martes, marzo 24, 2026

Algo de Sabiduría para el Autoconocimiento (I)

 Enric Corbera

Un día descubrí que el principio de la Vida es: el Amor.
Dedicado a todos aquellos que en su día me comprendieron, y aún más a los que no lo han hecho, pues de estos últimos extraigo un mayor conocimiento de mí mismo. A aquellos que me aman y admiran, gracias. Para los que soy indiferente, gracias, porque ellos me hacen sentir más humano. A los que me odian o tienen envidia, a estos muchas gracias, porque me han sido de gran ayuda para practicar la comprensión.
Gracias a todos aquellos que me aceptan tal como soy y gracias también a aquellos que no ven en mí más que defectos, pues de ellos he aprendido la tolerancia.
AMOR, COMPRENSION, TOLERANCIA... He ahí las llaves del autoconocimiento.
Gracias Vida, por derramar tanto amor a mi alrededor.
Enric Corbera.
PROLOGO
Este librito está dedicado, sobre todo, a las personas sensibles que buscan las respuestas en su interior. Pretende, y sería mi ilusión, que cada uno de los apartados fuera un espejo en que se reflejara el alma lectora. Espero y deseo de todo corazón ser un granito de arena en la búsqueda particular de uno mismo, sabedor de que esta búsqueda dura y cuesta toda una vida y, a veces, muchas. Cuando leáis este libro, os pido que abráis vuestro corazón y lo limpiéis de todo convencionalismo, para que de esta manera notéis que algo nuevo, pero conocido, entra en vuestra alma. Pensad que nada es y que todo se transforma a cada instante, y que la imaginación sin prejuicios os puede permitir que entre en vuestras mentes una bocanada de aire fresco y renovador. Os doy un consejo: leedlo por aquella parte que más os apetezca en cada momento, pues, aunque el librito tiene un orden, da total libertad para escoger el que uno más desea. Si así lo deseáis, podéis empezar por el final, ¡qué más da!, al fin y al cabo, nada tiene un principio ni un final, todo se transforma.
Dejad que vuestra imaginación vuele por las líneas, y tened en cuenta que ella os puede otorgar la libertad que tanto deseáis. La libertad es el don más preciado que Dios ha otorgado al hombre, para que se conquiste a sí mismo a través del autoconocimiento, que es en definitiva la auténtica sabiduría.
Quizás a través de la pequeñez y el amor que hay puesto en este librito se os abran otras formas de ver el mundo y de comprender a nuestros semejantes. De ser así, me sentiré plenamente satisfecho, pero si igualmente no he conseguido tal objetivo, agradezco de antemano el cariño que se ponga en leerlo y, quizás más adelante, al volver a releerlo, os dé otro mensaje distinto, lo cual querrá decir que estará realizando sin falta su cometido: dar al alma buscadora un apoyo en su búsqueda interior.
Gracias de todo corazón por leerlo.
Enric Corbera.
I. LA INQUIETUD
¡Qué difícil es ordenar los pensamientos de uno mismo! Encontrar la salida para una multitud de laberintos, todos ellos mentales, pero que se manifiestan constantemente en la vida diaria, es difícil. Uno no se siente solo, sino mil. Dar salida a todos esos pensamientos, o darles a unos y a otros no, es en donde se encuentra la verdadera cuestión. Todos estos yoes son falsos, pero ¿dónde reside el auténtico Yo?
Esta búsqueda es la que me obsesiona. Desde hace tiempo intento vislumbrar diferentes realidades y estoy plenamente convencido de que, cada una de ellas, son sólo el reflejo de la auténtica realidad. Mi auténtico Ser me ha conducido a mi situación actual. Por ello creo que, una vez más, estoy a las puertas de una realidad superior, la cual quizás pueda guiarme en lo que realizo actualmente.
El mundo material se mueve por deseos, que también a su vez tienen una estructura material (en el mundo de los deseos). Como todo, los deseos tienen distintas graduaciones: cuanto más elevado sea éste, mayor fuerza posee y, por tanto, mayor es su radiación. En el transcurso de la evolución humana esto es una cuestión fundamental. Tus deseos, Enric, empiezan a tener tan elevado grado de vibración que no pasan desapercibidos para nosotros, que somos seres de vibraciones mucho más sutiles que las vuestras; son tan fuertes que debemos escucharlos y atenderlos, ya que son de grado superior. Nosotros pertenecemos a otra realidad, más espiritual, por supuesto, pero no por ello mejor, sencillamente es diferente dentro del gran campo de la evolución.
El Universo entero se sustenta por el AMOR, y éste es el único vehículo que nos puede llevar a conocernos a nosotros mismos y, por lo tanto, a los demás. Pero las cosas se deben realizar a velocidad colectiva determinada, así como a la velocidad personal que tu auténtico Yo desee imprimir. De cualquier forma, piensa que el empuje de elevadísimos Maestros Espirituales ha sido necesario a través de todos los tiempos, debido a que el mundo perdía su velocidad de crucero.
Hoy en día, al mundo se le muestra sutilmente el camino a seguir, de cada uno depende después escogerlo o no. Sin embargo, nunca se han dado tantas facilidades en vuestra evolución para que el mundo cambie de grado como ahora.
Esto no se lleva a cabo así, de pronto, pero sí en unos centenares de años.
Entonces nadie tiene excusas, pues los medios materiales que vuestro mundo posee permiten enviar cualquier noticia por toda la faz de la Tierra en segundos. Es cuestión de comprometerse y ya ha llegado el momento de hacerlo. El camino es individual y colectivo a la vez. Individual porque se ha de respetar el libre albedrío.
Colectivo porque pertenecemos a una misma evolución. Sólo nos podremos comprender haciendo el supremo esfuerzo de comprender a los demás, sabiendo que aunque somos iguales, somos totalmente distintos. Todos nuestros yoes tienen un fondo egoísta, únicamente el auténtico Yo no lo es, ya que El es todo amor, es la chispa divina. Esto y sólo esto es la auténtica puerta para acceder al camino que nos puede hacer vislumbrar (y digo vislumbrar) la Verdad.
Parece mentira la fuerza que se emplea para creer en el Mal en el mundo y la poca Fe que se tiene en creer en el Bien. El miedo, la duda, las supersticiones, etcétera son sólo barreras para acceder al Poder de la Luz. Desde pequeños tenemos miedo a la oscuridad y nos sentimos protegidos con la luz, y esto no es más que un mensaje divino incrustado en nuestra alma, para que comprendamos que sólo en la Luz estaremos a salvo. No basta tener Fe en la Luz, se ha de trabajar en ella plenamente, confiar en ella, dejarse llevar por ella; en definitiva, dejarse penetrar por ella.
Solamente de esta forma nuestro auténtico Yo seguirá su camino, el que le ha sido asignado, para que nuestro guía espiritual sólo deba realizar pequeños retoques en nuestra enseñanza, pues ésta llega de acuerdo con los méritos adquiridos. De esta forma, Enric, la humanidad podrá liberarse de los sufrimientos que la tienen oprimida: enfermedades, hambre, miedo, guerras...
¿Qué se ha de hacer para trabajar en la Luz? Mirad, la vida presenta a cada ser unas enseñanzas para su propia evolución, tras las cuales sólo hay amor. Es necesario comprenderlo así, para no tener que aprender otras enseñanzas más duras. Y a la inversa: si aceptamos las circunstancias de la vida como algo bueno, el sufrimiento será menor y, al mismo tiempo, se podrá pasar a una enseñanza de orden superior, sin consecuencias tan materiales que sufrir. De esta forma uno empieza a hacerse dueño de su vida e incluso comienza a dirigir su destino por aguas más tranquilas. Entonces, y sólo entonces, estarás trabajando en la Luz.
Antes de nacer cada persona tiene asignadas unas circunstancias, el hecho de que nos movamos por ellas con sufrimiento y dolor o todo lo contrario, con paz interna y alegría de vivir, dependerá del conocimiento que vayamos adquiriendo en la vida o las vidas. Es necesario cultivar virtudes como el perdón, la paciencia, la misericordia, la caridad, la compasión, etcétera, para que nuestra realidad interior se abra a nuestros ojos. Pero nada de esto será válido hasta que no aprendamos a amarnos a nosotros mismos, a comprendernos, a darnos cuenta de que nosotros somos nuestros mejores amigos. Entonces estaremos preparados para ayudar a nuestro prójimo con todas nuestras fuerzas.
II. EL CAMBIO
Intuyo que todo es tan sencillo... que sólo pienso de qué manera y forma puedo yo llegar a esa simplicidad. Aunque creo que el camino que estoy siguiendo es el correcto para mí, no dejo de pensar en la forma de hacer mi vida cada día más sencilla (por sencilla debe entenderse la forma como la he de vivir, no el fondo material), pues estoy convencido de que los bienes materiales se nos conceden para hacer buen uso de ellos. Intuyo que la postura mental que tengamos ante los hechos que ocurren a nuestro alrededor es primordial para que no te influyan en los más mínimo en tu vida individual.
Pero ¿cómo?, ¿cómo se llega a ese estado? Limpia tu corazón de las sombras que oscurecen tu vista, observa cada individualidad como un TODO aún mayor, y así sucesivamente. No intentes cambiar nada, cambia tú. Piensa que todo tiene su razón de ser y que tú no lo puedes cambiar; para que cambie algo grande es necesario que cambie primero lo pequeño. Tú sólo puedes cambiar las circunstancias que rodean tu vida particular, porque en el cambio estás haciéndote dueño de tu vida, que es sólo tuya. Tenlo por seguro.
Comprender y, sobre todo, no juzgar nada de lo que veas o te rodea es fundamental para que este cambio se realice dentro de cada uno. Cuando se habitúa a esta forma de vivir, se abre una luz dentro de la mente que ayuda a comprender cada vez más y así es como se va ascendiendo en la línea de la comprensión. Se ha de pensar que cada uno lo hace lo mejor que cree, aunque vaya directo hacia un barranco, cuando caiga por él, comprenderá su error y esa comprensión le hará avanzar en su vida. No por ello no hemos de ayudarle o convencerle del error, pero nunca forzando ni obligando a nadie a tomar decisiones, pues nadie está en la posesión de la Verdad, ya que la Verdad no la podemos poseer, porque vivimos dentro de ella. La libertad es un regalo divino, y lo que hagamos con ella marcará nuestro futuro destino y todas las circunstancias de nuestra vida y futuras vidas.
No tengas prisa por cambiar las cosas a través de tu cambio, todo necesita su tiempo. Además, es importante mantener una fuerza de voluntad firme y constante para que ese cambio se realice. El trabajo diario es lo que realmente importa, el trabajo diario de cada uno en torno a lo que nos rodea. Hemos de seguir el ejemplo de la hormiguita, trabajar poco a poco, pero sin parar. Ten seguro que tus esfuerzos serán recompensados, así lo marca la Ley.
III. LA PUERTA
Entrar en el mundo espiritual provoca que lo que antes era real pierda ese sentido, pues entramos en otra realidad, menos perceptible físicamente, pero mucho más cercana del plano mental. Solamente se puede entrar en este mundo con un gran esfuerzo por mejorarse y por se útil a todos los que nos rodean. Se entra por pura necesidad, no por recomendación. Además, se entra sin darse cuenta, sucede que de pronto todo cambia a nuestro alrededor, pero lo que realmente ha sucedido es que hemos sido nosotros los que hemos cambiado; lo que antes era importante deja de serlo y lo que realmente se vuelve importante es algo que no es mesurable, ni tan siquiera tangible. Nuestra visión del mundo ya empieza a ser espiritual es sólo el principio de un camino que va a cambiar todo nuestro ser, algo que se convertirá en una necesidad imperiosa de saciar aquello que nos ha conquistado el alma.
Este algo empieza a adueñarse de nuestra vida. De repente todo lo que hacemos, decimos y pensamos es desde este nuevo prisma de visión. Aunque iguales que nuestros hermanos de evolución, somos ya diferentes, pues nuestros valores son otros. Entramos en un mundo que está lleno de peligros, igual que en el anterior, como en el que vivimos, pero quizás superiores. Estos peligros vienen de la mano de seres que quieren impedir nuestro avance en sentido vertical, hacia arriba, y se valen de todos los trucos y engaños a su alcance; pero ellos no saben que las dificultades que nos crean sirven, muy a pesar suyo, para que mejoremos en nuestra evolución, haciéndonos más sabios, nos preparan, en definitiva, para la Maestría.
La Vanidad es una de las primeras pruebas que deberemos superar, pues intentarán hacernos creer que somos seres especiales. De pronto nos veremos sumergidos en el Orgullo, lo cual ya significa que permanezcamos estancados, retrasarnos y retroceder.
Debemos desarrollar la HUMILDAD, que nos permitirá construir los cimientos de nuestro templo interior: el que nos permitirá desarrollar facultades psíquicas de diversa índole, según lo consideren los Maestros, pero para que ellos se fijen en nosotros es necesario atraer su atención.
¿Cómo se consigue todo esto? Con trabajo, trabajo y una enorme voluntad en la meta que nos hemos fijado, sin esperar nada a cambio por el trabajo realizado, puesto que nuestra finalidad es el desarrollo pleno de lo que nunca nos hará fracasar: el AMOR. Este AMOR ha de ser hacia uno mismo y hacia todo lo que nos rodea. Solamente con esta meta fijada constantemente en nuestra mente, provocaremos que desarrollemos nuestra luz interior y nos permitirá que los Maestros nos vean.
IV. LA SENCILLEZ
La sencillez, la hermana menor de la humildad, tan necesaria para que lo más bello y hermoso se manifieste en uno mismo, es uno de los secretos que nos permitirá superar todas las pruebas que la Vida nos tiene preparadas, es la llave que abre todas las puertas que nos podamos encontrar en el camino.
Consta de otras hermanas menores tales como: la prudencia, la discreción, la amabilidad, el saber callar y el saber hablar lo justo... Todas ellas nos permitirán profundizar en las almas que nos rodean, lo cual nos conducirá a la puerta del autoconocimiento, puesto que lo que veamos en las demás personas será el reflejo de nosotros mismos. Para poder extraer la enseñanza necesaria, es preciso que nos valgamos de la comprensión, y mediante este gran don caminaremos rectos hacia la sencillez, puesto que comprendiendo a los demás lo único que hacemos es conocernos más a nosotros mismos. He aquí el secreto. Fácil, ¿verdad?
Pues entonces empezad. Os hemos presentado una de las llaves para llegar al autoconocimiento, lo demás depende de vosotros.
La sencillez se podría definir como la Gran Virtud que permite trascender todas las barreras del conocimiento para llegar al auténtico conocimiento. La sencillez es percibir todas las cosas tal como son; es ver el TODO en todas las personas, las cosas, los animales, las plantas...; es tener la certeza de que todo forma parte del TODO y que uno no es más ni menos que nadie ni nada, sencillamente se ES. Ser así es ser una bendición para todo lo que te rodea; es ser una bocanada de aire fresco en una habitación contaminada; es ser Vida; es ser un bálsamo para las heridas de los demás. Ser sencillo es armonía y ésta sólo puede dar Paz, y la Paz permite que la mente reflexione sobre sí misma, y al hacer esto se puede llegar a conocer uno a sí mismo y puede permitir ayudar a los demás a conocer lo que tú has conseguido: conocerte y comprender.
Todo se puede conseguir nada más que con un hábito continuado, con voluntad firme de acción, con la creencia de que todo tiene sentido de ser y, sobre todo, con la creencia de que todo puede cambiar a nuestro alrededor si somos capaces de ser una luz en el infinito, limitarnos a ser, o sea a ser sencillos.
V. EL FLUIR
Se ha de ir por la Vida procurando no ser una fuerza que cambie las cosas si ellas no quieren cambiar. Los seres deben cambiar en su debido momento y cuando lo crean necesario, porque surgirá de una fuerza interior que les conducirá hacia ese cambio. Tu forma de ser y de vivir ha de servir de ejemplo para el ser que desee seguirlo, sin pretender serlo. Pero no olvides jamás que tu ejemplo no es la Verdad, sólo es un momento de ella. Sigue tu camino sin pretender ser, porque solamente de esta manera serás, ya que en tu andadura podrás adquirir muchas formas de ser, y todas ellas serán válidas para el que las necesite. Entonces, y sólo entonces, serás un hijo de Dios.
¡Cuál ha sido el secreto? El fluir en la Vida, no interaccionarse en ella, sino formar parte de ella. no querer cambiar las cosas, sino integrarse en ellas y aceptar las circunstancias que te rodean como algo propio y necesario en este momento que vives.
Hermanos, ampliad vuestra mente más allá de todo lo concebido y de lo que queda por concebir. Daos cuenta de vuestra posición dentro del Universo, para lo cual se requiere realizar un esfuerzo de extrapolación, pero os daréis cuenta de lo grande que puede llegar a ser Dios y de lo generoso que es, puesto que nos permite que algún día podamos llegar a conocerle. El punto infinitamente pequeño que somos, en relación con el Universo, debe revelarnos cuán grande somos, ya que tenemos el don más preciado y que es necesario desarrollar: la comprensión.
Cuando hablamos de fluir, no queremos decir dejarse llevar, sino no forzar ninguna situación, aprender la enseñanza que hay en cada momento y trascenderla a la vida cotidiana. Así, llegará el día en que seremos dueños de ese fluir, porque entonces no nos zarandeará, simplemente nos dejaremos penetrar por él, enriqueciéndonos en cada instante de nuestra vida, acumulando sabiduría constantemente. Ya no seremos un barco sin timón, seremos el capitán que lo conduce por el río de la Vida, entendiendo por Vida no el corto espacio de tiempo terrenal, sino todo el proceso de evolución que nos ha tocado.
Nunca juzgues, jamás de los jamases. Más te vale callar que expresar algo que no puedes comprender. Tus palabras siempre salen del prisma de tu visión, escuálida por cierto. Limítate a ser la ayuda en el camino de tu hermano, aunque tú aún no aciertes a comprender por qué. Ten paciencia y emplea la gran herramienta que Dios nos ha dado: la comprensión. Saber utilizarla es uno de los hábitos que se ha de desarrollar, pero para eso sería también necesario que te valieses de la misericordia y de la caridad, que son dos hermanas más de la humildad. No se puede ser humilde si no se es caritativo y misericordioso.
Hemos de ser canal de Vida para todo lo que nos rodea y, por eso, es necesario tener el pensamiento lo más puro posible, para que de esa forma las energías fluyan dentro de nosotros sin trabas ni barreras, para que seamos una bendición para nosotros mismos y para los demás. Debes procurar que cada pensamiento, acción, palabra... sea en beneficio de todos. Cuando desarrolles todo esto hasta el nivel deseable ya no deberás preocuparte por nada, ya que el Universo entero se armonizará contigo y serás dueño del hoy y del mañana.
¡Qué grande debe ser Dios!, que nos permite poseer tal poder. Por otra parte, también aquí se encierra el sentido de uno de los más grandes enigmas: Hombre, conócete y serás dueño del UNIVERSO. Y cuán sencilla es la llave que nos permite trascender este enigma: armonizarnos con todo y con todos, procurando ser una fuente de vida que transcurre sin importarle quién beba de su agua, pues ella se limita a dar vida a quien la necesite, y quien quiera pasar de largo, bien estará, ya encontrará otra fuente más acorde a sus necesidades. ¡Qué maravilloso!, ¿verdad? La maravilla se encierra precisamente en su sencillez. Si deseas comprender algo a ti te parece grande, nunca busques su solución en algo fastuoso, búscalo en lo más sencillo que tu ser te permita entender. Siempre, siempre lo sencillo encierra lo más grande, ésta es la misericordia de Dios, que hace que lo pequeño no se sienta insignificante, sino todo lo contrario: lo más grande. Piensa que lo que a ti te parece grande es sencillamente algo pequeño en relación con algo más grande todavía; y a la inversa: a lo más grande, por serlo, muchas veces le cuesta comprender lo más pequeño. Dios siempre se vale de lo pequeño y humilde para manifestarse, para que podamos comprender que Él se encuentra en todos y en todo. No se ha de buscar a Dios en ninguna parte, puesto que lo llevamos dentro.

Él lo interpenetra todo.
Llegará el día en que tú podrás decir: ven, y vendrán; dirás: vete, y se irán. Eso será así porque tus decisiones estarán en total armonía con el Universo y no perjudicarán a nadie, porque poseerás el conocimiento, el total conocimiento de que todo tiene su razón de ser. Pero tampoco olvides que el ser que ha llegado a este punto se encuentra fuera de todo mal y de todo bien, puesto que él comprende lo que ES: una fuerza de luz, armonía y comprensión, que trasciende todos los planos en que él vive; vive sin vivir las fuerzas de inferior evolución, porque sólo pueden obedecer, sabedoras de que eres Amor.
VI. LA ORACION
La oración es el reconocimiento de una fuerza espiritual por parte del ser, es darse cuenta de que provenimos de algún sitio y de que nuestra manifestación aquí en la Tierra es ocasional. La oración fortalece nuestro espíritu y nos ayuda a sobrellevar las vicisitudes de nuestra vida. Su fuerza es de orden superior, practicándola constantemente se puede conseguir cambiar circunstancias que parecían imposibles de transformar. El cambio principal que se puede dar es sobre la persona que ora: la va transformando poco a poco, hasta llegar a ser un foco de luz.
Existen muchas formas de orar, pero no existe la menor duda de que la oración debería ser constante a lo largo del día. ¿Cómo? Mediante la acción. No con la palabra, sino con la acción, en todos los actos que realizamos en el transcurso del día, ofreciéndolos a Dios desde el despertar, en nuestro trabajo, en nuestra forma de hablar, en nuestros pensamientos, siendo constantemente una fuente de Paz para todos los que nos rodean. Si, además, en tu vida diaria dedicas una parte de tu tiempo a servir a los demás, entonces tu oración adquirirá vibraciones de orden superior por el servicio y sacrificio que estás realizando hacia los demás. El ser que adquiere como hábito esta forma de vida notará que a su espíritu se le empieza a descubrir el Universo, ya que sus necesidades son las necesidades de los demás, son sus miedos, sus dudas, sus tristezas, sus sinsabores... que llegan a formar parte de uno. Por otro lado, la oración activa dirigida a los demás debe también cuidar de las necesidades propias de cada uno, pues del propio cuidado y fortaleza se puede beneficiar muchísima gente y durante todo el tiempo que la Providencia considere necesario. Además, llega un momento en que el ser superior de cada uno puede conseguir entregarse plenamente a los demás, de hacerlo así sólo lo hará una vez.
La forma de vida es hacia donde uno debe encaminar la oración, entonces tu oración empezará a andar el sendero de la oración perfecta. Que tu oración sea tus actos, no tus palabras. Como dijo el Gran Maestro Jesús: Por sus acciones conoceréis a los auténticos hijos de Dios. Hay que esforzarse por hacer de nuestra vida una oración, pues ella nos permitirá trascender las puertas del conocimiento, del conocimiento que traspasa todas las barreras y todos los sentidos, en definitiva, del conocimiento que nos conducirá algún día a conocer a Dios.
VII. LAS RELIGIONES
Las religiones son las representantes de Dios en la Tierra. Su misión ha consistido siempre en canalizar y guiar la fuerza espiritual, que a través de los eones del tiempo el hombre ya poseía. Solamente son luz en el camino del ser humano, ninguna es auténtica y todas lo son. Puesto que cada religión es alimentada por los hombres que la necesitan, nos encontraremos frente a las puertas de la auténtica Religión cuando el hombre no necesite ninguna de ellas. Será la religión del hombre, la religión del Ser, la que no distingue, la que no separa, la que no dogmatiza, la que consuela, la que perdona, la que permite el libre albedrío y, sobre todo, la que no juzga, o sea la RELIGION UNIVERSAL, que es la que reconoce a todos los seres como hermanos de evolución, la que no impone sino que aconseja, sabedora de que a todo ser le llega su momento de comprensión de la verdad que está viviendo en ese tiempo. Es la religión que sabe que el nivel evolutivo no es uniforme, sino individual y que sólo se preocupa de Amar al prójimo como a ti mismo. Es la religión que trae la paz y el sosiego del espíritu, la que da cobijo al ser que se lo pide, sin pedirle cuentas de nada, porque sólo se preocupará del estado actual en que se encuentra y que le permitirá trascender los problemas que le abruman, sin pedirle nada a cambio. Es la religión que nunca castiga, enseña; aunque muchas veces esta enseñanza esté revestida de experiencias que, en principio, sean amargas; esto se debe a que es el único medio del que se dispone para hacernos comprender la enseñanza que lleva implícita dicha experiencia.
Cuando las verdades anteriormente expuestas empiezan a hacer mella en el hombre, es cuando éste tiene la posibilidad real de trascender esas experiencias dolorosas y convertirse en dueño de su vida. La RELIGION UNIVERSAL es, sobre todo, la religión que libera al hombre, porque es la religión del amor auténtico, y el amor auténtico siempre da, nunca espera nada a cambio, porque su primera y única finalidad es otorgar la felicidad eterna al hombre, felicidad que sólo se consigue cuando el ser humano es perfectamente dueño de su destino, cuando alcanza la comprensión del TODO, cuando se siente Dios mismo, ya que como se nos ha dicho más de una vez: somos dioses en potencia.
La RELIGION UNIVERSAL es la única que nos permitirá desarrollar toda nuestra potencialidad interior y la que nos hará auténticamente libres, pues nos enseñará que el amor es Dios.
VIII. LA MUJER
La mujer, puerta hacia la vida, es ante todo un ser receptivo. Es un ser aparentemente frágil, para atraer de esta forma el amor; su fortaleza es interior, su capacidad de sufrimiento parece no tener límites, pero esto es así porque esa es su naturaleza. La mujer, entrada y salida de todo lo bueno y todo lo malo, es sobre la que recae una de las mayores responsabilidades del ser: dar vida, tanto física como espiritualmente, porque por encima de todo la mujer es un ser receptivo.
Es incompleta en sí misma, pero su sola presencia mueve energías muy sutiles y de tremenda fortaleza, porque en ella se ha depositado la fuerza de la vida, la fuerza de la creación. Todo se mueve a su alrededor: he aquí su auténtico baluarte y su gran responsabilidad, pues de ella depende en gran parte la evolución de la humanidad, porque su inteligencia, tan sutil a veces, puede provocar increíbles desastres si no la canaliza correctamente. Ella tiene la magia de conquistar, y sólo al conquistador le cabe el derecho de utilizar su conquista de la manera que él lo crea necesario. ¡Qué gran responsabilidad! Ella puede otorgar el equilibrio al Mundo y lo puede hacer desequilibrar, todo depende de sus actos.
Su curiosidad es como el bastón de ciego, necesaria para que el mundo avance en su espiritualidad. Aunque, cada vez menos ciega, debe aprender a no dejarse deslumbrar por todo lo que ve, debe aprender a no dejarse utilizar, debe aprender a utilizar su belleza para la admiración y no para la pasión, su libertad debe estar en el orden de elevación de sus cualidades y no de la inmersión d sus defectos, debe utilizar su influencia para potenciar la fuerza que hay en lo frágil y aparentemente delicado, porque ella puede y debe canalizar la fuerza de acción y concretización que Dios ha depositado en el hombre. No debe dispersar, sino canalizar ideales y metas, para que, de esta forma, junto con el hombre, pueda dar auténtico sentido a la Vida.
Mujer, canal de Vida, no dejes que te prostituyan con falsos ideales ni falsas promesas de belleza, no mires hacia tu exterior, ya que la auténtica belleza se halla en tu interior, en tu función en la vida, en tu responsabilidad, que es la mayor de todas las que Dios ha dado al ser humano: dar vida a la Vida.
IX. LA PAZ
La Paz es un sentimiento que emana de lo más profundo del ser. Experimentar Paz es experimentar la plenitud de la unión con todo lo que nos rodea, es sentirse útil hacia los demás, es armonía, es una sensación de libertad, es amar todo lo que existe a tu alrededor, es pensar que tu existencia tiene un sentido y que lo alcanzarás a través de los tiempos. Cuando se llega a estos niveles, la Paz ya no se experimenta, sino que pasas a formar parte de ella. Tú eres Paz, solamente con tu presencia proporcionas Paz, porque es la emanación de lo divino que anida en ti.
¿Cómo se puede alcanzar la Paz? Caminando por el mundo con la sensación de que todo tiene un sentido para ser, procurando hacer todas nuestras acciones de acorde con las leyes de la Naturaleza, pues su orden es perfecto. No se ha de alterar la Paz: ésta es una frase más que conocida, pero no comprendida en su esencia, y que nos indica que hemos de ir por la vida enriqueciéndola, haciéndola superior, utilizándola para fines altruistas y no egoístas. Esto no quiere decir que permanezcamos inmóviles, sino todo lo contrario: activos, plenamente activos y despiertos, con todos nuestros sentidos enfocados hacia la evolución que estamos viviendo, apoyando al débil, socorriendo al necesitado, proporcionando palabras de ánimo a quien lo requiera, acariciando, amando en definitiva, con ese amor que lo trasciende todo, que eleva nuestro espíritu y a su vez el espíritu de la Tierra, y ésta a su vez el espíritu del Universo. Todo esto sucede así, porque cuando actuamos de esta forma, nuestras vibraciones aumentan de frecuencia y se tornan más y más sutiles. De esta manera traeremos hacia nosotros seres espirituales de orden superior, que se muestran encantados de ayudarnos en este trabajo que estamos realizando. Y así sucesivamente, ya que la ascensión de uno de be ser la elevación del que la precede. Así se cumple la Ley Divina.
Cuanto mayor sea el número de seres que se hallen en esta disposición, más fácilmente se realizará la evolución del Mundo y a mayor velocidad, proporcionándole esta Paz, la PAZ que tanto necesita este mundo. Es la Paz que une, no la que se pacta y en la que cada pueblo permanece en la ignorancia del otro, eso no es Paz, son pactos para que nada cambie y que parezca que todo funciona bien. Debéis pensar que no habrá Paz hasta que brote del corazón humano, hasta que se comprenda que el otro no es un enemigo, sino un hermano de evolución que vive circunstancias diferentes, pero vive en el mismo Mundo, del que todos somos responsables y los únicos que podemos hacer algo por él. Para conseguirlo es necesario que abramos nuestros corazones y sintamos fluir dentro de nosotros esa corriente de amor que todo lo inunda, que lo único que consigue es la unión entre todos.
X. EL PENSAMIENTO Y LA PALABRA
En el camino espiritual, como en el camino de la Vida, se presentan situaciones que alteran nuestro espíritu, pero que se deben a que todavía no estamos perfectamente armonizados con el Universo; se deben a que no hemos alcanzado esa Paz interior que todo lo supera y que por bueno todo lo que está sucediendo.
Estas situaciones, que son de baja vibración y que tienen su sentido, se explican por el hecho de que nos hallamos inmersos en una ley hermética que dice que el Universo es todo vibración, y que, junto con otras leyes, como la ley del ritmo, tratan de explicarnos todas esas situaciones. Encontrarse abajo es tan importante como estar arriba, porque nos permite adentrarnos en el conocimiento de cada uno. Las situaciones dispares o contrapuestas nos ayudan a realizar nuestra propia identificación: en el Universo todo tiene una razón de ser. Como ejemplo sirva reconocer el valor de la salud cuando uno está enfermo, o también es válido aquel que dice que con la necesidad se valora más el poseer.
¿Cómo se ha de actuar? Pues, es necesario que cada cual se adiestre para controlar los impulsos que le asaltan, no enfrentándose a ellos, sino reconociéndolos como propios y sintiendo la necesidad de frenarlos, pero con un freno de acción transformadora y no represora, pues si lo hiciésemos de otra forma, empeoraríamos la situación. En los momentos críticos cada cual debe elevar su pensamiento y no dejarse llevar por el desaliento, de esta forma nos alejaremos de los impulsos que turban nuestra alma.
¿Cómo elevar nuestro pensamiento? Pensando que todo tiene un sentido, que toda reacción ha tenido su acción y que la vida es una constante sucesión de pruebas, cuya finalidad no es otra que convertirnos en seres mejores. La oración y la meditación son armas excepcionales para enfrentarse a las situaciones extremas, pues nos permiten aquietar nuestros impulsos y reconocerlos como propios, observando la enseñanza que conlleva toda situación. la máxima es y será: Estar siempre alertas a todo lo que decimos y pensamos.
El Amor lo cubre y lo interpenetra TODO. Todo sube y todo baja. Como es arriba es abajo. A toda acción le corresponde su reacción. Al género masculino le corresponde el femenino. Y, sobre todo, el TODO es MENTE. De la manera que canalicemos la mente, de la forma en que la aquietemos, dependerá en gran medida nuestra forma de vivir. La fuerza mental nos ayudará a canalizar nuestro
ideales, sentimientos, pensamientos, deseos... Por lo tanto, es necesario no permitir que ella nos conduzca al abatimiento o a la euforia. Hagamos de nuestra mente una herramienta útil y eficaz para nuestro desarrollo espiritual en nuestro camino de evolución. Es necesario que, en nuestro quehacer diario, mantengamos nuestra mente constantemente alerta. Al principio, se nos presenta como un trabajo arduo y difícil, pero se debe a que estamos acostumbrados a dejar libres nuestros impulsos y nuestra mente, dejamos que divaguen sin controlar lo que pensamos y muchas veces ni tan siquiera controlamos lo que decimos. Todo esto nos crea sufrimiento, pues ya se sabe que todo pensamiento o palabra (acción) conlleva su consecuencia (reacción), y es por eso que en muchas ocasiones la felicidad de los demás dependerá de cómo decimos las cosas. Muchos ignoran el poder de la palabra y se olvidan de que, sobre todo, la palabra es creadora, es el primer impulso para la manifestación. Se puede observar que cada vez, es más importante saber controlar la palabra, pues es sentimiento y éste puede liberar o esclavizar. El sentimiento procede del poder mental y es la herramienta básica del conocimiento (alma), y como alma es el vehículo del espíritu. Por lo tanto, en la sucesión hacia arriba se puede apreciar que la palabra procede en última instancia de nuestro Yo.

Si la palabra alivia, comprende, estimula, calma, consuela... es creadora, porque se reviste de Amor. Si la palabra critica, insulta, desprecia, maldice... será destructora, hija del odio. Dependiendo, pues, de cómo expresemos nuestras palabras, que son nuestros sentimientos, labraremos nuestro futuro, de aquí se desprende cuál es nuestro poder creador, el que nos permitirá pasar por la vida como una bendición o como una calumnia.
¿Cómo se puede conseguir? Sobre todo, y por encima de todo, hemos de contemplarnos, observar nuestras reacciones frente a los distintos sucesos diarios, observar cómo actuamos frente a los sinsabores, a las críticas de los demás, en definitiva a percibirnos bajo el prisma de nuestro Yo interior. Debemos observarnos con todo el Amor infinito, con gran comprensión, con gran misericordia, conocedores de que en estos precisos instantes somos nuestros maestros y educadores. Quizás ahora se comprenda que primero hay que amarse, comprenderse y tenerse misericordia hacia uno mismo para poder sentirlo después hacia los demás, pues de nada sirve amar si antes no hemos aprendido a amarnos.
Si de esta contemplación hacemos un hábito, sin darnos cuenta llegaremos al autoconocimiento, caminaremos por la vida sin alterar nada, sin ser agresivos, aunque no nos lo parezca, hacemos lo correcto. Simplemente habremos aprendido a ver las cosas tal como son y estaremos prestos a querer realizar lo más importante: ayudar al prójimo.
XI. LOS SENTIMIENTOS
Los sentimientos son esa fuerza interior que a veces, o muchas veces, nos parece incontrolable y por ello nos esclaviza. Sentir forma parte del vivir, y vivir nos puede liberar o esclavizar. La mayoría de la humanidad es esclava de sus sentimientos, porque los sucesos de la vida nos hacen reaccionar instintivamente, sin pensar, sencillamente saltamos como si fuéramos un resorte. Si nos dicen que somos hermosos, sonreímos; si nos decimos que somos feos, nos enfadamos; sin darnos cuenta estamos en manos de todo lo que nos rodea, ya sean objetos o personas; si la casa no me gusta, me siento infeliz; si la gente del trabajo no es simpática, no estoy a gusto; si mi hijo no hace lo que a mí me gusta, me siento desdichado; si hace mal tiempo en domingo y no puedo salir, me pongo de mal humor; y así sucesivamente, circunstancia tras circunstancia, somos como una veleta sometida al viento en toda su desnudez, siempre pensamos que todo sucede al azar, como si Dios jugara a los dados con nuestras vidas. Somos incapaces de darnos cuenta de que los dueños de nuestras vidas somos nosotros, que potencialmente somos como dioses, que somos una chispa divina, que se nos ha dado poder y que éste se puede ampliar infinitamente a lo largo de nuestra evolución, que todo sigue un Plan y que éste persigue la perfección del TODO, porque, en conclusión, el TODO es perfecto en su esencia.
¿Has perdido a un ser querido? ¿Por quién lloras, por ti o por él? ¿Has pensado que quizás es él el que llora por ti, porque comprende en qué mundo te quedas?

Preguntas, preguntas y más preguntas. ¿Dónde están las respuestas? No lo dudes nunca: en tu interior. Para encontrarlas es necesario que amplíes tus puntos de mira, que abras tu corazón a todo lo que sucede a tu alrededor, que comprendas lo que tantas veces hemos expresado: todo tiene su razón de ser.
Sentir es imprescindible, pues nos hace sentirnos vivos, pero también es preciso controlar todos los sentimientos con la luz de la comprensión, con la luz del entendimiento, pues él nos conducirá hacia una mayor sabiduría y, entonces, utilizaremos los sentimientos y permitiremos que ellos nos utilicen. Si sientes dolor, el dolor que todo lo inunda y que apenas te deja respirar, piensa que es fruto de tu ignorancia, ignorancia de la Vida, ignorancia de la auténtica Vida, porque la Vida está concebida para enseñar y esa enseñanza nos conducirá a la auténtica libertad.
XII. EL DOLOR
El dolor es siempre fruto de la incomprensión, es un sentimiento tan profundo y, a veces, tan descontrolado que nos puede hacer cometer las más grandes aberraciones, así como a decir y pensar cosas excesivamente negativas, como por ejemplo: enfadarnos con la Vida o, lo que es lo mismo, enfadarnos con Dios.
¡Cuánta ignorancia encierra el dolor!, ¡cuánta incomprensión! Es un sentimiento que puede esclavizarnos de por vida o vidas, que puede generar reacciones espirituales de diversa índole, es un sentimiento que nos puede convertir en desdichados totalmente. Caemos en las garras del dolor, porque no entendemos qué es la auténtica felicidad.
La mayoría de nosotros sólo conoce la felicidad de un instante, como dice el dicho popular: Disfruta de lo bueno, que lo malo viene sin avisar; ésta es una frase muy oída y utilizada, pero revestida de una total ignorancia, es una frase sin sentido, es una frase vacía. Sentimos la felicidad como pequeñas situaciones de la vida que nos proporcionan placer (como, por ejemplo: una comida, una fiesta, la buena compañía, un viaje, el dinero, etcétera, etcétera), pero no nos damos cuenta de que la verdadera felicidad se encuentra en cada instante, uno a uno, en sentir la vida como una fuerza que nos interpenetra, en ver en todo lo que nos rodea algo que nos acompaña y embellece la vida, como algo que debemos contemplar y no cambiar, ver que todo es circunstancial y que la vida en sí debe servirnos para alcanzar algún día la auténtica felicidad, día en el que también la auténtica sabiduría formará parte e inundará nuestro SER. Entonces el dolor no hará mella en nuestra alma, porque sabremos que todo tiene que fluir y refluir, que lo que estamos viendo sirve a unos propósitos que son divinos y que nunca debe ocurrírsenos juzgarlos.
Debemos trascender el dolor con el pensamiento hacia Dios, con el pensamiento de que el momento que vivimos no es eterno y sí algo apenas duradero. Debemos sentir el dolor, pero no dejarnos embargar por él; debemos interiorizarlo y darle luz, la luz del conocimiento, la luz del amor, la luz de la aceptación, la luz de la fe, la luz de la libertad. Así trascenderemos el dolor y lo incorporaremos a nuestra alma como un conocimiento más de nuestro bagaje espiritual. Seremos más ricos y más sabios, pues no permitiremos que ese sentimiento tan profundo canalice otros sentimientos de baja vibración para esclavizarnos y hacernos vivir otras situaciones todavía más dolorosas en otras vidas, ya que lo que no se aprende en primera instancia, se nos repetirá en una segunda, pero a mayor frecuencia, hasta que forme parte de nuestra alma, y quede bien asumido como enseñanza. La auténtica
sabiduría del SER se encuentra en la siguiente frase: Sentir dolor está bien, transformarlo está mejor.
XIII. EL APEGO
Una de las barreras más grandes en el proceso espiritual de la evolución interior es el Apego, porque nos mantiene aferrados a hechos, cosas, vidas, circunstancias... haciéndonos creer que todo es permanente... Pura ilusión. El hombre tiene la costumbre de convertir en permanente todo lo que no lo es. Debemos desarrollar la verdad de que todo es ilusorio, nada permanece y todo cambia a una velocidad increíble. Sirva como ejemplo que la persona que conocimos hoy ya no será la misma mañana; el libro que leímos hace un año, ahora se nos antoja diferente, etcétera. Todo cambia, nada permanece: esa es una gran verdad, y cuando la sentimos como algo propio, nos damos cuenta de que todo lo que ocurre a nuestro alrededor es ilusión, es la manifestación de unas fuerzas determinadas y desencadenadas por cambiantes situaciones, anteriores al momento presente; entonces aprendemos a dejar fluir las situaciones de la vida y así aprenderemos a saber esperar y a actuar en el momento preciso, y nunca bajo un sentimiento repentino, pues éste nos conducirá con toda seguridad a un equívoco.
El Apego encadena nuestra alma y nos impide evolucionar al ritmo adecuado, provoca que creemos fuerzas egoístas y que nos sintamos poseedores de alguna verdad, con lo cual emitimos juicios, que siempre serán injustos, pues carecemos de la clarividencia necesaria para ver; si la poseyésemos seguro que no haríamos ningún juicio: esta es otra gran verdad. El juicio es siempre condenatorio. Sólo el ser que entiende la vida como un desfile de procesos evolutivos se abstendrá de emitir juicio alguno, porque él comprende desde el fondo de su ser que el Apego le transportará irremediablemente a otros defectos tales como: el egoísmo, el odio, el rencor, la envidia, el amor egoísta, los malos deseos ( así como desear que a uno le vayan bien las cosas, lo cual implica que a otros le vayan mal), deseos banales (como desear que gane mi equipo favorito, que implica la infelicidad de otros seres), etcétera, etcétera, etcétera.
Debemos caminar por la vida totalmente conscientes de que todo lo que ocurre a nuestro alrededor sirve para avanzar en nuestra evolución, desde un punto de vista particular y también general, pero teniendo en cuenta que nuestras acciones, pensamientos y palabras has de desequilibrar nuestro entorno lo mínimamente posible y que han de servir para elevar las vibraciones de nuestros semejantes.
Aún así hemos de tener sumo cuidado de no alterar en gran medida la condición de quienes nos rodear. Se ha de aprender de todo, pero nunca a pesar de todo. Nos hemos de elevar, elevando. Se ha de ir por la vida recogiendo la esencia, sin alterar el entorno, porque el entorno cambiará cuando la mayoría de los seres lo deseen.
Pensad y luego actuad, porque toda acción debe ir precedida de un pensamiento adecuado. ¿Qué se entiende por pensamiento adecuado? Pues aquél que después de salir del intelecto para por el filtro del corazón, aquél que no altera, sino que armoniza; ha de ser un pensamiento equilibrado, un pensamiento de amor, un pensamiento que busque el bien general; son pensamientos del corazón, en definitiva. El corazón debe regir siempre nuestros actos, pero sin forzar las situaciones ni los pensamientos ajenos. No debemos actuar con la intención de que lo que decimos y hacemos sea necesariamente bueno para los demás, porque aunque nuestros sentimientos sean honrados, hemos de tener en cuenta que siempre actuamos bajo nuestro prisma individual. A pesar de que uno haya experimentado algo como muy positivo y necesario, eso no quiere decir que deba imponerse a los demás. ¿Quién nos asegura que lo que vemos de malo en los demás no sea quizás una forma de actuar más evolucionada que la nuestra? ¡Cuán difícil puede resultar!, ¿verdad? Sin embargo, igualmente debemos ejercitarnos en el recto pensar, como si fuésemos atletas. Solamente con el adiestramiento de la mente, manteniéndonos siempre alerta, como si de vigilantes se tratase, adquiriremos este hábito, que llegará a formar parte de nuestro ser.
Entonces aquello que era, será.

Nuestra mente debe llegar a comprender que se debe en su totalidad a nuestro Yo Superior y no a cualquier sentimiento que se le ocurriese pasar por allí. Debemos ser guardianes de nuestros vehículos inferiores como: el cuerpo mental, el cuerpo emocional y el cuerpo físico; así estarán regidos por la esencia del SER, y éste es siempre perfecto. Nuestro corazón debe abrirse a nuestro Yo Superior, entonces nuestros actos y pensamientos serán de orden superior y una bendición para aquéllos que nos rodean. Entonces seremos auténticos hijos de Dios. Debemos recordar que todo lo que sale del intelecto y se filtra por el corazón da como resultado la armonía, que sólo puede traer la Paz. Y la Paz traerá entendimiento. El entendimiento traerá comprensión. Y la comprensión solamente puede traer Amor altruista.
Tampoco debemos olvidar que todos nuestros pensamientos pasan a ser creaciones, y éstas permanecen hasta que encuentran salida, de lo cual se deduce que, aunque pensemos y no actuemos, el pensamiento sigue su curso y tarde o temprano recae sobre su creador con todas las consecuencias que de él se deriven.
Cada paso de nuestra vida, cada palabra, cada acción es la manifestación de un grandioso poder, saber utilizarlo de forma consecuente y con total sabiduría forma parte de nuestra meta final. Amar, saber amar, es una de las tareas más difíciles y, tal vez, la más agradable de realizar. Buscar un sentido a la vida es quizás uno de los enigmas más profundos de nuestra alma. Pero... al mismo tiempo todo es tan sencillo...
Buscad todas las respuestas en la sencillez de las cosas, pues será y debe ser la llave que abrirá muchas puertas. La sencillez deberá aparecer ante nuestros ojos así como la comprensión de que nada ni nadie es inferior o superior a nosotros, somos una creación de los Divino y, por lo tanto, en esencia somos perfectos.
Debemos comprender que todo lo existente, lo visto y lo no visto por nuestros sentidos, está íntimamente ligado, mejor dicho: interpenetrado. Es necesario que entendamos que todo posee Alma, incluidos los planetas. Nuestra queridísima Tierra sufre con nuestra ignorancia, sufre con nuestra incomprensión, se pregunta porqué queremos cambiar las cosas y, además, a cambio de qué.
Desarmonizamos con nuestro racionalismo, ciego, por cierto. Creer sólo en lo mesurable demuestra que se es corto de miras, sino a las pruebas me remito: observemos retrospectivamente la historia y, quizás, comprendamos el sentido de estas palabras. Existen infinidad de colores, de formas, de sonidos, de seres que nuestros sentidos normales no pueden visualizar. Entonces solamente nos cabe esperar o cambiar.
Esta es la propuesta: observemos el mundo con la mente sencilla y simple, intentemos comprender y no cambiar, hagamos las cosas con visión de futuro y con la mínima agresión posible hacia nuestro entorno, si debemos quitar en un lado, hemos de reponer en otro lugar. Así es la ley. De esta forma nunca estaremos en deuda y los seres que nos rodean serán felices y nos ayudarán en nuestro quehacer. Entonces empezaremos a estar en armonía con nuestro entorno, entonces seremos creadores de vida, seremos Paz, seremos Amor, seremos auténticos hijos del Universo. Tenemos la capacidad de pensar, de analizar, de estudiar y de hacer, todo es correcto; pero lo auténticamente correcto es que todo eso pase por el filtro del corazón, entonces nuestras obras serán divinas, pues
estarán realizadas por la esencia, la energía que todo lo inunda: El Amor.
Tomar una taza de café puede tener toda la fuerza del Universo, si somos capaces de entender todo el proceso de este hecho, saborearlo pensando en el reino terrenal y el vegetal es ser agradecidos, pues ellos nos dan generosamente y sólo nos piden a cambio respeto y comprensión por el esfuerzo que han tenido que realizar para ser útiles a los demás seres. Aquí es donde se encierra un gran conocimiento, aquí se puede llegar a comprender que formamos parte de un Todo y que todo se halla íntimamente relacionado. Vayamos, pues, por la Vida con gratitud y, entonces, seremos felices.
XIV. EL DESEO
No pongas límites a tu imaginación, dale toda la libertad que seas capaz. Visualiza aquello que deseas y quieres, ponte a trabajar, trabajar y trabajar, el cielo se ocupará del resto. Creo que no es necesario que diga que todo ha de estar en armonía y que su finalidad sea para mejorar... Entonces deja que todo fluya, pero tú no dejes de trabajar. La fuerza del deseo (si éste es correcto) deberá cristalizar en tu mundo. El deseo es una de las fuerzas del Universo, canalizarlo correctamente forma parte de nuestra sabiduría interior, porque entonces este deseo será útil para los demás seres. El deseo pone en movimiento grandes fuerzas, cuanto mayor sea la pureza del alma que desea, a mayor celeridad se realizará. Jesús deseaba curar y lo hacía al instante, estaba rodeado de seres por todos partes prestos a ayudarle en su más mínimo sentimiento de compasión, pues él sabía a quién dejar de lado; él veía el porqué de las cosas; él deseaba correctamente.
¿Se puede desear incorrectamente? Claro que sí, por eso se crean las responsabilidades inherentes, y de ahí que más nos vale ser precavidos y desear sólo aquello que nos dicte nuestra alma a través de nuestro corazón.
¿Un paralítico puede andar? Claro que sí, pero antes deberá asimilar el sentido de su parálisis, deberá renunciar para así obtener lo que desea. ¿Tan difícil es el cambio? Pensad que para Dios nada es imposible y que los límites los fijamos nosotros, pero tened en cuenta también que se ha de tener Fe, de esas que mueven montañas, ¿entendéis? Fe en que tu deseo se pueda realizar, porque Dios nos ha concedido este poder, saberlo utilizar sólo es cuestión de saber hacerlo, lo cual ya se ha explicado anteriormente y se continúa explicando mediante estas palabras escritas. Ponerlo en práctica es otra cuestión y requiere esfuerzo y trabajo, sobre todo trabajo interior, trabajo de cambio, trabajo de Fe; el trabajo que nos da la libertad y la comprensión de lo que somos y de que todo tiene una razón de ser. Entonces, y sólo entonces, enormes fuerzas influirán a través de nosotros y lo que era o parecía imposible dejará de serlo, pues ese es el poder de Dios: hacernos comprender que somos sus hijos y, por lo tanto, herederos de parte de su grandiosidad. La gota de mar no es el océano, pero sí que tiene sus cualidades. Aprendamos a ser gota en toda su esencia y nada se podrá resistir a nuestros deseos, porque seremos Dios en acción.
XV. LA INMORTALIDAD
Entrar en la Vida, formar parte de ella, sentirse partícipe de todos los fenómenos es necesario para adentrarse en el autoconocimiento. Sentirse parte del TODO y, a la vez, ser ese TODO, nos hace comprender que la individualidad es solamente ilusión y, por lo tanto, motivo de engaño para nuestra mente. A través de ese engaño nos aferramos a ideas, a fenómenos y a cosas, provocando que nuestra separatividad nos haga intransigentes, intolerantes, xenófobos, en fin, nos hace creer que somos diferentes de los demás. ¡Qué error es no comprender que este sentido de individualidad está creado para enriquecer nuestra vida, nuestra alma, nuestro Yo Superior en definitiva, para que de esta forma se dé sentido al TODO! Sentir que todo tiene alma, que todo tiene energía, que todo tiene una finalidad nos hará ver cuán sencillo puede ser vivir. Aceptarse uno mismo tal como se es, amarse, nos proporcionará Paz, la Paz permitirá que comprendamos a las demás personas, nos hará más flexibles y tolerantes, menos críticos y, por lo tanto, menos separatistas, porque comprenderemos, observaremos a las personas y a las cosas en su nivel energético y espiritual, no juzgaremos, tan sólo nos sentiremos bien o mal en el lugar y con las personas que nos rodean. Aquí debería terminar nuestro juicio, para que los demás actúen según su forma de ser y de sentir, sin interponernos ni juzgarles. Se ha de tener presente que el sentido evolutivo, aunque general, también es particular y que cada cual tiene su propia velocidad.
A partir de este momento ya no seremos un obstáculo para los demás, daremos paso a la aceptación. Por otra parte, sentirán nuestro respeto, que puede dar paso también a otras virtudes de índole superior, así tanto en general como en particular avanzaremos. El respeto siempre da paso a la comprensión y éste gran don solamente aporta la felicidad a la Tierra. Con esta forma de actuar manifestamos armonía con el TODO, empezamos a ser una bendición para los demás y ellos se sienten o empezarán a sentirse en armonía con nosotros. Al mismo tiempo, esto permitirá que sus corazones se abran y adquieran los dones y virtudes que nosotros emanamos. Elevamos a nuestros semejantes así, sin imponerles nada, sin forzarles a nada, respetando sus vidas, pues habremos entrado en ellas como una brisa suave, como un soplo que acaricia su alma, habremos sembrado la semilla de la comprensión, la semilla del Amor. Solamente así nuestra Tierra adquirirá la Paz espiritual necesaria para poder elevarse hacia su nuevo destino dentro del Plan General, y nosotros seguiremos con ella como hijos suyos, dentro de la misma evolución.
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