13 abr. 2009

El Enígma del "Código Secreto de la Biblia"


En 1997 fue publicado el libro “El código de la Biblia”, escrito por el periodista Michael Drosnin, en él se cuenta como un prestigioso matemático israelí de origen ruso llamado “Eliahu Rips” había descubierto que se formaban ciertas palabras al contar de forma equidistante la letras que componen la Biblia, Su autor afirma que los textos biblicos contienen un complejo código, el cual revela eventos que ocurrieron miles de años después de que la propia Biblia fuera redactada; es decir que la Biblia, además de ser el fundamento del Judeo-Cristianismo, puede ser empleada como libro de adivinación (algunos ya han denominado a esto “bibliomancia”) ...aunque hasta ahora se trata de “predicciones hacia atrás”, es decir, de acontecimientos que ya conocemos.

La técnica empleada por Drosnin se basa en la de Eliahu Rips y otros dos profesores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quienes en 1994 publicaron un artículo en la revista técnica Statistical Science bajo el título de “Equidistant Letter Sequences in the Book of Genesis” (“Secuencias equidistantes de letras en el Libro del Génesis”). Tanto Rips como Drosnin trabajan con el texto hebreo original, aunque como se dijo Drosnin toma el Pentateuco completo (los cinco primeros libros del antiguo testamento).

El procedimiento consiste en alinear las 304.805 letras del texto, ignorando espacios y signos de puntuación (es decir, tal como se supone que los textos fueron revelados por Dios); se cargan en una computadora que tiene un software especial para este proceso de buscar palabras específicas, saltando n número de letras hacia adelante o hacia atrás y repitiendo esta operación a partir de todas las letras. Tras identificar el “hallazgo”, la computadora delimita el texto y lo coloca en forma de matriz para facilitar su visualización; en este crucigrama se pueden encontrar a veces “mensajes secundarios”, como uno que relaciona, siempre según Drosnin, a “Presidente Kennedy” con “Dallas”.

El autor alega que este método sólo funciona con la Biblia en hebreo; sin embargo, un estudio realizado por David Thomas y publicado en la revista Skeptical Inquirer (noviembre-diciembre de 1997) encontró que no es así.
Thomas no hace uso del texto hebraico, sino de una clásica traducción de la Biblia al inglés, la del Rey Jaime. Por ejemplo En Génesis 31:28 encontró con facilidad las palabras “Roswell” y “UFO”, ligadas por el famoso incidente de la supuesta caída de una nave extraterrestre. En el parágrafo empleado, “Roswell” tiene un “valor de salto” de apenas 4 (es decir, saltando 4 letras), y “UFO” de 12.

Los más expertos decodificadores (casi todos occidentales) dudan aún de esta posibilidad. Todas estas hipótesis son negadas por los escépticos y muchos grupos religiosos. Sin embargo, los partidarios indican que para poder emitir un juicio correcto, el fenómeno debe ser estudiado mucho más en profundidad, ya que podrían existir códigos enormemente largos que aún no se han encontrado. Algunos incluso especulan con la posibilidad de que haya cifrado a varios niveles (unos códigos dentro de otros), o que se pueda buscar dentro de matrices de más de dos dimensiones.


Crítica

La principal objeción contra el código de Biblia publicado por Michael Drosnin consiste en que un modelo similar puede ser encontrado en otros libros aparte de la Biblia. Aunque la probabilidad de hallar una secuencia en un lugar aleatorio que responda a una palabra con significado sea baja, hay tantos puntos de partida y distancias posibles que es de esperar que tales palabras aparezcan. En respuesta a un desafío explícito de Drosnin, que afirmó que sólo la Biblia podría contener secuencias, el matemático australiano Brendan McKay encontró muchas secuencias similares en Moby Dick, escrita por Herman Melville en 1851, en esta novela se encontraron que contenían frases relacionadas con acontecimientos modernos.
Otros estudiosos, como el físico estadounidense Dave Thomas, encontraron más ejemplos en otros textos. Además, Drosnin había usado con ventaja la flexibilidad de la lengua hebrea, mezclando libremente hebreo clásico (sin vocales, donde las letras Y y W son estrictamente consonantes) con hebreo moderno (donde Y y W suelen indicar las vocales I y U), así como las variaciones en el uso de K y T, encontrando el significado deseado.

Los defensores del código responden que las secuencias que aparecen en la Biblia son de algún modo mejores que aquellas que han aparecido en otros libros. También investigan nuevos tipos de códigos para poder enfrentarse a la crítica.
Sin embargo, en ausencia de una medida objetiva de calidad y de un modo objetivo de seleccionar cada prueba, no es posible determinar si cualquier observación concreta es significativa o no. Por eso, la mayor parte de los esfuerzos de los escépticos se han centrado en intentar refutar las reclamaciones "científicas" de Witztum, Rips y Gans.

El matemático norteamiericano Barry Simon, realizó varios intentos de reproducir el experimento tal cual lo planteaban sus defensores, pero dieron resultados negativos. Finalmente, un comité de la Universidad hebrea, formado por defensores y escépticos, se dividió en dos grupos que se ayudaron de expertos independientes para recopilar los datos. Nadie encontró las evidencias del fenómeno que el experimento original de Gans supuestamente sí había encontrado. Desde 2003, hay científicos de algunas universidades que siguen apoyando el código. Los dos principales son Eliyahu Rips y Robert Haralick (ingeniero electrotécnico de la Universidad de Nueva York). Sin embargo, la mayoría de los científicos que lo han analizado lo rechazan.
Cabe decir que tanto en su primer libro, como en la segunda parte, Drosnin se ha aventurado a hacer varias profecías, y a día de hoy no se ha cumplido ninguna. Sin embargo, habría que agregar que en este mencionado código oculto, se pronosticaba un holocausto nuclear o una catástrofe mundial para el año 2006, lo cual no ocurrió.
A modo de anécdota es bueno comentar que uno de los sabios más populares que escrutó la Biblia en busca de su secreto fue Isaac Newton, conocedor del esoterismo dedicó gran parte de su vida a investigar la Torá, (los cinco primeros libros del antiguo testamento) hasta el punto de aprender hebreo, él siempre pensó según sus escritos que el libro entregado por Dios escondía todo el saber del universo.
A manera de conclusión, son cientos y miles las posibilidades de hacer coincidir palabras para formar frases de acontecimientos que ya han sucedido, incluso interpretaciones de profecías, tales como las de Nostradamus, Edgar Cayce u otros perceptivos, pueden ser forzadas para que coincidan con partes de la historia. Por el momento el código de la Biblia sigue siendo una teoría que aun está muy lejos de ser real.