jueves, diciembre 18, 2008

Las Etapas


“Todo tiene su tiempo,
y todo lo que se quiere bajo el cielo
tiene su hora”...

Esclesiastés 3:1.


Paulo COELHO



Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella más del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, cerrando puertas, cerrando capítulos, como quieras llamarlo; lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que van clausurándose.
¿Terminó con su trabajo?
¿La relación se terminó?
¿Ya no vive más en esa casa?
¿Debe irse de viaje?
¿La amistad se acabó?
Puede pasar mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués,
en regresar el cassette y tratar de entender ¿por qué sucedió tal o cual hecho?
El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas, estamos orientados a ir cerrando capítulos, a pasar las hojas, a terminar con etapas, con momentos de la vida, y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado, ni siquiera preguntándonos ¿por qué?
Lo que sucedió… sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

¡No!

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, botar documentos, vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación:
dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo con lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó!

No espere que le devuelvan algo, no espere que le reconozcan sus méritos,
no espere que alguna vez se den cuenta de quien es usted.
Suelte el resentimiento, encender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, nvenenarlo, amargarlo.
La vida es para vivirse hacia adelante, nunca para atrás.
Porque si usted anda por la vida dejando puertas abiertas, “por si acaso”,
nunca podrá desprenderse de eso, ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que nunca clausuran, posibilidades de "regresar“ ¿para qué?
Necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron…

¡si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!

Si no, déjelos ir, cierre capítulos.
Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
Pero no lo haga por orgullo ni por soberbia, sino porque usted ya no ncaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese trabajo.
Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año.
Por tanto, no hay nada a que volver.
Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regrese será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo, desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo llegó sin ese “adhesivo”, por tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es trabajo suyo aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso, esto de aprender a desprenderse, y humanamente puede lograrse porque, le repito, ¡nada ni nadie nos es indispensable!
Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental, y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir hacia adelante con tranquilidad.

¡Así es la vida!