12 jul. 2009

La Sincronicidad de Carl Gustav Jung



La eterna controversia entre determinismo y libre albedrío
Se cuenta que hacia finales del siglo XVII nació en España un niño a quien llamaron “Siete Setiembre” porque fue dado a luz el 7 de septiembre de 1749. Pero además, murió el 7 de septiembre de 1801. Su hijo nació y murió un 7 de septiembre e igualmente su nieto. Como éste se han relatado muchos casos de insólitas coincidencias. Pero ¿lo son? es decir; ¿simples casualidades o hechos que de alguna forma estaban relacionados de antemano?
Esta discusión es ancestral, como lo son sus respuestas y su falta de conclusión. Edgar Allan Poe, metafóricamente, atribuyó estos hechos insólitos a un “Ángel de lo Estrambótico”, ello es, a un “genio que presidía los extraños contratiempos que continuamente asombran a los escépticos…”
Al sicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875–1961) también le intrigaron profundamente las equivalencias entre estados síquicos o físicos sin aparente relación causal. Dice el maestro que, lejos de una abstracción, ciertas coincidencias son estados “concretos, que contienen cualidades o condiciones simultáneas a través de un paralelismo que no puede explicarse por relación causa-efecto”. Lo llamó: “sincronicidad”, es decir, dos o más objetos mentales simultáneos que tienen significados complementarios o iguales, a diferencia de “sincronismo”, que implica la mera simultaneidad de dos eventos.
Para Jung la sincronicidad tiene una fuente en el oscuro inconsciente y obedece a procesos arquetípicos que la mente colectiva ha fabricado durante decenas de miles de generaciones. Un aspecto inquietante de la sicronicidad es lo que un amigo llama “mutua resonancia”. Podría definirse como el desarrollo simultáneo o independiente de ideas complejas.
Ejemplos clásicos: Newton y Leibtniz desarrollaron, paralelamente, el cálculo infinitesimal. Hubo algunas disputas, pero luego se estableció que ninguno supo del trabajo del otro. La teoría de la evolución se le atribuye a Charles Darwin, cuando hubo otro investigador, llamado Alfred Walace Russell, quien la formuló paralelamente (sin saber del otro) y le envió el manuscrito a aquél para pedir su opinión. A pesar de producir un ensayo en conjunto, fue Darwin quien primero publicó su “Origen de las especies” y lograr reconocimiento mundial. Otros ejemplos: Cervantes y Shakespeare murieron el mismo día de 1616.
Muchos científicos afirman que las permutaciones básicas de la vida llegaron a ocurrir gracias a una extraordinaria casualidad. Otros lo atribuyen a un Dios, una inteligencia entre bambalinas que ha librado la titánica batalla del cosmos contra el caos. No lo sabemos aún, pero si la vida es casualidad, es sin duda una muy afortunada.