jueves, abril 02, 2026

Habla mi Dios Interior

Miguel Ángel Martínez Barradas
Agradecimientos
Lo que das te lo das, lo que no das te lo quitas - Alejandro Jodorowsky
En primer lugar, agradezco a Alejandro Jodorowsky por todo lo que me ha enseñado a lo largo de su obra artística y por la amistad que siempre me ha brindado. Aunque nunca he tenido el placer de conocerlo en persona, es alguien que me ha abierto las puertas de su alma para ayudarme en lo posible, aunque sea a través de esta grandiosa herramienta llamada internet.
En segundo lugar, agradezco al equipo del blog Plano Creativo, quienes hacen un gran trabajo recopilando el trabajo de Alejandro, así como difundiendo los conocimientos y experiencias que ellos mismos han vivido como chamanes urbanos.
En tercer lugar, te agradezco a ti por leer la presente edición gratuita y no lucrar con ella.
Miguel Ángel Martínez Barradas 7
Nota
El siguiente texto debe ser leído imaginando que alguien (nuestro Dios Interior) nos lo platica. 8
Capítulo 1
“HABLA EL DIOS INTERIOR” es un intento de texto sanador. Actúa como un mantra sagrado.
1. Leyendo estas palabras imagina mi voz. Escucha. A ti te hablo. Yo soy el centro de tu conciencia, tu Dios Interior.
2. Largos años has estado ansiosamente buscando sin saber lo que buscabas. Los conceptos habían perdido su significado. Verdad, Felicidad, Libertad, Dios, te parecían sonidos huecos.
3. Ninguno de los llamados Maestros fue capaz de enseñarte a ser, a crear, a vivir o a amar.
4. Estos Maestros eran sólo personalidades humanas como la tuya, con sus defectos y debilidades, repitiendo sin comprender verdades que eran restos de una tradición que había perdido su origen.
5. No conociéndose, no sabían transmitirte lo que ellos eran. Sólo querían que aprendieras lo que ellos decían: palabras deducidas de otras palabras, estas deducidas a su vez de otras palabras y así al infinito.
6. Crees venir a mí porque no sabes a quien recurrir. Te engañas: en realidad soy yo quien viene a ti.
7. No eras tú sino yo el que te andaba buscando, pero apenas presentías mi presencia, me rehuías temeros@.
8. Sin ser tú mism@, tenías miedo de desaparecer. Así como el personaje de un sueño que ruega que quien lo está soñando nunca despierte.
9. No me aceptabas, queriendo guardar el control sobre ti mism@. Pero esa huida te desalentaba haciéndote llevar en tu corazón y en tu mente imperiosas necesidades no satisfechas.
10. Por fin, ahora que has comenzado a sentir la presencia de una verdad en tu interior, vas a dejar de defenderte y vas a oírme.
11. Yo soy tu Verdad.
12. Yo soy tu Libertad.
13. Yo soy tu Felicidad.
14. ¡Yo soy tu Dios Interior!
15. ¡Detente! Antes de seguir leyendo silencia el moscardoneo de tus pensamientos, calma tus emociones, pacifica tus deseos, reduce tus necesidades.
16. Yo soy aquella parte de ti que todo lo sabe.
17. Y siempre lo supo y siempre lo ha sabido.
18. Esa parte de ti que dice: Soy lo que soy y no lo que los otros quieren que yo sea.
19. Esa parte de ti que reconoce la Verdad y aparta todo error donde quiera que lo haya; no esa parte de ti que ha estado alimentándose de ilusiones por tantos años.
20. Porque yo soy el que te ha dado todo en la vida, pobreza o riqueza, soledad o amor, disgustos o satisfacciones, realizaciones o encuentros con obstáculos que te he puesto delante para enseñarte que yo soy tu único guía.
21. Siempre he estado proveyéndote no sólo de la vida sino también tratando de darte todas las cosas necesarias para colmar tus necesidades materiales, tus deseos sexuales y creativos, tu búsqueda emocional y tu desarrollo intelectual.
22. Pero yo no soy ese remolino de ideas que llamas intelecto, ni tu recipiente emocional con sus simpatías y repulsiones, ni tu libido animal cegada por sus deseos, ni tampoco tu cuerpo -es decir como tú percibes tu organismo- con sus exageradas necesidades.
23. Esas ideas, sentimientos, deseos y necesidades sólo son la expresión de tu ser, tal como tú eres la expresión de mi ser. Son únicamente fases de tu personalidad humana, del mismo modo que tú eres una fase de mi divina transparencia.
24. Libérate del dominio de tu personalidad, tan afecta a glorificarse o a justificarse a ella misma. Libérate de tu obcecada intelectualidad, infectada de ideas y prejuicios inyectados por la familia, la sociedad y la cultura. Libérate de tu desequilibrio emocional que tiende a atarse a ilusiones para caer a menudo en decepciones. Libérate de la exacerbación del deseo, al que por más que le des satisfacción nunca puedes saciar. Libérate de tus necesidades artificiales que sólo son vicios impuestos por el deseo de parecer lo que no eres.
25. Si quieres que en ti yo sea y reine en tu conciencia, no dejes que el intelecto, las emociones, los deseos y las necesidades te guíen. Conviértelos en tus humildes servidores.
26. Yo soy tu Dios Interior, el que acude a tu Ser esencial, al que yo he despertado, preparándolo expresamente para recibir mi palabra.
27. Serás lo suficientemente fuerte para soportarla, si eliminas tus ilusiones, credos y opiniones, que sólo son la escoria que los demás tiran y que tú has recogido.
28. Entonces mi palabra será para ti un manantial de alegría y bienestar.
29.Tu mente aprenderá a iluminarse, tu corazón a recibir la gracia, tu sexo a conocer el éxtasis creativo y tu cuerpo a vivir en un trance continuo.
30. Pero prepárate a que esta personalidad tuya, implantada por tu familia, la sociedad y la cultura, te haga dudar de mi palabra conforme la vas leyendo.
31. Pues ella sabe que su existencia está amenazada, que no podrá ya vivir y prosperar, ni dominar por más tiempo tus pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades, imperando en tu vida cotidiana como lo ha hecho antes, si abres tu corazón a mi palabra y la albergas en él para siempre.
32. Sí. Yo, tu Dios Interior, te hablo para hacerte consciente de mi presencia.
33. He estado contigo siempre, desde tu nacimiento, pero tú no te has dado cuenta. Ahora es tiempo de que me conozcas, a mí, que era tu yo antes que nacieras y que seré tu yo después que “mueras”.
34. Lo que llamas “muerte” es sólo el paso de una dimensión material a una dimensión inmaterial.
35. ¿Estas decidid@? ¿Quieres sumergirte en tu espíritu infinito?
36. ¡Entonces entrégate a mí! 12
Capítulo 2
El psicoanálisis se dedica a sanar enfermedades y problemas psicológicos del paciente. Por el contrario, el arte para sanar procede a despertar en el consultante sus valores íntimos, no considerándolo enfermo, sino un ser esencialmente sano, invadido por órdenes de ser lo que no es y prohibiciones de ser lo que es, que le han sido injertadas mayormente en la infancia. En lugar de tratar de limpiar sin cesar un cuarto obscuro, es mejor antes encender una luz . Así las “enfermedades” y “problemas psicológicos” dejan de parecer inmensos y se ven en su real pequeñez. He llamado a esta luz “Dios Interior”. Es importante recalcar que el siguiente texto debe ser leído imaginando que nos habla con una voz plena de amor y compasión desde el centro de nuestro inconsciente.
1.Para que puedas conocerme y estés segur@ que soy el Dios Interior, tu propio e intimo ser verdadero, quien dice estas palabras, debes primero desprenderte de las creencias que engañan a tus cuatro principales centros. El centro intelectual, creyendo ser, produce pensamientos; el centro emocional, creyendo amar, produce emociones; el centro sexual creyendo crear produce deseos y el centro corporal, creyendo estar, produce necesidades.
2. Puede que aún no seas capaz de desprenderte de esas creencias, sin darte cuenta que aún no eres, ni amas, ni creas, ni estás.
3. Pero yo te enseñaré cómo lograrlo, si realmente quieres conocerme y estás dispuest@ a confiar en mí y obedecerme en todo aquello que desde ahora te proponga hacer.
4. Olvídate del mundo exterior, de tu personalidad humana y concentra toda tu atención en mis palabras.
5. Como no puedes aceptar nada que no se halle de conformidad con lo que en el pasado has experimentado o aprendido, y que tu intelecto no juzga razonable, convéncete que quien te habla es el Dios Interior, tu íntimo yo, más elevado y divino que tus cuatro centros. Por consiguiente, considerarás a los centros intelectual, emocional, sexual y corporal como si fueran cuatro egos separados de ti.
6. Estos cuatro egos, han estado tan preocupados de dar a tu cabeza, corazón, sexo y cuerpo toda clase de satisfacciones egoístas, las más de las veces frustradas, que nunca han tenido tiempo de relacionarse conmigo, tu Yo verdadero. Por lo cual te has interesado tanto por los placeres y sufrimientos de tus egos, que has llegado a creer que tú eres tus pensamientos, que tú eres tus emociones, que tú eres tus deseos y que tú eres tus necesidades. En consecuencia, te has olvidado de mí.
7. Abre bien los ojos y lee lo siguiente: “Yo no soy tu ego corporal con lo que cree son sus necesidades. Yo no soy tu ego emocional con lo que cree son sus sentimientos. Yo no soy tu ego sexual, con lo que cree son sus deseos. Yo no soy tu ego intelectual con lo que cree son sus pensamientos. Tú eres yo y yo soy tú. TÚ Y YO SOMOS UNO .
8. Tus cuatro centros deben inclinarse humildes ante mí y reconocer que yo soy su Amo. En todo momento, instante por instante, me deben tomar en cuenta: yo soy el origen de todo pensamiento. Yo soy el origen de todo sentimiento. Yo soy el origen de todo deseo. Yo soy el origen de toda necesidad.
9. Ejercítate sin cesar para imaginarte que me sientes en lo íntimo de ti mism@, hasta que rechaces tus dudas y puedas sentir verdaderamente que yo estoy en ti.
10. Te costará abstraerte del cacareo de tus pensamientos, así como de las sensaciones agradables o molestas de tu cuerpo, así como de la constante invasión de emociones, así como el pedido urgente de satisfacer tus deseos. Para lograr sentirme en lo íntimo de ti mism@, debes seguir asiduamente mis instrucciones.
11. Siéntate o acuéstate en una posición que te permita relajar tus músculos, aparta de tu mente por unos minutos el temor angustioso de enfermarte, envejecer, morir, o perder tus bienes materiales. Reconoce que ahora estás viv@, tranquil@, descansad@, y protegid@ por mí, tu Dios Interior.
12. Sin luchar tratando de impedir su existencia, ni atarte a ellos, deja pasar como un rebaño de nubes cruzando el cielo, tus inútiles pensamientos, sentimientos, deseos y necesidades, mientras te entregas a mí.
13. Entrégame tus pensamientos, tus sentimientos, tus deseos. Haz de mí tu necesidad primordial.
14. Yo, Dios Interior, conciencia infinita y eterna, te pide a ti, conciencia limitada y mortal, una total obediencia.
15. Hasta que hayas comprendido mi íntimo significado, repite incesantemente, imaginando la potente y amorosa dulzura de mi voz: “YO SOY DE TI. YO CONFIO EN TI. YO TE HAGO FELIZ”.
16. Si repites lo suficiente mis palabras, tu ser esencial se despojará de esa ilusión que llamas “Yo personal”, sentirás que tu rostro se hace transparente, te sentirás henchid@ de pies a cabeza por una maravillosa energía.
17. Mi poder, despertándose dentro de ti, hará expandir tu conciencia, hasta desprenderla de la Tierra y pasearla por la inmensidad cósmica.
18. Conocerás entonces el éxtasis de un amor que todo lo abarca, de un pensar que todo lo sabe, de una fuerza que todo lo puede, de una energía inmortal.
19. Una vez que me hayas sentido así, reconocido mi poder y escuchado mi voz, ninguna enfermedad podrá deprimirte, ningún acontecimiento te asustará, ningún adversario logrará vencerte.
20. Sabiendo que yo, Dios Interior, soy la raíz de ti mism@, siempre, en los momentos difíciles recurrirás a mí, dándome toda tu confianza y dejándome manifestar mi voluntad.
21. Entonces me dejarás hacer lo que yo quiero que se haga, como, por ejemplo, que tus males sanen, o ejecutes labores que ahora crees que te son imposibles de realizar, o llenar tu corazón que sientes vacío con un amor que no reconoce límites ni en el tiempo ni en el espacio.
22. Pero esto no vendrá luego. Depende de tu capacidad de captarme y aceptarme. Puede tardar años, como puede venir mañana o ahora mismo.
23. ¿Quieres que eso sea ahora mismo ? Entonces repite con toda la fuerza de tu espíritu : « ¡Si no es ahora, ¿cuándo ?! ¡Si no es aquí, ¿dónde ?! ¡Si no soy yo, ¿quién ?!
24. El encuentro conmigo no depende de nadie sino de ti. No de tu personalidad humana ni de sus ideas, sentimientos, deseos y necesidades; sino de tu capacidad de aceptar que yo soy tú.
25. Somete tu voluntad a la mía y deja que yo determine la hora oportuna para la acción.
26. Si tú, ignorándome, tratas de abrirte paso a través del muro de tu conciencia limitada, quizás puedas lograr abrir una brecha entre el mundo que llamas real y el reino de los sueños. Pero por esa puerta que has abierto forzándola, entrarán entidades negativas en tu dominio privado que sólo lograrás expulsar a costa de muchos sufrimientos. Te sentirás poseíd@, deprimid@ o demente.
27. Pero esto yo te lo permito algunas veces para que por medio de tales sufrimientos, venciendo esas dificultadas, obtengas la fuerza que te falta y el discernimiento necesario para saber que mientras no abandones todo deseo de conocimiento para tu propio provecho personal, no podrás entrar en la gloriosa luz de mi sabiduría.
28. Haz de modo que todas tus investigaciones y todos tus esfuerzos sean llevados a cabo con fe y confianza en mí, tu verdadero e íntimo yo, sin que estés inquiet@ o impaciente por los resultados; porque todos estos están sostenidos por mi amor infinito, y yo me ocuparé de ellos.
29. Tus dudas e inquietudes son escorias de tu personalidad efímera, y si las dejas persistir te conducirán al fracaso y al desaliento.
30. Si lo que hasta aquí has leído ha encontrado eco en ti mismo, y deseas saber más, entonces estás list@ para que yo, Dios Interior, te diga quién soy y qué deseo. 16
Capítulo 3
“HABLA MI DIOS INTERIOR” es un texto con intensiones sanadoras para tod@s aquell@s que han crecido sintiendo no valer nada y no pudiendo encontrar un significado a sus vidas. 17
1. Yo, tu Dios Interior, soy el centro de tu inconsciente. Sosegadamente espero y velo ocupando con mi ser todo tu tiempo y todo tu espacio.
2. Yo vigilo y espero que acabes con tus egoísmos y debilidades, con tus vanos deseos, ambiciones y pesares, tratando de erigir tu yo personal en medida del mundo.
3. Un día, cansad@ de estas escorias, recurrirás a mí, desalentad@, humilde, y me pedirás que te conduzca, sin comprender que siempre te he estado conduciendo.
4. Sí, yo, tu Dios Interior, he sido quien realmente ha dirigido todos tus pasos; quien ha inspirado todos tus pensamientos, sentimientos, deseos y actos, utilizando y manipulando secretamente a cada uno de estos, a fin de atraerte hacia el reconocimiento y la aceptación de mi poder.
5. Sí, yo, tu Dios Interior, he estado contigo en todos los acontecimientos de tu vida: en tus alegrías y en tus dolores, en tus éxitos y fracasos, en tus buenas y malas acciones, en tu defensa de los débiles y en tu destrucción de plantas, animales y ambiente planetario. En consecuencia, si tú seguiste el camino recto o el camino torcido, sabe que fui yo quien te hizo hacerlo así.
6. Fui yo quien te alentó a seguir adelante, por el vislumbre que de mí te di, permitiéndote percibirme confusamente, a lo lejos, en tu conciencia.
7. Fui yo quien te desvió del buen camino por la visión que de mí te di en algún cuerpo encantador, en un placer intoxicante o en una finalidad ambiciosa…
8. …para que al final, decepcionad@, impur@, enferm@, deprimid@, rebelándote enfadad@ e inspirad@ por una nueva ambición, vinieras por fin a mí.
9. Sí, yo, tu Dios Interior, soy aquel que anima tu cuerpo, hace que tu mente piense, tu corazón lata y tu sexo desee y cree. Yo soy aquel que atrae a ti el dolor, o el placer, sean estos aparentemente corporales, sexuales, emocionales o intelectuales.
10. Sí, yo, tu Dios Interior, soy aquel que te hace hacer todo lo que tú haces, y todo lo que los otros seres hacen, pues yo soy aquel que es en ti y en ellos.
11. Yo soy la causa animante no sólo de tu ser, sino también de todo lo viviente: soy la única realidad. Soy infinito y eterno. El Universo es mi cuerpo. Toda la inteligencia que existe emana de mí, todo el amor que une a lo creado brota de mí, y todos los deseos de crear, todo poder, no son otra cosa que mi voluntad en acción.
12. Todo lo que es, expresa una fase de mí.
13. Te estarás preguntando: “¿Entonces, no hay nada ni nadie más fuera de mi Dios Interior? ¿Podré alguna vez tener individualidad propia?”
14. Nada hay, absolutamente nada que no sea una parte de mí, que soy la única e inconmensurable realidad.
15. En cuanto a tu llamada “individualidad” no es ella sino un mínimo ensueño que aún busca conservar su existencia ilusoria separada de mí.
16. Pero pronto conocerás que no hay otra individualidad aparte de mi individualidad y que toda personalidad está condenada a disolverse en mi divina impersonalidad. 19
Capítulo 4
Esta es la última parte de “HABLA TU DIOS INTERIOR”. Imagina que lo que lees te lo está diciendo una voz que surge del centro de tu corazón, fuerte y delicada, femenina y masculina al mismo tiempo, plena de amor y sabiduría. Entrégate a esa compasiva voz, detén durante la lectura toda crítica, absórbela, digiérela y después, de regreso a tu “yo”, decide si crees en ella o no. 20
1. Te lo repito: yo soy tú, el Dios interior, todo lo que realmente eres.
2. Te lo repito otra vez: lo que tú crees ser, no es lo que eres. Eso es sólo una ilusión, una sombra de tu verdadero ser, el cual soy yo, tu inmortal Dios Interior.
3. Yo soy esa limitada conciencia que en tu mente humana se llama a sí misma “Yo”. Pero yo soy ese “Yo”. Y eso que llamas “tu” conciencia es en realidad mi conciencia, pero atenuada para acomodarse a tu mente humana.
4. Cuando puedas expulsar de esa que llamas “tu” mente todos sus conceptos, ideas y opiniones humanas y permanezca limpia de ellos, de modo que yo pueda estar en condiciones de expresarme libremente, entonces me reconocerás y sabrás que tú personalmente nada eres, como no seas un canal por el cual yo penetro en la dimensión material.
5. Cada célula de tu cuerpo tiene una conciencia propia. Si no fuera por esa conciencia, no podría hacer el trabajo que tan inteligentemente ejecuta.
6. Pero cada célula está rodeada de millones de otras células y cada una desempeña inteligentemente su propia tarea. La conciencia unida de todas esas células forma una inteligencia superior que domina y dirige ese trabajo.
7. Soy yo la inteligencia superior que dirige el trabajo de todos los órganos y vísceras de tu cuerpo. Cuando yo me retiro definitivamente de tu organismo, las células se separan y tu cuerpo físico muere.
8. Tú no puedes controlar personalmente la acción de un solo órgano, de una sola víscera de tu cuerpo. Los controlo yo, tu Dios Interior.
9. Tú eres, por así decirlo, una célula de mi cuerpo, y tu conciencia es mía. Por lo tanto la conciencia de cada célula de tu cuerpo es mi conciencia. La célula, tú y yo somos uno.
10. Tú no puedes actualmente dirigir o controlar una sola de tus células, pero cuando me entregues tu conciencia y me dejes, a mí, Dios Interior, penetrar en ella, entonces, obedeciéndome, podrás controlar no solamente cada una de las células de tu cuerpo sino las de cualquier otro cuerpo que desees sanar.
11. Tú, como una de las células de mi cuerpo, tienes una conciencia que es mi conciencia, una inteligencia que es mi inteligencia, y también una voluntad que es mi voluntad. Tu no posees ninguna de éstas por ti mism@. Todas ellas son mías y para mi uso solamente.
12. Mi conciencia, mi inteligencia y mi voluntad son completamente impersonales y por eso son comunes a ti y a todas las células de mi cuerpo (los otros humanos), del mismo modo que son comunes a todas las células de tu cuerpo.
13. Yo, Tu Dios Interior, soy totalmente impersonal y, por ello, mi conciencia, mi inteligencia y mi voluntad, operan en ti y en los otros seres vivientes.
14. Por lo tanto yo, Dios Interior, y el “yo soy” tuyo y el de tus semejantes, así como la conciencia y la inteligencia de todas las células de todos los cuerpos, somos uno.
15. Yo, Dios Interior, soy el ser inteligente, director de todos ellos: el espíritu animante, la conciencia de toda materia, de toda substancia.
16. Y si puedes comprender esto, reconocerás que, de manera impersonal, estás en todos y eres uno con todos; estás en mí y eres uno conmigo; lo mismo yo estoy en ti y en todos, expresando a través de todos mi realidad.
17. Tu voluntad es mía, tus pensamientos son míos, tus deseos son míos, tus acciones son mías, tu conciencia es mía.
18. Tu voluntad no es otra cosa que una pequeña parte de mi voluntad, que yo te permito usar en lo personal; pero tan pronto como te des cuenta y reconozcas en ti mi existencia y comiences a usarme conscientemente, yo, poco a poco, te concederé más y más poderes.
19. Porque todo poder y su uso no son sino un mayor o menor reconocimiento y comprensión de mi voluntad.
20. Si yo pusiera en tus manos todo mi poder, antes de que supieras manejarlo conscientemente, éste desintegraría tu cuerpo.
21. Por ello es que, para mostrarte lo que resulta del abuso de mi poder, yo, tu Dios Interior, a veces te permito envanecerte con la sensación de mi presencia en ti, dejando que me utilices para tus fines particulares; pero no por largo tiempo, porque, no siendo tú lo bastante fuerte para dominar mis poderes, pronto se vuelven en tu contra.
22. Pero yo, tu Dios Interior, estoy siempre ahí para levantarte después de la caída, -aunque tú en ese momento no lo sepas- primero avergonzándote, en seguida haciéndote dar cuenta de la causa de tu error y, finalmente, cuando estás suficientemente humillad@, revelarte que esos poderes que se manifiestan en ti por el uso de mi voluntad, mi inteligencia y mi amor, te los concedo para usarlos solamente en mi servicio y de ninguna manera para tus fines personales.
23. ¿Pueden acaso las células de tu cuerpo, los músculos de tu brazo, considerarse como si tuvieran una voluntad desligada de tu voluntad, o una inteligencia diferente de tu inteligencia? No, ellos no conocen otra inteligencia que la tuya, ninguna otra voluntad más que la tuya.
24. Dentro de poco comprenderás y te darás cuenta que tú, en cuanto conciencia corporal humana, eres solamente una de las células de mi cuerpo.
25. Tu voluntad no es tu voluntad, sino la mía; la conciencia y la inteligencia que tienes son mías totalmente, y no existe en ti ese “yo” que crees tener, pues, personalmente, no eres más que una forma física con un cerebro humano, creada por mí, con el fin de manifestar en la materia mi espíritu infinito y eterno.
26. Todo esto puede serte ahora difícil de aceptar y puedes protestar enérgicamente que no puede ser así, que toda tu naturaleza se rebela contra tal subordinación tuya a un poder invisible y desconocido, por más divino que sea.
27. Mas no temas, pues es sólo tu personalidad individual la que se rebela. Si perseveras prestando atención a mis palabras y estudiándolas, pronto se aclarará todo y yo, tu Dios Interior, otorgaré a tu conciencia muchas verdades maravillosas que ahora es imposible para ti comprender.
28. Y te regocijarás hasta lo íntimo de tu ser y bendecirás estas palabras por el mensaje que te traen.
29. Todas las esperanzas te serán permitidas. La semilla de alma que traías al nacer se desarrollará, permitiéndote atravesar eso que llamas “muerte”.
30. Convertido en un ser inmaterial conocerás la totalidad del universo.
31. Vivirás tantos años como ha de vivir el universo.
32. Te convertirás en la conciencia del universo, creando mundos sin cesar.
33. Si ahora no tienes la suficiente fe para creer esto, imita la fe. Se logra obtener lo que no se tiene, imitándolo.
34. Si repites y memorizas estas palabras, acabarás por darte cuenta que aquello que has leído, lo has escrito tú mismo.
35. Escúchame bien: ¡Tú eres el Dios Interior!
36. Aquel que creías ser era un medio, menos que polvo en el viento.
37. Escúchame bien: ¡Yo soy tú, el Dios Interior!
38. Fuerza permanente en el espacio y en el tiempo, el universo no me contiene, sino yo a él.
39. Soy anterior a la vida y a la conciencia.
40. Ni siquiera el vacío me da origen, porque el mismo vacío pertenece a mi naturaleza y yo no a la suya.
41. No hay nada que escape a mí, porque soy la Verdad.
42. Ahora, por el momento, voy a callarme. No te desanimes, aquí, en el centro de ti mism@, permaneceré hasta el fin de tu encarnación en este mundo.
43. En cualquier momento, si me necesitas, te puedo hablar. Lo único que tienes que hacer es concentrarte en el amor que me tienes e imaginar mi voz.
44. Confía en ti, todo lo que imagines que yo te digo, realmente yo te lo estoy diciendo, puesto que yo , Dios Interior, soy tu imaginación.

miércoles, abril 01, 2026

El Vuelo Mágico - Extracto

Mircea Eliade
Este verano en Ascona se ha hablado mucho de Job y Yahvé; el último libro de Jung se llama, en efecto, Respuesta a Job. Como todos los años desde 1932, el profesor Jung ha pasado la segunda quincena de agosto en Ascona, a orillas del Lago Mayor, para asistir a las conferencias organizadas por el círculo Eranos.
Algún día tendrá que escribirse la historia de este círculo tan difícil de definir. Fue Rudolf Otto quien le dio nombre: en griego, eranos significa «comida frugal donde cada uno aporta su parte». Eranos es la creación del entusiasmo, de la voluntad y de la perseverancia de la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn, holandesa educada en Inglaterra, pero establecida en Ascona desde hace treinta años. Interesada por el simbolismo, apasionada por las investigaciones de Jung, la Sra. Olga Fröbe-Kapteyn se ha propuesto invitar todos los años a un cierto número de sabios para discutir un tema común desde la perspectiva de la especialidad de cada uno de ellos. Así, se han tratado temas tan diferentes como El Hombre y la Máscara, la Gran Diosa, la Meditación en Oriente y Occidente, el Tiempo, el Yoga, los Ritos, etc. La intención de Eranos consiste en considerar el simbolismo desde todos los ángulos posibles: psicología, historia de las religiones, teología, matemática e incluso biología.
Sin dirigirlo directamente, Jung es el spirítus rector de este círculo al que ha comunicado sus primeras investigaciones sobre la alquimia, el proceso de individuación y, recientemente (1951), sus hipótesis concernientes a la sincronicidad. Un editor con coraje y clarividencia, el Dr. Brody, se ha encargado de publicar los textos de estas conferencias. Hoy en día los veinte volúmenes de Eranos-Jahrbücher constituyen con sus ocho mil páginas una de las mejores colecciones científicas referidas al estudio de los simbolismos.
A sus setenta y siete años el profesor Jung no ha perdido nada de su extraordinaria vitalidad, de su sorprendente juventud. Ha publicado uno tras otro tres libros nuevos: sobre el simbolismo del Aíon, sobre la sincronicidad y, finalmente, esta Respuesta a Job que ha provocado ya reacciones sensacionales, sobre todo entre los teólogos.
-Siempre había pensado en este libro -me confiesa el profesor Jung, una tarde en la terraza de la Casa Eranos-; pero he tardado cuarenta años en escribirlo. Cuando leí por vez primera, aún niño, el Libro de Job, quedé terriblemente conmocionado. Descubrí que Yahvé era injusto, que incluso es un malhechor. Pues se deja persuadir por el diablo. Acepta torturar a Job por la sugestión de Satán. En la omnipotencia de Yahvé, ninguna consideración hacia el sufrimiento humano. Por lo demás, aún subsisten en ciertos escritos judíos rastros de la injusticia de Yahvé: en un texto tardío, Yahvé pide la bendición del gran sacerdote, como si el hombre fuera superior a Él...
-Pudiera suceder que todo esto fuera una cuestión de lenguaje. Pudiera ser que lo que usted llama «injusticia» y «crueldad» de Yahvé no fueran más que fórmulas aproximativas, imperfectas, para expresar la total trascendencia de Dios. Yahvé es «aquel que es», por tanto, está por encima del Bien y del Mal. Es imposible captarlo, comprenderlo, formularlo; por consiguiente, es a la vez «el misericordioso» y «el injusto». Eso es un modo de decir que ninguna definición puede circunscribir a Dios, ningún atributo lo agota...
-Yo hablo como psicólogo -continúa el profesor Jung- y, sobre todo, hablo del antropomorfismo de Yahvé¿ y no de su realidad teológica. Como psicólogo compruebo que Yahvé es contradictorio y también creo que se puede interpretar psicológicamente esta contradicción. Para poner a prueba la fidelidad de Job, Yahvé concede a Satán una libertad casi sin límites. Ese hecho no carece de consecuencias para la humanidad: se esperan acontecimientos futuros muy importantes a causa del papel que Yahvé pensó tener que ceder a Satán. Ante la crueldad de Yahvé, Job calla. Ese silencio es la más hermosa y noble respuesta que el hombre haya podido dar a un Dios todopoderoso. El silencio de Job anuncia ya a Cristo. En efecto, Dios se hace hombre, Cristo, para redimir su injusticia con respecto a Job...
El teólogo protestante Hans Schär, al que ya se debe un bello volumen sobre la psicología religiosa de Jung, se pregunta si dentro de cien años Respuesta a Job no será considerado un libro profético. Cuando Jung había publicado sus primeros estudios sobre el inconsciente colectivo y, por consiguiente, se había despegado del freudismo, parece ser que Freud decía de su antiguo colaborador: «Al principio era un gran sabio, ¡pero ahora se ha convertido en profeta!». ¡En la broma del Maestro algunos ven el mayor de los elogios: ¡en efecto, consideran al profesor Jung como un profeta de los tiempos modernos! Pues si Freud tuvo el gran mérito de descubrir el inconsciente personal, Jung descubrió el inconsciente colectivo y sus estructuras, los arquetipos. Y con ello aportó una luz nueva a la interpretación de los mitos, las visiones y los sueños. Más aún: muy pronto Jung se liberó de los prejuicios cientifistas y positivistas del psicoanálisis freudiano: no redujo la vida espiritual y la cultura a epifenómenos de complejos sexuales de la infancia.
Finalmente, Jung tiene en cuenta la Historia: mira la psique como naturalista y como historiador; según él, la vida de las profundidades psíquicas es la Historia. Dicen los junguianos que sus descubrimientos cambiarán completamente el universo mental del hombre moderno. Freud no se equivocó: Jung no podía quedarse en ser un simple «sabio», tenía que ampliar cada vez más el horizonte de sus descubrimientos y trazar un camino para que el hombre moderno saliera de su crisis espiritual. Pues para Jung, como para muchos otros, el mundo moderno está en crisis, y esta crisis está provocada por un conflicto aún no resuelto en las profundidades de la psique.
-El gran problema de la psicología -continúa Jung-, es la reintegración de los contrarios: eso se encuentra por todas partes y en todos los niveles. Ya en mi libro Psicología y alquimia (1944) tuve ocasión de ocuparme de la integración de Satán. Pues mientras Satán no sea integrado, el mundo no se curará y el hombre no se salvará. Pero Satán representa el Mal y ¿cómo integrar el Mal? Sólo existe una posibilidad: asimilarlo, es decir, elevarlo a la conciencia, hacerlo consciente. Eso es lo que la alquimia llama «conjunción de dos principios». Porque realmente la alquimia retorna y prolonga el cristianismo.
Según los alquimistas, el cristianismo ha salvado al hombre, pero no a la naturaleza. El alquimista sueña con curar el mundo en su totalidad: la piedra filosofal es concebida como el Filíus Macrocosmi que cura el mundo. El fin último de la «obra» alquímica es la apokatastasís, la Salvación cósmica.
Jung ha comprendido muy bien que la alquimia, desde sus orígenes hasta su fin, no fue sólo una pre-química, una «ciencia experimental» embrionaria, sino una técnica espiritual. El objetivo de los alquimistas no era estudiar la Materia, sino liberar al Alma de la materia. Jung llegó a esta conclusión leyendo los textos de los alquimistas clásicos. Se sorprendió ante la semejanza entre los procesos alquímicos por los cuales se pensaba obtener la piedra filosofal y las imágenes en los sueños de algunos de sus pacientes que, sin darse cuenta, estaban trabajando en la integración de su personalidad.
En estudios acerca de la alquimia asiática publicados entre 1935 y 1938, mostramos que las operaciones de los alquimistas chinos e indios perseguían igualmente la liberación del alma y la «perfección de la materia», es decir, la colaboración del hombre en la obra de la naturaleza. Esta convergencia de resultados adquiridos en ámbitos diferentes y por métodos diferentes nos parece una confirmación manifiesta de la hipótesis de Jung.
-He estudiado alquimia durante quince años, pero no se lo dije nunca a nadie. No quería sugestionar ni a mis pacientes ni a mis colaboradores. Pero después de quince años de investigaciones y de observaciones, las conclusiones se impusieron con una fuerza ineluctable: las operaciones alquímicas eran reales, sólo que esa realidad no era fisica sino psicológica. La alquimia representa la proyección de un drama en términos de laboratorio que es a un tiempo cósmico y espiritual. El opus magnum tenía como finalidad tanto la liberación del alma humana como la curación del Cosmos. Lo que los alquimistas llamaban «materia» era en realidad el «sí mismo». El «alma del mundo», anima mundi, identificada por los alquimistas con el spírítus mercurius, estaba aprisionada en la materia.
Por eso los alquimistas creían en la verdad de la materia: pues la materia era en efecto su propia vida psíquica. Se trataba de liberar esa materia, de «salvarla»; en una palabra, obtener la piedra filosofal, es decir, el «cuerpo glorioso», el corpus glorificationís. Pero ese trabajo es dificil y está sembrado de obstáculos: la «obra» alquímica es peligrosa. Ya en el inicio se encuentra al «Dragón», el espíritu ctónico, el «Diablo», o como lo llaman los alquimistas, el «Negro», la nigredo. Y ese encuentro produce sufrimiento.
La «materia» sufre hasta la desaparición de la «negrura»; en términos psicológicos el alma se encuentra en las ansias de la melancolía luchando con la «Sombra». El misterio de la conjunción, misterio central de la alquimia, persigue justamente la síntesis de los opuestos, la asimilación del «Negro», la integración del Diablo. Para el cristiano «despierto» eso constituye un acontecimiento psíquico muy grave, pues es la confrontación con su «Sombra»: ésta representa la «negrura» (nigredo), lo que permanece separado, es decir, lo que jamás podrá ser totalmente integrado en la persona humana. Al interpretar la confrontación del cristiano con su «Sombra» en términos psicológicos, se descubre el miedo secreto de que el Diablo sea más fuerte, de que Cristo no haya logrado vencerle completamente.
De otro modo, ¿por qué se ha creído, y se continúa creyendo, en el Anticristo? ¿Por qué se ha esperado, y se espera aún, la llegada del Anticristo? Pues sólo después del reino del Anticristo y después de la segunda venida de Cristo, el Mal será vencido definitivamente en el mundo y en el alma humana. Todos estos símbolos y creencias son solidarias en el plano psicológico: siempre hay que luchar contra el Mal, con Satán, y vencerle, esto es, asimilarlo, integrarlo en la conciencia. En el lenguaje alquímico la materia sufre hasta la desaparición de la nigredo, cuando la «aurora» es anunciada por la cauda pavonis y aparece un día nuevo, la leukosis, albedo. Pero en ese estado de «blancura» no se vive en el sentido propio del término. De algún modo, es una especie de estado ideal, abstracto; para vivificarle se necesita «sangre» y hay que obtener lo que los textos alquímicos llaman la rubedo, lo rojo de la Vida. Sólo la experiencia total del ser puede transformar ese estado «ideal» de la albedo en una existencia humana integral. Sólo la sangre puede reanimar una consciencia gloriosa en la que se ha disuelto el último rastro de la «negrura» en la que el Diablo ya no tiene una existencia autónoma, sino que se incorpora a la unidad profunda de la psique. Entonces la «obra», el opus magnum de los alquimistas, ha sido realizada: el alma humana está perfectamente integrada...
No voy a analizar aquí esta grandiosa reconstrucción de la alquimia emprendida por Jung. Baste con recordar que la integración del «Mal» constituye para él el gran problema de la consciencia moderna. Algunos le han reprochado su esfuerzo orientado a la Unidad Total, a costa de sacrificar las polaridades, la abolición de contradicciones, la integración de Satán. Pero jung no pretende hacer ni teología ni filosofía de la religión.
-Yo soy un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma, pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual.
Como psicólogo compruebo que el estado de gracia existe: es la perfecta serenidad del alma, el equilibrio creador, fuente de energía espiritual. Sin dejar de hablar como psicólogo, corroboro que la presencia de Dios se manifiesta en la estructura profunda de la psique como una coíncidentia oppositorum. Y toda la historia de las religiones, todas las teologías están ahí para confirmar que la coincídentia opposítonim es una de las fórmulas más utilizadas y arcaicas para expresar la realidad de Dios.
Como decía Rudolf Otto, la experiencia religiosa es numinosa, y yo como psicólogo distingo esa experiencia de las otras por el hecho de que trasciende las categorías ordinarias de tiempo, espacio y causalidad. últimamente he estudiado mucho la sincronicidad (brevemente expresado: la «ruptura del tiempo») y he comprobado que está muy cerca de la experiencia numinosa: espacio, tiempo y causalidad están abolidos. No pretendo establecer ningún juicio de valor acerca de la experiencia religiosa. Compruebo que el conflicto interior es siempre fuente de crisis psicológicas profundas y peligrosas; tan peligrosas que pueden destruir la integridad humana. Psicológicamente, ese conflicto interior se manifiesta por medio de las mismas imágenes y por el mismo simbolismo atestiguados en todas las religiones del mundo y utilizados también por los alquimistas.
De ese modo he llegado a ocuparme de la religión, de Yahvé, Satanás, Cristo, la Virgen. Comprendo muy bien que un creyente vea en esas imágenes algo diferente de lo que yo, como psicólogo, tengo el derecho de ver. La fe del creyente es una gran fuerza espiritual y es la garantía de su integridad psíquica. Pero yo soy médico: me ocupo de la curación de mis semejantes. Por desgracia, la fe y sólo ella ya no tiene el poder de curar a ciertos seres. El mundo moderno está desacralizado; por eso está en crisis. El hombre tiene que volver a descubrir una fuente más profunda de su propia vida espiritual. Pero para ello tiene la obligación de luchar contra el Mal, de enfrentarse con su «Sombra», de integrar al «Diablo». No hay otra salida. Por eso Yahvé, job, Satanás, representan psicológicamente situaciones ejemplares: son como los paradigmas del eterno drama humano...
En toda su obra, que es inmensa, Jung parece obsesionado con la reintegración de los opuestos. A su modo de ver, el hombre no puede alcanzar la unidad más que en la medida en que logra superar los conflictos que lo desgarran interiormente. La reintegración de los contrarios, la coincidencia opposítorum, es la piedra angular del sistema de Jung. Por eso mismo está interesado en las doctrinas y técnicas orientales. El taoísmo y el yoga le han revelado los medios utilizados por el asiático para transcender las múltiples polaridades y alcanzar la unidad espiritual. Pero este esfuerzo orientado a la unidad por la integración de los opuestos se encuentra también en Hegel aunque sea en un plano bien distinto. Uno se podría preguntar si no se debería llevar aún más lejos la comparación entre Hegel Jung.
Hegel descubre la Historia y su gran esfuerzo tiene como fin la reconciliación del hombre con su propio destino histórico. Jung descubre el inconsciente colectivo, es decir, todo lo que precede a la historia personal del ser humano, y se dedica a descifrar las estructuras y la «dialéctica» con intención de facilitar la reconciliación del hombre con la parte inconsciente de su vida psíquica y conducirle a la reintegración de su personalidad. A diferencia de Freud, Jung tiene en cuenta la Historia: los arquetipos, estructuras del inconsciente colectivo, están cargados de «historia». Ya no se trata, como en Freud, de una espontaneidad «natural» del inconsciente de cada individuo, sino de una inmensa cantera de «recuerdos históricos»: la memoria colectiva donde en su esencia sobrevive la Historia de toda la humanidad. Jung cree que el hombre debería aprovechar más esa cantera: su método analítico está dirigido justamente a elaborar los medios para utilizarla.
-El inconsciente colectivo es más peligroso que la dinamita, pero existen medios para manejarlo sin demasiados riesgos. Cuando se desencadena una crisis psíquica, se está mejor situado que cualquier otro para resolverla. Se tienen sueños y «sueños de vigilia»: hay que esforzarse por observarlos. Se podría decir que cada sueño lleva a su manera un mensaje: no sólo te dice que algo no funciona en tu ser profundo, sino que además te proporciona también la solución para salir de la crisis. Pues el inconsciente colectivo, que te envía estos sueños, posee ya la solución. En efecto, nada se ha perdido de toda la experiencia inmemorial de la humanidad. Todas las situaciones imaginables y todas las soluciones posibles parecen estar previstas por el inconsciente colectivo. No tienes más que observar con sumo cuidado el «mensaje» transmitido por el inconsciente y «descifrarlo». El análisis ayuda a leer correctamente esos mensajes...
Jung concede una importancia capital a la interpretación de los sueños, esa mitología camufiada en el hombre moderno. No deja de ser interesante recordar que el surrealismo, que representa el esfuerzo más sistemático de renovación de la experiencia poética contemporánea, había aceptado la realidad onírica. 0 mejor aún: el surrealismo ha perseguido, entre otras cosas, la integración del estado de sueño para conseguir la «situación total», más allá de la dualidad consciencia-inconsciencia. Por mucho que los freudianos le hayan acusado de ser más «teórico» que práctico, Jung no ha querido abandonar la perspectiva del psicólogo para proponernos una filosofía basada en la dialéctica de la coincidencia oppositorum. Pero es permisible esperar que sus discípulos retomen y prolonguen un día sus esfuerzos por precisar las relaciones entre la experiencia consciente del individuo y la «Historia» conservada en el inconsciente colectivo.
Los sueños representan para Jung un lenguaje coherente y, tanto más rico aún por cuanto está libre de las leyes del tiempo y de la causalidad. Fue a consecuencia de sus sueños, que vanamente había tratado de interpretar en términos del psicoanálisis freudiano, cuando Jung llegó a suponer la existencia del inconsciente colectivo. Eso tuvo lugar en 1909. Dos años más tarde, Jung empezaba a darse cuenta de la importancia de su descubrimiento. Finalmente, en 1914, siempre a consecuencia de una serie de sueños y de «sueños de vigilia», comprende que las manifestaciones del inconsciente colectivo son en parte independientes de las leyes del tiempo y de la causalidad. Como el profesor Jung ha tenido a bien autorizarnos a hablar de esos sueños y de esos «sueños de vigilia», que han desempeñado un papel capital en su carrera científica, ofrezco seguidamente un resumen:
En octubre de 1913, encontrándose en el tren que le llevaba de Zurich a Schaffhausen, le sucedió este extraño hecho: una vez en el túnel, pierde la conciencia de tiempo y de lugar, y despierta al cabo de una hora oyendo anunciar al conductor la llegada a Schaffhausen. Durante todo ese tiempo fue víctima de una alucinación, de un «sueño de vigilia»: veía el mapa de Europa y veía cómo el mar la iba cubriendo país por país empezando por Francia y Alemania. Poco tiempo después, todo el continente se encontraba bajo el agua, a excepción de Suiza, que era como una montaña muy alta que las olas no podían sumergir. Jung se veía sentado sobre la montaña. Y, al mirar mejor alrededor de él, se dio cuenta de que el mar era sangre: comenzó a distinguir sobre las olas los cadáveres, los tejados de las casas, vigas medio quemadas...
Tres meses más tarde, en diciembre de 1913, se repite el mismo «sueño de vigilia» a la entrada del mismo túnel. («Era como una inmersión en el inconsciente colectivo», comprendería más tarde.) El joven psiquiatra se preocupa. Se pregunta si no estará «haciendo una esquizofrenia» (según el lenguaje de la época). Finalmente, algunos meses más tarde, sueña lo siguiente: se encuentra con un amigo durante el verano en los mares del sur, cerca de Sumatra. Por los periódicos se enteran de que Europa ha sido invadida por una ola de frío terrible como jamás antes se había conocido. Jung decide partir a Batavia y embarcarse para regresar a Europa. Su amigo le dice que viajará en un velero de Sumatra hasta Hadramaout y que luego continuará su camino por Arabia y Turquía. Jung llega a Suiza. Sólo ve nieve. Una viña inmensa se eleva en algún lugar con muchos racimos. Se acerca y se pone a coger racimos distribuyéndolos entre desconocidos que le rodean pero que no puede ver...
-A su tercera repetición, el sueño llegó a inquietarme en el más alto grado. Justamente preparaba una comunicación sobre la esquizofrenia para el congreso de Aberdeen y me decía: «¡Hablaré de mí mismo! Probablemente me volveré loco después de la lectura de la comunicación ... ». El congreso tenía lugar en julio de 1914: exactamente en el período en que en mis tres sueños me veía en los mares del sur. El 31 de julio, inmediatamente después de mi conferencia, me enteré por los diarios de que la guerra acababa de estallar.
¡Por fin comprendía! Y cuando al día siguiente el barco me dejó en Holanda, no había nadie más feliz que yo. Ahora estoy seguro de que no me amenazaba ninguna esquizofrenia. Había comprendido que mis sueños y visiones procedían del subsuelo del inconsciente colectivo. Sólo tenía que trabajar para profundizar y dar validez a este descubrimiento. Y es a lo que me dedico desde hace casi cuarenta años...
Poco tiempo después Jung tuvo la alegría de recibir una segunda confirmación a su sueño. Los diarios no tardaron en hablar de las aventuras del capitán de barco alemán Von Mücke, que en un velero había recorrido los mares del sur desde Sumatra hasta Hadramaout y después se había refugiado en Arabia para alcanzar desde allí Turquía...