras complejas de transporte deberían ser la solución decantada a la pregunta inicial sobre si el fenómeno tiene un origen inteligente. De las experiencias aportadas testimonialmente surge una sustanciosa tendencia a la identificación de dicha "voluntad" representada en esos seres o navíos que suponen tecnología, inteligencia y civilización.

Empero esto es naturalmente aceptable dentro del marco general de casos y ocupan un sitial de extrema importancia, también es cierto que aportan un número ínfimo y cuya infrecuencia estadística los pone lejos de cualquier intento de exploración experimental, por lo tanto son más inasibles que el resto de las facetas comunes o constantes.

Cuando la decisión es justamente buscar "inteligencia", por una extraña corriente indominable, debemos recurrir a los fenómenos que sí muestran mayores posibilidades de evaluación y hasta de acercamiento. Es muy importante seguir la pista de los datos casuísticos, la temporalidad, la territorialidad, porque son, evidentemente, las porciones más claras y seguras de encontrar amén que no se avengan al estereotipo de contacto o experimentación que buscamos, esto es: si el fenómeno es de verdad inteligente e insiste en mostrar una faceta más que otra quizás signifique que por ese preciso vértice debemos orientar la búsqueda y dejar de insistir con que estableceremos alguna relación puramente tecnológica o un diálogo telepático entre humanoides. La humanización del enigma Ovni no debe llegar al límite de obligarlo a realizar una acción ajena a su naturaleza y propósito solo por el hecho que se acomoda a una serie de supuestos culturales que teñimos de "normalidad".

Es patético y ejemplificador de nuestra condición escuchar a los hombres adscriptos a disciplinas científicas decir que si estas inteligencias "existen" deben elegirlos a ellos por sobre el resto de las personas para entablar un primer diálogo. No solo es desmerecedor de la condición sencilla de los verdaderos observadores, también es una advertencia sobre las capas sociales y los prejuicios que nos dominan y separan.

LOS OBJETOS Y LA INTERACCIÓN

En tanto el encuentro en la tercera fase, o sea la visualización de humanoides, como dijimos, es cuantitativamente menor, no es el único factor de interacción presente en la estadística.

La definición de interacción OVNI supone toda relación dinámica entre el fenómeno y el testigo marcando verdaderos hitos en los que se hallan presentes complejos y a la vez sencillos procesos de inducción y respuesta.

La interacción hace notar una expresión de conducta o movimiento deliberado que refiere a "voluntad", o cuando menos a la imposibilidad que la dinámica desarrollada entre testigo y objeto sea únicamente una falsa percepción del testimoniante o se explique por medio de complejidades físicas no bien evaluadas.

Cuando la referencia alcanza posiciones significativas de independencia de todos estos elementos atenuantes surge la inevitable consideración de un acto adrede. Son las vivencias, tantas veces reiteradas en esta página, de persecuciones, de acercamientos, de relación antropocéntrica que configuran el sustento de acciones deliberadas aunque carentes de "mensaje".

El mensaje es subyacente. La expresión de la dinámica es una declaración de voluntad a pesar de su falta de "diálogo" o presencia humanoide.

En este punto todo el fenómeno, pero especialmente el luminoso, sugiere que la estructura OVNI se independiza de la apariencia morfológica para tornar todos sus elementos constitutivos como piezas de expresión, que suman dinámica, estructura, temporalidad y territorialidad como un conjunto sólido que responde a un fin o propósito.

Ver este sutil aspecto casuístico integrando un profundo y desapasionado conocimiento estadístico es el paso fundamental para elaborar un plan de exploración donde no se echa en suerte la posibilidad de establecer contacto visual e interacción. No es un mensaje cifrado, misterioso, pero empuja a abandonar los preconceptos y atenerse a la manifestación totalizadora del fenómeno como unidad de conjunto. No importa cual sea el elemento en cuestión, la mínima faceta, la menos considerada, puede convertirse en el nexo prioritario de enlace entre esa voluntad y el hombre.

Es dable que al estereotipo contactistico surjan figuras emblemáticas o iconos como los seres que descienden de una nave, el aprendizaje de un código sonoro como el expresado por la película de Spielberg (Encuentros Cercanos en la Tercera Fase) y todo lo que es asimilable a la suposición general de lo que debería ser un evento de esta naturaleza, sin embargo la realidad OVNI dista mucho de este mecanismo adecentado a una estructura normal o comprensible. Los verdaderos encuentros cercanos ocurren de forma diferente numéricamente hablando, son experiencias a veces tan poco significativas que desilusionarían a las parafernalias imaginadas por las superproducciones del 7° arte o de la percepción popular, y son a nuestro estudio los elementos más importantes para establecer una estrategia de interacción. Veamos.

BUSCANDO CONTACTO

La casuística demuestra que los elementos más activos dentro de las descripciones testimoniales son los fenómenos luminosos (...y otra vez, van!).

Esa estadística puede, además, demostrar claramente que los eventos de interacción más intensos corresponden a las vivencias con estas rarezas luminosas.

Hay una correspondencia no menos significativa entre tamaños y distancias. Suelen ser menos interactivos los fenómenos de medianas a grandes dimensiones que los pequeños, o sea luces (no importa su morfología) que denuncian una constante respecto de tamaños y distancias.

No se puede generalizar indiscriminadamente en este asunto, pero las luces más pequeñas son las que mayor acercamiento tienen con el hombre, y a medida que crece su tamaño, o aumenta su distancia o menos movimientos se le observan, como si la relación entre tamaños, distancia y dinámica tendiera a atenuar el impacto de la experiencia (hipótesis con la que venimos guiándonos en campo de trabajo). No obstante la situación tiene a modificarse cuando el o los testigos circulan dentro de vehículos, entonces sí, objetos de considerables dimensiones disminuyen las distancias observables con individuos de a pie o a caballo.

En efecto, la tendencia de estos efectos atenuantes son muy comunes y reflejados en las creencias populares que mencionan a estos fenómenos como objetos folklóricos o tradicionales atados a las creencias campesinas. Luz mala, farol, buenas compañeras, son algunos de los nombres que encierran en su identificación las conductas o dinámicas que vienen expresando desde hace mucho tiempo. Sus generalidades son mejor descriptas en otras notas de nuestra pagina.

ELIGIENDO TERRENO

Temporalidad y territorialidad suponen periodicidad en lugares identificables. La relación entre ambas es factible de ser más fácilmente encontrada en Sudamérica donde es posible hallar tradiciones puras o que, aclimatadas a la modernidad no pierden su esencia mágica y mantienen casi intactos los valores descriptivos de las experiencias, esto es: algunos (muchos) lugares proclives a contener una tasa de incidencia luminosa significativa están precedidas o acompañadas de relatos folklóricos, aparición de entidades, de figuras sagradas, duendes, diablillos o zonas tabú.

Corrientemente el factor territorial se delimita con gran precisión a la referencia campesina y popular. Suelen estar representados por porciones de caminos, montañas sagradas, lagos, ríos, pozos, ruinas, cementerios, etc., siempre enlazados a las tradiciones, a las maldiciones y a la alta concentración de experiencias que los convierte en lugares de renombre. Nombres tales como Cerro del Diablo, Pozo de las Animas, Quebrada de la Lumbrera, Estancia La Luz Mala, Los Penaderos, Valle de los Espíritus, son algunos bautizos que se imprimen a un lugar por su peculiar fama acudida con historias inquietantes, por lo pronto sitios perfectos para iniciar una búsqueda de territorio Ovni aunque no necesariamente deba responder a tan tendenciosa gracia. La encuesta, en sus primeros intentos, sacará a la superficie -caso de existir- el historial de los No Identificados, en especial bajo su aspecto lumínico. Esto no significa que en otras latitudes esto sea imposible, por el contrario, pero deben ser identificados escapándose de lo que en apariencia es tradicionalmente Ovnilogía. Esta claro para nuestro grupo que la presencia OVNI, sea por convivencia, por fusión o por premeditación, esta emparentada a regiones mágicas o de referencia folklórica merced a la respuesta humana y su capacidad de comprensión histórica sobre la rareza que nos convoca.

Veremos en cada encuesta realizada zonal o regionalmente -caso de tratarse de una investigación sobre testimonios- que la mayor parte de las experiencias Ovni están estrechamente relacionadas a lugares como los mencionados haciéndose evidente que es mayor en ese punto la cantidad de casos en comparación al resto de la geografía. Y ese ha de ser específicamente el lugar elegido para intentar una primer captación visual.

Se debe prestar especial atención a estos segmentos geográficos y determinar mediante el testimonio las posiciones de fuga de las apariciones para saber en que lugares es posible obtener el mejor punto de observación.

Si se tiene la posibilidad de tomar conocimiento de varias vivencias se actuará sobre la parte candidata más referenciada, no la que nombre un solo individuo sino aquella que más casos acumule ya que no buscamos una percepción personal sino una expresión fenoménica intensa, la mayormente concurrida, la común y frecuente, en definitiva, lo que el mismo fenómeno expone.

Muchos grupos en vigilia han cometido el mismo exacto error que nosotros, colocarse en la misma línea de fuga o movimiento en la que el fenómeno se traslada. Si bien es cierto que este recaudo parece insolvente en su propuesta dada la versatilidad y capacidad de respuesta de los OVNI también es conveniente imitar las conductas y posiciones de los eventuales observadores con el objeto de repetir las condiciones parciales de una experiencia que siempre será más precisa que la ocurrencia personal a la hora de enfrentarse a un evento desconocido.

Teníamos la costumbre de concurrir a las zonas de apariciones frecuentes y ponernos a esperar en vigilia en el mismo punto de aparición o de fuga, como si para ver de cerca un tren nos colocáramos en las vías por donde pasa. Aunque no sabemos con certeza en que grado esto interfiere una posible aparición ni de que modo la altera, tuvimos relativo éxito manteniendo una distancia similar a la que mantienen los testigos al momento de la experiencia, salvo que el fenómeno tome la iniciativa de acortar las distancias, cosa que lamentablemente no vivimos en carne propia.

Hay que tomar un protagonismo muy relativo de todos modos. Si la voluntad existe y los encuentros en tal o cual región tienen alguna premeditación y propósito, el investigador siempre resulta un elemento exterior, ajeno al proceso e invadiendo un supuesto teatro de operaciones. Tanto más excéntrica y alejada sea nuestra posición (y es mejor buscar puntos altos de vigilia) tanto más crecerán las probabilidades de hacer contacto visual para determinar someramente la naturaleza del fenómeno.

Pero ¿es posible integrarse a ese paisaje y sumarse como elemento activo? Iremos respondiendo esta pregunta a medida que avancemos.

LA TEMPORALIDAD EN LO REGIONAL

La temporalidad resulta el eje de toda búsqueda pues representa un esquema complejo que debe atenderse estudiando detenidamente los resultados de una encuesta. Como dijimos, no bastará una sola apreciación sino la media resultante de varios testimonios pues este aspecto es el que más variables muestra en la suma de vivencias. Mientras la territorialidad se perfila más estable, la frecuencia temporal lo es menos. Aquí es posible toparse con períodos del año, referencias estacionales, ciclos extendidos o de intensidad pendular entre puntos de una misma región.

Aunque es cierto que se mantiene firme -numéricamente hablando- un pico general durante los meses de Junio, Julio y Agosto (hay, sin embargo, variaciones según los años), es la distribución y la cantidad de observaciones en un territorio extenso y no la incidencia particular sobre uno lo que determina el alza cuantitativa.

Una región puede tener más de un punto de observaciones frecuentes, incluso cercanas o linderas y aún así existen sutiles diferencias respecto de los ritmos temporales de las apariciones sin descontar particularidades propias de su dinámica. Recientemente relevamos un territorio al Sudoeste de la capital de la provincia argentina de Salta (Cachi, Seclantás, Payogasta, etc.) y encontramos en una extensión de 100 Km2 cuando menos seis referencias que actuarían como puntos de concentración o dispersión con variables temporales.

Tomamos el ejemplo de la ruta que sigue a la Cuesta del Obispo en su punto culminante, desde Piedra del Molino hasta el final de una recta asfaltada conocida como Tin Tin. Esta se compara con ¨Los Colorados¨, cerros de ese tinte que se hallan a un lado del camino que nace de la recta Tin Tin para unir la zona de Seclantás. Tanto Tin Tin como ¨Los Colorados¨ nuclean las mayores experiencias numéricamente hablando, empero mientras Los Colorados se perfila como foco de una actividad sostenida, Tin Tin es proclive a variaciones estacionales, notablemente intensa entre el invierno y la primavera, pero para confirmarlo taxativamente hace falta más encuesta. De todos modos vale la anotación en base a lo que se halla en la superficie la encuesta. Si uno pretendiera captar manifestaciones anómalas en la región debería elegir ¨Los Colorados¨ por sobre otros lugares merced a la continuidad que demuestra en los testimonios.

Esto no invalida los demás puntos ¨calientes¨ pero el éxito de la empresa surge de acomodarse a los ritmos del fenómeno.

Teniendo una aproximación temporal y espacial es menester considerar variables tanto más importantes para el caso que la experiencia pueda llevarse a cabo.

TENIENDO EN CUENTA MORFOLOGÍA Y COLORES

Existen relaciones insoslayables en las conductas fenoménicas que debemos observar en las formas y los tonos pues ellos pueden ser indicativos del proceder de la rareza y lo que puede esperarse a partir de una captación visual.

Durante los intensos relevamientos en puntos de concentración en varias zonas de Córdoba, La Pampa, Entre Ríos, Buenos Aires, Neuquén, y más recientemente Salta y Jujuy, tomamos nota atenta de estas probables relaciones que poseen una tendencia notoria hacia una constante.

Percepción de la dinámica según tamaños y formas Como dijimos, tanto más aumenta el tamaño relativo de la anomalía mayor suele ser su distancia del observador.

La excepción a esta tendencia la marca el que los observadores se hallen en tránsito dentro de un vehículo (caso de los Cazadores, caso de los Policías en la recta Tin Tin). ¿De cuanto es la aproximación? Variable, pero rara vez es menor a los 40 metros. Hay una interesante observación sobre el aspecto geográfico en las experiencias recogidas. Tiene que ver con la dificultad del territorio en relación a la intensidad de una experiencia.

Las escoltas o persecuciones (emplea el termino que mejor te quepa) suelen producir una sobretensión psicológica que imprime al acto de conducir vehículos un riesgo notable de vida si entendemos profundamente el modo en que ocurren. Por alguna extraña "coincidencia" muchos de los más importantes casos de escoltas se han dado en segmentos de camino de menor riesgo al tránsito. Son menores las vivencias sobre sendas angostas, sinuosas o a la vera de hondonadas y precipicios que de rectas o rutas menos complicadas.

En el ejemplo de Tin Tin esto es muy notorio.

La ruta Tin Tin representa una línea recta donde acontece la mayor estadística en cuanto a observaciones. Antes de ella, ascendiendo por la Cuesta del Obispo el sendero transita por precipicios que cortan el aliento y requieren de la mayor precaución. Pues bien, la mayor parte de las experiencias coinciden en que los objetos tienden a ganar mayor distancia y altitud al tiempo que el vehículo abandona camino seguro (sale de la recta). Cuando esto ocurre el fenómeno despliega movimientos claramente anómalos (se referencian movimientos marcadamente horizontales y verticales) pero a mayor distancia, e incluso se pierden no bien comienza el escabroso descenso por la cuesta, reduciendo de hecho los niveles de tensión nerviosa del observador antes de iniciar camino por la cuesta. Insistimos ¿casualidad?

Algo emparentado a esto ocurre cuando, durante una escolta, aparecen otros vehículos a la distancia. La rareza se fuga de su teatro de operaciones hasta que el "intruso" sobrepasa al protagonista de la experiencia.

Hasta hace poco esta conducta evasiva solía despertarnos sentimientos encontrados respecto de qué busca una inteligencia al mantener fijo el protagonismo en un solo testigo. En efecto, también es considerable que exista un riesgo por el cual, durante un seguimiento, el piloto de un vehículo se encuentre ante un riesgo considerable si se topa con otro vehículo viniendo de frente dada la intensidad emotiva del evento.

¿Estaremos equivocados?

Hay que atender estas conductas expresadas como interpretaciones o hipótesis abiertas a nuevas consideraciones; su valor estriba en que, de hallarnos en situación semejante, podremos intentar prever un movimiento, y en todo caso prestar atención a la conducta general para elaborar un más preciso mapeo de movimientos.

Hemos dicho algo sobre los tamaños relativos y las distancias, falta que agreguemos algunas apreciaciones sobre las morfologías respecto de distancias y conductas. En tanto las formas complejas se manifiestan significativamente lejos del observador, en el caso de las escoltas hay una tendencia marcada a las elipses de gran tamaño (de 5 a 50 mts).

Su emanación luminosa suele ser importante, dotadas de un núcleo que concentra el punto de mayor irradiación y complementadas con líneas ecuatoriales de luces de colores, a veces en la parte inferior y otras como un anillo hemisférico. A estas se asocian efectos de iluminación sobre las inmediaciones así como molestias que produce en la vista y algunos mareos posteriores (se registraron vómitos) secundados por aromas ácidos y variaciones de la temperatura respecto de las condiciones climáticas imperantes.

Estas cualidades son testimoniadas toda vez que el objeto está detenido a relativamente corta distancia del observador y deja de emitir estos efectos una vez que toma movimiento o lleva a cabo su seguimiento.

Es muchísimo menor el efecto que provocan las de menor tamaño y a menor distancia. De todos los casos relevados solo un insignificante número de ellos presentó efectos físicos sobre las personas o captación de aromas y variaciones térmicas. Ello supone que de darse la posibilidad de un encuentro con la anomalía, elipses y cuerpos grandes y muy radiantes nos obligan a mantener separación prudente.

Siempre es mejor mantenerse en un punto sin tratar de acortar distancias. En efecto, las estructuras morfológicas más complejas (triangulares, cúbicas, igualmente luminosas) se manifiestan durante más tiempo y a mayor distancia, pueden sufrir alteraciones visibles de su estructura y transmutar. Rara vez estas formas son asociadas a escoltas e interacción significativa.