7 abr. 2009

Musicoterápia Transpersonal



La intencionalidad en lo cotidiano

por F.Fernando Ruiz-Torres.


"La subjetividad no recibe pasivamente las impresiones de los objetos en sus órganos sensoriales, la subjetividad funciona activamente en el conocimiento y configuración de los objetos y funciona a través de actos, de acciones fuera de sí que le permiten dar con ella misma, verse reflejada en los objetos que intenciona". R. Zúñiga.
El acto de la vida se ha convertido, para muchos, en un vulgar círculo de tedio y monotonía. Las presiones sociales, la rutina neurótica, las tensiones por resolver los problemas de la vida nos apartan del sentido, de la intención que le queremos dar a nuestra existencia. Así -sin detenernos a reflexionar que si pusiéramos intención de espíritu al marasmo cotidiano podríamos convertirlo en algo sustantivo- sufrimos en lo ilusorio y desdeñamos la extraordinaria oportunidad de dar expresión a lo trascendente. Entonces, para cubrir ese vacío existencial y dar un respiro a la ansiedad, optamos por el absurdo convencional de agendar el encuentro con el espíritu superior, de dar a la experiencia espiritual su tiempo y su lugar aparte: en la misa dominical; en los cursos o el taller que se toma con tal gurú; en los retiros espirituales; en los momentos (generalmente pocos) de recogimiento interior. Es innegable que todo esto es de gran ayuda, sin embargo lo sagrado es el instante, de modo que vivir espiritualmente es la intención de reconocer que cada momento es una bendición eterna, que la vida toda no por fragmentos- es Dios en manifestación.
Se hace necesario entender que vivir espiritualmente es un compromiso transpersonal, es la Vía que enseñan todas las religiones (Orientales y Occidentales), es el Estado de Gracia que han conocido los grandes maestros. Para ello no es necesario recluirse en un monasterio o irse a vivir a una ermita. Desde donde te encuentres ahora, sea en un camión, en la escuela, en el trabajo, en la calle o en tu casa, el universo te está dando oportunidades de mejorar al mundo. Es aquí donde la intencionalidad une lo que nos presenta el universo con la representación-intención que nosotros demos a éste (...) estableciéndose así -dice Rodrigo Zúñiga- la relación cognoscitiva, en la que sujeto y objeto se determinan mutuamente (no existe ningún objeto sin un sujeto que lo construya, ni tampoco existe un sujeto sin un mundo que le es obligatorio vivir).

Un ejercicio sencillo para ejercitar la intencionalidad es el siguiente:
Escuchar por la mañana y por la noche durante tres días seguidos El Bolero de Ravel (Maurice Ravel 1875-1937) pieza de características interesantes para el tema que nos ocupa: se trata de una pieza en tono de do mayor (símbolo de lo elemental), lo que la hace accesible al oído. Es la repetición obstinada de un mismo tema (representa lo cotidiano), pero que, sin embargo, cada reiteración del motivo es diferente por la voluptuosidad progresiva de la instrumentación (que significa el enriquecimiento de la vida a partir de la intencionalidad). La modulación de do a mi mayor, en la cúspide del Bolero, quiere decir que un mismo tema puede ser interpretado en otra tonalidad (es decir que una misma experiencia puede ser entendida desde una perspectiva completamente distinta). Al escuchar esta música se deberá hacer un esfuerzo sincero por entenderla intuitivamente en relación a la intencionalidad que, se recomienda, lejos de aplicarla a eventos sofisticados o intelectuales, se descenderá a lo sencillo de la vida cotidiana. Estos son algunos ejemplos que a partir del cuarto día se llevarán a la práctica:

• Despertar. Cada vez que sale el sol abres los ojos a un renacimiento, a una extraordinaria oportunidad para cerrar ciclos, para perdonar, para dar amor ilimitado e incondicional, para hacer más habitable este mundo y para alcanzar la misión interior a la que hemos sido llamados(as). Mostrar nuestro agradecimiento al universo en cada renacimiento con oración o meditación significa un comienzo en compromiso con el espíritu.

• Baño. El agua es el símbolo de la pureza y la purificación de cuerpo, mente y espíritu. Bañar cuerpo, mente y espíritu significa limpiar las impurezas físicas y hacer un esfuerzo sincero por ser mejor o aún por cambiar para bien el sentido de tu vida. El Buda, antes de iniciar su camino hacia la iluminación purificó cuerpo y espíritu en las aguas del río Nairanjana, lo que significó la determinación de su más alta búsqueda. El maestro Jesús...fue bautizado. Al instante que salió del agua se le abrieron los cielos y vio bajar el Espíritu de Dios a manera de paloma, y posar sobre (Mateo 3,16). Ahí comenzó su misión. Que cada baño que hagas sea de aguas bautismales para la purificación de cuerpo, mente y espíritu en la conciencia de tu más sagrado compromiso interior.

• Desayuno. El ayuno es la ausencia de alimento físico en el organismo y es otra manera de purificación. El ayuno nocturno (lo haces cada noche) se debe ofrecer al espíritu. Al ayuno nocturno le sigue el desayuno. En muchos templos se procura que esta primera comida sea frugal, preferentemente vegetariana y con el ánimo de nutrir el cuerpo y darle fuerza para seguir el abrupto sendero espiritual. Es importante bendecir los alimentos y no mostrar desagrado por ninguno de ellos, más bien agradecimiento. Finalmente se debe servir únicamente lo que se va a comer sin dejar ni una migaja.

• Trabajo en casa. Antes o después del desayuno es importante, para el desarrollo interior, el trabajo físico. Hace poco más de mil años que el monje Huai-Hai enseñó esta manera de merecer los alimentos, es memorable su frase: Si no trabajo no como. La tradición Zen la conoce con el nombre de Samu y en los templos consiste en barrer, sacudir, trapear, limpiar excusados, paredes, puertas y ventanas con el fin de hacer meditación concentrada en movimiento, dar vigor al cuerpo y fortalecer la mente.

• Trabajo en fábrica, oficina. El Óctuple Sendero enseña, entre otros, el medio de vida justo que reza: La profesión o el oficio, deberán ser útiles y benéficos para todos los seres vivientes. El medio de vida justo es honorable, irreprochable e inofensivo. Cumpliendo con este principio, cualquier trabajo que uno desempeñe para ganarse el sustento es, en realidad un trabajo espiritual, no importa que sea a altos niveles ejecutivos o barriendo calles, en el fondo es un servicio a la humanidad, un tributo a la vida. El trabajo bueno ennoblece, el trabajo es la expresión del espíritu y deberá desempeñarse con amor y concentración, con armonía y ánimo de servicio.

• Estudio. El desarrollo intelectual es muy importante porque cumple con un principio metafísico: la ley del no estancamiento mental. Se deberá tener especial cuidado en no menospreciar a nadie que tenga menor información educativa, al contrario, el espíritu del compartir sanamente -con tus compañeros menos adelantados- el conocimiento que has adquirido, es un buen ejercicio espiritual porque debilita el egoísmo, anula la competitividad absurda y apacigua al ego intelectual que te vuelve irónico con lo que te rodea, cínico ante cualquier otro punto de vista distinto del tuyo, te hace creer que vales más que otros porque sabes más. El esfuerzo intelectual es tan importante como la meditación silente, ambos son Uno.

• Comida. Insisten los maestros: No despreciéis los sagrados alimentos por su sabor fuerte ni os hartéis con los de sabor agradable. Nuevamente se recomienda, en lo posible, no consumir carnes de animal, comer solamente lo necesario para tener el vigor para las tareas del día, agradecer la comida al Creador, pedir por los que no tienen un pan, estar en armonía con quienes se comparten los alimentos, y comer. Por comer se entiende concentrarse en cada bocado, descubrir los varios sabores que tiene cada platillo, disfrutar verdaderamente el proceso vital. Es común que el periódico, una conversación o la mente nos distraigan fácilmente, sin embargo uno debe regresar a la maravillosa experiencia de comer, de estar presente en ese instante. Es importante no desperdiciar los alimentos.

• Paseo, distracción. A la tensión le sigue la relajación, al impulso la distensión. Es de primer orden el sano esparcimiento para la salud física y el equilibrio mental. Incluso en los monasterios de disciplina más rigurosa se da a los monjes un par de horas para el descanso o el relajamiento. Procura un descanso, todos los días, en relajamiento sano: un buen concierto, un paseo con quien más te agrade, una película que promueva los más altos valores, una conversación sana de sobremesa. Se recomienda dejar a un lado las presiones de los compromisos y la disciplina.

• Cena. La cena es el último alimento del día y, en la simbología metafísica, se entiende como el último alimento o la Ultima Cena. Antes de cenar se agradecerá la oportunidad de un día más comprometiéndose a reparar los errores y acrecentar las virtudes. Este alimento recuerda la cena de los apóstoles con el maestro Jesús, por tanto es un alimento que se hace con la conciencia de no traicionar nuestro propio espíritu crístico entregándolo a las ilusiones del mundo, no negar tres veces nuestro compromiso con nuestro maestro interior. La cena es la comunión y el refrendo de nuestro compromiso hacia la luz.

• Relación íntima. El esposo, la esposa, el compañero, la compañera, son la energía complementaria. Es preciso la unión de dos seres para la armonía. El realizar cierta clase de método para mejorar la salud o lograr estados especiales de conciencia es bueno siempre y cuando sean como ejercicios y nunca como sustituto de una plena relación sexual. Usar a la compañera o compañero para equilibrar mis energías sin pensar en su bienestar es egoísmo. Lo mejor es la entrega absoluta, el dar. Es importante liberar y manifestar (y procurar en la pareja) la sensualidad y el placer en toda su expresión, sin complejos morales o tabúes. Las añejas creencias de relacionar el sexo con el pecado han causado más estragos matrimoniales que las dificultades financieras. Las relaciones sexuales sin violencia de ninguna índole- también son expresiones del amor y del espíritu.

• Dormir. El dormir es ayunar, reflexionar en las esferas de otras realidades dimensionales. Es estar en la responsabilidad del no abandono. Con esto se quiere decir que aún en sueños debemos estar con la conciencia alerta. Dormir no quiere decir que se ha terminado el trabajo, al contrario, en la realidad-sueño hay labores que desarrollar tanto para la evolución propia como la de los seres vivientes; en sueños se pueden visualizar las realidades por venir y desechar los infiernos que nos alejan de la luz; en viajes astrales es posible dialogar frente a frente con los maestros y maestras de la luz para una mejor guía en nuestra misión. Dormir es despertar a otra realidad que también exige disciplina y compromiso con el espíritu.
En verdad, el vivir espiritualmente es un acto de la vida.