30 nov. 2008

Entrevista a Luís JIMÉNEZ MARHUENDA


I.- Hola Luis. ¿Cuánto tiempo hace que estás introducido en el mundo de los misterios?
L.- Bueno, la verdad es que hace ya muschos años que vengo arrastrando esta bendita locura, pero a pesar de que en África ya me había interesado por los fenómenos extraños, cuando comencé a trabajar en la radio en España, fue cuando me introduje de lleno en la ufología, y más concretamente en el caso UMMO.
I.- ¿ UMMO ?, ¿ Qué piensas de UMMO ?
L.- Ja, ja, ja ... a pesar de que mi querido amigo Manuel Carballal ha emitido esas conclusiones de las que seguro le han informado y dada su profesionalidad, ha publicado según los datos, estoy completamente convencido que las declaraciones de José Luis Jordán Peña y todos los que afirman que UMMO era un montaje, son inciertas. Tengo pruebas concluyentes de que el caso UMMO es cierto.
I.- ¿Pruebas, qué pruebas ?
L.- A lo largo de los años he recibido decenas de cartas firmadas por los ummitas y cuyo contenido, cada vez que lo leo, me convence más de la existencia y realidad del fenómeno.
I.- Luis, ¿sólo cartas, o... algo más?
L.- Je, je, je... tú lo sabes, tú sabes muy bien que además de cartas he tenido otro tipo de pruebas evidentes que me hacen pensar eso. Recuerdo que cierto día, tras una pequeña disputa con mi querida esposa y que refería a la educación de nuestro hijo Javier, de la que se hablaba de un castigo por haber hecho alguna trastada, ja, ja, ja... recibí una llamada telefónica y de inmedaito reconocí su voz. Cuando Mari, vino a ver quién era, le hice una señal de que cogiese un grabador para grabar la conversación y... de inmediato escuché: "No, no Luis, no grabe esta conversación telefónica, no podrá". A continuación me hizo algunos comentarios de las diferencias que habíamos tenido mi esposa Mari y yo referente al problemilla.
I.- ¿ Has tenido alguna vez algún encuentro con algún ovni?
L.- Si, bueno, creo! ja, ja, ja... creo porque nunca se está seguro hasta que no bajen y nos estrechen la mano. Recuerdo un día en San Vicente cuando estábamos reunidos algunos amigos y propusimos a los extraterrestres que si realmente existían y eran ellos, que nos diesen una prueba. Casi de inmedito un inmenso objeto paso por delante de nuestra ventana, y cuando salimos, vimos como se alejaba rápidamente. Ese día fue el famoso "apagón" de San Vicente, en el que por extrañas circunstancias la central eléctrica se paró. Al día siguiente se identificó un inmenso círculo de tierra y hierba quemado junto a la Universidad de Alicante. Y todavía hoy casi diez años después, se puede ver como surge en determinadas fechas un círculo de hierba, perfecto.
I.- ¿Crees que existe a vida después de la muerte?
L.- Por supuesto... creo que cuando morimos nos tenemos que transformar en algo, pero seguro que no desaparecemos ya está. Algo perdura, estoy convencido.
I.- Muchas gracias Luis y hasta otra...
L.- De nada sabes que siempre estaré a vuestra disposición.
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Luis Jiménez Marhuenda nació en San Vicente del Raspeig, hijo, nieto y descendiente de sajeños, era muy alicantino y muy soñador. Su primer sueño le llevó a África a la Guinea Española del decenio de los cuarente, cuando era un mozalbete. Allí se enamoró de la radio y se aficionó de tal manera que, tras aprender en una emisora casi clandestina que se llamó Radio Papaya, levantó las emisoras que allí se fundaron luego, Radio Santa Isabel de Fernando Póo, en la isla, y más tarde Radio Ecuatorial Bata, en Río Munoi, el continente guineo.
Fue director de ambas e hizo de ellas dos potencias informativas. cuando España independizó a Guinea Española y nació Guinea Ecuatorial como nación independiente, Luis Jiménez fue expulsado con todos los coloniales que habitaron el país y lo hicieron grande, tan grande que la renta per cápita en Guinea era la mayor de todo el África occidental.
Y lo era porque allí había personalidades como Jiménez Marhuenda, hombre que tambien creó la Federanción de Montañismo y fue de los primeros en ascender al Pico de Santa Isabel que alza sus tres mil metros sobre el nivel del mar situado a treinta kilómetros de distancia. Jiménez buscó en lo recóndito e inexplorado y ha pasado a la historia como el descubridor de la Caldera de San Carlos. Acompañado de un buen equipo que integraba con él la Federación de Montañismo, llegó aquel año de 1961 a lo más hondo de la Caldera, tras haberla subido por los cauces de los ríos fronteros con el poblado de Ureka y clavó en el fondo del crater la bandera de España.
Creó, fundo y presidió la Atag, Asoc. Teatral de Guinea, en la que formó a cuantos blancos y negros, amaban el teatro y se entregaban a este arte.
Tras veinte años en Guinea y vuelto a España e integrado en Radio Nacional y Radio Cadena Española, se casó en Madrid con Mari Carmen una bellísima locutora a la que conoció en Radio Santa Isabel de Fernando Póo y la que formó una familia numerosa y modélica, de la que viven Javier, Silvia y Leticia. Desde 1969 dedicó su hacer al periodismo radiofónico y realizó durante muchos años, en Alicante, el programa "A media Voz". Experto en temas paranormales, hizo muy popular su nombre y su nutrida audiencia esperaba impaciente cada programa que crecía en interés. Era una persona muy humilde, inteligente ( La inteligencia y humildad van en razón directa), compresiva y eficaz, gran cultivador y enseñante de la oratoria, de la locución y de las técnicas de programación y radiofonía. Perdonaba en el momento de ser ofendido y defendía su lema de lograr la paz en el mundo por amor. Fué un gran profesional, un gran amigo excelente y un hombre admirado por tantísimos oyentes y por cuantos aprendimos de su sabiduría y de su humildad.
Toda su vida vivió del periodismo y desde hace diez años dirigía y escribía "La Guía. revista de Alicante y Provincia", en la que nunca han faltado su "Carta al Alcalde", sus "Páginas de San Vicente", y por supuesto sus páginas de información y "Misterio". Fue también hasta su muerte el director de la Emisora Onda 2000 de Alicante. Escritor de pluma viva, fácil, muchas veces arrebatada, contaba las cosa recreándose y sus guiones rediofónicos, miles de guiones emitidos por las Emisoras de Radio a las que perteneció en su vida, dejaban aflorar la melancolía, la añoranza o el recuerdo de tantos años en un país que fue par él, objeto de su amor, o de emoción y de deleite a sus lectores o invocaba la presencia de platillos volantes en parajes puntuales alicantinos.
Su vida fue ejemplo de bondad y de generosidad. jamás se negó a participar en presentaciones, en festejos populares, en charlas a escolares. El pasado 13 de abril, tuvimos el honor y el placer de escucharlo en el Colegio Raspeig de San Vicente, en un delicioso canto a la alicantinidad dedicado con gran cariño a los escolares que aprendieron jubilosamente y se divirtieron como enanos.
El Estado reconoció sus reconocimiento condecorándolo con la Encomienda de la Orden de África. Y los alicantinos tienen la honra de cntar entre sus hombres eminentes a un periodista que fue hasta su muerte un profesional como la copa de un pino, un hombre bueno, sabio cautivante y lleno de amenidades, un poeta de romances lluviosos, un escritor exuberante, un parapsicólogo experto en ovnis de fama nacional, un conferenciante siempre grato, un prestigioso africanista y un perfecto caballero.
Íñigo DE ARANZADI
Miembro
C. de la Real Academia Española