30 nov. 2008

Las "Líneas de Nazca" de Mongolia


Por Manuel Carballal


El descubrimiento se produjo de forma absolutamente casual, como suelen producirse este tipo de hallazgos. La expedición VORTICE-99, con la que recorrí más de 6.000 kilómetros durante más de un mes, entre la frontera de Siberia y el desierto del Gobi, se hallaba en esos instantes en las orillas del lago Urgg. Desde el lugar en que nos encontrábamos, a un lado del lago, podíamos ver, al otro extremo las montañas de Rusia. Grabamos algunos planos y tomamos algunas fotografías, y cuando ya abordábamos los todoterrenos, Asunción, la directora de la expedición, se percató de la existencia de unas extrañas “figuras” a lo lejos.

Cuando nos acercamos para verlas más de cerca nos encontramos con lo que parecían tres tumbas del periodo de colonización turca en Mongolia, precedidas por tres esculturas, de las cuales sólo una permanecía completa. Instintivamente la bautizamos como “el vigilante”, ya que esa la impresión que nos sugería. La de un “vigilante” que escrutaba atentamente el inmenso valle estepario en que nos encontrábamos.

Tras fotografiar, filmar y medir a “el vigilante” nos disponíamos ya a abandonar la zona cuando yo me fije en unos “amontonamientos de piedras” que avistaba a alguna distancia de aquel lugar. Me separé del grupo y me acerqué a investigar, y cuando subí a lo alto de dicho “amontonamiento” y miré a mi alrededor me percaté de que me encontraba en el centro de una gigantesca rueda, una especie de enorme “sol” rodeado de siete “rayos” y que, obviamente, sólo podría ser apreciado en todo su conjunto desde el aire. Inmediatamente me puse a gritar como un loco para que todos mis compañeros confirmasen lo que yo estaba viendo...


1.000 enigmas de piedra

Durante nuestra larga expedición a lo largo y ancho de toda Mongolia descubrimos numerosos enclaves arqueológicos antes y después de encontrarnos los gigantescos “soles” del lago Urgg, sobre los que volveré más adelante.

En realidad nuestro primer hallazgo importante en este sentido se había producido semanas antes, muy cerca de Moron, a unos 700 kilómetros de Ulaan Baatar, la capital del país.

Llevábamos ya varias jornadas de viaje, y teníamos la esperanza de encontrar algunos de los espectaculares monolitos, con grabados pétreos, que sabíamos existían en diferentes puntos del país, y que demostraban la antigüedad de la técnicas utilizadas por los chamanes siberianos para comunicarse con los dioses. Pero no esperábamos encontrarlos tan pronto.
Nuestro primer descubrimiento nos pilló desprevenidos, casi a la puesta de sol. Recortados sobre el horizonte surgieron ante nuestros todoterreno. Los arqueólogos españoles con los que en su día tuve oportunidad de colaborar en el estudio de los petroglifos me habían enseñado como la situación del sol sobre los grabados puede resaltar o por el contrario, casi convertir en invisibles, un mismo surco pétreo, y en este caso la bajísima situación del astro rey, casi rozando el horizonte, parecía arrancar los antiquísimos grabados de la piedra.

Se trataba de un grupo de enormes monolítos, alguno de más de 2’80 metros de altura, y unos 35 cm de ancho. Todos los lados grabados estaban orientados perfectamente hacia los cuatro puntos cardinales, y en las caras este y oeste de los monolitos aparecían los grabados de un sol, y otro disco que supuse sería la luna. Semanas más tarde varios arqueólogos mongoles con los que tuve la oportunidad de reunirme en distintas ciudades del país me explicaron que aquellos discos en realidad representaban “espejos mágicos”, utilizados desde tiempos inmemoriales por los brujos y médicos tradicionales. “Espejos mágicos” que, todavía en la actualidad, miles de años después de que aquellos petroglifos fuesen esculpidos, los chamanes de Siberia y Mongolia continuan utilizando.

Antes de dejar atrás aquel conjunto arqueológico y seguir camino hacia el norte, en dirección a la frontera siberiana, levanté un calco de aquellos grabados del “espejo mágico” con objeto de poder someterlo al examen de los arqueólogos. Lo que no podía suponer en ese instante es que, días más tarde yo podría tener entre mis propias manos uno de esos “espejos mágicos” de prehistórico origen, en el tipi de una mujer-chamán de la étnia tsatan, a orillas del lago Hosvol.

Sin embargo sería razonable suponer que han existido construcciones de monolitos en diferentes momentos históricos, ya que en nuestro viaje hemos encontrados piezas de estilo muy diferente. Tal es el caso de los estilizados y enormes monolitos, terminados en un rostro humano perfectamente esculpido, que nos topamos a unos 30 km. al sur del lago Hosvol.

Resulta interesante reseñar, además, que en varios puntos del país, donde encontramos monolitos similares, pudimos apreciar como dichas piedras han sido divinizadas por los pastores nómadas, que en muchas ocasiones rodean esos grabados con las características telas azules bendecidas por los lamas, en señal de reverencia y devoción.

Desgraciadamente no siempre fue así. Cuando en los años 30 Mongolia pasó a ingresar en el bloque de los países comunistas, tras solicitar la ayuda de Rusia en su conflicto con los manchures, toda expresión de religiosidad fue considerada como superstición y por tanto prohibida, y de la misma forma en que los lamas fueron detenidos o expulsados del país (o incluso ejecutados), y los templos budistas fueron destruídos, otras expresiones de la religiosidad tradicional mongola fueron dañadas, como los ovoos, o algunos de estos ancestrales grabados divinizados por los nómadas.
A un par de horas de Tsongsengel, en el centro del país, decubrimos el lamentable espectáculo de algunos monolitos que habían sido arrancados de cuajo de sus pilares, y aparecían ahora tirados por tierra y rotos, como cadaveres de piedra abandonados a los buitres en busca de souvenirs históricos...


El gigante y la serpiente

Cientos de kilómetros mas tarde tuvimos la oportunidad de visitar otros emplazamientos arqueológicos, totalmente diferentes, pero no menos fascinantes... sobre todo para el astroarqueólogo.

Y es que las leyendas que suelen rodear los lugares arqueológicos de todo el planeta resultan extremadamente sugerentes. Tal es el caso de la Taiger Chulum (La Piedra Taiger).

La Taiger Chulum es uno de los lugares sagrados más importantes del país, de obligada visita para todo viajero o turista.

Se encuentra muy cerca de Iktamir, y a unos veinte kilómetros de Tsenserleg. Y destaca a mucho distancia al encontrarse de una colosal roca que aparece como la única protuberancia en docenas de kilómetros a la redonda. Una especie de “pequeña montaña” solitaria en la inmensa, plana y desertica estepa.

La Taiger Chulun mide unos 15 metros de alto por unos 17 de ancho, según mis estimaciones, y presenta en su parte más alta un ovoo, señal inequívoca del carácter sacro de tal roca.

Según la leyenda que nos narraba el vigilante de esta insólita piedra, Baitmit Elj Horde, y que se ha trasmitido oralmente durante generaciones, hace miles de años una serpiente gigantesca aterrorizaba toda la comarca, asesinando y devorando a los lugareños. Ante las súplicas y oraciones de sus víctimas, un dios-gigante acudió para enfrentarse al monstruo, y con su fuerza sobrenatural arrancó un trozo de montaña que transportó por los aires hasta este lugar, para arrojarlo contra la serpiente, sepultándola bajo ella.

Según la leyenda esto ocurrió hace miles de años, ya que a pesar de que la Taiger Chulum está repleta de infames graffitis y pintadas, muchos de ellos de contenido político anti-religioso, si nos fijamos bien en sus paredes podremos descubrir auténticas pinturas rupestres de antigüedad prehistórica.

Es necesario invertir algún tiempo en la búsqueda de estos tesoros arqueológicos, ya que las pintadas modernas no han tenido ningún rubor en sepultar la mayor parte de las mismas. Sin embargo nuestra paciencia será recompensada ya que podremos descubrir incluso algunos grabados antropomorfos posiblemente realizados en el Neolítico.

Para amantes de las curiosidades ufológicas, podemos apuntar que, entre todas las pintadas y grafitis que rodean, y a veces sepultan, las pinturas rupestres, nos topamos incluso el famoso símbolo )+(, atribuido al gobierno central de UMMO...

Llegados a este punto debemos aclarar que el símbolo )+( nos lo encontramos en diferentes momentos de nuestro viaje, tanto en monasterios budistas como en campamentos nómadas, y hasta en edificios modernos. Interrogados nuestros guías sobre el origen de este símbolo, de tanta relevancia ufológica, nos explicaron que, al igual que la famosa cruz svástica utilizada por Hitler, su origen se pierde en la noche de los tiempos, ya que ambos son símbolos muy conocidos en el mundo budista, y de una antigüedad incalculable...


Estrellas gigantes para ser vistas desde el espacio

Durante nuestro recorrido por el país visitamos infinidad de lugares arqueológicos de gran interes. Desde tumbas de la época de la invasión turca, presididas por sugerentes esculturas humanoides, como las que nos topamos a orillas del río Khend Teykh; viejas fortalezas como las “Ruinas Negras” de Khar Balgasin Tuur, en Khotant. Pero sin duda, las más interesantes y sugerentes eran las compuestas por amontonamientos de piedras que parecen dibujar insectos, o algún tipo de animal que, por su tamaño, parecen haber sido construidas tan sólo para ser apreciadas desde el aire.

En diferentes partes del mundo existen contrucciones similares, que en diferentes ocasiones han desatado la imaginación de los astro-arqueólogos. Las famosas “pistas” de Nazca, en Perú; o los caballos blancos de Inglaterra, son buenos ejemplos. Sin embargo todos esos grabados palidecen ante el colosal tamaño de los existentes en Mongolia.

Y es que, como apuntaba anteriormente, en el gigantesco valle que rodea el lago Urrg nos topamos el descubrimiento arqueológico más interesante de todo nuestro periplo por Mongolia.

El colosal dibujo de una estrella o sol, con siete rayos que salen de su parte central, está compuesto de las siguientes partes:
- Una especie de “plaza” o circulo central de 5 metros de diámetro.
- Esa “plaza” central está rodeada por otro circulo compuesto por amontonamientos de piedras, de 4 metros de grosor.
- Desde ese punto parten los siete rayos, que miden poco más de 20 metros de longitud, reuniéndose en el perímetro exterior de ese gran sol o estrella. Tenemos pues, por tanto, una figura completa inicial de unos 33 metros de diámetro.

- A 14 metros de esa figura descubrimos una serie de pequeños círculos de piedra que parecen rodear en tres cuartas partes la figura central. Cada uno de esos pequeños “satélites” mide 1 metro de diámetro, y pude contar hasta 29, más un pequeño monolito, del que parten los 29 “satélites” que rodean la “estrella”.

- Y justo de la parte que no está rodeada por los “satélites”, es decir en el extremo Sur de la “estrella”, encontramos una nueva formación pétrea. A 20 metros del perímetro exterior de la “estrella”, es decir, la distancia de uno de sus rayos, encontramos una especie de túmulo, del que salen un perfecto alineamiento de piedras de 76 metros de longitud, compuesto por pequeños monolitos. Debo apuntar que dicho alineamiento no es perpendicular al eje central de la “estrella”, sino que tiene una deriva a sureste de unos +- 20 grados.

- Justo al otro lado de la figura central, y a unos 70 metros de distancia, se encuentra las 3 figuras presididas por la estatua de “el vigilante”.

En otras palabras, todo el complejo que forma esa enorme figura mide, si mis mediciones son correctas, más de 160 metros (70 más si incluyesemos las tumbas y esculturas de “el vigilante” en el mismo). Si tenemos en cuenta que las principales figuras de Nazca, como “el mono”, no superan los 70 metros, podríamos afirmar que este grabado mongol duplicaría ese tamaño o hasta lo triplicaría.

El lector familiarizado con la astroaqueología comprenderá mi entusiasmo ante este descubrimiento. Sobretodo porque yo no había encontrado ni una sola referencia bibliogracia en las publicaciones arqueológicas, a la existencia de estas formaciones. No la encontré antes de iniciar mi viaje, ni tampoco la he encontrado después. Por lo cual agradecería cualquier referencia bibliográfica en este sentido.

Resulta evidente que las fotografías que estaba tomando de aquella formación de piedras no hace justicia al tamaño de la misma. Ni siquiera a pesar de utilizar un objetivo de gran apertura en muchas de ellas. Era necesario intentar tomar una foto desde una perspectiva lo más alta posible, asi que conseguí convencer a mis compañero para que subiésemos a lo alto del monte más cercano para intentar, desde lo alto, fotografiar aquella “estrella”. Y así lo hicimos.

Pero a pesar de nuestros esfuerzos, y una vez en lo alto del monte más cercano, nos dimos cuenta de que aquella altitud no era suficiente para apreciar la forma de aquella “estrella”, que veíamos sólo como un conjunto de piedras mas o menos circular. Lo más extraordinario era que, desde allá arriba pudimos descubrir hasta media docena mas de amontonamientos similares a lo largo y ancho de aquel gigantesco valle. Es decir, que podían existir hasta 7 gigantescas “estrellas” construidas en aquel lugar, que sólo podrían ser observadas desde el aire... ¿para que?
Estoy seguro de que si Erick von Däniken lee estas líneas, deducirá que estas enormes figuras fueron construidas como un “mapa estelar” por los “dioses del pasado”, o algo parecido. Sin embargo antes de pasar a elucubraciones astroarqueológicas debíamos acudir a las fuentes ordodoxas, y eso hicimos.

Tras nuestro inesperado hallazgo consultamos a varios arqueólogos e historiadores, como el Dr. Tserendagva Yadmaa, del Departamento de Arqueología del Instituto de Historia de la Universidad de Ulan Baatar; la Dra. Jeannine Davis Kimball, del Centro de Estudios de los Nomadas de Eurasia, de la Universidad de Berkley; o el Dr. Daváhu, director del Museo de Historia de la provincia de Olguii.

Tras enseñarles los dibujos de mi cuaderno de campo, y explicarles la ubicación de los grabados, todos nos dieron una explicación racional para los mismos. Lamentablemente las tres resultaron ser explicaciones diferentes. Mientras para unos eran grabados realizados con animo de representar motivos astronómicos (la teoria mas razonable a nuestro juicio), otros pensaban que se tenían una función relacionada con la agrigultura, y otros le suponían una utilidad funeraria.

Desgraciadamente no pudimos sacar nada en claro de nuestra consulta a los arqueólogos. Pero lo que está claro es que las enormes “estrellas” del lago Urgg deberán hacerse un sitio en la galeria de extraños grabados y “pistas” visibles desde el aire, en los catálogos mistéricos de la astroarqueología internacional.