En el Santuario de Nuestra Señora de O Corpiño (situado en Lalín, Pontevedra) ocurre un fenómeno de devoción popular único en España, famoso por combinar la fe católica con la creencia en el "meigallo" (mal de ojo), los maleficios y las posesiones demoníacas. Es históricamente conocido por ser uno de los pocos templos del país donde se han practicado exorcismos y ritos de sanación del espíritu de manera habitual.
El misticismo y las tradiciones que envuelven a esta iglesia se manifiestan a través de prácticas muy específicas:
Los ritos de sanación y la liberación del espíritu
• Liberación de energías negativas: Al terminar las misas se realizan oraciones y ritos enfocados en aliviar "males del alma", depresiones profundas o supuestos maleficios.
• El rito de pasar bajo las andas: Durante las procesiones, los fieles se agachan para que la figura de la Virgen pase físicamente por encima de sus cabezas, buscando su manto protector.
• Paños y exvotos: Los devotos frotan pañuelos, fotos de familiares o estampitas contra la imagen de la Virgen para "cargarlos" de bendición y sanación. También es común ver ofrendas de figuras de cera (exvotos) que representan las partes del cuerpo enfermas que se quieren curar.
• Peregrinaciones extremas: Algunos romeros realizan de rodillas el camino de subida de unos 3 kilómetros hasta el templo para demostrar el tamaño de su sufrimiento o el agradecimiento por un milagro cumplido.
La Gran Romería de Junio
Aunque el templo abre todo el año, su momento cumbre ocurre durante la Romería de O Corpiño los días 23 y 24 de junio. Miles de personas colapsan el lugar rodeados de puestos de velas, exvotos, pulperos y música tradicional gallega, convirtiéndola en una de las fiestas religiosas más masivas e impactantes de la región.
El origen del nombre "O Corpiño"
La leyenda del santuario cuenta que en el siglo VIII, durante la conquista musulmana, un ermitaño muy devoto murió en la colina. Siglos después, su cuerpo fue hallado incorrupto (un "corpiño" intacto), lo que fue considerado un milagro. Posteriormente, en el siglo XII, la Virgen se apareció en ese mismo lugar a unos pastores, lo que consolidó el espacio como un centro sagrado perenne.
Historia de los exorcismos del lugar
La historia de los exorcismos en el Santuario de O Corpiño es una de las tradiciones más fascinantes y oscuras de Galicia, donde las fronteras entre la religión católica, la medicina popular y las leyendas celtas de meigas se desdibujan por completo.
A lo largo de los siglos, este templo se ha ganado el título popular de "el santuario de los endemoniados".
El epicentro de la "Santa Compaña" y los poseídos
• El diagnóstico del "meigallo": Históricamente, la medicina rural en Galicia no alcanzaba a explicar enfermedades mentales como la esquizofrenia, la epilepsia o la histeria. La población atribuía estos comportamientos violentos, convulsiones o delirios al meigallo (un hechizo o mal de ojo echado por una meiga) o a una posesión demoníaca directa.
• El cura exorcista: Durante décadas, O Corpiño contó con sacerdotes autorizados por la diócesis (y a veces actuando por cuenta propia bajo el amparo de la tradición) que aplicaban el Ritual Romano de exorcismos. El caso más famoso en la historia reciente fue el del párroco José Donsión, quien atendió durante más de 30 años a miles de personas que llegaban desesperadas de toda España y Portugal.
Cómo eran los ritos de expulsión
• Gritos en la nave central: Los testimonios históricos y los registros de los años 80 y 90 describen escenas impactantes dentro de la iglesia: personas atadas, retorciéndose en el suelo, gritando con voces alteradas o insultando en lenguas extrañas mientras el sacerdote les imponía la estola y les arrojaba agua bendita.
• El toque de la reliquia: El ritual cumbre consistía en tocar la cabeza del afectado con una reliquia o con la propia corona de la Virgen. Se decía que en ese instante exacto, el demonio o el maleficio "rompía" y abandonaba el cuerpo, a menudo acompañado de un vómito o un desmayo del paciente, lo que los fieles interpretaban como la liberación total.
• La bendición de los coches: No solo se exorcizaba a personas. Existía (y aún existe de forma más suave) la tradición de bendecir los coches abriendo el capó frente a la iglesia para limpiar el vehículo de accidentes provocados por envidias o malas energías.
La situación en la actualidad
Hoy en día, la Iglesia Católica ha regulado de forma muy estricta los exorcismos, exigiendo primero informes psiquiátricos para descartar enfermedades mentales. El santuario ya no realiza aquellas sesiones públicas tan dantescas del pasado para proteger la intimidad de las personas. Sin embargo, el párroco actual sigue recibiendo de forma privada a fieles que buscan oraciones de sanación, liberación y consuelo espiritual contra el mal.
Testigos de la época que presenciaron estos ritos
Los testimonios de los periodistas, vecinos e investigadores que presenciaron las sesiones de exorcismo en el Santuario de O Corpiño coinciden en describir escenarios de una crudeza absoluta. Durante los años de mayor actividad (especialmente bajo el largo mandato del padre José Donsión, fallecido en 2015), el lugar atraía tanto a desesperados como a cronistas fascinados por el fenómeno.
El escalofriante relato de los periodistas
Periodistas gallegos de investigación como Eduardo Rolland documentaron rituales impactantes. En una de sus visitas al templo de Lalín, presenció la llegada de tres mujeres que afirmaban estar poseídas por Satán:
• La transformación física: Las crónicas describen cómo personas de aspecto débil o frágil cambiaban por completo al cruzar el umbral del templo, multiplicando su fuerza física de forma inexplicable.
• El ambiente sonoro: Rolland calificó el espectáculo vivido como "dantesco". El silencio de la pequeña iglesia rural se rompía con gritos desgarradores, insultos explícitos, blasfemias feroces y convulsiones violentas en el suelo.
• El clímax de la expulsión: Los testigos observaban cómo, tras las intensas oraciones de Donsión arrojando agua bendita y usando la estola, los afectados caían exhaustos tras lo que la gente del pueblo describía como "arrojar al demonio de su cuerpo".
Los recuerdos de los vecinos de Lalín
Los habitantes de la pequeña aldea de poco más de 60 vecinos que rodea el santuario crecieron escuchando estos lamentos como parte de su rutina diaria.
• El recelo local: Quienes visitan la zona e interrogan a los mayores del lugar notan que suelen ser muy precavidos o se emocionan al hablar del tema. Da la impresión de que "cuentan la mitad de lo que realmente saben" por respeto al santuario y al sufrimiento ajeno.
• La normalización del misterio: Para los vecinos, los exorcismos eran una realidad cotidiana desde la época del anterior párroco, el padre Ulloa. Ver llegar furgonetas o coches de madrugada con personas atadas o retenidas por sus familiares era algo habitual en el pueblo.
El fenómeno de la "histeria colectiva" en la Romería
Investigadores y documentalistas que acudieron a la gran Romería de junio grabaron el ambiente de fervor de la multitud. En sus diarios de campo, destacan un efecto psicológico muy particular:
• El contagio de trances: Durante las misas solemnes de los días 23 y 24 de junio, los gritos de un supuesto poseído desataban crisis nerviosas en cadena.
• Reacciones en cadena: Testigos afirman que la histeria colectiva contagiaba a personas completamente sanas que acudían solo por devoción, las cuales terminaban llorando, desmayándose o sufriendo ataques de pánico contagiadas por la atmósfera mística y cargada de tensión
