domingo, diciembre 07, 2008

Sabias Palabras

CiberEscrito N° 80 de MUNDO MEJOR
Dr. Iván Seperiza Pasquali
Quilpué, Chile
enero 2002


Honro el inicio de la Segunda parte de MUNDO MEJOR a contar del 2002 en adelante y lo hago exponiendo una Sagrada Enseñanza que el Maestro Krishnamurti dejó reflejada en octubre de 1935 durante un ciclo de Conferencias dadas en México.

Pido a los CiberLectores que han logrado acceder a este nuevo Portal que lean la Enseñanza mirando más allá de las meras palabras, buscando en ellas el sentido transpersonal con que el Maestro Krishnamurti nos las dejó al decir hace 66 años como si fuera hoy:
Amigos:
Los periódicos han dado tantos informes inexactos con respecto a mí, que deseo corregirlos antes de empezar mi plática. Yo no soy teósofo. No pertenezco a ninguna secta o partido, ni a ninguna religión particular, porque la religión es un obstáculo definido para la plenitud del hombre. Tampoco deseo convertiros a ninguna teoría o conclusión fantástica.
Podréis preguntarme: ¿Qué se propone usted hacer? Si no trata que ingresemos a alguna sociedad o que aceptemos determinadas teorías, ¿qué es entonces lo que usted trata de hacer?

Lo que deseo es ayudar a vosotros, el individuo, a cruzar la corriente del sufrimiento, confusión y conflicto, por medio de la completa y profunda plenitud. Esta plenitud no radica en las autoexpresiones egoístas, ni se logra por medio de la compulsión e imitación; tampoco a través de un sentimiento o conclusiones fantásticas; sino a través del pensamiento claro, y de la acción inteligente cruzaremos esta corriente de pena y aflicción. Hay una realidad, la cual puede ser comprendida solamente a través de la verdadera y profunda plenitud.

Antes de poder entender la riqueza y hermosura de la plenitud, la mente tendrá que liberarse a sí misma, del fondo escénico de tradición, hábitos y prejuicios. Por ejemplo: si pertenecéis a un partido político determinado, naturalmente, todas las consideraciones políticas que hagáis partirán de este estrecho y limitado punto de vista de vuestro partido. Si habéis sido educados, nutridos, condicionados en alguna religión, miraréis la vida a través de su velo de prejuicios y obscuridad. Ese fondo de tradición impide la completa comprensión de la vida, causando así, sufrimiento y confusión.

Yo os rogaría que escuchéis lo que tengo que decir, libertándoos por esta hora siquiera de este fondo escénico en que habéis sido educados, con sus tradiciones y prejuicios, y penséis simple y directamente en los múltiples problemas humanos.

El ser verdaderamente crítico no es estar en oposición. La mayor parte de nosotros hemos sido entrenados para oponernos, no para criticar. Cuando un hombre meramente se opone, indica por lo general, que tiene algún interés creado que quiere proteger; y esto no es penetración profunda a través de un examen crítico. El verdadero criticismo radica en tratar de comprender el pleno significado de los valores, sin el impedimento de las reacciones defensivas.

Por todo el mundo vemos extremos de pobreza y riqueza; abundancia y al mismo tiempo miseria. Existen distinciones de clases y odios raciales, la estupidez del nacionalismo y la espantosa crueldad de la guerra. Existe la explotación del hombre por el hombre. Las religiones, con sus intereses creados, han llegado a ser un medio de explotación que también divide al hombre del hombre. Hay ansiedad, confusión, desesperación y frustración.
Vemos todo esto. Forma parte de nuestra vida diaria. Cogidos en esa rueda del sufrimiento, si sois reflexivos debéis haberos preguntado cómo pueden resolverse estos problemas humanos. O bien, sois conscientes del estado caótico del mundo, o estáis por completo adormecidos, viviendo en un mundo fantástico, en una ilusión. So sois conscientes, tenéis que debatiros con estos problemas. Al tratar de resolverlos, algunos acuden a los expertos en demanda de solución, y siguen sus ideas y teorías. Gradualmente estos se erigen en un cuerpo exclusivo, y así más tarde se ponen en conflicto con otros expertos y sus partidarios, y el individuo se convierte en un simple instrumento en manos del grupo o del experto. O tratáis de resolver estos problemas siguiendo un sistema particular que, si bien examináis, veréis que sólo es otro medio de explotación del individuo. O pensáis que para cambiar toda esta crueldad y horror deberá haber un movimiento de masa, una acción colectiva.

Ahora bien, la idea de un movimiento de masa se convierte sólo en una palabra efectista si vosotros, el individuo, que sois parte de la masa, no entendéis vuestra verdadera función. La verdadera acción colectiva solamente puede tener lugar cuando vosotros, el individuo, que sois también la masa, despertéis y toméis la plena responsabilidad de vuestras acciones, sin compulsión.

Favor de entender que no estoy dando un sistema de filosofía que podáis seguir ciegamente, sino que estoy tratando de despertaros el deseo de verdadera e inteligente plenitud, única que puede traer orden de cosas feliz y la paz en el mundo.

Puede haber un cambio fundamental y duradero en el mundo, puede haber amor, plenitud inteligente, sólo cuando despertáis y empezáis a libraros de la red de ilusiones, de las múltiples ilusiones que habéis creado alrededor de vosotros mismos, a través del temor. Cuando la mente se libre a sí misma de estos obstáculos, cuando exista este profundo, interno y voluntario cambio, solamente entonces puede haber una verdadera y duradera acción colectiva en la cual no puede haber compulsión.
Favor de comprender que os estoy hablando a vosotros como un individuo, no como a un grupo colectivo o un partido determinado. Si vosotros no despertáis a vuestra plena responsabilidad, a vuestra plenitud, entonces, vuestra función como un ser humano en sociedad debe resultar frustrada, limitada, y en eso hay pesar.

En consecuencia la cuestión es cómo puede haber esta profunda revolución individual. Si hay esta revolución verdadera, voluntaria, de parte del individuo, entonces cearéis el medio ambiente apropiado para todos, sin distinción de clases o razas. Entonces el mundo será una sola unidad humana.

¿Cómo vais a despertar como individuos a esta revolución profunda? Lo que voy a decir no es complicado, es muy sencillo, y precisamente a causa de su misma sencillez, temo que lo rechacéis como no siendo positivo. Lo que llamáis positivo es que so dé un plan definido, que se os diga exactamente lo que tenéis que hacer. Pero si podéis entender por vosotros mismos cuáles son los obstáculos que están impidiendo vuestra plenitud profunda y verdadera, entonces no llegaréis a ser meramente seguidores y a ser explotados. Todo proselitismo es en detrimento de la plenitud.
Para que se opere esta profunda revolución, debéis volveros plenamente conscientes de la estructura que habéis creado a vuestro alrededor, y en el cual estáis ahora cogidos. Es decir: tenemos ahora ciertos valores, ideales, creencias, que actúan como una red para retener la mente, y cuestionando todo su significado, entendiéndolo, nos daremos cuenta cómo han llegado a existir. Antes de poder hablar plena y verdaderamente, debéis conocer la prisión en la cual estáis viviendo, cómo ha sido creada, y al examinarla sin ninguna autodefensa, encontraréis por vosotros mismos su verdadero significado, que ningún otro puede transmitiros. A través del propio despertar de vuestra inteligencia, a través de vuestro propio sufrimiento, descubriréis el proceso de la verdadera plenitud.
Cada uno de nosotros está buscando seguridad, certeza por medio del pensamiento y la acción egoístas, ya objetiva o ya subjetivamente. Si sois conscientes de vuestro pensamiento, veréis que estáis persiguiendo vuestra propia certeza y seguridad egoístas, tanto exterior como interiormente. En realidad no hay tal absoluta división de la vida en mundo objetivo y subjetivo. Hago esta división sólo por conveniencia.
Objetivamente, esta búsqueda por una seguridad y certeza egoísta se expresa a sí misma a través de la familia, que se convierte en un centro de explotación basado en el espíritu de adquisición. Si lo examináis veréis que lo que llamáis amor a la familia es sólo afán posesivo.
Esa búsqueda de seguridad se expresa de nuevo a sí misma, a través de las divisiones de clase que llegan hasta la estupidez del nacionalismo e imperialismo y engendran el odio y antagonismo racial, y en último término, la crueldad de la guerra.

Así, a través de nuestros propios deseos egoístas, hemos creado un mundo de nacionalidades y gobiernos soberanos antagónicos, cuya función es: prepararse para la guerra y lanzar al hombre contra el hombre.
Existe además, la búsqueda de certeza y seguridad egoístas a través de lo que llamamos la religión. Gustáis apasionadamente creer que seres divinos han creado estas formas organizadas de creencia que llamamos religiones. Sois vosotros mismos que las habéis creado para vuestra propia conveniencia; a través de las edades han llegado a santificarse y ahora os habéis convertido en esclavos de ellas. Jamás podrá haber religiones ideales, por tanto, no perdamos tiempo discutiéndolas. Podrán existir sólo en teoría, pero nunca en la realidad. Examinemos, pues, cómo hemos creado las religiones y de qué manera nos hemos vuelto sus esclavos. Si las examináis profundamente, tal como son, veréis que no son otra cosa sino los intereses creados de creencias organizadas, que sujetan y explotan al hombre.

Así como objetivamente estáis buscando seguridad, también subjetivamente estáis buscando una clase diferente de seguridad, certeza, a la que llamamos inmortalidad. Anheláis una continuidad egoísta en el más allá, llamándola inmortalidad. Más adelante, en mis pláticas, explicaré lo que es para mí, la verdadera inmortalidad.

En vuestra búsqueda de esta seguridad nace el temor y os sometéis a otro, quien os promete esa inmortalidad. A través del temor creáis una autoridad espiritual, y para administrar tal autoridad hay sacerdotes, quienes os explotan por medio de la creencia, el dogma y el credo, empleando la ostentación, pompa y ritual que en el mundo entero se llama religión. Está basada esencialmente en el temor, aunque podáis llamarla Amor a Dios o a la verdad. Si lo examináis inteligentemente, sólo es el resultado del temor, y, por tanto, debe llegar a ser uno de los medios de explotar al hombre. A través de vuestro propio deseo de inmortalidad y de continuidad egoísta habéis edificado esta ilusión que llamáis religión, y consciente o inconscientemente estáis atrapados en ella. O bien podéis no pertenecer a ninguna religión en particular; pero sí a alguna secta, la cual sutilmente promete una recompensa, una sutil expansión del ego en el más allá. O podéis no pertenecer a ninguna sociedad o secta; pero puede existir un deseo interno, oculto y escondido, de buscar vuestra propia inmortalidad. Mientras exista un deseo de autocontinuidad, en cualquier forma, debe haber temor, el cual sólo crea autoridad y de aquí viene la sutil crueldad y estupidez de someterse a la explotación. Esta explotación es tan sutil, tan refinada, que uno llega a enamorarse de ella llamándola progreso espiritual y adelanto hacia la perfección.

Ahora bien, vosotros, el individuo, debéis llegar a ser conscientes de toda esta intrincada estructura, conscientes de la fuente del temor y estar dispuestos a destruírla, cualesquiera que puedan ser las consecuencias. Esto significa llegar a un conflicto individualmente con los ideales y valores existentes; y cuando la mente se libre a sí misma de lo falso, podrá haber la creación del recto medio ambiente para el conjunto.

Lo que primero os concierne es llegar a ser conscientes de la prisión, entonces veréis que vuestro propio pensamiento está continuamente tratando de evitar ponerse en conflicto con los valores de la prisión. Este escape crea ideales, los que, por más hermosos, no son sino ilusiones. Una de las trampas de la mente es escapar hacia un ideal, porque sino escapa, deberá ponerse en conflicto directamente con la prisión, con el medio ambiente. Esto es, la mente desea escapar a una ilusión más bien que enfrentarse con el sufrimiento que inevitablemente se origina cuando comienza a cuestionar los valores, la moralidad, la religión de la prisión.

Lo que interesa, por tanto, es entrar en conflicto con las tradiciones y los valores de la sociedad y la religión, en los cuales estáis cogidos y no escapar intelectualmente a través de un ideal. Cuando empezáis a cuestionar estos valores, empezaréis a despertar esa inteligencia verdadera, única que puede resolver los múltiples problemas humanos.
Mientras la mente esté atrapada en valores falsos, no podrá haber plenitud. Solamente lo completo revelará la verdad, el movimiento de la vida eterna.


Octubre 20 de 1935

Os pido, antes de opinar y poner el grito en el cielo o acatar por acatar, dejar de lado por un momento la mentalidad rebaño o de hombre masa que la carga del paradigma lineal en diverso orden de cosas nos ha marcado, caracterizado, velado, limitado, frenado, generado temor e incertidumbre. Luego pensar que ningún ser humano es siervo de nada ni de nadie, que no somos ni superiores ni inferiores a otros, que todos somos pares Hijos de Dios y que las actuales diferencias corresponden a transitorios y necesarios ajustes individuales que en la forma física desarrollamos con el fin de crecer como almas y que cada uno antes de nacer se programó por propia voluntad para nacer como se es. Sin embargo, todos podemos ser mejores y aspirar a vivir en un Mundo Mejor. A su vez, aunque hayamos vivido como siervos de... todos somos LIBRES de pensar y pensar mejor.
Las palabras del Maestro Krishnamurti no son fáciles de entender y resultan aún más difíciles de aceptar pues con ellas él rompe los tradicionales esquemas de los paradigmas que nos han regido y que marcan a fuego nuestra forma guiada de ser y pensar, en vez de ser y pensar en libertad por nosotros mismos. Krishnamurti habla de igual a igual al ser transpersonal que hay en cada uno de nosotros y solo de cada cual dependerá si se le escucha o no, pues la Verdad no se da, se la recibe y la Verdad para algunos resulta insoportable por ser el prejuicio, el dogma, sectarismo, fundamentalismo y fanatismo mayores que el propio discernimiento...