3 dic. 2008

Música y Espiritualidad

LIBRE TRADUCCIÓN DEL TEMA DEL MISMO NOMBRE
DE LA REVISTA SERVICIO ROSACRUZ - SAO PAULO – BRASIL

El origen de la música se pierde en la noche de los tiempos. Es una opinión generalizada entre los musicólogos que de la asociación de las artes de la danza y de la palabra cantada surgió el sublime arte de la música. No hay duda que el ritmo, uno de los elementos fundamentales de la Música haya nacido con el hombre a través de sus pulsaciones. Entre los más antiguos documentos que reportan la actividad musical de los pueblos de la Antigüedad, constatamos, entre las excavaciones reali¬zadas en un monte en ruinas, entre los ríos Tigris y Éufrates, en un papiro que supuestamente representa un trecho de notación musical babilónica de cer¬ca de 2. 000 años A C. También fue identificado un bajo relieve, probablemen¬te de origen Caldaico representando un Arpa. Entre los pueblos de la Mesopotamia, asirios, Babilonios y Caldeos, hay evidencia en sus varios mo¬numentos de la íntima relación de la Magia con las Artes.

Los egipcios concibieron escalas de 7 notas, representándolas con los mismos jeroglíficos empleados en la simbolización de los Planetas. Tal hecho traduce el conocimiento que poseían del origen cósmico de la música.

La primera referencia bíblica a la introducción de cánticos en la vida pública está en Éxodo, cuando Moisés y los hijos de Israel atravesa¬ban el Mar Rojo gracias a la intervención divina. Entonaron, entonces una melodía: Cantemos al señor, ÉL es soberanamente grande.

Los salmos, atribuidos a David; fueron importantes cantos sacros hebraicos. San Ambrosio los adaptó más tarde a los cultos católicos. Los Hindúes cultivaron la música desde su infancia histórica con¬servando tratados que nos legaron diversas nociones teóricas, inclusive su escala fundamental, también de 7 notas.

En la China, las primeras nociones del Arte Musical; remontase al reinado del emperador Fou-hi, cerca de 4.000 A C. Basábase en un prin¬cipio que "del soplo del viento, del murmullo de los océanos y del canto de los pájaros, el hombre hizo la Música, luego, la Música nació de la NATU¬RALEZA.

Se debe a los griegos el primer impulso para el amplio desarrollo y elevación de la Música al más alto grado de perfección. La palabra Músi¬ca significa en griego, Arte de las Musas y atribuírsele a la Mitología el origen de la Música Y de los instrumentos musicales.

De Pitágoras tenemos que "la Lira puede ser considerada como símbolo secreto de construcción humana. Su cuerpo representaría la for¬ma física, las cuerdas los nervios y el músico que la toca, el espíritu del hombre. Tocando en sus nervios, el espíritu crea una función armoniosa, norma, que a veces puede transformarse fácilmente en discordia (dolen¬cia) si la naturaleza del hombre tendiese a ser inferior. De Platón tenemos que "la música es un medio soberano de higiene mental y corporal". En forma notoria se refería a la buena Música, insistiendo vigorosamente en el supremo deber de no propagar la música de carácter lascivo y de esti¬mular únicamente la Música pura y elevada.

Bajo el yugo militar de Roma, el imponente y magnífico arte griego se convirtió en entrenamiento vulgar, dada la incapacidad de los romanos, de índole guerrera, de asimilar el aspecto espiritual de las artes helénicas. Por vanidad, los emperadores romanos, instituyeron los primeros concursos de canto. Nerón se presentaba como cantante e instrumentista, en los Juegos Olímpicos, siéndole atribuida la creación de las Barras, enseñadas y organi¬zadas para aplaudirlo, durante las competencias.

Como nos cuenta la musicóloga María Luisa Priolli "el desprestigio y la decadencia del arte musical, dejan entrever claramente hasta qué punto bajara y se corrompiera la sociedad y las artes Romanas".

El Cristianismo, en su vivo ideal de fe y pureza, tomó para sí la misión de levantar el pedestal de la Música, como arte divino.

Existe una conexión entre los tres elementos fundamentales de que se compone la Música y la concepción cósmica revelada a Max Heindel. Así como la Luz Solar blanca se refracta originando los tres Colores Primarios, Dios, el Arquitecto de nuestro sistema solar, se expresa a semejanza del Ser Supremo, a través de tres poderes.

La melodía consiste en una sucesión de sonidos formando sentido musical y está relacionada con el primer aspecto de la divinidad: la Volun¬tad del Padre que irradia el color Azul.

La Armonía consiste en la ejecución de varios sonidos escuchados al mismo tiempo, observadas las leyes que rigen los agrupamientos de los sonidos simultáneos. Está relacionado con el segundo aspecto de Dios: la Sabiduría amorosa del Hijo que irradia el color Amarillo.

El ritmo es el movimiento de los sonidos regulados por su mayor o menor duración. Está relacionado con la tercera manifestación de la divi¬nidad: la Actividad del Espíritu Santo, que hace vibrar el color Rojo. El ritmo, atributo del Espíritu Santo, es enfatizado por los instrumentos de percusión entre los pueblos antiguos, regidos, naturalmente, por los Espíritus de Raza.

La Melodía, atributo del Padre, fue legada gracias a la intervención de los Señores de Venus y Mercurio que fueron los primeros Hierofantes administrando el germen de las Artes y Oficios entre los precursores de la primitiva humanidad.

La Armonía, atribuida al Hijo, sólo tuvo su culminación después del advenimiento de Cristo. Por entonces en la Grecia, en el ápice de su vida científica-artística-cultural, se habla mucho, reservadamente, acerca de este elemento que sentían estar ausente de su vida musical. Símbolizábase, este elemento, a través del Mito de Apolo y Orfeo, en contra posición con la naturaleza desarmoníosa y animal del hombre, apenas en sentido filosófico para preservar la pureza de la música.

No fue por obra de la casualidad que la ciencia de la combinación de los sonidos musicales simultáneos, acordes musicales, surgió, se desarro¬lló y se estableció, durante la diseminación del Cristianismo; no siendo por mera casualidad que ese elemento tuvo su importancia fundamental para los mayores genios de la música como Palestina y Bach, entre otros. El Ser Supremo o Gran Arquitecto del Universo creó, para mani¬festarse, un arquetipo por el cual, más tarde, fue construido el Universo con sus millones de sistemas solares, entre los cuales, el nuestro. Análogamente, nuestro Dios Solar, creó un Arquetipo (Matriz Vibratoria) para este sistema específico. Buscando un lugar apropiado en el espacio compenetrólo con su Aura y en cada átomo de aquella porción particular de espacio, hizo penetrar su vida.

Existen 7 mundos, cada cual compenetrándose, diferenciándose unos de otros en grados de densidad. Cada mundo posee un arquetipo peculiar de vibración propia que emite un sonido que atrae hacia si los átomos de los cuales cada mundo es formado. De acuerdo con el axioma hermético "como arriba es abajo" cada mundo hace sonar su propia nota clave, tal como las notas de un gran instrumento musical.

Todo cuanto existe en el Universo tiene su sonido o nota claves propios. También cada átomo de la tierra está pleno de vida de Dios, cada forma creada está vibrando con su conciencia, por consiguiente, cada forma creada difiere de todas las demás, porque cada una posee su pro¬pio arquetipo.

Se dice que cuando Dios compenetró e ínter penetró con sus Vibra¬ciones aquella porción de espacio escogida, hizo sonarla nota clave para este Sistema Solar, que se denomina en la mitología Griega "La Lira de 7 cuerdas de Apolo", el radiante Dios Solar.

Los 12 signos del Zodiaco y los 7 planetas, forman la caja de reso¬nancia y las cuerdas del Arpa Celestial.

Los planetas no son cuerpos inertes descolocándose en el espa¬cio, son los cuerpos de los 7 espíritus ante el Trono. Así también es el ser humano. Cada cuerpo humano posee una vibración diferente porque cada Ego, auxiliado por las Jerarquías Celestes construyó para sí un arquetipo individual. En el Mundo del Pensamiento, el hogar de todas las ideas germinales, la Armonía de las Esferas penetra en todo lo que existe cons¬truyendo los arquetipos de cada forma y de cada criatura.

En el principio de un nuevo ciclo de vida, el Ego desciende otra vez desde el Tercer Cielo, que ocupa la Región Abstracta, al Mundo de los Arquetipos, o Segundo Cielo, que ocupa la Región Concreta, ambas del Mundo del Pensamiento. Allí la "Música de las Esferas” pone en vibración sus átomos simientes. Cada Planeta tiene su nota clave particular y emite un sonido también particular. Mas, existe uno que vibrará en sincronía con el átomo simiente del Ego que está preparándose para renacer en la Escuela de la Vida-El Mundo Físico. De ahí que los tonos de todos los planetas son necesarios para la construcción de un organismo completo, cada uno se adapta a los impactos del Planeta Regente que corresponde a la "nota dominante" en la escala musical.

Cada individuo tiene su nota clave situada en la base del cerebro, en la médula oblonga, y si ésta es producida suave y delicadamente cons¬truye y descansa el cuerpo, tonifica los nervios, apacigua las emociones y restaura la salud. En esta operación está el secreto del éxito del Método Rosacruz de Curación. Si, por el contrario, es ejecutada de manera domi¬nante fuerte y suficientemente prolongada podrá, entonces, excitar más al doliente nervioso. De ahí que se aprende la inconveniencia de la ejecu¬ción de composiciones en que predominan sonidos continuos de forma violenta o elementos rítmicos demasiados preponderantes, principalmente delante de personas nerviosas o pequeños. En la "Psicología de la Músi¬ca" de Diserens y Tine, se relata que la Música actúa físicamente como una especie de medicina vibratoria. La Músico terapia, preconizada prime¬ramente por los ocultistas es hoy una ciencia reconocida.

Es de vital importancia la utilización de la Música en la recuperación de personas nerviosas, pues calma la sangre, normalizando su temperatu¬ra, facilitando las condiciones de expresión del Ego. Las piezas suaves, dulces, ejecutadas "pianissimo" pueden ser prescritas para el delírium. Los "allegros" reaniman de la letargia y pueden auxiliar en los espasmos e his¬terismos. Los "adagios" pueden ser utilizados en caso de excitación.

Existe una semejanza en la figuración perseguida por la Música y por el color y se relaciona con la dirección de nuestra existencia cósmica revelada en los números 1, 3, 7 y 12. En la figura que representa el 1 tenemos a Dios -la escala musical completa- el total de la luz blanca contenida en la luz solar. En el algoritmo 3 tenemos las otras fases de Dios: Voluntad, Sabiduría, Actividad o sea Melodía, Armonía; Ritmo y los tres colores primarios que son: azul, amarillo y rojo. En la figura 7 tenemos las 7 Jerarquías, los 7 Mundos, los 7 planetas originados por el Sol (de acuerdo a la Ciencia Oculta Neptuno, Plutón y otro planeta que será reco¬nocido, no han tenido origen en la masa ígnea que originalmente constitu¬yó el embrión de nuestro sistema Solar). En la Música, la escala completa contiene notas, en los colores el blanco contiene los colores del espectro. En la 7 figura tenemos los 12 signos del zodíaco, los 12 Hermanos Mayo¬res, los 12 discípulos de Cristo. En la música los 7 tonos de la escala se descomponen en 12 semitonos. En el color, los 7 del espectro se des¬componen en 12, cinco de los cuales son vistos solamente por los clarividentes voluntarios y conscientes.

"La Música es la única entrada inmaterializada a un mundo supe¬rior de sabiduría que envuelve al hombre más de lo que éste puede abar¬car... La Música en su esencia nos aporta predicción, inspiración, ciencia espiritual y lo que el espíritu siembre a través de sus sentidos cuando está en contacto con la Música, es la encarnación del conocimiento espi¬ritual". Ludwig van Beethoven.

Por Arnaldo García Espinoza Centro Fraternal ROSACRUZ Santiago.