Enric Corbera
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XVI. LA RENUNCIA
Renunciar es no apegarse a nada, es aceptar las cosas tal como son, es no esperar nada a cambio en todo lo que hacemos en la vida, es dar, es entrega, es en definitiva amar.
¿Cómo renunciar? Pues se puede renunciar en la forma de vida. Se tiene que desear, sin deseo. Todos desean, pero esos deseos no tienen clarividencia, son deseos egoístas, son deseos de un solo prisma. Para llegar a la renuncia es imprescindible no desear o, mejor dicho, desear estar al servicio de Dios, solamente entonces tus deseos ocultos se cumplirán, porque serán deseos exentos de todo egoísmo, ya no te importará aquello que antes deseabas y, debido a eso, se te concederá mucho más. habrás aprendido a renunciar.
¿Es necesario desear? Desde luego. Si no hay deseo nunca habrá renuncia. El deseo es una fuerza primaria que mueve a todo ser viviente, sin deseo no existiría la evolución. El deseo da sentido a nuestras vidas, porque desear en el fondo es querer cambiar; sin embargo, lo importante es saber hacia dónde hay que cambiar y qué es lo que se ha de desear. El deseo siempre está ligado al nivel de la persona que desea, la esencia del deseo conlleva implícita necesariamente la capacidad de renuncia del ser que desea. Puede servir como ejemplo una persona que desea fervientemente ayudar a los demás, integrando así un servicio altruista y, por tanto, es un deseo de orden superior. Pero a medida que el sujeto avance en este camino, tendrá otros deseos como: tener mayores capacidades para poder ayudar más y así sucesivamente, hasta llegar al límite del auténtico deseo, el deseo último: no desear, o mejor dicho, Renunciar a uno mismo para fundirse con Dios, ser un vehículo de su Amor. Este ha de ser el máximo placer que uno debe desear.
Entonces, y sólo entonces, el alma estará preparada para recibir lo inesperado, lo inimaginado, pues lo que se le concederá será de orden divino, tendrá todo pues él ya no deseará. Habrá aprendido a fundirse con el TODO.
Por lo tanto, desear forma parte de la individualidad y es necesario para poder llegar a la Unidad. El desea se irá desglosando en deseos cada vez más altruistas, que necesariamente nos exigirán su dosis de renuncia, por lo que se llega a la conclusión de que renunciar es amar.
XVII. EL UNIVERSO
El Universo es la manifestación del Amor de Dios, es una creación mental, porque aunque ilimitado tiene límites, creados por Dios mismo, por eso se nos hace imposible mediante nuestra mente imaginarnos a Dios.
El Ser Creador se otorga sentido a sí mismo, mediante su creación y este sentido no tiene otra finalidad que Amar, pues el amor es Dios.
El Universo, por ser la creación de quien es, tiene infinitas variaciones de manifestación, existen multitud de universos que engloban a multitudes de universos. Aquí debería aplicarse la ley hermética que dice que Como es arriba es abajo y que nos permite ver lo superior a través de lo más pequeño. El hombre es un universo y encierra multitud de universos, con sus sistemas solares y sus galaxias (entiéndase órganos), con lo cual nuestras galaxias conocidas están encerradas por universos.
¿De qué sirve tal magnitud? Nos permite, a través de nuestra mente, llegar a comprender de una forma, más o menos sutil, la grandiosidad del SER que siempre ES, nos hace vislumbrar en lo más profundo de nuestro corazón que nosotros pertenecemos a dicha fuerza y que nuestra individualidad (pura ilusión) no es más que una forma de apartarse del TODO para poder entender que pertenece a la Tierra, pero esta comprensión más que darle luz, al principio le provoca más confusión, porque entonces comprende que ese viaje, en el que se aleja de su matriz, podría ser infinito y... ¿hasta dónde? Al comprender lo pequeño que somos, la individualidad pierde su valor o, en todo caso, adquiere el que realmente tiene.
Esa individualidad nos ha permitido ver cuán pequeños somos y, a la vez, ¡qué grandes! Ella nos pone, de alguna manera, en nuestro sitio, nos quita la vanidad de creernos que somos algo y nos cambia por el hecho de pertenecer a algo grandioso: ser una partícula en el infinito, sabiendo que sin partículas no hay Creación.
¿Por qué tantos universos? Contestación: ¿por qué los hombres hacemos tantas cosas diferentes? Porque creemos que haciendo tantas cosas en realidad estamos embelleciendo nuestro entorno (debería ser así). La variedad es manifestación y ésta nos da sentido como seres creadores que somos en potencia. Por tanto, hemos vuelto al principio, ¿verdad? Por eso somos hijos de Dios y estamos hechos a su imagen y semejanza: Como es arriba es abajo.
Al hombre sólo le queda por adquirir la perfección para ser en esencia un creador perfecto, entonces sabrá lo que es el Universo.
XVIII. LA IMAGINACION
Imaginar es beber en la esencia del saber, en el mundo o, mejor dicho, en el Universo, donde todo lo que hay, lo que hubo o lo que habrá ya existe. Imaginar es tener la capacidad de conectar con otras realidades existentes en el tiempo sin tiempo, donde el SER ha depositado toda la sabiduría. La forma de llegar a la imaginación y embeberse en ella totalmente dependerá, como siempre, de la evolución del alma que imagina. Si no existiese la imaginación, no existirían creaciones de diversos órdenes. El músico crea su música y no le hace falta oírla, la imagina y la siente, está conectado de una forma más o menos permanente con el universo de los sonidos, donde todo es música. De igual forma, el matemático está conectado al universo de los números. Y como se ha dicho todos estos universos están conectados entre sí, el uno da sentido al otro y así sucesivamente.
Poder imaginar es como poder amar, da sentido a la vida, como otras tantas cosas que están a nuestra disposición. Como imaginar es algo más o menos fácil, no le otorgamos importancia o, en todo caso, no le concedemos toda la que realmente tiene. Imaginar nos da libertad y, al revés. El don de la libertad siempre va de la mano de la imaginación. La imaginación puede hacernos volar y, realmente, se consigue. Ella es siempre el primer paso para llegar a algo, ella nos marcará tantos sinos como seamos capaces de imaginar. Así pues, saber imaginar es tener poder, el poder primario de crear, la fuerza motriz de todo lo existente. Cuando uno es capaz de poder imaginar correctamente, se rompen las barreras, porque manifestamos todo lo imaginado y eso nos permite ver lo que antes era inimaginable.
Nuestra mente debe prepararse para esperar lo inesperado, debe estar abierta a todo, debe estar presta a maravillarse, no debe poner barreras a nada, pues al crearlas lo que realmente estamos haciendo es ponerle trabas a nuestra imaginación y, por tanto, las estamos poniendo a nuestra evolución.
Imaginad y esta acción os hará libres, porque llegaréis a ser conscientes de lo fácil que puede ser la vida cotidiana, Aprenderéis a obtener todo aquello que seáis capaces de imaginar, porque sois lo suficientemente sensibles. La sabiduría universal os enseñará cómo obtener vuestros sueños. Como dice una de las máximas herméticas: Hombre, conócete a ti mismo y dominarás el Universo.
XIX. LA MONTAÑA
Cuando os sintáis solos (esa soledad que todo lo embarga), aunque estéis rodeados de multitudes; cuando a pesar de sentiros solos, lo que realmente deseáis es sentiros más profundamente solos; cuando solamente deseéis la compañía de uno mismo, os aconsejo que busquéis un lugar elevado: la Montaña. Que sea lo más elevada posible, donde podáis abarcar la mayor longitud del horizonte y donde estéis con la Madre Naturaleza para abrirle vuestro corazón y explicarle vuestros sentimientos y vuestras sensaciones. Entonces, si sabéis esperar y sois lo suficientemente sensibles, dejaréis de sentiros solos y os embargará una energía, sabréis que la Naturaleza y tú sois Uno; agradeceréis este sentimiento de unión y sabréis que nunca, nunca más en vuestra vida podréis sentiros solos si sabéis mirar a vuestro alrededor, si sabéis sentir, si sabéis conectar con los elementos más sencillos como: la piedra, el matojo, la nube... y, también, con los más majestuosos: el cielo, la tierra que está frente a vosotros... Todo es vida a vuestro alrededor y vosotros formáis parte de ella. Este sentimiento llenará vuestro corazón, porque podréis comprobar vuestra grandiosidad.
¿Por qué la Montaña? Tiene un profundo sentido espiritual. Representa la elevación, el conocimiento elevado, el estar por encima de los egoísmos, por encima de la individualidad. Nos permite vislumbrar, aunque en pequeña medida, la grandiosidad del SER. El sermón de la Montaña también es una alegoría que representa una enseñanza superior que el Maestro Jesús reveló a la Humanidad; era preciso ir a la montaña, o sea elevarse espiritualmente para poder captar la enseñanza del Maestro. Por lo tanto, cuando deseéis elevaros o sintáis la necesidad de hacerlo, buscad un lugar elevado y contemplad, dejad que vuestra mente se llene de todo lo que ve y agradeced al SER que os permita que os elevéis a través de su Obra, la obra de la que formas parte. Pero, una vez sepáis lo que queríais descubrir, no os quedéis en ella, es necesario que bajéis, que os coloquéis en el nivel que os permita conectar con los que os rodean y, también es necesario, que seáis un ejemplo para ellos, pero lo tenéis que ser con la máxima discreción posible, sin alterar nada, dejando que cada alma busque su propia montaña cuando esté preparada para recibir lo que le haga falta. Quedaros en la Montaña y no compartir es ser egoísta, pues es fácil seguir allí llenándonos de Dios, ese día llegará a su debido momento. Ahora prevalece la necesidad de un compromiso por vuestra parte, porque es necesario que todo el Mundo suba a la Montaña. Entonces, y sólo entonces, estaréis en armonía, pues la riqueza adquirida la transmitiréis a vuestros hermanos y así es como todo se eleva: recibiendo y, sobre todo, dando, para al mismo tiempo seguir recibiendo enseñanzas de orden superior a la que habéis transmitido.
XX. EL ARBOL
Se me antoja que el árbol tiene un gran parecido con el hombre. Sus raíces en la tierra y su mirada al cielo. Este es el concepto de hombre que mi alma dice que debería ser, de prevalecer. Un hombre fuertemente enraizado y presto a recibir la luz del cielo, con sus ramas bien extendidas para dar frutos y del que todos los que lo deseen puedan alimentarse.
Existen tantas variedades de árboles como hombres: árboles que cobijan, árboles que alimentan, árboles que embellecen, árboles que curan, árboles que transmiten energía muy sutil, que calma los nervios, etcétera, etcétera...
El árbol en su unidad puede ser majestuoso y sencillo a la vez. Su forma de crecer nos muestra cómo es en sí: su rectitud, su esbeltez, su colorido, su follaje, su fruto... Y cuando son o están en unión, su majestuosidad cambia de perfil, forman una alfombra, una masa que al observarla relaja y satisface al alma que la contempla, se ve con su unión la grandiosidad de la Naturaleza, que es así porque convierte en imprescindible lo pequeño, todo tiene su importancia.
El hombre debería ser así: simple y majestuoso a la vez, útil para los demás y trabajar para la unión de la Humanidad, para que de esta forma otorguemos sentido a la Creación.
XXI. LA BELLEZA
¿Qué es bello? A esta pregunta se le pueden dar cientos de respuestas y todas ellas forman parte de la verdad. El mismo demonio, con su supuesta fealdad, esconde una gran belleza: la belleza del trabajo bien hecho, porque él también pertenece a Dios y, por tanto, es bello.
En muchas ocasiones lo más simple es lo más bello, justamente debido a su simplicidad. Hay que saber ver la belleza en todo y dejar de guiarnos por las apariencias, que como ya se sabe nos engañan. Hay que aprender a observar lo que se encuentra en el interior de la ilusión de las formas, ya que son siempre cambiantes. ¿Acaso puede un anciano, por el simple hecho de serlo, dejar de ser bello? Claro que no. La vejez debería representar la sabiduría adquirida en esta existencia, y la sabiduría, la auténtica, es siempre bella. Todo lo que es sabio es hermoso, porque en ello hay armonía y, no lo olvidemos, todo lo armonioso es bello. La belleza de las cosas siempre encierra el alma del ser que las crea, manifiestan sentimientos y deseos, y por sus obras los reconoceréis.
La misma maldad puede encubrir auténtica belleza, ya que ha sido creada por un ser, un alma, un hijo de Dios. Hasta la maldad más grande siempre tiene una finalidad: reconocer el bien en todo. La ilusión de decir que algo no es bello está basada en la ignorancia del fin que puede tener todo acontecimiento. ¿O es que un cuerpo desgarbado por la enfermedad no es bello? Pensad que el hecho de que un cuerpo esté así no es mera casualidad, que encierra siempre una finalidad: enseñar al alma que lo habita una lección; por tanto, dicho cuerpo esconde la belleza superior a todas, la belleza del sacrificio para redimirse.
La belleza en sí misma es indefinible, por el simple hecho de que siempre ES, siempre está presente en todo y en todos, es cuestión solamente de tener sensibilidad para reconocerla o, mejor aún, no dejarnos guiar por las apariencias, que siempre son un revestimiento casual para la trama que se está viviendo en ese momento. Todo se transforma en ese proceso, hay una evolución que encierra un Plan, que por ser de quien proviene sólo puede ser BELLO y HERMOSO en su concepción, pues es la obra de lo más grande y hermoso: el Amor.
XXII. LA AMBICION
Ambicionar es desear poseer algo y este algo nunca nos pertenece, porque pertenece a Dios, y lo que es de Él es de todos.
El hombre, con su tremenda ignorancia, pretende poseer. Este es un deseo que siempre encierra el poder dominar a los demás, porque si se piensa de esta forma, se observa que cuanto más se posee más grande se es. Esta, si cabe, es una de las más grandes ignorancias. Todo esto se puede demostrar con la explicación del proceso de la muerte terrenal, pues ¡hasta el cuerpo se queda aquí! y ¿qué es lo que nos llevamos?
Es la ambición de no poseer, es la que siempre nos otorgará libertad para el ser humano y a todo lo que le rodea, es la ambición de fundirse en la unicidad, pues al fundirnos en ella ya no podemos ambicionar poseer, nosotros seremos TODO.
XXIII. EL PERDON
Perdonar es aceptar el posible error del otro como algo natural, es ponernos en el lugar de la otra persona y comprender. De esta manera el perdón se convierte en una gracia que recae sobre el que perdona. Esta aceptación no implica estar de acuerdo con el otro, pero sí asimilar la enseñanza que subyace en todo agravio. Cuando se perdona, el SER de cada uno se libera y encuentra una gran paz interior, porque acepta que todo forma parte de una evolución particular, de cada ser que interviene en el acto.
... Y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
¡Qué gran frase!, y que poco se pone en práctica. Le pedimos a Dios que nos mida por el rasero que nosotros medimos a los demás, ¡qué gran responsabilidad la nuestra! Por suerte la misericordia de Dios es infinita y en ella no cabe el agravio, pues el perdón es cosa de dioses, y para llegar algún día a serlo debemos empezar por perdonar.
El perdón debe empezar siempre por uno mismo. Este acto denota sabiduría por parte del ser que lo ejercita hacia sí mismo. Cuando sabemos perdonar, cuando nos sacamos el pesado lastre de la culpabilidad y comprendemos que por ser humanos tenemos implícito equivocarnos, aceptamos nuestro error como algo natural.
En realidad estamos adquiriendo sabiduría, que más tarde la podremos aplicar hacia los demás, puesto que nos reconoceremos en sus actos y comprenderemos que nosotros, en el sitio del otro, actuaríamos probablemente de la misma forma. Por consiguiente, perdonar es comprender, ya que el otro hace la función de espejo y refleja nuestras faltas y nuestra forma de ser; realmente no estamos perdonando al otro, sino a nosotros mismos, aquí se encierra la inmensidad del perdón.
Para llegar a estos niveles de perdón, se ha de desarrollar una gran humildad que nos haga entender cuán frágiles son nuestras promesas y los actos que realizamos a lo largo de nuestra vida. Esto es debido a nuestra falta de clarividencia en las acciones. Hemos de empezar, pues, por desarrollar esa clarividencia, para que nos abra el camino del auténtico conocimiento. Entonces observaremos que nunca hay agravio en ninguno de los seres que actúan, porque entenderemos que todo tiene una razón de ser y que los únicos culpables de nuestras malas situaciones somos siempre, y repito, siempre: nosotros.
XXIV. EL SUFRIMIENTO
Sufrir forma parte de la vida. Sin el sufrimiento el hombre nunca llegaría a conocerse. Con el dolor, la pena, la tristeza entramos en un mundo que aparentemente es oscuridad, pero es necesario que así sea para que busquemos la luz y para que al encontrarla salgamos transformados, para que avancemos un paso más en nuestro camino.
En nuestra vida llega un momento en el que el sufrimiento ya no es tan profundo, pero no por ello dejamos de sentir las cosas, sencillamente ocurre, nos elevamos por encima del sufrimiento más burdo, sabemos que su causa es siempre nuestra.
Entonces aceptamos el sufrimiento como una experiencia liberadora y enriquecedora. Cuando el hombre aprende a sufrir, el sufrimiento deja de ser tal y se convierte en una posibilidad de experimentar, de conocerse, de transformarse; este hombre comienza a ser sabio, reconoce el bien en todo y comprende que el sufrimiento más primitivo ha de recorrer un largo camino hasta llegar a la Gran Compasión, pero es necesario para que nuestra alma se convierta y se llene de sabiduría. Entonces, y sólo entonces, el alma llena de amor sufrirá sin sufrir por los demás, bendiciendo a Dios por la oportunidad que le da a los humanos para redimirnos y para alcanzar la gloria a través del sufrimiento. Este alma comprenderá que allí donde hay más sufrimiento es donde se está manifestando con más fuerza el Amor Divino.
No debe buscarse el sufrimiento como medio de elevación. Se ha de entender como un camino de elevación. Pasar de un sufrimiento consciente a otro consciente requiere experimentarse en la vida, hasta que llegue el momento en que por mucho que un alma se sacrifique por los demás ya no sufra nada en absoluto, pero a cambio experimenta un gran gozo por ser útil a sus semejantes. Ya estará libre de experimentar su propio sufrimiento y será libre también de experimentar el de los demás, porque sabrá que de esa forma estará transformando el sufrimiento de los demás en sabiduría interna para él y para los otros, se habrá convertido en una herramienta liberadora de las cadenas del sufrimiento primitivo.
Debemos liberarnos cuanto antes del sufrimiento. Y para ello la mejor manera de hacerlo es bendiciéndolo cuando lo experimentemos, así lo estaremos transformando, dejará de ser sufrimiento para convertirse en sabiduría y ésta, no lo dudéis, os liberará.
El sufrimiento, como todo, tiene su razón de ser. Es como la mano que nos empuja para que no nos quedemos estancados en la ilusión de lo material y para que experimentemos la vida como algo profundo y espiritual, que es el verdadero motivo de nuestra estancia en la Tierra. Actualmente y hasta ahora, el sufrimiento ha sido y es necesario, pero de nosotros depende que no sea nunca más necesario para que nos distanciemos de nuestros anquilosamientos mentales y conquistemos la LIBERTAD.
XXV. EL GOZO
El gozo y la alegría forman parte de nuestra vida diaria, igual que las demás cosas.
¿Cuántas veces deseamos que el gozo dure? Y sin embargo, cuanto más lo deseamos antes desaparece. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que no lo dominamos, tan sólo lo experimentamos, lo estamos viviendo. ¿Es esta su finalidad? No. El fin debe ser el gozo permanente, el gozo de vivir a pesar de todo, la alegría del trabajo... ser plenamente conscientes de que todo lo que estamos haciendo tiene una finalidad, que debe ser siempre: hacer felices a nuestros semejantes. Aquí reside el gran secreto: vivir sin interferir, sin imponer, sin querer cambiar nada, sencillamente procurando ser útiles a los demás y que ellos sean felices. De esta forma nos traeremos el gozo que será permanente.
Para llegar totalmente a esta finalidad, es necesario e imprescindible que vivamos el aquí y el ahora plenamente, con la plenitud de consciencia, sabiendo que este momento nunca volverá y que lo que no experimentemos ahora desaparecerá para siempre. Lo importante es el ahora, porque nos permitirá construir un mañana, que no nos debe importar nunca, porque será sencillamente otro ahora para experimentar la vida en otra faceta. Cuando se es consciente de esto, la vida deja de ser una sucesión de hechos incomprensibles, para pasar a ser conscientes de lo que estamos haciendo y de lo que nos podrá venir. Estaremos aprendiendo a controlar el timón de nuestro barco en el río de la vida, dejaremos de ser veleta de los acontecimientos para convertirnos en capitanes de nuestras vidas. Nos liberaremos de las cadenas, de las ataduras, de las emociones y las utilizaremos para comprendernos mejor y experimentar la vida plenamente y con dicha.
Debemos gozar de la vida constantemente, pero sin apegarnos a ella, pues el simple hecho de hacerlo nos conducirá a que dejemos de experimentar el gozo y que experimentemos la zozobra, ya que nada permanece y todo cambia constantemente. Nosotros debemos seguir este camino en toda su amplitud, poniendo de nuestra parte siempre la alegría de estar allí, para mayor logro y plenitud de nuestro Yo Superior, el auténtico, para experimentar el mayor gozo de todos: poder amar.
XXVI. EL TIEMPO
¿Qué es el tiempo? El tiempo es el motor de la polaridad. Sin el tiempo, viviendo en lo atemporal, perderíamos la necesidad de tener que hacer algo para llegar a algún sitio. Por lo tanto, el tiempo marca los hechos, los actos y las acciones de nuestra vida, dándonos a entender que sin él todo lo que hacemos carecería de sentido. Da sentido a la evolución, nos permite darnos cuenta de que lo que hacemos tiene un sentido y, en consecuencia, nos capacita para llevar a cabo más cosas y seguir avanzando.
No aprovechar el tiempo es dilapidar la fortuna que Dios nos ha dado. La frase; No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy encierra una gran sabiduría, nos alienta a estar en permanente acción, tanto de pensamiento como de palabra y como de movimiento, así nos enriquecemos y empezamos a comprender que todo este trabajo tiene una finalidad, que se llama Unidad, donde todo es atemporal, ya no tiene sentido el concepto tiempo, pues hemos llenado nuestra consciencia de él y lo hemos sobrepasado, ya que el tiempo sólo tiene sentido en el mundo de la polaridad; al llegar a la Unidad, se pierde.
Deberíamos utilizar nuestro tiempo en un eterno Ahora, sin importarnos nuestros cambios físicos y sí nuestros cambios espirituales. Siempre se tiene tiempo, tiempo de amar, tiempo de pensar... y tiempo de odiar, lo que escojamos sólo depende de nosotros. El camino por el que utilicemos nuestro tiempo nos traerá bienaventuranzas o sufrimientos, ¡he aquí el dilema!, utilizar el tiempo con sabiduría solamente esta al alcance del que ser que se capacita para ser útil a los que le rodean, ya sea persona, animal o cosa. Cuando el ser empieza a vivir en perpetuo fluir, el tiempo se convierte en su gran aliado y no en su enemigo. Cuando se fluye en el tiempo, todo se convierte en placer de vivir, pues siempre estás esperando el mañana para darle sentido y forma, además los acontecimientos adquiridos a lo largo del tiempo se transforman en un grande y apreciado botín.
Pero no nos olvidemos de que nos hemos de liberar del concepto tiempo, lo cual está ligado a tener que liberarnos del mundo material, al que tomamos por real y tan sólo es ilusión, pues es del todo impermanente. Lo que permanece es tu espíritu, que debe llenarse de lo atemporal y utilizar el tiempo como concepto ilusorio, pero que le permite avanzar en la dualidad. Lo que nosotros llamamos tiempo no Es. Cuando nuestra consciencia se eleva por encima del mundo de la ilusión, entiende que todo tiene un Plan tramado de antemano por la Mente Divina y que las cosas suceden por el simple y llano hecho del Amor.
XXVII. UN CANTO AL AMOR
Sentirnos hijos de Dios es algo que ensancha nuestro corazón, es sentirse partícipe de todo y de todos, es ver en nosotros la belleza de nuestro Creador, todo esto nos llena de fuerza y de Amor para con todo. En nuestra pequeñez, admiramos la grandiosidad del SER y añoramos reunirnos con El, sabiendo que pertenecemos a El, necesitamos fundirnos y abandonar nuestra simplicidad. ¡Qué bello y hermoso es nuestro final! Por el simple hecho de que éste será nuestro gran comienzo: la Unidad.
Al experimentar el vacío en todo, desapego, nuestra alma se desliza por toda la creación contemplando el Mundo, esperando algún día contemplar el Universo.
Cuando el auténtico Amor llena cada una de nuestras células, comprendemos el porqué de vivir en el mundo de la dualidad. Esta es la enseñanza máxima que el SER nos puede ofrecer, puesto que aprendiendo a trascender este mundo trascendemos a lo inimaginable, donde todo fluye y refluye y nosotros nos fundimos en la Luz. Esta Luz es la que da cuerpo y alma al Amor. Luz que por sí misma otorga sentido a TODO, pues en ella vemos la máxima expresión de nuestro Creador. Luz siempre vencedora sin vencer, sin acobardar, siempre aliviando nuestras penas y dándonos fuerza para seguir adelante en nuestro camino. Esa es la Luz que debemos instalar en nuestro corazón y con la que debemos alumbrar a todo aquél que se acerque a nosotros. Cuando brille con todo su esplendor en los corazones de los hombres, todo el Mundo será redimido, ya que el Amor se habrá instalado en él, cambiará todo el sentido de las cosas por la fuerza de nuestros corazones. Entonces nos sentiremos creadores, igual que nuestro Creador.
¡Qué mayor amor puede dar un padre que permitir que sus hijos experimenten con él! Nosotros somos hijos del Amor y, por lo tanto, somos amor. No dejemos, pues, que el mundo de la ilusión y del apego embarre nuestro corazón e impida que amemos con todo el SER. Amemos, aprendamos a amarnos y a amar sin ápice de egoísmo, sino con sabiduría, la que nos hace comprender que todos somos iguales ante los ojos de nuestro Creador y que la infinidad de variedades ha sido creada para mayor gloria de El y de nosotros, pues esa variedad nos ha enseñado a discernir y a ver el amor en todo y en cada uno. El Amor nos libera de todo lo ilusorio y acoge lo imperecedero, pero aún siendo distintos nos hace sabios con su Luz.
Como dijo el Maestro Jesús: Amaos y amaréis a Dios, en ese Amor seremos Dios mismo, nos habremos fundido con El.
XXVIII. EL PODER CREADOR
Daos cuenta de que el poder para resolver todas las circunstancias de la vida está dentro de vosotros. Somos hijos del Creador y como tales podemos y debemos crear, aunque ya inconscientemente estamos creando constantemente. Pero ¿qué es lo que creamos? Nuestras vidas. Por eso, todas las barreras caerán, si somos capaces de canalizar nuestros pensamientos y emociones, no lo dudéis nunca. ¡Por favor!, no pongáis piedras en vuestro camino y sí flores, solamente depende de vosotros. Somos hijos de la energía y emanamos energía, construyamos entonces nuestro futuro canalizándolas por el filtro del corazón y nuestras obras serán dignas de los Dioses. Debemos aprender a sobrevalorar las circunstancias negativas, en teoría, para que sirvan de rampa de lanzamiento hacia niveles superiores de espiritualidad.
Daos cuenta que el camino de la Humanidad siempre transcurre de la oscuridad a la Luz, odiar para amar, intolerancia para adquirir tolerancia, incomprensión para llegar a comprender, destruir para construir, éste es nuestro camino... Entonces, polaricemos nuestros pensamientos por encima del bien y del mal, y comprendamos al fin que no existe ni mal ni bien, sino Amor.
Cuando seamos capaces de navegar por el río de la vida sin dejarnos llevar por las corrientes que lo surcan, cuando sepamos aprovecharlas para que nuestra navegación sea más veloz, habremos adquirido la sabiduría del maestro, porque entenderemos todos los porqués y todos los cómo, sabremos que no existen ni unos ni otros, solamente existe lo que Es, todo lo demás son circunstancias que la Existencia pone a nuestro alcance como puntos de apoyo para subir a la montaña de la espiritualidad. ¿O es que cambiaríamos de forma de pensar si las circunstancias de la vida no nos obligaran a ello? Entiende, comprende y vuela, porque agradecerás al Creador todo lo creado, que te está ayudando a elevarte.
Entonces, ¿a qué esperas? Piensa y ordena con el poder que Dios te ha dado, y que tu creación sea siempre para elevar a todo el que te rodea. Entonces, y sólo entonces, estarás otorgando sentido a la fuente que te dio la vida: el Amor.
XXIX. YO NACI DE UNA ESTRELLA
Sois hijos de las estrellas
y las estrellas son la esencia de Dios.
Por eso, vosotros humanos,
os fijáis en ellas,
porque ellas son el principio y final
de vuestra vida.
Siempre que miréis a las estrellas
os estáis mirando a vosotros mismos,
y comprenderéis
que somos hijos de la Energía,
hijos de Dios.
Me vi surcando el espacio infinito como una chispa procedente de una estrella que emanaba de una Luz Superior. Yo era consciente de mi esencia, yo sabía de dónde y hacia dónde venía e iba, y mi aventura acababa de empezar. ¿Por qué? Me sabía hijo del Amor, sabía que mi aventura siempre tendría un final feliz, pero... ¿cuánto durará? Eso hermano... es el don que Dios te ha dado, de ti depende saberlo utilizar, por eso eres hijo de quién eres. El me lo ha dado todo.
TODO... me sumergí en una nube de energía y me fui condensando y condensando... hasta que me sentí piedra y soporte de grandes presiones... Quizás mi futuro, vete a saber... Pero en un tiempo yo me hice más y más etéreo y era fuego, ese fuego que daba vida a los planetas, porque yo era la Vida, yo formaba parte del TODO.
¡Qué maravilla, oh agua! Tú eres todo fluir, tú matriz de vida, fluir de toda vida. Me sentí liviano, me sentí más vivo. ¡Oh, gracias, Dios, por hacerme sentir lo que soy y lo que quizás seré!...
Mi ser reverdece y doy frutos. Y más tarde flores, ¡qué alegría!, ¡qué colores!, ¡qué dulzura! Me siento lirio, me siento rosa, me siento flor... ¡Qué bello soy! ¡Gracias Dios mío!
Pero un día perdí mi conciencia de unidad y me sentí solo, muy solo, ¿qué pasó?, ¿por qué esta soledad!, ¿Dios, me has abandonado?... Mi vivir era duro, mi vida una lucha y yo no acertaba a comprender, pero seguí y seguí, hasta ser un caballero en la Edad Media, hasta ser un labrador, una madre que criaba a sus muchos hijos, luchar en mil batallas y morir en otras mil... Pero seguí sin saber, algo me empujaba. Entonces viví un tiempo al lado de una luz inmensa, era un hermano mayor, era Jesús. Yo toqué su manto y me transformé. Seguí y seguí... pero yo era otro yo, algo más grande... Pero al fin ¡qué importa!...
Mi aventura siguió y amé y fui amado. Enseñé y aprendí, ¡qué maravillosa aventura! Fui docto, fui ignorante, y en este proceso siempre estaba la mano de Dios...
Es necesario estar en todo para que algún día comprendamos este TODO. Padre, madre, erudito, doctor y clérigo yo fui, y mi aventura a través de los tiempos en el Tiempo sin tiempo. Yo crecí y crecí... y me vi como parte de esta Unidad, que un día me vio nacer.
Comprendí lo que soy y a dónde debo ir, y agradecí todo lo que pasé hasta llegar a ser lo que soy, porque ahora se abre una puerta que da entrada a la Unidad de la cual nun tú abras o no las puertas está en función de tu Poder, poder de imaginar, poder de crear. No dudes, ese es tu peor enemigo... Ten fe como un grano de mostaza... Dioses sois, o mejor dicho, somos Dios en acción.
¿Te asusta?... No quiere un padre lo mejor para sus hijos... entonces qué piensas que Dios quiere para ti. El nos dio la libertad, de ti depende que ésta sea más o menos inmensa, el cómo la uses te hará feliz o desdichado, sea entonces tu libertad para el Amor y el resto... ¿O es que existe resto?... De ti depende. Repito: no pongas límites, no limites tu felicidad, te pertenece como la vida misma... La llave se encuentra en ti corazón, ¡ábrelo!... Y no te sorprendas si ves una luz, ella siempre ha estado allí, esperando a que tú le dieras salida... Ilumina, ilumina y deja que el que quiera ser iluminado por ti, Dios mismo, se acerque y pregunte... Y dile, siempre dile, que las respuestas están por siempre en su corazón, que se ame, que se perdone, porque Dios, el auténtico, es el amor que está más lejos de toda imaginación, de esta forma estarás iluminando al SER... ¿Qué SER? El tuyo, el mío y el de todos, sólo existe un SER y su infinita manifestación.
Tú decides cómo vivir, compréndelo, de ti sólo depende. Olvida el esto es imposible y di TODO ES POSIBLE, y entonces deja que las fuerzas universales empiecen a fluir bajo tu mandato, mandato divino, por cierto. Pero antes... límpiate, de todas las inmundicias mentales que te has creado a lo largo de tus vidas pasadas y presentes. Esas dudas, esos temores, esos rencores... En fin, tú ya sabes... Y el resto depende de tu imaginación, imaginación puesta al servicio del Amor. Y las barreras... ¿Qué barreras?... No pongas límites.
Verás que tu visión del Mundo cambia rápidamente y comprenderás que cada ser vive donde él ha decidido vivir y se corresponde con la ley del Libre Albedrío, ley universal que actúa constantemente, seamos o no conscientes. ¡Seamos! y utilicemos esta ley tan inmensamente generosa para la Libertad de UNO, que en definitiva somos TODOS. Para conseguir que el Universo te obedezca, es necesario e imprescindible que tus buenas obras sean numerosas (no grandiosas) y podrás conectar con planos de conciencia mucho más elevados que te permitirán comprender y comprender cuán elevado y majestuoso es el Amor Divino, que en definitiva es el tuyo. Entonces tú vivirás en un Mundo Superior, aunque te encuentres aquí en la Tierra, serás una bendición para el que te rodea, porque habrás conseguido algo superior: El cielo en la Tierra.
XXX. LA REALIDAD VIRTUAL
Todo, absolutamente todo, es relativo. Vivimos según nuestros conceptos mentales, nuestro mundo está estructurado por nuestras mentes. Somos lo que somos porque queremos, o al menos no sabemos salir de ese querer. Creemos que merecemos castigo y aparece; creemos que merecemos un premio y viene.
Entonces... uno puede decir Yo no entiendo nada, pero para poder entender primero se ha de comprender, ¿qué?... Que somos la manifestación de una infinita parte de la Mente Divina, que hay otros mundos y otras manifestaciones, que nada permanece, que el Universo está plagado de infinidad de hijos de Dios, que es tal su grandiosidad... que es impensable para nuestras mentes tal esfuerzo, pues la mente sólo trabaja con lo que conoce.
¿Entonces?... Aparca tu mente.
pues tu mente no eres tú... eres Conciencia, que quiere decir que eres sabedor de algo que siempre has sabido y sabrás. Al liberar tu mente y dejarla quieta y comprender que tú no eres ella, dejarás que el saber fluya hacia ti y empezarás a recordar...
Recordar ¿qué?... Que tú y el Universo sois uno y que, por tanto, eres infinito; que tú, como hijo del Creador, puedes crear tu mundo y vivir de acorde con él sin descuidar a los que te rodean, que aunque cerca de ti no están en tu mundo, cada uno vive en el suyo y en el mismo a la vez... Reflexiona... Y, además, este mundo es totalmente variable, eso depende de ti... Escuchar dogmas, hacer ejercicios, hacer las mismas cosas cada día se convierte en rutina y ésta no te conducirá a ningún sitio, crees que avanzas y es todo lo contrario, estás quieto en tu mundo anquilosado... ¿Te parece fuerte lo que digo?... Esto no es nada... Piensa que lo que tú no puedes imaginar y a existe, tú sólo estás aquí para ir recordando a través de tu elevación de conciencia, y esto se consigue aumentando la vibración de ésta, no poniendo trabas a nada ni a ningún concepto... Dios es demasiado inmenso para tu mente, El no cabe en ella, por lo tanto, no te esfuerces en hacerle un lugar... porque tu mente se encuentra dentro de la Mente Universal, y como ya sabes el agua no puede contener el vaso. Entonces... Reflexiona... Sólo te queda pensar que no eres agua y que te conviertes en... ¿aire?... Vale, pero lo único que cambia es el recipiente, y estamos en las mismas... Entonces... ¿y si me convierto en... energía?... Veo que vas aprendiendo, ya empiezas a ir por un camino mejor, sigue así y llegará un día en que el Universo no será un secreto para ti... Entonces... si tomo plena conciencia de que soy energía... Sentirás a Dios dentro de ti... Tú y El sois uno.
XXXI. LA CUARTA DIMENSION
La cuarta dimensión, para empezar, no es el Mundo Astral. En ella no existen el espacio ni el tiempo. Aunque es bien cierto que se recorren distancias, son inapreciables desde el punto de vista de las tres dimensiones. La cuarta dimensión se rige por la Mente, el límite es la Mente misma, de lo cual se deduce que a mayor capacidad mental, mayor capacidad para actuar en esa dimensión.
No existen las palabras; la comunicación, lógicamente, es mental; todo se sabe en un momento, es algo así como visto y no visto: focalizas la mente en un lugar y prácticamente estás allí, porque como ya sabes: donde está tu mente, estás tú. Las creaciones son tan reales como las de la tercera dimensión, pero con la particularidad de que tú eres el poder, las circunstancias de los pensamientos van siempre a cargo del que los realiza, eso por supuesto.
Tú tienes tu mente abierta ya a esta dimensión y, de hecho, Azrael viaja en ella. Te recuerdo que no viaja por el Astral, pues ese mundo es demasiado peligroso, ya que existen creaciones de muy diversa índole y siempre pueden retrasarte el viaje.
En el mundo mental se respetan muchísimo las categorías. Para que me entiendas: cada uno se dedica a lo que tiene que hacer y no hay intromisiones casi nunca; en todo caso algún mago negro, pero de esto no hay que preocuparse, porque quien está en la Luz nunca debe temer a nada. Nosotros a lo nuestro, a la cuarta dimensión, allá ellos... Hay tantas dimensiones como conciencias pueda conectar un ser. De todas formas, eso no nos debe preocupar de momento, nosotros a la nuestra y más adelante ya veremos...
En este mundo trabajan muchas categorías de ángeles, que son los que están prácticamente entre los dos planos, son mensajeros. Es muy fácil verlos trabajar de aquí para allá, pero de todas formas no te olvides que tú ya eres un ángel y no creas que esto es vanidad, al reencontrarnos, has adquirido el derecho que siempre te ha pertenecido. Hay que ponerse a trabajar, como tú bien sabes. Cada día tienes más conciencia de este plano y yo te estoy entrenando para que el encuentro no sea de sopetón, pero llegará el día en que todas las noches estarás trabajando en ese plano y no te cansarás, pues el cansancio no existe allí y menos si se trabaja para el bien de los demás.
En esta dimensión hay música, pero ¡qué música!; hay luz, pero ¡qué luz!; hay edificios, pero ¡qué edificaciones!; hay vegetales y animales, pero ¡todo es armonía! Para que me entiendas: aquí existe la necesidad de que el pez grande se coma al pequeño, pero allí no hay que comer para vivir, se vive de la energía cósmica en que tú ya trabajas, y percibes que se puede hacer descender aquí, a la tercera dimensión, porque tú ya estás conectado.
XXXII. SE TU MISMO
Llegar a ser tú mismo es la mayor de las dificultades, es reconocer hasta la última fibra de tu ser, es reconocer que eres Dios. Existen muchas influencias exteriores que provocan que te creas todo lo contrario, que son la mayoría y que, por cierto, algún día dejarán de serlo... Y entonces el Mundo cambiará, pero hasta entonces... Sé tú mismo.
Para que un cuerpo cambie es necesario que antes cambie cada una de sus partículas, células, órganos, sistemas... y para ello es necesario que desarrollemos nuestra Mente Superior, que conectemos con la Sabiduría Divina, que nos sintamos partícipes de todo y de todos, que experimentemos hasta el límite la Unidad, entonces habremos logrado nuestro propósito: ser nosotros mismos. Debemos sentir que nada es imposible... y ponernos a trabajar y trabajar, en nuestro camino iremos recogiendo los frutos, frutos que deben ser la obra del Amor, y ellos nos darán fuerza para proseguir, pues el límite se encuentra donde uno lo quiera situar... Entonces elige tu meta, todo lo elevada que puedas y piensa que detrás de ella está el infinito. Entonces... sé tú mismo... y encontrarás a Dios con sus infinitas
realidades inherentes a Él.
¿Cuál es el límite?... Dios es el límite. Y ¿cuál es el sacrificio para llegar a El?... No hay sacrificio. Ámate a ti mismo como a tu Ser y comprenderás que no hay tal, porque al amarte de esta forma estarás amando a Dios y El es el TODO, lo inimaginable.
Quisiera terminar este librito con un mensaje de Poder, poder que es inherente a todo ser humano y que debemos descubrir por nosotros mismos y con todo lo demás, puesto que nosotros somos TU y el TU es el Yo Superior, el Ser Universal. Rompe la mente en mil pedazos y permite que, entre la luz del infinito, tu luz, y comprende de una vez por todas que tú haces el mundo, tú haces la vida, tú haces tu felicidad y tú, en definitiva, puedes y debes ser feliz.
Ponte a trabajar en ti mismo y transmuta todo el material innoble que encuentres dentro de ti, transfórmalo con la luz del Perdón, con la luz del Amor, transfórmalo en oro inmaterial, y no te sorprendas si tu vida material se convierte en oro puro, pues todo viene de arriba y quien arriba sabe trabajar lo verá manifestado en el plano material... Dios quiere para nosotros la felicidad, el bienestar, la salud... y para ello ha puesto a nuestro alcance la Ley del Libre Albedrío, que nos permite hacer y crear el mundo que nosotros seamos capaces de soñar, por eso: seamos nosotros mismos, libres de todas ataduras materiales y volemos hacia la Felicidad con la sabiduría del Autoconocimiento.
REFLEXIONES
Desde siempre uno es y al liberar tu mente de todos los prejuicios, al aquietarla entonces dejas que penetre el conocimiento. La mente siempre se identifica con el Ego. Hay de disolverlo, para que brote en ti tu Dios interior. Si hay algo que te molesta, le molesta a tu Ego, no a tu Dios interno, porque El es todo Amor.
Cuando nada te resulta violento a tu alrededor, cuando no sientes pena ni ira ni odio ni rencor ni frustración, cuando ves todos los sucesos como algo irreal, y que tú lo más sabio que puedes hacer es tener compasión, entonces tu Ego ha dado paso al auténtico Yo.
El Yo Superior no está dentro de ti, él viene hacia ti. En la medida que disuelvas tu yo inferior o Ego, más se acercará el Yo Superior, el auténtico tú mismo. El Yo Superior siempre está vigilante de ti, no está en ti, porque tú no le das entrada. Tu Yo Superior es un ángel con nombre propio.
Cuando tu ángel está dentro de ti, tú ya eres auténtico. Tu ser cambia de vibración y florece en ti el auténtico hombre o mujer que tú eres y tomas plena conciencia de que eres universal.
Como dijo Jesús: Siempre habrá pobres en tu mundo, para que se pueda ejercer la Compasión, no la pena.
La Pena es querer cambiar algo que no te gusta si pudieras hacerlo, por suerte no puedes, pues alterarías la Ley Divina. Si supieras el porqué y el cómo, tú que aún no tienes sabiduría serías más cruel que lo que ven tus ojos.
La Compasión es aceptar lo que se ve como algo que tiene que ser y saber que lo único que hay que hacer para cambiar la situación es ayudar a que el que sufre cambie él, es ayudar en la medida de tus fuerzas para hacer consciente el alma que sufre, que es el único culpable de su desgracia.
Cuando uno se abre a otras realidades, éstas siempre vienen a ti. ¿Cómo llegar a ellas? No preocupándote de ellas. Tú te abres en tu mundo. Sé una bendición para él, esfuérzate en ser un ejemplo de unidad, de comprensión, de recto pensar y de recto obrar, ayuda cuando se te pida y ora por quien lo necesite, pero no quieras cambiar nada de ti, lo otro debe cambiar por él mismo.
No hables cuando no debas y di sólo a quien pueda entender, pues los maestros no buscan oídos que no pueden escuchar. Resuelve cambiar tu mundo cambiando tú, y verás cómo todo cambia a tu alrededor, porque eres... consciente.
Antes se necesitaba mucho tiempo para hacer un libro, hoy en día es cuestión de horas, por lo tanto, ser un Maestro se puede hacer en una encarnación. Como es arriba es abajo.
El tiempo y el espacio son conceptos de este Mundo. Eleva tu conciencia a otras esferas y verás que lo que antes tardaba, a hora puede ser casi instantáneo. Todo es cuestión de liberarse de conceptos y dogmas.
Si tú crees que no podrás, así será. El querer es poder, ¡úsalo! Tú decides ser un Maestro Espiritual, ¡créelo! y ponte a trabajar. Tienes que saber, mejor dicho, recordar que todo está en ti, entonces búscalo y transfórmate en lo que desees.
Si buscas convertirte en Amor, serás de una gran ayuda en tu mundo. Habrás escogido el mejor camino, el único, los demás son caminillos, o mejor dicho, senderos que siempre llevan al camino.
Comprende, ¡oh hermano!, que todo es absolutamente relativo, y que la capacidad de transformarlo todo está en tu capacidad de IMAGINAR.
Si quieres sentir la Libertad, sé totalmente receptivo, entrégate a tu Ser Superior y deja que él te guíe.
