1.MOMENTOS DE LO REAL
Si, de pronto, alguien nos preguntara: “¿Qué es lo real?”, primero nos sentiríamos un tanto perplejos; después, le mostraríamos lo que tuviéramos a mano a modo de contestación. Pero la pregunta va más allá de nuestra visión natural, es una pregunta metafísica.
La realidad debe ser algo que subyace y da sentido a lo real. Está debajo de las cosas, siendo ellas, pero sin reducirse a ellas.
A)La realidad, se nos aparece primeramente como lo más próximo a nosotros. Lo que está lejano se hace real cuando se acerca y se convierte, de alguna manera, en cotidiano. Quizá sea ésta la primera experiencia que tenemos de la realidad como las cosas que nos rodean.
B)Nos referimos a las cosas como objetos u objetividades, incluso si se trata de personas. “Esa mujer que veo venir hacia mí, ese hombre que pasa por la calle, ese mendigo que oigo cantar desde mi ventana son para mí objetos, no cabe duda” (Sartre). Pero no sólo esto.
C)Hay un segundo momento en el que captamos a los otros como presencias en persona. Sucede así cuando el otro se desliza en mi mundo y me mira: “¿Qué es ese objeto inquietante en virtud del cual yo cobro otra dimensión diferente ante mí mismo, de tal manera que “me veo porque se me ve”?”(Sartre)
2.VISIÓN NATURAL Y VISIÓN METAFÍSICA
¿Por qué necesitamos los humanos hacernos este tipo de preguntas sobre la realidad? ¿No es suficiente con lo que se llama la visión natural del mundo? Cuando algo nos parece natural, no le damos más vueltas. Además, por mucho que preguntemos por la realidad, no van a cambiar las cosas.
Quizás sea asunto de sensibilidad. ¿Por qué hay cosas que nos horrorizan cuando funcionan mal, mientras que otras nos indiferentes? Si un médico realiza incorrectamente el diagnóstico, el enfermo puede morir. Pero si un profesor interpreta mal el contenido de su materia ante los alumnos, tal vez éstos ni siquiera se den cuenta. Y, además, que más da. Pero, ¿de verdad da lo mismo? ¿La realidad es algo en sí misma o sólo nuestra percepción?
Entonces ahora comienza a entreverse el sentido de la pregunta por lo real. Vivimos en medio de las cosas, en nuestras circunstancias, y necesitamos situarnos ante ellas. Ortega y Gasset llama a esta situación saber a qué atenerse, lo que se precisa para construir el mundo, es decir, vivir. Para esto hacemos los hombres metafísica: para orientarnos, organizando así nuestra vida. La Metafísica implica plantear preguntas fundamentales en el intento de ir descubriendo y explicando las cosas.
3.EL PRIMER ENCUENTRO
El acceso a la realidad es aparentemente sencillo: solemos vivir seguros entre las cosas que nos rodean y también entre las personas que conocemos. El niño convive con las cosas, convirtiéndolas en juguetes con los que habla, le son útiles, funcionan, responden a sus requerimientos, no le defraudan, los manipula, se sirve de ellos para construir todo un mundo mediante su imaginación.
Podríamos decir que lo real sale a nuestro encuentro y nosotros, cortésmente, aceptamos su requerimiento. Así da comienzo la convivencia entre nosotros y las cosas en el escenario del mundo. Se trata de una relación espontánea, sin tematizar ni problematizar. Después, cuando intervienen los procesos intelectuales, resulta que el asunto no es tan simple.
La captación de la realidad depende de la perspectiva en que nos situemos ante ella, es decir, de lo que Ortega llamaba el punto de vista. La misma realidad será de otra manera según coloquemos nuestra cámara. El punto de vista no es solamente físico; puede ser igualmente psicológico, científico, etc., con lo que todo se vuelve aún más complejo.
4.¿LA RAZÓN O LOS SENTIDOS?
La polémica más vieja en Filosofía es la confrontación entre la razón y los sentidos. ¿Se corresponde la realidad con la imagen que nos dan los sentidos? Como saber conceptual y racional, no hay que extrañarse de que la Filosofía, desde sus comienzos, haya dado preeminencia a la razón como instrumento válido para conocer la realidad.
Ya Heráclito aconsejaba seguir no a los sentidos sino al logos, pues todo acontece según éste. El conocimiento intelectual siguió ostentando la primacía entre los filósofos medievales, por más que fueran dados a repetir el famoso adagio: “Nada puede estar en el intelecto que previamente no estuviese en los sentidos”: Aunque fue Descartes (1596-1650) el que con mucha más fuerza afirmó el papel de la razón, al concluir en su Discurso del Método: “Los sentidos nos engañan algunas veces”. Con esta afirmación acabó el papel de los sentidos como mediadores entre la realidad y el pensamiento.
Actualmente estamos cayendo en la cuenta de la exquisitez y refinamiento que pueden alcanzar los sentidos: ¿Cómo les vamos a discutir sobre los sentidos al viejo pescador que conduce seguro su carcomido bote, o al campesino, doblegado por el duro e inclemente trabajo?
5.LA MEDIACIÓN DE LAS TEORÍAS
Para vivir, las personas necesitamos teorías que nos orienten en la realidad. Con ellas descubrimos el mundo, construimos nuestros mapas particulares de la realidad y luego actuamos según ellos.
Pero ¿la realidad en sí misma es tal como yo la veo desde mi mapa? Podría no serlo y que estuviéramos sustituyendo la realidad por la pintura o trazado del mapa.
6.REALISMO E IDEALISMO.
La Filosofía es un esfuerzo milenario por alcanzar el conocimiento verdadero de la realidad. Pero ni ella ni la ciencia llegan a la verdad definitiva. Como mucho, tocan una verdad fragmentaria, provisional, incompleta, salvo que confundan apariencia con realidad. Además, como la Filosofía procede siempre de modo crítico, lo que hace es formular problemas más que dar soluciones concretas.
Hay dos sistemas opuestos que atraviesan toda la historia de la Filosofía en su intento de explicar lo real, existiendo varias modalidades de cada uno de ellos que aquí no podemos estudiar con detalle: el realismo y el idealismo.
EL REALISMO: Sostiene una actitud bastante natural que dice que existen los objetos y pueden ser conocidos. Es decir, su realidad se encuentra fuera del sujeto, es transubjetiva. El conocimiento que tenemos del mundo se corresponde de algún modo con el propio mundo real: es una “copia” o tiene alguna “correspondencia” con el mundo real.
Dentro del realismo habríamos de distinguir tres niveles:
1. Realismo ingenuo: No se cuestiona si las cosas son o no son, si son de un modo o de otro; simplemente acepta que las cosas son lo que parecen ser. Se trata de un realismo precientífico.
2. Realismo empirista: Reconoce los datos facilitados por los sentidos como algo que nos da la materia a partir de la cual podemos formar una idea bastante aproximada de la realidad.
3. Realismo crítico. Somete a severo análisis tanto los datos de los sentidos como nuestras propias reflexiones y modelos mentales que elaboramos sobre la realidad. El filósofo que más se ha distinguido en este camino de realismo crítico ha sido Kant. Para Kant, el mundo real existe en términos propios y se manifiesta. Pero sólo podemos conocer los fenómenos, las apariencias de las cosas tal como se nos presentan en el espacio y en el tiempo. La realidad profunda de las cosas, lo que ellas son en sí mismas (noúmenos) nos resulta indescifrable por la razón pura.
EL IDEALISMO: teoría de la realidad y del conocimiento que atribuye un papel clave a la mente en la estructura del mundo percibido. A lo largo de la historia de la filosofía se pueden distinguir diferentes aplicaciones y definiciones. En su forma más radical y, muchas veces rechazada, es equivalente al solipsismo, un punto de vista que afirma que la realidad se deriva de la actividad de la propia mente y que nada existe fuera de uno mismo. Sin embargo, de una forma habitual, el idealista reconoce por completo el mundo externo o natural, y evita afirmar que éste puede reducirse al mero hecho de pensar. Para los idealistas, por otro lado, la mente actúa y es, de hecho, capaz de hacer existir cosas que de otro modo no serían posibles como la ley, la religión, el arte o las matemáticas y sus afirmaciones son más radicales al afirmar que los objetos percibidos por una persona se ven afectados hasta cierto punto por la actividad mental: si un estudio sobre el mundo real pretende ser científico es básico tener en cuenta este hecho
Platón
Fue un remoto precursor del idealismo, postulaba la existencia de un universo de las ideas o formas que se reflejan de modo imperfecto como los diferentes objetos que se perciben en la experiencia común. Sostenía que estas formas o ideas no son sólo más inteligibles con claridad, sino también más reales que sus reflejos transitorios y en esencia ilusorios.
Berkeley y Kant
El clérigo y filósofo irlandés del siglo XVIII George Berkeley pensaba que todos los aspectos de aquello que una persona percibe son en realidad reducibles a las ideas presentes en su mente. El observador no hace que existan los objetos externos, sino que su idea cierta es introducida en la mente humana de modo directo por Dios. El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant perfeccionó con gran intensidad el idealismo a través de su análisis crítico sobre los límites del conocimiento asequible para el ser humano. Kant sostenía que todo lo que se puede saber de las cosas es la forma en que se manifiesta su experiencia, no hay modo de averiguar lo que son en esencia en sí mismas. Sin embargo, también consideraba que los principios básicos de la ciencia se basan en la estructura de la mente más que en el mundo externo.
Hegel
El filósofo alemán del siglo XIX Georg Wilhelm Friedrich Hegel consideraba incorrecta la teoría de Kant que presenta como inevitable la ignorancia humana sobre la verdadera naturaleza de las cosas. Hegel defendía la inteligibilidad última de todo lo que existe. También pensaba que los mayores logros del espíritu humano (la cultura, la ciencia, la religión y el Estado) no son resultado de procesos mentales determinados por una vía natural, sino que son concebidos y mantenidos por la dialéctica, la actividad del intelecto libre y reflexivo. Otras variantes del pensamiento idealista pueden encontrarse en las obras de los alemanes del siglo XIX Johann Gottlieb Fichte y Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, del inglés del siglo XIX Francis Herbert Bradley, de los estadounidenses del siglo XIX Charles Sanders Peirce y Josiah Royce y del filósofo italiano del siglo XX Benedetto Croce.