30 nov. 2008

La Lúz y la Consciencia


José María Doria


Diálogo entre Darío, Yoguina y Néor

Darío: ¿Existe alguna relación entre la luz y la consciencia?

Néor: La luz y la consciencia son la misma realidad y tienen tanto en común, como que ambas son el momento presente por excelencia. La Luz es en la creación un absoluto presente.

Darío: Por favor explíquese de manera más accesible.

Néor: Usted seguramente sabe por las leyes de las Física que, por debajo de la velocidad de la luz estamos “atrapados” en el tiempo, y desde ese estado mental la percibimos. Pero atención, usted también sabe que si fuésemos capaces de vibrar a la velocidad de la luz, existiríamos de la misma forma que ella existe, es decir ocupando todos lo tiempos y espacios simultáneamente, es decir: Tiempo-O: un aspecto sobradamente refrendado por Albert Einstein y la actual comunidad científica. Pues bien, de manera similar la consciencia ó energía luz, existe en la eternidad del momento presente.

Darío: ¿Quiere usted decir que la luz está expandida en todo el universo?

Néor: Lo que usted también sabe es que, desde nuestro punto de vista, un rayo de luz viaja a 300.000 Kilómetros por segundo. Un ejemplo de ello lo tenemos al deducir que un rayo de luz que sale del Sol, tarda ocho minutos en llegar a la tierra, a causa de los 150 millones de kilómetros que nos separan. Pero ¡Atención! Lo verdaderamente importante es que todo este análisis de medida, lo hacemos desde la perspectiva del cálculo humano, porque, tal y como demuestra la teoría de la relatividad de Einstein, si lo hiciésemos desde la perspectiva de la luz, es decir, si fuésemos “rayo de luz”, no tardaríamos esos ocho minutos mencionados en recorrer la distancia, sino que, en realidad, no tardaríamos nada porque “seríamos” simultáneamente tanto en el Sol como en la Tierra. Es decir ocuparíamos todos los espacios y, en consecuencia, nuestro tiempo sería cero.

Darío: Ignoro la naturaleza de la consciencia, pero lo que sí sé es que nuestra mente está en el pasado y en el futuro a través de sus propios pensamientos.

Néor: Efectivamente, nosotros podemos pensar en el pasado o en el futuro, pero esos pensamientos aunque sean referidos a pasado o futuro, son pensamientos generados en el momento presente, es decir vividos ahora mismo, y aunque son pensamientos relativos a asuntos pasados, corresponden al ahora. ¿me sigue? La consciencia es un continuo-ahora, que se va hilando a lo largo del tiempo, una cualidad fundamental de nuestra experiencia.

Darío: Interesante. ¿No fue también Albert Einstein el que afirmó que: La Luz es el cemento de Dios?

Néor: Afirmativo. Pero hay todavía más similitudes entre la luz y la consciencia, por ejemplo, ninguna de las dos es un objeto o una cosa. No son parte del mundo físico, ambas son inmateriales y por muy rápido que se viaje utilizando mecanismos materiales, nunca se podrá alcanzar la velocidad de la luz y por mucho que uno lo intente, nunca podrá aprehender utilizando el pensamiento la esencia del Ser, su verdadera identidad.

Darío: ¿Cuál nació antes?

Néor: La luz de la consciencia está siempre ahí desde el principio, es la esencia y sustancia de toda experiencia. Todo lo que pensamos y sentimos son creaciones en la mente. En un principio sólo era la Luz y solamente cuando el universo comenzó a expandirse y enfriarse se crearon partículas elementales. En este sentido puede considerarse a la materia como “luz cristalizada”. Recuerde como la Física define la luz blanca como aquella que contiene todas los colores y frecuencias. Cuando esta luz incide sobre un objeto, una rosa por ejemplo, éste absorbe ciertas frecuencias. Las que no son absorbidas se reflejan dando a la rosa su color peculiar. Análogamente podemos considerar a la consciencia pura como blanca, es decir, sin contenidos, un campo que contiene todas las posibilidades. Sin embargo cuando se colorea por medio de los sentidos, de la memoria o de la imaginación, la consciencia adquiere las formas, olores y sonidos del mundo que experimentamos.

Darío: ¿Llegaremos a contemplar la luz interna con la misma claridad que contemplamos la externa?

Prometeo: Conocemos esta luz interior como el Ser. La sabiduría oriental cuando trata de definir al Ser, lo suele hacer en términos negativos: “neti, neti”. Es decir: “ni esto, ni aquello”. Es lo mismo que pasa cuando queremos definir un agujero, ya que no se trata de algo, sino más bien de la ausencia de algo. Un agujero es el mismo agujero ya sea que esté en un trozo de madera o en una piedra. Pues el Ser es una especie de agujero en el mundo y, más que una parte del mundo es una ausencia de materialidad, de forma y de cualidades. Cuando intentamos definirlo no encontramos ninguna cosa y lo definimos en los términos de lo que lo rodea: el cuerpo, los sentimientos, la personalidad, los recuerdos, así convertimos al Ser en “algo” y no es eso. De todas formas Dios es una experiencia y no está para se discutido sino para ser vivido. Dios simplemente ES.

Darío: ¿Cree usted que siempre está en todo y todos?

Yoguina: Le contaré un cuento de Sabiduría Milenaria:



LOS MOMENTOS DIFICILES. Julia era una mujer que tras haber superado el doloroso duelo de la pérdida de su marido a lo largo de dos penosos años, había dedicado muchas horas de su soledad y desgarro a relacionarse con una inteligencia superior, a la que finalmente había comenzado a llamar sin ningún tipo de pudor como El Profundo.

Poco a poco su relación con ese Poder era tan intensa y jubilosa que prácticamente contaba con Él para superar y reflexionar todos los acontecimientos de su vida. Podría afirmarse que Julia había convertido su vida en un espacio sagrado, en donde ella sentía que nada sucedía por casualidad. Todo acontecimiento que se saliera un poco de la mas estricta cotidianeidad, sentía que traía un mensaje de aprendizaje y crecimiento que convertía en conversación íntima con El Profundo.

De hecho muchas veces caminando por la playa veía literalmente las huellas que El Profundo dejaba al caminar junto a ella, y en esta complicidad impregnada de pequeños fenómenos, todo discurría pleno de aceptación y gratitud.

Pero al paso del tiempo llegaron tiempos difíciles y su atención se fue desviando hacia focos de incertidumbre y ansiedad que insensibilizaban todo contacto de su divina relación. Una noche al comprobar que únicamente sus huellas eran visibles en el camino, de pronto descubrió que desde hacía tiempo andaba sola.

Y entonces desesperada exclamó::

¡No veo tus pisadas en la arena! ¿Por qué me has abandonado?-

Y la respuesta que oyó en su corazón fue:

-Nunca te he abandonado, querida mía. En los momentos difíciles y llenos de dolor, soy yo quien te lleva en brazos.

De pronto se dio cuenta de que su intuición era y siempre había sido LUZ, esa Conciencia Absoluta que en todo tiempo y lugar, inspiraba el camino.