1 dic. 2008

Entrevista a Bruno CARDEÑOSA


Por Mundo Misterioso

-MM: El Código Secreto es tu tercer hijo*; a la tercera va la vencida. Por fin una editorial de prestigio internacional tiene la oportunidad de hacerse con un original tuyo. ¿Marca este libro el fin de una época en la vida de Bruno Cardeñosa, o el inicio de una nueva etapa?
-BC: No, porque seguiré escribiendo libros sobre OVNIs y otros misterios. Pero claro, Grijalbo y su grupo, Random House, es la segunda editorial del mundo en habla hispana y El código secreto será, siempre que los lectores quieran, algo así como un rampa de lanzamiento. Pero lo que más me interesa es hacer buenos libros y escribirlos bien. Si se venden… ¡cojonudo!

* Antes, Cardeñosa había publicado 50 años de OVNIs (América Ibérica, 1997) y Los archivos secretos del Ejercito del Aire (Bell Book, 1998).
-Bruno Cardeñosa siempre ha sido conocido, fundamentalmente, como investigador del fenómeno OVNI. De hecho sus obras anteriores se dedican a ese tipo de anomalías. ¿Reniegas de tu pasado como ufólogo, o este nuevo libro tiene algo que ver con los anteriores?
-Tiene que ver en el sentido de que el enigma OVNI es tan sumamente complejo y amplio, tan poliédrico, que detrás de los No Identificados hondea un enigma si cabe mayor: el ser humano. Y nosotros somos en sí mismo un misterio. ¿Quiénes somos? ¿Dónde vamos? ¿Estamos solos? Estas preguntas se las ha formulado cualquier investigador OVNI. Yo lo hice y busqué la respuesta y en esa búsqueda me encontré con los enigmas de la evolución humana. Pero no reniego de los OVNIs. En absoluto. Sigo y seguiré investigando ese enigma hasta que me muera.
-Durante todo el libro reivindica la figura de Charles Darwin, frente a la comunidad científica conservadora, que se burló y condenó sus teorías revolucionarias. ¿No será que en el fondo todos los ufólogos (e investigadores del misterio en general) se creen un poco darwines de una pretendida nueva revolución científica?
Algo de eso hay. Darwin, que era muy sensato, casi prefirió morirse antes de dar a conocer sus teorías. Tenía un enorme miedo de las consecuencias que le traería. No tenía ese ímpetu quijotesco que sí tienen algunos ufólogos, aunque al final se atrevió a hacerlo. Pero es que la sociedad en la que vivió era más coercitiva y vengativa. A mí nadie me va a juzgar ni condenar por mi libro, porque afortunadamente existe la libertad de expresión. Sin embargo, en las semanas previas a la publicación del libro quienes no creen en la libertad de pensamiento, y quienes se erigen en nombre de la ciencia en abanderados de una hipotética verdad, iniciaron una horrorosa campaña en contra de mí. Han querido censurar y prohibir mi libro.
Me han acusado de creacionista y de antidarwinista, cuando desde el comienzo del libro señalo lo contrario: El Código Secreto defiende los preceptos de Darwin y de la evolución. Me limito, y no es poco, a exponer una serie de anotaciones a pie de página que ponen en duda las verdades establecidas. Pero todo cuanto digo esta, pura y simplemente, fundamentado. Acertadas o no, la mayor parte de las afirmaciones que hago están sustentadas por científicos y hallazgos. Aunque al contradecir lo establecido han sido ignorados y menospreciados. Yo les doy voz.
-Sugiere que todas las razas que actualmente habitan la tierra provienen de una misma especie de homínidos (pág. 73). ¿Cómo encajarán esta pretensión todas las corrientes xenófobas y racialistas, que proclaman las diferencias radicales entre razas, incluso a nivel genético?
Científicamente no existen diferencias entre las razas. Es más: no existen más razas que la humana. Que uno u otros tengamos un color de piel diferente tiene una razón de ser, fundamentada sobre todo en cuestiones ambientales y alimenticias. Desnudos de piel nadie podría distinguir a que raza pertenece una persona. Todos somos hijos de una misma línea homínida que se inauguró a raíz de la mutación en un nucleótido que sufrió una mujer africana hace 150.000 años. Las razas llegaron muchos milenios después. Sólo los mal nacidos pueden sustentarse en argumentos científicos para apoyar el racismo.
-Existen algunas preguntas elementales que probablemente todos nos hemos hecho alguna vez, y a las que aludes en El Código Secreto (pág. 85). Si el hombre y el mono tienen un origen común, ¿porque el primero evolucionó hasta nosotros y el segundo detuvo su evolución? ¿Existe algún otro factor de influencia en nuestro desarrollo, que no sea la mera evolución biológica de las especies?
Ojalá supiéramos la respuesta. Los chimpancés y los humanos compartimos del orden del 98,4 por ciento de nuestros genes. No más de 50 genes. Y sin embargo, las diferencias saltan a la vista, aunque no en todos los casos… Pero esa es otra historia. A lo que iba… La evolución no superdota a ninguna especie. Y nosotros somos la excepción, la única excepción. Es como si hubiera algo más que nos hace diferentes… Eso es el código secreto, un algo que todavía no hemos localizado, a nivel genético o a no sé qué nivel, que nos ha convertido en unos inadaptados de la evolución.
-El libro es muy audaz, pero algunos capítulos lo son especialmente. En el segundo afronta clásicos de la astroarqueología, como las piedras de Ica, las figuras de Acámbaro, los cráneos prehistóricos tiroteados, las suelas de zapatos en fósiles contemporáneos de los saurios... ¿Es posible integrar esos enigmas parahistóricos en lo que pretende ser una obra de divulgación científica?
Nunca he pretendido hacer una obra de divulgación científica, al menos en el sentido estricto del término. Al fin y al cabo soy periodista, y lo que he buscado en El Código Secreto es reunir todas aquellas piezas, la admitidas y las que no lo son (siempre que las heterodoxas estén fundamentadas), para observar el problema en su conjunto. Y luego he reflexionado, porque aunque sea periodista tengo cabeza sobre los hombros. Y lo que he descubierto es que si determinadas piezas son ignoradas es porque escapan a los preceptos científicos establecidos. Eso no es razón para condenarlas a la hoguera. Hay que buscar modelos que integren ambos conjuntos, porque las diferencias las han creados los hombres; los hechos invitan a pensar que en la historia del ser humano hay muchas más cosas de las que nos han contado.
-Menciona a algunos científicos como Ernst Haeckel que buscaron en continentes míticos, como Lemúria, el mítico eslabón perdido (Pág. 125), pero cita solo de pasada esas míticas civilizaciones como Mu, Lemuria o La Atántida. ¿Significa eso que no tienen lugar en tu reconstrucción de la historia de la humanidad?
El problema lo veo así: existen eslabones perdidos, espacios en blanco en nuestra evolución. Pero determinadas informaciones, hallazgos y descubrimientos vienen a llenar esos huecos. Al menos algunos. No puedo negar que el primer bípedo, o el primer homínido del género homo, quizá habitó en una tierra que hoy ya no existe y por eso sigue sin encontrarse. Pero si esa tierra desapareció y aún no tenemos mas que pistas de ella, ¿cómo vamos a saber cómo eran los hombres que las habitaban? Me he limitado a lo que conocemos. A partir de ahí se abren una serie de opciones, pero he tratado de enmarcarlas dentro de lo conocido, lo que no quiere decir "lo comprendido".
-En varios capítulos del libro, y en sorprendente epílogo que lo concluye como un teletipo de última hora que ratifica lo adelantado en el manuscrito original- alabas reiteradamente el clan Leakey. ¿Por qué? ¿Por su valor para renunciar a la universidad? ¿Por su autosuficiencia? ¿Por su valor para rescribir el pasado? ¿Cree que esas deberían ser las cualidades exigibles a los verdaderos científicos?
Insisto en que no soy científico. Pero en el libro hay mucha reflexión y observación atenta. Por ello me atrevo a sopesar algunas hipótesis. Para mí un científico es aquel que busca, se formula preguntas, que investiga, que no renuncia a ninguna hipótesis y que siempre está abierto a desmarcarse de las corrientes oficiales si las sospechas apuntan a ello. Un buen científico debe ser rebelde y no sumiso. Un científico que afirma "esto es así, porque la ciencia dice que es así" puede tener mil títulos y estar doctorado en mil universidades, pero está faltando al primer dogma: todo debe ser investigado y no existen verdades que no puedan ser revisadas.
-Por cierto, no tienes mucho pudor en atacar una y otra vez el inmovilismo, el tradicionalismo, la cobardía y la inercia de la que denomina ciencia oficial. ¿Existe otra forma de ciencia?
Sí, por desgracia. Critico el hecho de que alguien que propone una visión diferente sea menospreciado por ello. Le pasó a Miguel Servet, a Galileo, al mismo Darwin… Hoy por hoy hay unas verdades institucionalizadas y si alguien osa en contradecirlas saldrá del circuito de ciencia oficial. Y nadie, ni siquiera la ciencia puede imponer verdades. ¡Cómo no me voy a rebelar contra eso!
-Una de las muchas revelaciones excitantes de tu revisión histórica es la relativa a las inconcebibles trepanaciones y operaciones quirúrgicas en el pasado remoto (pag. 195). ¿Sugiere que la cirugía es una ciencia muy anterior a Hipócrates?
Lo afirmo. Si se han descubierto huesos con marcas de operaciones quirúrgicas hace 10.000 años o más no hay otra lectura que suponer que entonces ya se efectuaban.
-En el capítulo 4 nos presentas a Eva, nuestra madre (mitocondrial) universal, de origen africano. Sin embargo inviertes muchas páginas en enunciar las evidencias de otras evas (Lara, Ursula, etc), y fósiles de antropoides, diferentes a los africanos, en Asia, América, Europa... ¿Significa eso que en realidad no todas las razas humanas actuales provienen de esa Eva africana?
Con toda seguridad. Aquella mujer, por lo que se sabe, pertenecía a un núcleo poblacional muy limitado. Y sus descendientes, cargados con su nuevo ADN, para entendernos, acabaron emigrando. Y gracias a la genética sabemos que no fueron migraciones gigantescas, sino muy limitadas, y que en quienes las efectuaron se produjeron nuevas mutaciones cuyo rastro podemos seguir.
-Hasta la página 257 del libro te muestras muy cauto a la hora de relacionar las anomalías lógicas que plantea en la línea evolutiva del hombre, pero a partir de ahí, y durante casi el resto del capítulo, planteas que algunas pinturas rupestres, como Tassili. Kondoa, etc, podrían plasmar la intervención de seres no terrestres en nuestra evolución. ¿Es correcto? ¿O por el contrario esas pinturas estarían más relacionadas con viajes al fondo de la mente, que con viajes espaciales?
Quizá ambas cosas no son tan diferentes. Si existen seres de otros mundos, entre nosotros y ellos no se interponen millones de años luz, sino sólo nuestra mente. Para las pinturas rupestres quizá no sólo hay una explicación. Son enciclopedias de las vivencias y conocimientos de los hombres de entonces. Y como nuestras enciclopedias no marcaban hechos normales sino ideas, eventos y acontecimientos relevantes para aquellos hombres. Pero es que lo que dicen los libros de texto es que las pinturas rupestres representaban los animales que iba a cazar al día siguiente aquellos hombres… ¡Qué va! Muchos de los animales que aparecen en esas pinturas jamás los vieron sus autores porque no existían en aquellos lugares. Por tanto, obtenían la información de otra forma.
-Al final, cual es la conclusión al debate: ¿Orce (Pág. 287) o Atapuerca (Pág. 163)?
Ambos. Pero me irrita mucho que los descubrimientos de Orce estén defenestrados por el mero hecho de que quienes están detrás de estas excavaciones no lo están en el circuito mediático. En Atapuerca se ha descubierto algo excepcional, incluso según algunos investigadores más excepcional de lo que los mismos descubridores dicen, pero quienes llevan esas excavaciones han tenido una visión comercial y publicitaria de sus hallazgos muy estudiada. Son arqueólogos con una gran dosis de influjo mediático. Ocurre lo contrario en Orce, pero ¿acaso esa es razón para decir que lo de Orce no sirve? Son tan científicas unas excavaciones como otras… Y por las pruebas presentadas por ambos equipos, desde mi punto de vista, el hombre de Orce es anterior al de Atapuerca.
-Uno de los momentos álgidos de este viaje por la historia de la raza humana, es el capítulo dedicado al Hombre de Neandertal (Pág. 313), donde dibujas a esos hombres-bestia como criaturas capaces de componer música, realizar operaciones de cirugía cardiaca, y hasta poseedores de una elaborada forma de religión. ¿Es esto posible?
Eso está demostrado. Lo que ocurre es que sorprende, y es contradictorio, el hecho de que unos hombres que en muchas cosas eran superiores a nosotros, pues ambas humanidades convivimos, se extinguieran. Aunque este extremo no están tan claro…
-Rizando el rizo, te atreves a afirmar dedicando muchas páginas a justificarlo- que seres míticos, como el yeti o el bigfoot, por no hablar de personajes como el marroquí Azzo (Pág. 335) eran especimenes contemporáneos de hombres de Neandertal. ¿En que te basas?
En algo fundamental: está demostrado, sino al 100 por 100, casi. A veces tendemos a infravalorar el valor de determinadas pruebas que los heterodoxos recogemos. Además, el tema del yeti y otras criaturas similares ha sido tan profusamente estudiado que no alberga duda: existen sin el menor género de dudas, y casi todos los científicos que los han estudiado están convencidos de que son fósiles vivientes, supervivientes de los homínidos que un día fuimos.
-Escribes en la página 385: Según una prospección efectuada por Robert Clarke, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, nuestro aspecto, en un futuro lejano, será similar al de los alienígenas prototípicos de Hollywood. ¿Sugieres que la evolución no ha terminado? ¿O acaso que los extraterrestres son nuestros propios herederos en la evolución?
Son tendencias que ha marcado el ser humano, con su comportamiento, con sus necesidades y con sus hábitos. Es selección natural y evolución. Por todo ello, en el futuro tendremos otro aspecto, bien por tendencia evolutiva o bien por manipulación genética. Y acabaremos pareciéndonos a los humanoides.
-Por fin, en el epílogo, un elocuente golpe de efecto para cerrar la obra volviendo al principio de la misma, enuncias 17 conclusiones. Tal vez las más importantes, que adelantas en otros capítulos (Somos el propósito-ignoro si definitivo o no- de la evolución, y no un accidente... -Pág. 253-.), sean la intencionalidad de la evolución, y que, en tu opinión existieron varias evoluciones de las especies paralelas, aunque solo una de ellas era depositaria del código secreto que dio como resultado nuestra especie. ¿Por qué esa y no otra? ¿Y quien o qué ideo ese código secreto para la supremacía de una línea evolutiva?
A menudo los árboles evolutivos que todos hemos visto parten de un tronco y de éste salen ramas. Todas, menos una, se podaron, y en esa estamos los Homo sapiens. Pues bien, yo creo que ese árbol, probablemente, debería dibujarse al revés. El mejor ejemplo lo tenemos en el último episodio de la evolución de los homínidos, cuando estaban los neandertales junto nosotros… Éramos las dos últimas ramas de ese árbol. Triunfamos y ellos se extinguieron. Bien es cierto que creo que algo de los neandertales si heredamos, pero ¿por qué nos impusimos a ellos? Alguien decía que los Homo sapiens parecían tener una prodigiosa fuerza de transmisión genética. ¿Nos la dio alguien? ¿O acaso la teníamos y un día se activó el interruptor que puso en marcha nuestro poderío?
-Para terminar. Entre la conclusión del manuscrito original, compuesto de 9 capítulos, y la redacción del epílogo que concluye el libro, transcurrieron algo más de dos meses. En ese tiempo nuevas noticias y descubrimientos arqueológicos, que destaca en sus conclusiones, removieron los pilares de la paleoantropologia. ¿Es capaz de predecir que nuevos descubrimientos llegarán en los próximos meses, que incluso podrían alterar su propia teoría sobre la evolución de las especies... humanas...?
No le pongamos fechas… En los próximos años, quizá en una década, se encuentren homínidos en Europa de más de dos millones de años… Bueno, matizo: ya se han encontrado y en el libro doy las pruebas. Lo que ocurrirá es que esos restos se rescatarán de la heterodoxia u otros nuevos vendrán a confirmarlo. Pero si esto ocurre, la historia escrita quedará coja, porque los primeros homínidos que salieron de África lo hicieron hace dos millones de años. Algo que quizá también ocurra, y en un plazo de tiempo menor, es que se descubrirán homínidos más antiguos de los hasta ahora hallados. El límite está puesto en casi 6 millones de años. Pronto hablaremos de 7 u 8. Pero ¡ojo! La evolución como teoría no variará; es válida en su conjunto para casi todas las especies animales, pero en el caso de los hombres, en algunos aspectos, no encaja.