14 jun. 2015

Ken Wilber: Sobre expresar tu verdad en la forma en que puedas

Andréa Balt

“Todos aquellos a quienes la auténtica transformación ha destronado profundamente su alma deben, creo yo, luchar con la profunda obligación moral de gritar desde su corazón - tal vez en silencio y suavemente, con lágrimas de reticencia; tal vez con un fuego feroz e indignada sabiduría; tal vez con un análisis pausado y cauteloso; tal vez a través del valiente ejemplo público - pero la autenticidad siempre y absolutamente conlleva una exigencia y un deber: tienes que expresarte, lo mejor que puedas, y sacudir el árbol espiritual, y hacer brillar tu luz sobre los ojos de quienes se sientan satisfechos".

[…] Analizando la diferencia entre lo que es una Revolución y una Rebelión…
…En pocas palabras, la revolución es la sustitución de un poder por otro. Es sólo revolucionario hasta que el nuevo sistema se establece, se masifica y se convierte en el status quo. Sin embargo, como seres humanos y como ecuaciones dinámicas de la vida, el cambio es nuestra constante. Somos ríos, no lagos. Nuestro modus operandi es fluir.
La Rebelión, como tal, es contravenir constante y consistentemente cualquier concepto, sistema de creencias, persona o institución que aprisione nuestra libertad y poder personal. Una inquietud cotidiana. Honra el cambio y nuestra naturaleza fluida. La rebelión es nuestra sangre, mientras que la revolución es una transfusión de sangre ocasional.
Esto no quiere decir que revolucionar el orden dado no sea una desintoxicación necesaria para cualquier sociedad, su cultura y sus obsoletas estructuras de poder en diferentes momentos de su crecimiento e historia. Pero la ironía de toda revolución es que finalmente desafía su propio propósito convirtiéndose en otro poder dominante.
La Rebelión es una necesidad humana que exige un derecho en nuestra Declaración Universal (¿Qué pasa… Naciones Unidas?). Es el único mecanismo que permite la creatividad, ya que la creatividad sólo puede surgir de las tinieblas; de la incertidumbre generada al rebelarnos contra una realidad estancada.

La rebelión está apagando las luces y la creatividad está aprendiendo a ver en la oscuridad. La rebelión nos ayuda a dar el salto, mientras que la creatividad está construyendo nuestra red. Ambas son tan necesarias para nuestra vitalidad y desarrollo como lo es el aire, la comida, el agua, un refugio, el amor…
Y, puesto que la vida es un collage cósmico y la sabiduría es universal y nada es ajeno, me topé con una invitación más poética para rebelarnos, de la pluma de Ken Wilber - padre de la Teoría Integral y una de las mentes más brillantes y fascinantes de nuestro tiempo.

En su libro One Taste: Daily Reflections on Integral Spirituality (Un Solo Sabor: Reflexiones Diarias sobre la Espiritualidad Integral) — una introducción íntima al pensamiento de Wilber - el siguiente pasaje sustituye los ‘y si…’ de nuestra veraz y tan necesaria rebelión, poniendo de relieve los 'y si no…’ de nuestro silencio alternativo:
“Y por lo tanto, todos aquellos a quienes la auténtica transformación ha destronado profundamente su alma deben, creo yo, luchar con la profunda obligación moral de gritar desde su corazón - tal vez en silencio y suavemente, con lágrimas de reticencia; tal vez con fuego feroz e indignada sabiduría; tal vez con un análisis pausado y cauteloso; tal vez a través del valiente ejemplo público - pero la autenticidad siempre y absolutamente conlleva una exigencia y un deber: tienes que expresarte, lo mejor que puedas, y sacudir el árbol espiritual, y hacer brillar tu luz sobre los ojos de quienes se sientan satisfechos.

Debes permitir que la realización radical retumbe a través de tus venas y llame la atención de los que te rodean. ¡Y cuidado, si no lo haces!, estarás traicionando tu propia autenticidad. Estarás ocultando tu verdadero patrimonio. No querrás inquietar a los demás porque no quieres inquietarte a ti mismo. Estarás actuando de mala fe, con el sabor de un mal infinito.

Porque, verás, el hecho alarmante es que cualquier realización profunda conlleva una terrible carga: aquellos a los que se les ha permitido ver están simultáneamente obligados a comunicar esa visión en términos absolutamente claros: ese es el trato. Se te permitió ver la verdad bajo el acuerdo de comunicarlo a los demás (ese es el significado último del voto bodhisattva). Y por lo tanto, si tú has visto, simplemente tienes que hablar. Hablar con compasión, o hablar con una furiosa sabiduría, o hablar con técnicas habilidosas, pero debes hablar.
Y esto, realmente, es una tremenda carga, una carga terrible, ya que en cualquier caso no hay cabida para la timidez. El hecho de que pudieras estar equivocado simplemente no es excusa: Podrías acertar en tu comunicación, o podrías equivocarte, pero eso no importa. Lo que sí importa, como Kierkegaard tan enfáticamente nos recuerda, es que sólo a través de invertir y hablar acerca de nuestra visión con pasión, puede la verdad, de una manera u otra, por fin penetrar la renuencia del mundo.

"Si tienes razón o estás equivocado, sólo tu pasión será capaz de descubrirlo. Es tu obligación promover ese descubrimiento, de cualquier manera, y por lo tanto es tu deber expresar tu verdad con toda la pasión y el coraje que puedas encontrar en tu corazón. Debes gritar, en cualquier forma que puedas.”

Sea cual sea tu firma creativa, lo que sea “tu” pieza del rompecabezas, tu verdad, tu voz, tu mensaje, tu pequeño o gran descubrimiento, la insatisfacción resultante de guardar silencio traerá consigo efectos secundarios que amenazan la vida: postergación, distracción, pérdida de tiempo, desperdicio de talento, ira reprimida, negatividad, mediocridad, depresión, y finalmente, la muerte.

No por citar a William Wallace por milésima vez, sino porque es verdad que “todo hombre muere, pero no todo hombre vive realmente.” Si tan sólo guardar silencio y ser condescendiente con respecto a tu verdad te llevara a un propósito más elevado, si tan sólo la autoflagelación de tu creatividad pudiera llevarte a la tierra prometida, si te llevara a un sentido de aleluya antes de expirar, si te trajera un poco de luz al final del túnel del sufrimiento…
Pero, ¿qué pasa si no hay ningún túnel? ¿Y si todos estos años hemos estado corriendo a través de un campo abierto de luz? Y lo único que tenemos que hacer realmente en la vida es apuntar a ello con nuestros dedos…
Sabiendo que pronto habremos desaparecido, este breve, desordenado y alegre viaje por la vida, se hará aún más urgente. Y en este turbulento y eternamente fluido río, parece ser que la primer regla que debemos romper a través de nuestra rebelión creativa es la de nuestro silencio.

Cuando comienzas a practicar y vivir desde tu verdad, como Audre Lorde tan mágicamente lo expresó:
“Hablar se hará cada vez más fácil. Y descubrirás que te has enamorado de tu propia visión, la cual posiblemente no sabías que tenías. Y perderás algunos amigos y amantes, y te darás cuenta que no los extrañas. Y otros nuevos te hallarán y apreciarán… Y al fin sabrás con una hermosa certeza que hay sólo una cosa que es más aterradora que expresar tu verdad. Y eso es no expresarla.”

(Traducido por Tarsila Murguía desde: http://www.rebellesociety.com/2013/11/11/ken-wilber-on-speaking-your-truth-in-whatever-way-you-can/)