jueves, junio 02, 2022

Metafísica y Filosofía de la Religión en Hegel

María José de Torres

Hegel critica la falta de consecuencia de la teología cristiana tradicional por hacer de Dios algo inaccesible, abstracto, desligado de la realidad finita, y por aceptar la facticidad de la conciencia religiosa como una postura alienada, que no lucha por la transformación de la realidad. Pero la racionalización de la fe cristiana introducida por el reduccionismo de Hegel es desenmascarada por la teología consciente de que el discurso de la filosofía sobre la religión elimina el elemento de misterio y relación interpersonal que es constitutivo de la experiencia religiosa cristiana. La fe cuestiona todo discurso sobre Dios.

Palabras clave: filosofía de la religión, Dios, racionalismo, gnosticismo, conocimiento absoluto, autoconciencia, espíritu, religión, fe cristiana, escatología.

Hegel es considerado, y no si razón, como uno de los pensadores que más ha ma r cado el desarrollo filosófico contemporáneo. Su obra es rica y fecunda, y la inmensa variedad de interpretaciones que ha ocasionado es el índice más palmario de su complejidad, no exenta de gran ambigüedad. Por otra parte, la e volución constante de la filosofía hegeliana, tanto en la forma como en la actitud (ahora crítica, ahora especulativa), contribuye a dificultar la compren sión de lo que en última instancia quiso decir Hegel. En lo que concierne al tema de la religión, objeto de este trabajo, se hace patente la distancia y simultáneamente la intrínseca relación que existe entre los escritos de juventud y las Lecciones sobre Filosofía de la Religión, culminación de su sistema de madurez.

Interpretando hegelianamente al propio Hegel, se podría decir que el comienzo está recogido y superado en el resultado final, y éste no es comprensible sin tener en cuenta aquél y todo el desarrollo intermedio.

Debido a ello, es difícil abordar un aspecto cualquiera del sistema hegeliano sin hacer referencia a éste en su conjunto. Por lo que respecta a la filosofía de la religión, el asunto se complica más aún, puesto que, en cierto modo, toda la filosofía hegeliana es filosofía de la religión, o filosofía del Absoluto, e incluso teología. La construcción metafísica de Hegel está en la base de su ref l e x i ó n s o b re la religión, pero a la vez dicha construcción es elaborada en un gigantesco esfuerzo por repensar desde dentro, crítica y dialécticamente, la tradición cristiana. En Hegel es imposible separar la ontología de la teología y la reflexión sobre las manifestaciones históricas del espíritu: todo está inextricablemente Inter penetrado en un sistema que pretende ser absoluto. Por ello mismo, filosofías menos ambiciosas que la hegeliana miran a ésta con desconfianza, sospechando de su misticismo especulativo, ajeno a los planteamientos propios de la reflexión finita. Por otro lado, la teología cristiana orto d o xa atisba en Hegel, junto a elementos teológicos de la más genuina tradición cristiana, un talante racionalista y gnóstico del que recela de entrada, perdiendo la oportunidad de aprovechar muchos aspectos nada desdeñables de su filosofía de cara a una reflexión seria sobre el fenómeno religioso y, en concreto, sobre el cristianismo.

No es objetivo del presente artículo hacer una presentación exhaustiva y sistemática de la filosofía de la religión de Hegel, tarea que excede por su complejidad y envergadura nuestros actuales conocimientos sobre el tema. Hem o s tratado más bien de recoger algunos puntos de su pensamiento que consideramos claves para entender el conjunto. En lo que respecta a nuestra valoración personal de la concepción hegeliana, ésta será inevitablemente parcial, en parte por la insuficiencia de nuestro estudio analítico del autor, y sobre todo porque está cuajada de presupuestos valorativos ineliminables de cualquier reflexión. En consecuencia, aunque necesariamente este trabajo esté dirigido por unas tesis básicas, pretende ser un «momento a superar» en futuros acercamientos al tema.

El concepto hegeliano de absoluto

Ya los más tempranos esbozos del que fue durante cinco años seminarista en el Tübingerstift protestante hacen patente la intensa y peculiar preocupación de Hegel por la religión y por toda manifestación del espíritu humano que conlleve una dimensión de totalidad y absoluto. La idea que mueve la re f l e x i ó n hegeliana desde un principio es cómo realizar una vida totalmente reconciliada, plenamente humana, libre, bella, feliz. El mundo antiguo (idealizado por los clásicos alemanes) aparecía a sus ojos como el paraíso perdido en relación con la realidad presente de la humanidad, trágicamente escindida en todas sus dimensiones. La admiración hegeliana por la antigüedad, debido a la cual se e n f rentó en un principio tanto con el cristianismo como con la cultura ilustrada de su época, nunca desaparecerá de su obra, ni siquiera cuando llegue a reconocer la superioridad espiritual del cristianismo y de la nueva era de la humanidad a él asociada por encima de la serena belleza del mundo griego.

A la síntesis helena entre individuo y comunidad, entre lo humano y lo divino, la política y la religión, la naturaleza y el espíritu, le falta la dimensión de lo Infinito. Como religión que desde su surgimiento ha marcado decisivamente el destino de Occidente, el judeocristianismo introdujo esta dimensión de lo Infinito en la historia del espíritu humano. Y, aunque ya desde sus comienzos se produjo una fecunda síntesis de cristianismo y helenismo, raíz de la cual vi v e el Occidente entero, Hegel quiere vol v er a replantear dicha síntesis desde una aguda crítica a la situación histórica, social, cultural y religiosa de su época.

Impulsada por esta voluntad de reconciliación plena en todas las dimensiones de lo real (Infinito-finito, Dios-mundo, Espíritu-Naturaleza…), la filosofía hegeliana se va generando dialécticamente, superándose en cada una de sus etapas. La cuestión clave de su planteamiento especulativo es la res o l u c i ó n del dualismo ontológico entre lo Infinito y lo finito en un concepto panteísta del Absoluto 1. Desde su juventud Hegel criticó siempre con fuerza y hasta con agresiva ironía la idea tradicional cristiana de un Dios totalmente trascendente al mundo, independiente y separado de él; de acuerdo con esta concepción, el mundo finito y la conciencia humana quedan despojados de toda substantividad esencial, puesto que se ha proyectado ésta en Dios, y re d u c idos a la desgracia de la esclavitud.

La alienación de la conciencia religiosa que se consuela con un más allá trascendente y no puede alcanzar la ver dadera libertad del espíritu es un tema constante en la reflexión hegeliana. Pero Hegel no se conforma con esta crítica. Muestra que dicha concepción dualista de la realidad, errónea y de consecuencias funestas, acaba afirmando justo lo contrario de lo que pretende afirmar. En efecto, un Infinito que excluye de sí lo finito queda empequeñecido, reducido a una parte del todo real. La concepción del Infinito como exterioridad absoluta a lo finito es propia de una conciencia dominada por los esquemas del entendimiento, que pone frente a sí los objetos como diferentes de ella. Pe ro dicha separación no puede ser absoluta: el ve rd a d e ro conocimiento es imposible si no existe comunidad ontológica entre cognoscente y conocido, en t r e sujeto y objeto. Al poner lo Infinito como un objeto incognoscible, más allá de su naturaleza, la conciencia finita se cierra el acceso a la verdadera realidad, puesto que en el fondo está afirmando su finitud carente de substancialidad como lo único real para ella frente a un Absoluto que es mero concepto vacío.

1. Sobre la dialéctica Infinito-finito, cf. la Lógica, 95 y passim; El concepto de religión, cap. 1, sección 2: «La dialéctica de lo finito», p. 172-192.

El yo finito, al ser la posición de un infinito más allá de sí, ha puesto a lo infinito mismo como algo finito y, por consiguiente, al tener lo infinito como algo finito, se identifica ahí consigo mismo en cuanto es igualmente finito, y sólo en cuanto idéntico con lo infinito deviene para sí como lo infinito. Esto constituye el límite extremo de la subjetividad que se mantiene aferrada a sí misma, la finitud que permanece y que se pone como infinita en relación consigo misma2.

Este planteamiento de la conciencia finita carece, según Hegel, de ver da d e r a objetividad. La superación de la dualidad Infinito/finito se produce al concebir la realidad entera, el Absoluto, como síntesis de lo Infinito e n lo finito. La ver dadera infinidad consiste en la integración de lo finito en el despliegue del Absoluto como momento interno y necesario3.

La contradicción más absoluta, la que contrapone el Infinito a lo finito, queda así superada en la concepción de un Absoluto omnicomprensivo que, por un movimiento interno de auto diferenciación y reasunción de la diferencia, se genera a sí mismo como vida infinita. Lo finito, entonces, re p re s e n t a aquella dimensión del Absoluto mismo que le es necesaria para volver sobre sí como autoconciencia absoluta, como Espíritu reconciliador de toda realidad.

Dios retorna a sí en el yo como en el que supera en cuanto finito, y s ó l o e s Dios en cuanto este retorno. Sin el mundo Dios no es Dios4.

El mundo surge necesariamente de Dios, que es espíritu, y como tal consiste en manifestarse, en devenir para otro. Por su esencia misma el espíritu se opone a sí mismo, se auto diferencia, y así surge el mundo y la conciencia finita, enfrentados entre sí como sujeto y objeto. El momento del retorno consiste en que el espíritu se hace objeto para sí mismo, y de este modo se reconcilia consigo mismo en su estar alienado como objeto. La alienación y la contradicción son el verdadero motor de la vida del espíritu, que es lo único real, lo Absoluto, porque abarca en perfecta síntesis la identidad y la diferencia, lo universal y lo particular, lo inmediato y lo mediato, lo infinito y lo finito.

El espíritu es lo único real porque sólo en él se da la experiencia de la relación entre los polos más opuestos. Porque el mundo es Espíritu alienado de sí, puede la realidad ser conocida por el pensamiento. Por que existe una comunidad ontológica entre lo Infinito y lo finito, entre Dios y el mundo, puede la conciencia acceder al conocimiento del Absoluto. Éste no es un Ser supremo a demostrar a partir del mundo finito por medio de unas pruebas racionales (planteamiento de la teología natural que Hegel rechaza de entrada), sino que está presente ya desde siempre en lo finito, cuya estructura más radical es la relación a lo otro de sí.

Dicha relación originaria de lo finito a lo infinito es la que explicita la religión como elevación de la conciencia al Abs o l u t o . Y las pruebas de la existencia de Dios no son más que el desarrollo conceptual de dicha actitud del espíri t u 5. Por sí mismas no prueban nada (en esto Hegel asume la crítica ilustrada que culmina en Kant), pues hacen depender lo Absoluto de lo re l a t i vo, y de un mundo infinito absolutamente cerrado sobre sí mismo no puede llegarse a lo Infinito. Sin embargo, en cuanto explicitación racional de la actitud religiosa, del saber del Absoluto que contiene, son útiles porque demuestran que la unidad entre lo Infinito y lo finito no es inmediata sino que está mediada por la realidad determinada. Por eso dicha unidad no es simple identidad, sino síntesis de identidad y absoluta diferencia. Lo Infinito no es lo finito, y vicever s a , pe r o en su radical diversidad están mutuamente referidos. En resumen, la finitización de lo Infinito es la estructura ontológica que hace posible la elevac i ó n de la conciencia a lo Absoluto, es decir, el espíritu, una de cuyas manifestaciones absolutas es la religión.
La religión como manifestación del espíritu

La concepción hegeliana del Absoluto resulta de un magno esfuerzo por elevar a pensamiento racional las tesis centrales del cristianismo, superando su interp retación tradicional. El sistema hegeliano quiere ser simultáneamente cons e rvación y superación de la ve rdad cristiana, cuya pretensión de absoluto asume Hegel en su esfuerzo conceptualizador. De ahí su actitud crítica y a la vez co m p r en s i v a hacia «la religión en general» (üb e r ha u p t ), concepto que en Heg e l está claramente elaborado en función del cristianismo6.

Las primeras reflexiones de Hegel sobre el fenómeno religioso son sobre todo crítica de la comprensión que en su época se tenía de la fe cristiana. Ap a rtado de la ort o d oxia autoritaria y cerrada de las Iglesias, Hegel disiente igual del moralismo seco y sermonero de los filósofos ilustrados, que reducen el cristianismo en último término a la vacua «religión natural». Ambos planteamientos, con su concepción de un Dios absolutamente trascendente y de un mundo finito reducido a la impotencia o absolutizado en su no-substancialidad, son fruto de una conciencia escindida incapaz de encontrar el camino de la existencia reconciliada.

Es esta la ver dadera realidad, en función de la cual se ha de valorar el grado de ver dad de una religión, o de cualquier otro fenómeno del espíritu. La dimensión soteriológica de la religión debe realizarse plenamente en la existencia de los hombres, puesto que la vida infinita es inmanente a lo finito, se desarrol l a en la historia del mundo. Por eso a Hegel le interesa tanto el aspecto históricocultural de la religión como reflejo inmediato de la situación espiritual alcanzada por la humanidad en un momento dado. La historia es la fuente de la

5. Sobre las pruebas de la existencia de Dios, véase El concepto de religión, cap. 2, sección 2, 3.

6. A Hegel sí que se le puede aplicar plenamente la idea de A. Fierro (Sobre la religión, Madrid, Taurus, 1979) según la cual el concepto de religión sería una generalización a partir del cristianismo.

reflexión especulativa porque el tiempo es el despliegue del concepto. He g e l funda su reflexión racional en una consideración de la historia en cuanto desar rollo necesario y totalmente inteligible desde la Idea. Dicha perspectiva, sin duda muy fecunda de cara a la comprensión del sentido inscrito en las diversas configuraciones del espíritu, tiene el grave peligro (en el que Hegel cae a menudo) de forzar los acontecimientos para que quepan en un esquema predeterminado; en última instancia, la interioridad del concepto acaba con la exterioridad del hecho histórico. Con todo, Hegel no estaría de acuerdo en esta acusación, pues precisamente su reflexión se mueve en el intento de «cons e rvar» (aufheben) y dar razón de toda manifestación positiva del espirítu en su esencia necesaria.

Ci e r tamente el joven Hegel pasó una etapa de alergia a la «positividad» de la religión: bajo la influencia de la Ilustración y sobre todo de Kant llevó a cabo una dura crítica de la «religión estatutaria» de las Iglesias, que coaccionan el pensamiento racional y la libertad interior, cuando ésta es la base verdadera del cristianismo7.Per o poco a poco Hegel llegará a valorar la alineación del espíritu en lo positivo como etapa necesaria de objetivación a través de la cual el espíritu se pone a sí mismo como autoconciencia libre y absoluta.

En definitiva, Hegel siempre despreció la positividad en cuanto exterioridad vacía de vida, impuesta como letra muerta, olvidada del espítitu que la c reó; pero cuando esta objetivación del espíritu está internamente animada, p i e rde su carácter peyo r a t i vo: la religión ya no es entonces letra muerta sino «espíritu que vivifica» todas las dimensiones de la existencia humana: la individual y la colectiva, el entendimiento y la voluntad, la libertad y la sensibilidad, la imaginación y el corazón. La autoconciencia ha absorbido finalmente toda exterioridad y se manifiesta como esencia de la realidad.

En la Fen o m e n o l o g í a del espíritu encontramos el primer desarrollo sistemático completo de la concepción hegeliana de la realidad en cuanto historia del Espíritu que se autogenera como Abs o l u t o . Den t r o de esta compleja obra Heg e l dedica el penúltimo capítulo a la religión, definiéndola como «autoconciencia pura del espíritu»8. Ello no significa que en etapas anteriores del desarrollo de la conciencia no haya sido tratado el tema de la religión, al contrario, He g e l comienza dicho capítulo con un resumen de todo lo anteriormente expuesto desde el punto de vista de la dimensión religiosa: la conciencia es, desde el principio, conciencia del Absoluto, pero sólo en este estadio llega a serlo en y para sí. En él se alcanza la conciencia de la unión Infinito-finito, substanciaautoconciencia. Sin embargo, dicha identidad de lo contradictorio aún no ha llegado al estadio absoluto. En la religión la vida del Espíritu es «re p re s e n t a d a como objeto», puesta en la inmediatez de un en-sí inerte: le falta la mediación de la reflexión que, reabsorbiendo para sí la rep r esentación objetiva originada por la fe, será identificada en última instancia con la vida misma del espíritu.

7. Esta actitud es clara en algunos escritos como Historia de Jesús o La positividad de la reli gión cristiana (cf. bibliografía final).

8. Fenomenología del espíritu, p. 396.

En la medida en que el espíritu se representa en la religión a él mismo, es ciertamente consciencia, y la realidad encerrada en la religión es la figura y el ropaje de su representación. Pero la realidad no experimenta de nuevo en esta representación su pleno derecho, a saber, el de no ser solamente ropaje, sino ser-allí plenamente independiente y libre; y, a la inversa, al faltarle la perfección en ella misma, la religión es una figura determinada que no alcanza aquello que debe presentar, o sea, el espíritu consciente de sí mismo9.

La ve rdad absoluta que se manifiesta en la religión es el núcleo del cristianismo: la encarnación de Dios y la nueva vida para el hombre por la unión d e f i n i t i va de lo divino y lo humano. El concepto de religión como re t o r n o consciente del Espíritu a sí a través de su autoobjetivación en lo finito se va d e s a r rollando en las diversas religiones históricas, pero todas ellas sólo son sombra y figura de la religión absoluta, el cristianismo. En las primitivas re l igiones naturales el espíritu aparece a sí mismo re p resentado en las formas inmediatas de la naturaleza, predominando así el aspecto formal sobre el contenido real. En la religión griega del arte el espíritu aparece en forma de conciencia productora que se objetiva en su obra: ya se ha distanciado de la n a t u r a l eza inmediata y toma conciencia de sí como contrapuesto a ella. En el cristianismo se da la ve rdadera realización de la unidad entre espíritu y n a t u r a l eza: ambos aparecen como polos distintos de una misma re a l i d a d ,

idénticos en su difere n c i a .

Así interpreta Hegel el acontecimiento central del cristianismo, Jes u c r i s t o . La encarnación de Dios en Cristo significa que en este ser concreto la substancia divina se enajena completamente (toda la anterior historia del mundo era prehistoria de este acontecimiento), se convierte totalmente en lo otro de sí —autoconciencia humana, ente finito— y entra en la existencia como identidad concreta e inmedita de ambos polos contradictorios. Pe ro la i n m e d i a t ez de este ser concreto, en el que Dios está presente para el homb re de un modo real, sensible, ha de ser superada en una inmediatez mediada. Este primer momento es necesario para que Dios tome conciencia de sí mismo a través de una existencia finita; pero para el resto de los homb res esta autoconciencia infinita es inaccesible por estar objetivada en un i n d i v i d u o. Por eso es necesaria la muerte de este hombre y su «re n a c i m i e n t o por el espíritu»; así tiene lugar la universalización de la autoconciencia substancial del espíritu en la comunidad religiosa. Sin embargo, esta comunidad aún no tiene la autoconciencia absoluta plenamente desarro l l a d a : tiene en sí la existencia reconciliada, pero sólo como «re p resentación». Su p ropia reconciliación entra en su conciencia como algo lejano, a re a l i z a r en un futuro o acaecida simbólicamente en el pasado. El en-sí debe todavía devenir para-sí.

9. Ibídem, p. 397.
Fe y saber, o representación y concepto

El elemento característico y estructural de la religión como dimensión de la conciencia es la «re p resentación» (Vo r s t e l l u n g). Tal como es expuesta dicha noción en la «Filosofía del espíritu» de la En c i c l o p e d i a1 0, la re p resentación es el término medio entre la intuición (inteligencia inmediatamente determinada) y el pensamiento (inteligencia en libertad). En el plano de la re p re s e n t ación el espíritu es sólo parcialmente activo, puesto que sus pro d u c c i o n e s c o n c retas son síntesis a partir de datos de la intuición. Condicionado por la in m e d i a t e z, el espíritu se intuye a sí mismo en su propia exterioridad. Ima g e n , asociación de imágenes, símbolo, alegoría, signo, son sucesivos momentos de interiorización en los cuales el pensamiento se va exteriorizando simultáneamente por medio de creaciones cada vez más idénticas a su propia esencia. En última instancia, interior y exterior coinciden, éste es la manifestación plena de aquél: al llegar al signo lingüístico penetramos ya en el plano del «concepto».

Teniendo en cuenta esta primera aproximación a la noción de representación, bastante neutra en principio, encontramos en el resto de la obra de Heg e l dos actitudes al respecto. En las secciones de la Fenomenología sobre «La conciencia desgraciada» y «La fe y la pura intelección»11 ap a r ece la rep r es e n t a c i ó n con connotaciones peyo r a t i vas; al enquistarse, la fe religiosa crea un mundo suprasensible en el cual se re p resenta, de un modo alienado, su propia esencia. Todo el ámbito de la rep r esentación, de la creación imaginativa por la cual la conciencia religiosa intenta acceder al conocimiento de la verdad sobre sí y la realidad, es cualificado de alienante e ilusorio: la conciencia carece de la li b e r tad del espíritu (por eso dicha actitud de pura fe es la perfecta aliada del despotismo). Este planteamiento es el que los hegelianos de izquierda han hecho p redominar en las divulgaciones más corrientes del pensamiento de He g e l , olvidando que éste también presenta actitudes más matizadas sobre el tema en otras partes de su obra. En las Lecciones sobre Filosofía de la Rel i g i ó n Hegel explica la re p resentación religiosa como expresión imaginativa del pensamiento mismo.

El espíritu se convierte así en objeto, se da a sí esencialmente la forma según la cual aparece como algo dado, como algo que llega hasta él de un modo superior; ahí reside la explicación de que el espíritu adopte la forma de una religión positiva. El espíritu deviene para sí bajo la figura de la representación; bajo la figura de lo otro para lo otro, para el que es él, es decir, la positividad de la religión se manifiesta como representación. Asimismo, se encuentra en el interior de la religión la determinación de la razón, según la que es algo cognoscente, actividad del pensamiento y de la comprensión12.

10. Précis de l'Encyclopèdie, s. 451-464.

11. Fenomenología, «La conciencia desventurada», p. 128-139; «La fe y la pura intelección», p. 311-317.

12. El concepto de religión, p. 114.

Los mitos y los ritos externos pertenecen claramente al dominio de la rep r esentación por su dimensión sensible, pero también pertenecen a él configuraciones no sensibles, todo contenido del pensamiento cuyas múltiples determinaciones internas no han sido descubiertas en su conexión necesaria por la reflexión especulativa. «Infinitamente bueno», «creador del mundo», «omnisciente», son diversas determinaciones de Dios; aunque sean meramente conceptuales, no sensibles, en la medida en que para la conciencia rel i g i o s a están simplemente yuxtapuestas y no explicadas en su diferencia y re l a c i ó n recíproca, son meras representaciones: poseen un coeficiente de contingencia que sólo perderán bajo la forma del concepto especulativo. La representación se comporta negativamente respecto a lo sensible, pero no de forma que se haya liberado absolutamente de este ámbito poniéndolo en su idealidad acabada. Esto sólo se llega a alcanzar en el pensamiento «real» que eleva las determinaciones sensibles del contenido de la rep r esentación a la condición de determinaciones universales del pensamiento, conservando a la vez su carácter concret o . De este modo el pensamiento llega a conocer la necesidad inscrita en la rep r esentación: analizándola descubre sus contradicciones internas, pero supera éstas en su mediación dialéctica. La conciencia deja así de tener un contenido «fren te a sí»: el propio movimiento del pensamiento es capaz de generar (o más bien re-generar) el contenido a partir de sí mismo.

En definitiva, la filosofía de la religión de Hegel se propone no sólo un análisis de las estructuras de la conciencia religiosa o de sus categorías principales, sino un desarrollo inmanente de los contenidos de la fe religiosa, en concr eto del cristianismo, para conver tirlos en saber de Dios. Movidos por su lógica interna, según Hegel, la religión se transforma en teología, en autoexplicitación de los contenidos de la fe en el discurso conceptual; llevando finalmente dicho movimiento a sus últimas consecuencias, desembocamos en la filosofía es p e c u l a t i v a que, absorbiendo todo dato exterior, lo asimila y supera en su disc u r s o. Ya no hay positividad a la que atenerse: el espíritu es finalmente libre en su pleno bei-sich-sein, que abarca todo lo real.
Filosofía hegeliana y teología cristiana

El contenido de la filosofía, su necesidad e interés son del todo comunes con los de la religión; su objetivo es la verdad eterna, tan sólo Dios y su explicación. […] La filosofía es, por tanto, teología, y ocuparse de ella o más bien en ella es para sí culto divino13.

Hegel identifica sin re p a ro, en sus Lecciones sobre Filosofía de la Re l i g i ó n , su discurso filosófico como teología en el más exagerado sentido del término: se trata de un logos de Dios y sobre Dios, del saber absoluto que el Absoluto tiene de sí mismo a través de su autoconciencia finita. Hegel pretende con su filosofía radicalizar hasta el extremo la voluntad de hacer inteligibles los con-

13. Ibídem, p. 84.

tenidos de la fe religiosa que caracteriza la tarea de la teología. Sin embargo, su peculiar manera de llevar a cabo el intellectus fidei es un tanto ambigua en su sentido último.

Hegel critica a la teología tradicional por no haber sido consecuente con su intención y con el mensaje cristiano: si realmente el hombre ha sido crea d o a imagen y semejanza de Dios, si la razón humana está ordenada a conocerle, si en Cristo Dios se ha manifestado definitivamente, entonces hay que llevar hasta sus últimas consecuencias las exigencias de la razón en orden a hacer tr a n s p a r entes los contenidos de la fe. Hay que tener en cuenta, por otro lado, que la Razón tal como la entiende Hegel es algo más que la mera capacidad ref l e x i v a del entendimiento finito: es el Espíritu que se capta a sí mismo como momento del Absoluto; el conocimiento del Absoluto por la autoconciencia finita es producto de la actividad del Absoluto mismo.

El concepto hegeliano de «saber absoluto» (ciertamente ambiguo, pues todo está en él conservado y suprimido) es la racionalización del concepto cristiano de fe como acceso a Dios que, en última instancia, es un don divino. Sin embargo, esta racionalización no tiene lugar sin una grave transformación en la interpretación de la fe cristiana en su conjunto, que aleja a Hegel del espíritu teológico acorde con la Re velación y la Tradición. Un teólogo como Ha n s Küng, que se ha esforzado en sacar el máximo partido posible del hegelianismo para profundizar y ren o var las perspectivas del pensamiento teológico católico, no duda en criticar el g n o s t i c i s m o fundamental de Hegel, que quiere absorber a Cristo en su saber absoluto.

Hegel puede apoyarse con razón en el Nuevo Testamento cuando se opone acérrimamente a una imposibilidad absoluta de conciliar la fe y el saber, si bien es cierto que no advierte la contraposición esencial que según el NT existe entre la fe y la incredulidad. […] Contra cualquier clase de gnosis antigua o moderna, a la luz del NT hemos de defender que el saber no puede sobreponerse a la fe y suprimirla dialécticamente14.

Es cierto que la fe entra en sí misma y se profundiza por el conocimiento racional, pero en buena tradición cristiana no es lícito contraponer fe y saber como principio y final de un proceso cognitivo ascendente. En principio la intención hegeliana de luchar contra el positivismo teológico, contra el biblicismo y el tratamiento puramente histórico-exegético de la ve rdad teológica es totalmente correcta y digna de apoyo; la cuestión de la verdad última de la religión no se resuelve con argumentos históricos o de autoridad, sino con la autoexplanación del espíritu cierto de sí.

La interpretación depende del espíritu que explica; sólo el concepto constituye el punto de apoyo absoluto15.

14. H. KÜNG, p. 327.

15. El concepto de religión, p. 94.

Esta última cita viene, sin embargo, a desequilibrar el círculo hermenéutico hegeliano. Tomando su propia construcción especulativa como punto de referencia último, intenta someter a ella todo elemento procedente del ámbito objetivo de la religión, de modo que llegue a suprimirse el dé c a l a g e inicial entre lo recibido exteriormente y lo desarrollado por la razón autónomamente, en beneficio de este último polo.

En definitiva, Hegel quiere realizar la síntesis plena entre la fe y el saber en el plano del saber, no en el seno de la fe, como la teología cristiana. Según ésta, el conocimiento de Dios está anclado, in via et in patria, en la fe como entrega personal, libre y amorosa, al Misterio que se nos ofrece plenamente en amor y libertad, sin por ello agotarse nunca en su insondable profundidad, porque es un Misterio personal. La re velación definitiva del Dios uno y trino en el mundo y la historia que anuncia el cristianismo no equivale ni mucho menos a la afirmación según la cual «ya no hay nada secreto en Di o s »1 6, ni al proyecto de desarrollar en la más estricta racionalidad todo el contenido de la rev elación como saber absoluto. La interpretación hegeliana del cristianismo como manifestación exhaustiva de la Trinidad divina en el mundo, sin dejar lugar al Misterio infinito, es solidaria de su pretensión de ofrecer un saber absoluto de Dios, totalmente transparente.

Los dos polos de la dialéctica, el objetivo y el subjetivo, la fides quae y la fides qua, se interpenetran al final tan perfectamente que la exterioridad de lo real queda volatilizada. Evidentemente, Hegel es consciente de que sin re a l idad positiva previa, sin re velación histórica, no es posible la reflexión racional: él es el primero en proclamar que su tarea no es «crear de la nada», sino i n t e r p retar y re c o n s t ruir en su necesidad interna toda la historia del espíritu como un movimiento inmanente. El descubrimiento de la esencia necesaria sólo puede realizarse como reflexión rem e m o r a t i v a del pasado: la necesidad de lo real es recuerdo racionalizado. Así Hegel, frente a una Ilustración que creía poder construir con el mero entendimiento abstracto una religión despren d i da de la realidad histórica, intenta elaborar una filosofía de la religión expresamente «cristiana», pues sólo a partir del reconocimiento de la «re ve l a c i ó n ob j e t i v a» puede el hombre acceder al Abs o l u t o . Con todo, no se ve que el espíritu con que Hegel interpreta estos términos se corresponda con el de la Tradición cristiana ortodoxa.

Hegel nunca ocultó su intención de entender a fondo y de forma renovadora la religión cristiana. Su vena reformadora, ansiosa por llevar hasta el final la gran liberación espiritual que, según él, supuso el luteranismo, se alía con su mentalidad ilustrada y secular, con la concepción panenteísta de los místicos alemanes medievales en un ambicioso proyecto: realizar plenamente en el p resente la escatología. Al suprimir el «todavía no» con el que la fe equilibra el «ya» de la Presencia definitiva, al desaparecer la oposición sagrado/prof a n o , lo divino se traslada por completo al mundo, la comunidad de los santos deviene Estado y, en definitiva, la conciencia religiosa es disuelta en su especifici-

16. Ibídem, p. 117.

dad. La «infinitud» que está inscrita en el hombre como anhelo permanente y tensión hacia la Trascendencia absoluta deriva en el sistema hegeliano hacia la infinitización óntica del espíritu humano llegado a un cierto estadio, más allá del cual no necesita ir. En Hegel no cabe una consummatio saeculoru m, unos cielos nuevos y una tierra verdaderamente nueva, fuera de o más allá de la Razón que accede a la eternidad a través de su autocaptación como esencia de lo real.

Ciertamente, la estrecha vinculación entre lo Infinito y lo finito del sistema hegeliano no es ajena a la comprensión del dogma de la encarnación, pero tiene también mucho del pantragicismo de los mitos hesiódicos. La teología patrística oriental (que llega a Hegel a través de los místicos alemanes) insiste mucho en la visión teándrica de la rev elación, en la figura de Cristo como Alfa y Omega de la Creación (en quien todo ha sido creado), en el don de la vida divina como designio eterno de Dios en su voluntad creadora. Sin embargo, está igualmente impregnada de apofatismo, de respeto al misterio divino, de insistencia en que la humildad de la razón, la fe y la vida según el ˆ γ À π η son las únicas vías por las que se puede atisbar la ve rdad profunda comunicada por rev elación divina, por pura generosidad del Deus absconditus. Por el contrario, en el sistema hegeliano cuanto acontece entre Dios y el mundo no se basa en la libertad de la plenitud divina, sino en la necesidad que mueve a un Abs o l u t o indigente de lo otro de sí. La entrega generosa, personal y gratuita, deja de ser la ver dad última en la que se fundamentan las relaciones entre Dios y el hombr e. La aparición rel e v ante de lo Otr o, como realidad nunca plenamente apresable y sólo captable en la apertura siempre renovada a la Trascendencia, deja paso en Hegel a una única autoconciencia absoluta que reabsorbe toda diferencia. De acuerdo con la aguda apreciación de Lévinas, en Hegel no hay lugar para el ve rd a d e ro Infinito, puesto que todo se reduce a totalidad ontológica ma r cada por la lucha de contrarios; no hay ver dadera historia, aparición novedosa y gratuita de lo Otr o en el mundo, sino eterna repetición de lo Mis m o 17 .

En conclusión: al proyecto teo-filosófico u onto-teológico de Hegel no le falta apoyatura en la fe cristiana, pero sí un «sexto sentido» propio de toda buena teología: la conciencia de que, más allá de explicaciones humanas y términos absolutos, la fe cuestiona todo discurso sobre Dios, toda realización humana (finita por naturaleza) que pretenda erigirse en absoluto. En Hegel falta una teología negativa que haga contrapeso a la analogia Christi, falta el silencio como envés de la rev elación. El teólogo racionalista tiende, velada o expresamente, a dejar atrás la fe, lo cual es ilusorio. Toda racionalidad, filosófica o teológica, es sólo explicitación coherente de una opción última, la cual permanece como tal opción existencial, necesitada de ren o vación continuamente. El teólogo, como cualquier otro cre yente, tiene ante sí permanentemente la tarea de ve rt e b r a r toda su existencia de acuerdo con la fe, y ha de ser consciente de que su discurso teológico participa igualmente de la tensión escatológica de la µε τ À ν ï ι α .

17. LEVINAS, p. 61.

La razón humana, como intraestructura de la fe, según expresión de Bouillard18 , está siempre amenazada de la falta de sentido, igual que la fe no puede eliminar el riesgo de la incredulidad. En consecuencia, todo discurso filosófico y teológico es simul iustus et peccator, como el crey ente que lo elabora.

Sus formulaciones filosóficas y teológicas son expresión del dominio liberador de la verdad divina sobre la razón humana y, al mismo tiempo, de la violencia que la razón humana hace a la verdad divina. Son expresión de la obediencia de la fe, pero también de la profanación pecaminosa del don divino. Por esto la buena teología, consciente de la necesidad de una continua purificación, acepta de buen grado la crítica y, más aún, incluye en sí de alguna manera la negación de sí misma. La teología, negándose a sí misma, tiende a convertirse en predicación, que es el testimonio de la fe proclamado como pura referencia a la Palabra de Dios, es decir, con intención expresa de que la propia síntesis teológica sea trascendida por los oyentes19 .

Sólo a través de esta autonegación puede la teología escapar al peligro permanente del ser humano, mucho más agudo en su caso: reducir a Dios a la comprensión humana de lo divino.
Bibliografía

Escritos de Juventud. Ed. trad. y notas de J.M. Ripalda. FCE, Madrid, 1978.

Historia de Jesús. Trad. e intr. de S. Glez. Noriega. Taurus, Madrid, 1975.

Fenomenología del espítitu. Trad. de W. Roces. FCE, Méjico, 1971.

El concepto de religión (Lecciones sobre Filosofía de la Religión, parte I). Trad. e intr. de A. Guinzo. FCE, Madrid, 1981

Encyclopédie des sciences philosophiques. Vol. I. La science de la logique. Trad. y ed. de B. Bourgeois. Vrin, París, 1979.

Précis de l'Encyclopédie des Sciences Philosophiques: la logique, la philosophie de la natu re, la philosophie de l'esprit. Trad. de J. Gibelin. Vrin, París, 1978.

Otras fuentes:

AS V E L D, P.: La pensée religeuse du jeune Hegel. Louvain, Publications Universitaires, 1953.

BAR T H , K.: «Hegel». Trad. franc. de J. Carrère. Col. Cahiers Theologiques. Delachaux et Nestlé, Neuchatel, 1955.

BOUILLARD, H.: Logique de la foi. París, 1964.

BO U R G E O I S, B.: Hegel à Francfort. Judaïsme, christianisme, hégélianisme. PUF, París, 1970.

CO L L AL E M A N Y, J.M.: «Relación y distinción entre filosofía y teología», en E s t u d i o s Eclesiásticos, 46 (1971), p. 531-538.

KUN G , H.: La encarnación de Dios. Introducción al pensamiento teológico de Hegel como prolegómenos para una cristología futura. Trad. de R. Jimeno. Herder, Barcelona, 1974.

18. BOUILLARD, p. 121.

19. COLL, p. 538.

LÖ W I T H, K.: De Hegel à Nietzsche. Trad. de R. Laureillard. Gallimard, París, 1969. LEVINAS, E.: Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Trad. de D.E. Guillot. Sígueme, Salamanca, 1977.

VAL L S PLA N A , R.: Del yo al nosotros. Lectura de la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Estela, Barcelona, 1971.

VANCOURT, R.: La pensée religieuse de Hegel. PUF, París, 1971.

Masonería: Resumen de Preguntas y Respuestas

¿Cuáles son las tres luces de la logia?
Resp. Las tres luces son el venerable, el primer y segundo vigilantes.

¿Cuáles son las tres grandes luces de la masonería?
La escuadra, el compás y el libro de la ley.

¿Cuáles son las herramientas del aprendiz?
El mazo, el cincel y la regla de 24 pulgadas.

¿Qué representa la piedra bruta?
Representa al iniciado en su imperfección y que mediante las herramientas debe desbastar esas imperfecciones.

¿Qué es la masonería?
Es una institución iniciática, ilustrada por símbolos, que promueve mediante la razón y el uso de las ciencias el mejoramiento del hombre y de la sociedad.

¿Dónde se colocan los aprendices de la logia?
En el norte o septentrión

¿Cuál es la columna de los aprendices?
La columna B:.

¿Cuáles son los tres pilares o columnas de la logia?
Las tres columnas que sostienen la logia son las que soportan sobre si las tres pequeñas luces que o luces menores que iluminan el templo, al pie de cada columna se ubican las joyas de los oficiales que las custodian,
Columna de la belleza----Joya: nivel-----primer vigilante
Columna de la fuerza-----Joya: plomada---segundo vigilante
Columna de la sabiduría---Joya: escuadra---Venerable
La fuerza impulsa los trabajos, la belleza les da perfección y la sabiduría los proyecta y guía.

¿Cómo interpreta el cuadro de aprendiz?
En el cuadro hay tres columnas que representan a las tres luces que sostienen la logia, la sabiduría , la fuerza y la belleza, a la izquierda del cuadro esta la primera que es la de la fuerza, en el medio la de la sabiduría, y la de la derecha es la de la belleza, estas columnas tienen los tres estilos griegos, el Dórico, el Jónico y el Corintio, el Dórico el pilar mas fuerte es el primer vigilante, el Jónico, que es un intermedio entre el Dórico y el corintio el cual une belleza y fuerza en equilibrio es el del venerable y el mas bello es el corintio que es el mas ornamentado de los tres, las joyas móviles están al pie de cada columna, y corresponden a cada oficial, el sol , la luna y el venerable son las luces móviles de la logia, el venerable ilumina al primer vigilante que representa a la luna, el segundo vigilante es el sol, que en el mediodía esta iluminando sobre los aprendices, la luna también representa a la noche y las siete estrellas que la rodean son los siete maestros que conforman una logia completa, la escalera es la escalera del sueño de Jacob, que desde el plano inferior-material se extiende hacia el plano superior-mental, en dicho camino se encuentran la cruz, que representa la fe, el ancla, que representa la esperanza y por ultimo la mano que ofrece la copa es la caridad, fe en los principios masónicos, esperanza en la inmortalidad de nuestros actos y caridad con la humanidad.

miércoles, junio 01, 2022

Mitos y Arquetipos

Mircea Eliade

I. ARQUETIPOS Y REPETICION

EL PROBLEMA

El objetivo del libro es estudiar ciertos aspectos de la ontología arcaica: las concepciones del ser y la realidad que pueden desprenderse del comportamiento del hombre de las sociedades premodernas. El símbolo, el rito, el mito, expresan un complejo sistema de afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas, sistema que puede considerarse en sí mismo como una metafísica.

Los objetos del mundo exterior como los actos humanos cobran un valor y llegan a ser reales, porque participan en una realidad que los trasciende. El objeto aparece como receptáculo de una fuerza extraña que le confiere sentido y valor. Así también los actos humanos, su significación y valor están vinculados por ser reproducción de un acto primordial. Lo que él hace ya se hizo. Esa repetición consciente de gestos paradigmáticos determinados remite a una ontología original. Participan de una realidad transcendente.

Agrupa a los elementos en las siguientes categorías:

• Los elementos cuya realidad es función de la repetición, de la imitación de un arquetipo celeste.
• Los elementos: ciudades, templos, casas cuya realidad es tributaria del simbolismo del centro supra terrestre que los asimila a sí mismo y los transforma en centros del mundo
• Los rituales y los actos profanos significativos que sólo poseen el sentido que se les da porque repiten deliberadamente tales hechos planteados ab origine por dioses, héroes y antepasados.

ARQUETIPOS CELESTES DE LOS TERRITORIOS, DE LOS TEMPLOS Y DE LAS CIUDADES

El templo tenía un prototipo celeste. Por ejemplo en el monte Sinaí Jehová muestra a Moisés la forma del santuario que deberá tener. También las ciudades tienen su prototipo divino. Por ejemplo las babilónicas que tenían sus arquetipos en constelaciones (Nínive en la Osa mayor).

El mundo que nos rodea tiene un arquetipo extraterrestre. Otras regiones corresponden a un modelo mítico pero diferente, de otra naturaleza. Todas las regiones salvajes, incultas, etc., están asimiladas al caos: participan de la modalidad informe de antes de la creación. Por esto cuando se explora un sitio se realizan actos que repiten simbólicamente el acto de creación, así la zona es cosmizada. La transformación del caos en cosmos por el acto divino de la creación, dándoles formas y normas. Por ejemplo con el cristianismo al conquistar erigían una cruz, repitiendo así el bautismo. Por el ritual se le da una forma, se lo convierte en real, y lo real es lo sagrado.

EL SIMBOLISMO DEL CENTRO...

Misterios de Civilizaciones Olvidadas

Gustavo Fernández

Desde que Erich Vön Däniken lanzara en su libro "Recuerdos del futuro" la teoría de que fuimos visitados en la más remota antigüedad por seres inteligentes provenientes de otros planetas, muchos investigadores se han lanzado a la búsqueda de pruebas de esa presencia extraterrestre. Esas evidencias son hoy más que populares: los misterios de las pirámides de Egipto y México, el "astronauta" de Palenque, las "pistas de aterrizaje" de Nazca... Pero, paralelamente, fueron surgiendo hechos que no terminaban de acomodarse con esa hipótesis y sí abonaban otra presunción: la de que en un tiempo increíblemente remoto existió, sobre la hez de la Tierra, una o varias culturas avanzadas que desaparecieron, vaya uno a saber si por razones naturales o se autodestruyeron, hasta casi desaparecer toda huella de su paso por nuestro planeta. Los científicos insisten en negar que pudiesen coexistir dinosaurios y seres humanos hace unos sesenta millones de años. Con suerte, el proto hombre aparece hace unos cuatro millones y, según afirman, sólo hace cien mil que adquirimos algún grado de organización cultural. Sin embargo, ninguno de ellos ha sabido aclarar ciertas contradicciones presentadas en diferentes puntos del mundo. Por ejemplo, ¿Cómo explicar el hallazgo realizado por el doctor Clifford L. Burddick, geólogo de Arizona, a orillas del río Paluxud en el estado de Texas?. Eran unas huellas petrificadas, unas junto a otras, que pertenecían a un dinosaurio y a un ser humano de gran estatura, cuyo pie debió medir no menos de cuarenta centímetros. Pero más sensacional resultaría el descubrimiento hecho en 1968 en la localidad de Antelope Springs (Utah, EEUU). Consistía en las huellas fosilizadas de un par de sandalias, en una de las cuales se veía un trilobite (molusco prehistórico) también fosilizado, como si alguien lo hubiera aplastado al pisarlo.

¿Vendría a ser este hallazgo la prueba de que hace cien millones de años existía ya en nuestro planeta una humanidad que caminaba calzada con sandalias?. Algo más moderna sería la pisada descubierta en 1959 en el curso de la expedición chino-soviética que, al mando del profesor Chun-Min Chey, se internó en el desierto de Gobi. Éste, que se encuentra entre el Himalaya y Mongolia, fue en otros tiempos un mar que desapareció a resultas del levantamiento de aquellas montañas. La huella era de un zapato, claramente estampada en una roca de dos millones de años cuando todavía era blanda arena. El periódico "London Times" dio a conocer en sus ediciones del 24 de diciembre de 1851 y 22 de junio de 1884 dos ejemplos sumamente significativos. El primero fue protagonizado por Hiram de Witt, quien había abandonado California rumbo a Springfield (Massachussets, EEUU) con un fragmento de cuarzo aurífero en el bolsillo, voluminoso como un puño. Se le cayó al suelo, por un descuido, se partió en dos. En el interior halló Hiram un clavo de metal, ligeramente oxidado, derecho y dotado de una cabeza perfecta. ¿Era simplemente una broma de la naturaleza? ¿Podría decirse lo mismo del hilo de oro que apareció incrustado en una roca, a tres metros de profundidad?. Esto fue lo que encontraron unos obreros ingleses en la cantera de Rutherford Mills, cercana al río Twead, según informaría el periódico mencionado en 1884...

"Música de las Esferas" Confirmada por un Satélite de la N.A.S.A.

Un satélite de la Nasa ha confirmado la ancestral tradición de la música de las esferas, según la cual los cuerpos celestes emiten sonidos armónicos. Aunque la música de las esferas ha derivado primero en la noción de armonía universal y después en simetría, ahora se ha descubierto que la atmósfera del Sol emite realmente sonidos ultrasónicos y que interpreta una partitura formada por ondas que son aproximadamente 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano.

La música de las esferas ha apasionado desde siempre a los estudiosos del Universo. Para los pitagóricos, los tonos emitidos por los planetas dependían de las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor del sol, de la misma forma que la longitud de las cuerdas de una lira determina sus tonos. Las esferas más cercanas producen tonos graves, que se agudizan a medida que la distancia aumenta.

Lo más hermoso era que, según ellos, los sonidos que producía cada esfera se combinaban con los sonidos de las demás esferas, produciendo una sincronía sonora especial: la llamada “música de las esferas”.

Para los pitagóricos, por tanto, el Universo manifiesta proporciones “justas”, establecidas por ritmos y números, que originan un canto armónico. El cosmos, a sus ojos, es por tanto un sistema en el que se integran las siete notas musicales con los siete cuerpos celestes conocidos entonces (el Sol, la Luna y los cinco planetas visibles). A estos planetas se añadían tres esferas suplementarias que alcanzaban el 10, el número perfecto.

La misma armonía celestial fue descrita por Platón cuando, en Epinomis, declaró que los astros ejecutan la mejor de todas las canciones. Cicerón también se refirió en el canto de Escipión a ese sonido tan intenso como agradable que llenaba los oídos de su héroe y que se originaba en las órbitas celestes, reguladas por intervalos desiguales que originaban diferentes sonidos armónicos.

La tradición que consideraba al Universo como un gran instrumento musical se prolonga durante la Edad Media y hasta el siglo XVII, en el que tanto Kircher (que hablaba de “la gran música del mundo”) como Fludd (que concebía un Universo monocorde en el que los diez registros melódicos evocados por los pitagóricos traducían la armonía de la creación), dejaron constancia de su vigencia.

Sin embargo, fue el astrónomo Kepler quien estableció que un astro emite un sonido que es más agudo tanto en cuanto su movimiento es más rápido, por lo que existen intervalos musicales bien definidos que están asociados a los diferentes planetas. Kepler postuló, en su obra Harmonices Mundi, que las velocidades angulares de cada planeta producían sonidos.

De hecho, Kepler llegó a componer seis melodías que se correspondían con los seis planetas del sistema solar conocidos hasta entonces. Al combinarse, estas melodías podían producir cuatro acordes distintos, siendo uno de ellos el acorde producido al inicio del universo, y otro de ellos el que sonaría a su término.

Mensaje de Lord Maitreya

(3 DE ENERO DE 2005)

Queridos Amigos y Chelas (Discípulos):

Yo les doy la bienvenida al redil, a la grey. Hoy, traigo conmigo, un conjunto de varias noticias, pensamientos, energías e ideas, para que ustedes se entretengan. Esto es importante, en la perspectiva de los tiempos que vienen, ya que la única intención es ayudarlos a permanecer centrados en esos objetivos y, así, puedan recibir dentro de sus seres individuales, todo aquello que sea apropiado y correcto para ustedes. No importa lo que se ha dicho en algún punto en el tiempo, ya sea por mí mismo, u otros, un comentario o murmuración común u otras materializaciones de palabra y pensamiento, de todas maneras, ustedes tienen que estar convencidos del verdadero significado interno de la Divina Presencia en sus corazones.

Por ello, no permitan que otras interpretaciones interesadas, los disuadan de sus propias concepciones centrales que, de antemano, ya las tienen. Les digo esto ahora, puesto que, en la Tierra, están comenzando a aparecer, en forma desenfrenada, un conjunto de ideas, conversaciones, pensamientos y comunicaciones, las cuales, causarán en unos, la dimisión o el marginamiento del espíritu humano, mientras, en otros casos, las personas podrían encontrar muchas cosas a ser reconsideradas. En cualquier caso, asegúrense de rendirse honores a sí mismos.

Habiendo dicho todo esto, me gustaría mencionar que, como resultado de las diferentes predicciones establecidas para este año 2005, habrán percepciones muy divergentes. Muchos interpretarán señales o energías específicas, que son muy poderosas para sus propios niveles de la realidad. Habrá otros que marginarán y no tomarán en cuenta estas señales, y, por el contrario, de todo ello, interpretarán algo más. Muchas palabras y mensajes serán provistos a través de un importante número de “canales”, quienes tendrán la oportunidad de difundir nuestros mensajes, a una audiencia mucho más grande. Todo los mensajes que se reciban a través de ustedes, u otros “canales”, serán proporcionados a determinadas audiencias, y serán tomados conscientemente, lo cual requiere el prestar atención a esa frecuencia del alma, a la cual, la más Alta Verdad Divina, vibra dentro de uno mismo. Si ustedes están recibiendo palabras de un mensaje, que por sobre todas las cosas, aparentan tener un mínimo significado, les sugiero que ustedes igualmente, les presten poca atención a los mismos, incluso si estos mensajes fueran verdaderos, porque, ustedes no son capaces de alinearse en una perfecta sintonía, con quienes envían estos mensajes, a determinados momentos en el tiempo...

martes, mayo 31, 2022

Movimientos Esotéricos Modernos

Alice Bailey

Un análisis comparativo y esquemático de los impulsos subjetivos característicos de la Era que termina y de la Era que se inicia.

Nos sería mucho más fácil la comprensión de las condiciones que prevalecen actualmente en el mundo del pensamiento, si nos tomáramos el trabajo de contrastar ciertas diferencias básicas y ciertas ideas o tendencias, a fin de encontrar la relación que pueda existir entre ellas. Ningún movimiento es enteramente erróneo y ninguno está completamente libre de error. Ningún grupo de pensadores es el depositario de toda la verdad; ninguna Escritura ni Instructor alguno nos dice todo cuanto se puede saber acerca de Dios y de Sus Obras. La cuestión de exactitud o error es de carácter personal e individual, pues nadie es guardián de su hermano ni puede regirle la conciencia. Las distinciones que hemos de establecer pueden compendiarse en dos grupos principales: Las relacionadas con la forma externa y la enseñanza interna de cada movimiento, o sean los aspectos esotérico y exotérico de la verdad expuesta; y las resultantes de la vieja era que agoniza, e indicadora de la advinente influencia de la nueva era.

I

No tenemos para qué ocuparnos de la verdad exotérica. Las formas religiosas y de pensamiento no son más que indicaciones de vida y crecimiento. Son semblanzas deformadas de una realidad interna; son las interpretaciones simbólicas que la mente humana ha dado de la verdad, que cambian de época en época y de ciclo en ciclo. Aparecen y desaparecen; vienen y van; mientras duran cumplen un objeto útil; después de pasadas se las considera como limitaciones. Las formas por que pasa el pensamiento colectivo, sea vasto como el de las grandes religiones o limitado como cualquiera de las sectas o ismos insignificantes, tienen muy similar historia y siguen un curso análogo. Tienen su período de inserción, cuando la visión se percibe en su prístina belleza y el ideal se vislumbra en toda su gloria y continuidad. Algún pensador clarividente, algún gran Instructor desciende del Monte de la Iniciación, anuncia la verdad y describe la visión. Así aparece la primera forma. A medida que trascurre el tiempo, sigue un periodo de crecimiento, durante el cual la verdad se va encubriendo más y más y la visión se aleja. Finalmente nos encontramos con una religión, una ciencia o un arte expresados en fórmulas dogmáticas, leyes, rituales, y doctrinas, con el acostumbrado atavío de enseñanzas autoritarias y exaltados instructores. A medida que la forma se desarrolla, la vida se debilita; pero entre tanto se cumple un propósito y muchos utilizan la verdad así encarnada. Sigue a esto la decadencia, acompañada de la cristalización y la revuelta de los pensadores contra las limitaciones impuestas. Entonces se pone de manifiesto la inutilidad de la forma, que eventualmente se destruye, con la consiguiente liberación de la vida, a fin de que ésta se construya una más adecuada expresión. Así ha ocurrido y así ocurrirá siempre; aunque a medida que la humanidad avance en inteligencia, armonía y sabiduría los ciclos, de crecimiento, edad madura y muerte serán menos bruscos, más graduales y de tránsito más suave. Nos encontramos actualmente en una época en que la destrucción de vetustas formas y anticuadas doctrinas está en su apogeo; y este período de revolución y dificultad excede de lo usual, porque no sólo estamos pasando de las condiciones anteriores a la guerra, a una era de expansión y desarrollo, sino que pasamos de un gran ciclo solar a otro...

Misterios en el Vaticano

Enrique de Vicente

Una vieja sospecha

Para quien ha seguido las informaciones publicadas sobre este tema, aparentemente, la noticia sólo tenía de sorprendente el hecho de que estos familiares del Pontífice venían a sumarse al coro multitudinario que reclama se arroje luz sobre las confusas circunstancias en que se produjo el inesperado fallecimiento.

Apenas transcurrido un mes desde la muerte, la prensa española anuncia la inminente presentación en Roma de Han asesinado al Papa (Operación Paloma), una novela en la que los periodistas Jesús Ramón Pena y Mario Eduardo Zottola sostienen que la muerte del Papa Lucíani «obedeció a un movimiento puramente económico», debido a que «el imperio financiero del Vaticano es uno de los más poderosos del mundo» y «existen poderosos motivos para intentar eliminar al máximo dirigente de esta fortuna». Sin embargo, a comienzos de aquel mismo mes, los tradicionalistas romanos seguidores del arzobispo Lefébvre ya avanzaron la posibilidad de que Juan Pablo I hubiese sido asesinado por los masones infiltrados en las altas esferas vaticanas, a las que culpabilizaban de impulsar las tendencias reformistas postconciliares en la Iglesia, a las que supuestamente se opondría el Papa.

La Sotana Roja

Ciertas revistas de extrema derecha habían acusado de estar afiliados a la masonería al secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Villot, al presidente de la Congregación de Obispos, cardenal Baggio, al banquero del Vaticano, arzobispo Marcinkus y a otros prelados. En 1980, Bruce Marshali fantasea con el tema en su novela ¿Un asesino para Juan Pablo /?, en la que el Papa Lucíani es envenenado por la ficticia sociedad de Los Nuevos Apóstoles, cuyos doce miembros se oponen a los cambios propulsados por el Concilio Vaticano II y apoyan como pontífice al cardenal Siri. Tres años después en La verdadera muerte de Juan Pablo I, Jean- Jacques Thierry plantea la hipótesis de que Villot sustituyó a Pablo VI por un sosías y planeó la muerte de su sucesor cuando éste descubrió la infiltración masónica en las esferas vaticanas, insólita teoría la del doble que aún hoy sostienen no pocos ultraconservadores. De forma más seria y mejor documentada, Roger Peyrefitte, buen conocedor de los entresijos de la Masonería y del Vaticano, sostiene en La Sotana Roja la tesis de un complot tramado por algunos prelados que mantenían estrechas relaciones con mafiosos, financieros y dirigentes de la logia P-2, encubriendo bajo pseudónimos muy evidentes a personajes que a esas alturas eran ya bien conocidos. Y describe al Papa como un reformista liberal empeñado en erradicar la corrupción de la cúpula eclesial, presentando a Villot y a Marcinkus como instigadores del crimen, llevado a cabo por un asesino profesional con una jeringuilla envenenada, a fin de evitar su inminente destitución. Ese mismo año, los fabricantes de best- séller G. Thomas y M. Morgan-Whitts publican Pontífice, una documentadísima investigación sobre las vidas de los tres últimos papas y las críticas circunstancias en que se desarrollan sus pontificados, en la que sugieren que la hipótesis del asesinato fue un rumor hábilmente promovido por el KGB soviético para desacreditar al Vaticano en unos momentos de gran tensión en sus relaciones con la URSS.

El Encubrimiento...

Mi Niño Interno

Wim Borsboom

Todo lo que el niño interno necesita es ser escuchado... ser liberado de las capas de condicionamientos bajo las cuales vive, capas de las que tú (el adulto) puedes estar conciente o no. El condicionamiento proviene de fuentes que permanecen invisibles; que han pasado de generación en generación. Piensa en tu niño interno como alguien que vive en tu corazón, deseando y necesitando ciertas cosas que le permiten mantenerse vivo. Stephen Aderneck

Dicen que el Niño Interno (Inner child) es como un Yo Inferior - en contraste con el Yo Superior -. Prefiero verlo como el Yo básico, el Yo primario u original. Después tenemos el Yo actual, el de la etapa media, el Yo que ha crecido, que ha dejado de ser un infante, con el que nos manejamos cotidianamente. Y luego se habla del Yo Superior, el Yo Sagrado, el Yo que está desarrollándose en niveles espirituales superiores. Todos estos Yo pueden convivir sanamente, especialmente ese Niño Interno que tanto dolor nos causa a medida que crecemos y no resolvemos los problemas emocionales, las vivencias no aclaradas o no apoyadas por un adulto que tenga la capacidad de explicar que lo sucedido no tiene por qué darnos miedo o frustración.

Stephen Aderneck, hipnólogo, dice: "El niño interno es aquel que resuelve los asuntos que afectan al adulto que llevamos dentro. El trabajo relacionado con el niño interno se relaciona con ponerse en contacto con las etapas de nuestro crecimiento, de nuestro desarrollo, esas que fueron heridas o paralizadas debido a estímulos o a algo demasiado intenso para poder ser manejado. La terapia para aliviar asuntos del niño interno ayuda al adulto a identificar por qué él o ella tiene una fuerte reacción emocional hacia algo o hacia alguna persona.

Llegado el momento podemos darnos cuenta que atraemos hacia nuestra vida a personas con problemas de alcoholismo o que son abusivos o que nos descuidan. También atraemos a personas emocionalmente inestables que más adelante nos abandonan. Todo esto tiene una razón de ser.

El autor Aderneck nos cuenta que de niño le gustaba jugar a ser inventor y recuerda que en una ocasión estaba atrayendo clavos con un imán y pensó que sería maravilloso poder contar con imanes para cualquier tipo de objetos: imanes para atraer oro, cobre o aluminio; también un imán para recoger cristales cuando se le rompieran a uno los vasos o los platos, y lo mismo para atrapar aserrín. Y agregó ¿qué tal si tuviéramos imanes especiales para atraer a ciertas personas a nuestras vidas? Sería maravilloso atraer al príncipe de nuestros sueños o a la mujer perfecta y ser felices para siempre. De hecho, tenemos lo que podría llamarse un imán especial dentro de nosotros, dentro de nuestros corazones, que atrae y es atraído hacia cierto tipo de personas...

Mucho mas que Una Experiencia Cercana a la Muerte

¿Cuántas veces hemos visto cómo un niño pequeño juega sólo con amigos imaginarios o dice hablar con un ser imaginario? En la mayoría de las ocasiones, los padres del pequeño no hacen caso de este hecho y sólo lo atribuyen a la imaginación del chico. Realmente se ve como un juego... pero a veces debemos de oír a estas pequeñas grandes personas ya que quizás lo que tienen que contarnos es mucho más importante que un simple juego o la imaginación desbordada.

¿Estamos en contacto con otras realidades? Será la eterna pregunta... Hay muchas personas que han estado en contacto con estas otras realidades e incluso con seres fallecidos en las denominadas E.C.M. o Experiencias Cercanas a la Muerte e incluso han percibido una terrible realidad: su propio cuerpo perdiendo la vida y sus seres queridos sufriendo por su vida. ¿Demuestran todas estas experiencias la existencia de la vida tras la muerte?

En estos años, sobre todo tras nuestros avances técnicos y en materia de medicina, la supervivencia del alma ha sido un preocupación "científica" a estudiar y un problema que la Ciencia trata de explorar.

La historia de nuestros protagonistas es una de esas que invita a la reflexión al lector. Alberto Serrano sufrió un gravísimo accidente de tráfico. En él tras reventar la rueda delantera de su vehículo perdió la dirección y el control y tras caer por una cuneta de unos 4 metros de altura impactó lateralmente contra una formación de arbustos centenarios. El resultado: un grave accidente de tráfico. Las asistencia no tardaron demasiado en acudir al lugar, Alberto presentaba un cuadro clínico con politraumatismos, hemorragias, cuadro de shock y estado de coma profundo. La situación era muy grave. En el hospital sevillano en el que fue atendido fue intervenido rápidamente y durante esa operación hubo un momento, unos minutos en la que la esperanza médica perdió su fe: el paciente se les había ido. Tras reanimación y no poder hacer nada se dispusieron a abandonar aquella intervención. Justo en el momento en la que nuestro cirujano tiraba la toalla, un hilo de vida resurgió del cuerpo de aquel "difunto" y en aquel quirófano todo fue precipitación por la vida de aquel paciente...

lunes, mayo 30, 2022

Misterio, Sacramento y Rito

Vicente Beltrán Anglada

Vamos a considerar el tema de la Magia como un fenómeno único en el cosmos, y no como un hecho aislado que tiene lugar en nuestro planeta o en nuestro Sistema solar.

Todo cuanto vive, todo cuanto alienta todo cuanto tiene una conciencia que está evolucionando, está creando constantemente magia. Una magia que vista esotéricamente tiene tres absolutos aspectos, que es el Misterio, el Sacramento y la Liturgia; constituyen la arquitectura, por decirlo de alguna manera, de la Magia Organizada. Ya se considere la magia del Creador en su relación con el Universo que es su campo de expresión, con un ser humano o con un simple átomo de materia, todo de debe al mismo principio de la Magia Organizada.

En los Ashramas de la Jerarquía se presta un énfasis muy especial sobre el estudio de la magia, por cuanto la Magia constituye los elementos básicos de lo que el discípulo tiene que entender por Iniciación. La Iniciación es un Misterio revelado a través del Sacramento y se realiza a través de una ceremonia o Liturgia; lo mismo ocurre con todo cuanto existe, veamos por ejemplo, el nacimiento de un ser humano. Es contemplando el nacimiento de un ser humano desde el ángulo esotérico, que puede ser captada la profundidad mística de la creación cósmica o del nacimiento de un universo pues los factores involucrados son siempre los mismos El Propósito de Ser de la divinidad que encarna el Misterio, la Voluntad de Realizar del Ego, que encarna el Sacramento y tenemos después el Rito, la ceremonia que hace objetivo el Sacramento, que es la representación más objetiva del Misterio subjetivo, que es la Voluntad de Dios de expresarse a través de un cuerpo físico, en este caso se trata del universo de expresión.

Y siempre ocurre lo mismo cuando se inicia una participación activa en la vida cósmica del Espacio, cuando la Voluntad del Creador, que es el misterio que hay que desarrollar, está creando dentro del espacio un Vacío y dentro de este vacío está creando el Sacramento, la manifestación subjetiva; y finalmente tenemos la expresión objetiva por medio de la Liturgia. La Liturgia en este caso es el acto del Nacimiento y siempre ocurre lo mismo; sin embargo hay un misterio inconmensurable, siempre de acuerdo con la Magia Organizada, al cual los esoteristas no han prestado quizás la debida atención: se trata del Misterio de la Concepción. Ya no el misterio del alumbramiento, o de la iluminación espiritual (que es la contraparte del nacimiento en la vida espiritual), porque el individuo y el esoterista están en el mismo caso, no poseen todavía suficiente claridad mental, ni tampoco el don de la clarividencia en el plano causal, para observar qué es lo que ocurre en el momento de la concepción. 0 que es exactamente la concepción, habida cuenta que por ley de analogía igual será la concepción del cuerpo físico del ser humano, que la concepción más grande, más extensa, pero con idénticas leyes previstas, que realiza un universo, que también precisa un momento cumbre de concepción...

¿Murieron Cervantes y Shakespeare?

Jesús Callejo                    

El 23 de abril de 1616 murieron Cervantes, Shakespeare e incluso, Garcilaso de la Vega, apodado 'el Inca'. Podría tratarse de una sorprendente sincronicidad.

El 23 de abril es una jornada con mucha enjundia. En España se celebra el día de la Comunidad de Castilla y León, es la onomástica de San Jorge, y es el “Día del Libro” desde que en 1930 el gobierno español estableciera por Real Decreto que en esa fecha – en 1616– falleció Miguel de Cervantes.

A veces se dan por sentados los acontecimientos sin indagar en su posible veracidad. De Cervantes ya dijimos que se cuestionaba que hubiera nacido en Alcalá de Henares.

Ahora le toca el turno no tanto al lugar de su fallecimiento, que fue en Madrid, sino a su fecha. Hay muchos argumentos de peso que avalan que el día de su muerte fue el 23 de abril, como uno de los libros de difuntos de la iglesia parroquial de San Sebastián, que fue dado a conocer en 1749 por el crítico Blas Nasarre: “El 23 de abril de 1616 años murió Miguel de Cervantes Saavedra, casado con doña Catalina de Salazar, calle de León. Recibió los Santos Sacramentos de mano del Licenciado Francisco López. Mandase enterrar en las Monjas Trinitarias”.

Y, efectivamente, en este convento figura una placa en su exterior donde se dice que allí yace el cuerpo del “manco de Lepanto”, aunque en la actualidad no se conozca el lugar exacto. Por los datos existentes, sabemos que murió a los 68 años, que fue amortajado con el hábito de San Francisco y que fue enterrado “de pobre”, sin pompas ni ceremonias, con la cara descubierta y llevado de la calle León al convento de las Trinitarias por sus hermanos de la Orden Tercera de San Francisco –en la que profesó el día 2 de abril– y allí fue sepultado el 23.

Así son las cosas y así están reconocidas tanto oficialmente como a nivel popular, pero uno de los mejores especialistas en Cervantes, Luis Astrana Marín (1889-1959), siempre sostuvo que se trata de una equivocación tener el 23 de abril por la fecha de su fallecimiento, pues ese día es el de la inhumación.

La costumbre en aquella época –y la de ahora– es que se dejase pasar al menos un día desde el óbito hasta el sepelio, velando el cadáver durante la noche. Por consiguiente, si Cervantes fue sepultado el 23 de abril como coinciden en afirmar muchos de los historiadores, tuvo que haber muerto en la víspera.

¿Y Shakespeare?

Si hay dudas razonables en la verdadera fecha de la muerte de Cervantes, mucho más claro es afirmar que William Shakespeare no murió el 23 de abril. El que más difundió este error fue el escritor francés Víctor Hugo, quien destacó esta aparente coincidencia de fechas al final de su obra William Shakespeare (1863). Allí dice: “Murió el 23 de abril. Tenía ese día 52 años justos, pues había nacido el 23 de abril de 1564.

Ese mismo día, 23 de abril de 1616 murió Cervantes, genio de la misma altura”. A Víctor Hugo le pasó lo mismo que al Dr. John Bowle, el primer comentarista de El Quijote: no tuvieron en cuenta el cambio de calendario. En 1616 en España ya regía la corrección del calendario establecida por el Papa Gregorio XIII que había entrado en vigor el 4 de octubre de 1582. Es la llamada “reforma gregoriana” que sustituía al calendario juliano responsable de que hubiese un desfase de 3 días cada cuatro siglos, y por eso se suprimieron esos diez días acumulados, de tal manera que el día siguiente del 4 de octubre de 1582 –por cierto, el día en que muere Santa Teresa de Jesús– es el 15 de octubre –el día que la entierran–.

Pero en Inglaterra, en esa época, aún continuaba vigente el antiguo calendario juliano que se mantuvo hasta el mes de septiembre de 1752. Por lo tanto, estaba atrasado en once días respecto del tiempo real que marcaba el calendario gregoriano. Eso significa que si bien Shakespeare murió un 23 de abril en la localidad de Stratford-on-Avon, es decir, en la misma fecha que Cervantes, no lo hizo, sin embargo, en el mismo día. Vistas así las cosas, la jornada de su fallecimiento, que al parecer ocurrió como consecuencia del hartazgo que se dio en el banquete de la boda de su hija Judith, sería entonces el del 4 de mayo de 1616, es decir, con posterioridad a la de Cervantes si en Inglaterra hubiera estado vigente el nuevo calendario como ya lo estaba en muchos países de Europa.

Esta misma explicación aclara otro enigma y es el hecho de que en algunas biografías se dice que Shakespeare murió un martes y en otras un sábado. No hay contradicción, pues fue un martes según el calendario juliano y un sábado según el gregoriano.

Música y Espiritualidad

Arnaldo García Espinoza

LIBRE TRADUCCIÓN DEL TEMA DEL MISMO NOMBRE
DE LA REVISTA SERVICIO ROSACRUZ - SAO PAULO – BRASIL

El origen de la música se pierde en la noche de los tiempos. Es una opinión generalizada entre los musicólogos que de la asociación de las artes de la danza y de la palabra cantada surgió el sublime arte de la música. No hay duda que el ritmo, uno de los elementos fundamentales de la Música haya nacido con el hombre a través de sus pulsaciones. Entre los más antiguos documentos que reportan la actividad musical de los pueblos de la Antigüedad, constatamos, entre las excavaciones realizadas en un monte en ruinas, entre los ríos Tigris y Éufrates, en un papiro que supuestamente representa un trecho de notación musical babilónica de cerca de 2. 000 años A C. También fue identificado un bajo relieve,

probablemente de origen Caldaico representando un Arpa. Entre los pueblos de la Mesopotamia, asirios, Babilonios y Caldeos, hay evidencia en sus varios monumentos de la íntima relación de la Magia con las Artes.

Los egipcios concibieron escalas de 7 notas, representándolas con los mismos jeroglíficos empleados en la simbolización de los Planetas. Tal hecho traduce el conocimiento que poseían del origen cósmico de la música.

La primera referencia bíblica a la introducción de cánticos en la vida pública está en Éxodo, cuando Moisés y los hijos de Israel atravesaban el Mar Rojo gracias a la intervención divina. Entonaron, entonces una melodía: Cantemos al señor, ÉL es soberanamente grande.

Los salmos, atribuidos a David; fueron importantes cantos sacros hebraicos. San Ambrosio los adaptó más tarde a los cultos católicos. Los Hindúes cultivaron la música desde su infancia histórica conservando tratados que nos legaron diversas nociones teóricas, inclusive su escala fundamental, también de 7 notas...

Más Allá de la Muerte

"Más allá de la muerte está la venganza de aquellos que no pueden olvidar”
Proverbio zaruvés

Un trueno violó el silencio de la noche, privada de toda luz, por tenue que fuera. Gruesos y amenazadores nubarrones cubrían el cielo, oscuro como ala de cuervo; de ellos, lenta pero crecientemente, comenzó a verter la lluvia, fría e impetuosa. Finos relámpagos avivaron el firmamento, hendiéndolo con cegadora claridad, la única que osó iluminar el lúgubre cementerio, sombrío aún en pleno día, abrigado a la sombra de los picos cercanos.

La verja herrumbrosa chirriaba lastimeramente, junto al ligero batir del viento y el rumor del aguacero, sonidos de excepción en aquel desgarrador mar de silencio. Pero algo más pugnaba por imponerse a la quietud. Un rascar, un arañar, desde la olvidada losa de uno de los sepulcros.

Confuso... despertaba, sin saber realmente si aquello había sido un sueño, ni cuanto habría durado. Sopor... el asfixiante sopor desvanecíase, y la consciencia, extrañamente alterada, se impuso finalmente. Los murmullos del cuerpo callaban, el corazón mismo no latía en su pecho, mas intuía débilmente que todo eso, ahora, carecía de importancia.

Con dificultad, recobró la sensación de los miembros, aunque de una forma vaga, diríase innatural. Levantó un brazo... hasta que chocó contra una superficie, lisa y de tacto leñoso, que le aprisionaba en estrecho recinto. Molesto, empujó hacia arriba, hasta que escuchó un seco chasquido, y la tierra, mohosa y húmeda, irrumpió al interior del sellado lecho.

El arañar cobró intensidad. La tierra, bajo el blanco y veteado mármol, retemblaba convulsa. Una increíble, sobrenatural fuerza, quebró el marmóreo encierro, y de la impía abertura surgió una mano terrible, como incipiente y maligno brote del infierno, elevándose hacia la noche. Las uñas, largas y afiladas, sucias de tierra; la carne con una marchita, repulsiva y mórbida decoloración. Engarfiándose, los dedos aferraron los resquebrajados restos de la sepulcral losa, abriendo camino al resto del cuerpo.

Fuera... estaba fuera, aunque el exterior no parecía menos desolado que el vacío infinito y carente de sentido en el que había estado inmerso... noche eternal e insondable...

domingo, mayo 29, 2022

Monadología

Leibniz

1. La mónada, de que vamos a hablar en este tratado, no es sino una substancia simple, que entra a formar los compuestos; simple quiere decir sin partes.

2. Tiene que haber substancias simples, puesto que hay compuestas; pues lo compuesto no es más que un montón, o aggregatum, de simples.

3. Ahora bien, donde no hay partes, no puede haber ni extensión, ni figura, ni divisibilidad. Y las tales mónadas son los verdaderos átomos de la naturaleza y, en una palabra, los elementos de las cosas.

4. Tampoco es de temer la disolución, y no es concebible manera alguna por la cual pueda una substancia simple perecer naturalmente.

5. Por la misma razón, no hay tampoco manera por la cual una substancia simple pueda comenzar naturalmente, puesto que no puede formarse por composición.

6. Puede decirse, por lo tanto, que las mónadas comienzan y acaban de una vez, es decir, que sólo pueden comenzar por creación y acabar por aniquilamiento; en cambio, lo compuesto comienza y acaba por partes.

7. Tampoco hay medio de explicar cómo una mónada pueda ser alterada o cambiada en su interior por otra criatura, puesto que nada puede transponerse a ella, ni puede concebirse en ella ningún movimiento interno, capaz de ser excitado, dirigido, aumentado o disminuido, como ello es posible en los compuestos, en los cuales hay cambios entre las partes. Las mónadas no tienen ventanas por donde algo pueda entrar o salir. Los accidentes no pueden desprenderse de las substancias, ni andar fuera de ellas, como antiguamente hacían las especies sensibles de los Escolásticos.
Así pues, en una mónada no puede entrar de fuera ni substancia ni accidente alguno.

8. Sin embargo, es preciso que las mónadas tengan algunas cualidades, pues de lo contrario no serían ni siquiera seres. Y si las substancias simples no difirieran por sus cualidades, no habría medio de apercibirse de ningún cambio en las cosas; puesto que lo que hay en el compuesto no puede proceder sino de los ingredientes simples; y si las mónadas careciesen de cualidades, serían indistinguibles unas de otras, ya que, en cantidad, no difieren; y, por consiguiente, supuesto lo lleno, un lugar cualquiera no recibiría nunca, en el movimiento, sino lo equivalente de lo que había tenido, y un estado de las cosas sería indiscernible de otro.

9. Y hasta es preciso que cada mónada sea diferente de otra cualquiera. Porque no hay nunca en la naturaleza dos seres que sean perfectamente el uno como el otro y en los cuales no sea posible hallar una diferencia interna, o fundada en una denominación intrínseca...

Medicina y Gestalt


Hace 17 años que soy médica, soy pediatra y dentro de la pediatría me ocupo de lo que tiene que ver con problemas renales: soy nefróloga pediatra. Empecé la residencia en el Hospital de niños de Buenos Aires con mucho empuje, protegiéndome en las reglas de la medicina académica, peleando contra la enfermedad y luchando enojadísima contra la muerte. Cuando llevaba 10 años de médica comencé a sentir que el ejercicio de la medicina como me habían enseñado ya no me alcanzaba, algo me faltaba.

Decidí que tenía que optar entre la búsqueda de una manera diferente de hacer medicina o dedicarme a otra cosa. Estudié otros enfoques de medicina no tradicional, pasé por la homeopatía, la antroposofía y la medicina china y, en la búsqueda de otras formas de abordar al paciente, llegué a la escuela de terapia Gestáltica.

¿Qué cosas encontré en la gestalt que trato de integrar a la atención cotidiana de los pacientes?

1- Una mirada distinta
2- Una semiología diferente
3- El registro de mí misma como instrumento terapéutico

Un cambio de actitud en cuanto a entender la relación médico-paciente como algo bidireccional, donde la parte sana del paciente viene a brindar algo a la parte herida del médico, abandonando el viejo enfoque de la relación donde el médico puede y sabe y el paciente recibe. Cambio de actitud también en cuanto al rol del médico, dejando la vieja imagen del medico que cura por la del médico que acompaña al paciente y a su familia en el camino que le toque transitar: ya sea la curación, la cronicidad o la muerte.

Esta manera diferente de ver el paciente y su familia no tiene retorno, es como haber reparado siempre en la imagen de la copa y ahora poder ver también las caras, ya no hay manera de no verlas.

¿Cómo incorporo todo esto a la atención cotidiana de mis pacientes?

1. La manera de mirar

Humanizar a los pacientes nombrándolos...

Mundus Imaginalis: Lo imaginario y lo Imaginal

Corbin, H.

Al proponer las dos palabras latinas "mundus imaginalis" como título de esta discusión, me propongo tratar un orden preciso de realidad que corresponde a un modo preciso de percepción, porque la terminología latina tiene la ventaja de proporcionarnos un punto técnico y fijo de referencia, con el cual podemos comparar los diversos equivalentes más o menos no resueltos que nuestros modernos lenguajes Occidentales sugieren.

Y haré inmediatamente una concesión. La elección de estas dos palabras se me impuso hace tiempo, porque me resultaba imposible quedar satisfecho con la palabra "imaginario" para aquello que tenía que traducir o decir. Esto no es, bajo ningún aspecto, una crítica dirigida a aquellos de nosotros para quienes el uso del lenguaje nos obliga a recurrir a esta palabra, y que intentamos juntamente reevaluarla en un sentido positivo. Sin tomar en cuenta nuestros esfuerzos, empero, no podemos impedir que la expresión "imaginario", en su uso corriente y no deliberado, equivalga a significar irreal, aquello que es y permanece fuera de la existencia, en breve: algo 'utópico'. Me vi obligado a encontrar otra expresión, porque a lo largo de muchos años he sido, por vocación y profesión, un intérprete de textos Arabes y Persas, cuyo propósito seguramente habría traicionado si me hubiera contentado -aún con todas las precauciones - con el término 'imaginario'. Me vi totalmente obligado a hallar otro término para no confundir al lector occidental, ya que es cuestión de desarraigar hábitos de pensamiento largo tiempo establecidos, a fin de despertarle a un orden de cosas, desvelar cuyo significado es la misión de nuestro coloquio en la "Sociedad de Simbolismo"

En otras palabras, si usualmente hablamos de 'imaginario' como lo irreal, lo utópico, ésto debe ser síntoma de algo. En contraste con este algo, podemos examinar juntos brevemente ese orden de realidad que designo como "mundus imaginalis" y que los teósofos del Islam designan como el "octavo clima"; luego examinaremos el órgano que percibe esta realidad, es decir, la conciencia imaginativa, la Imaginación "cognitiva"; y finalmente, presentaremos varios ejemplos, entre otros, por supuesto, que nos sugieren la topografía de estos mundos internos, tal como han sido vistos por aquellos que "realmente" han estado allí.

1. "NA-KOJO-ABAD" O EL "OCTAVO CLIMA"

Acabo de mencionar la palabra "utópico". Es raro, o un ejemplo decisivo, que nuestros autores usan un término en Persa que parece su calco lingüístico: "Na-kojo- Abad", la "tierra de ningún lugar (No-where)". Esto, empero, es algo completamente distinto de una "utopía"

Tomemos los hermosísimos cuentos -simultáneamente cuentos visionarios y cuentos de iniciación espiritual- compuestos en Persa por Sohravardi, el joven sheik que, en el siglo XII, fue quien "revivió la teosofía de la antigua Persia" en el Irán islámico. Cada vez el visionario se encuentra, al comenzar el cuento, en presencia de una figura sobrenatural de gran belleza, a quien el visionario pregunta "quién" es y "de dónde" viene. Estos cuentos esencialmente ilustran la experiencia del gnóstico, vivida como la historia personal del Extranjero, el cautivo que aspira regresar a casa...

Más Allá del Acto Sexual

El sexo se ha vuelto una de las cosas de que más hablamos los jóvenes, y es un tabú en muchas sociedades y, en otras, ocasión de abuso y libertinaje. Me gustaría tratar este tema desde un ángulo más profundo, más espiritual

Recuerdo mi primera experiencia sexual: en cuestión de sensaciones eróticas me sentí decepcionado.

Pero lo que fue sorpresivo fue el dormir con mi hermosa novia y despertar a la mañana siguiente, con ella entre mis brazos y sintiéndome inmensamente feliz, espiritualmente pleno, relajado, sereno, en paz… y sentía aun más amor hacia mi pareja ¡Que delicioso sosiego interior! Comparable con el éxtasis de disfrutar un bello paisaje adornado por ríos, árboles, el amanecer y el aire fresco en la naturaleza.

Por experiencia propia descubrí lo que da tener una relación sexual por amor: una inmensa y deliciosa paz interior.

Pero no todos son tan afortunados como yo. Una novia me decía que su primer acto sexual fue un acto de rebeldía, que quería quitarse la etiqueta de “virgen” para que la gente la valorara por lo que era, no por su virginidad, y me confesó: “De los nervios no sentí nada… y bueno, si duele…” ella le preguntó a varias amigas acerca de su primera relación, y la mayoría coincidió en decirle que sus experiencias habían sido algo traumáticas y decepcionantes.

Otros amigos me compartirían que fueron con prostitutas para perder su virginidad “de los nervios, ni se te para” me dijeron.

En una investigación que se hizo entre universitarios, arrojó resultados interesantes. Los jóvenes que decían que sus experiencias sexuales habían sido decepcionantes fue el doble de los que mencionaron que fueron satisfactorias...

sábado, mayo 28, 2022

Muerte y Renacimiento

Uriel Escobar Barrios 

LA EVOLUCION DEL ALMA - REFLEXION SOBRE UNA HIPOTESIS PARA LA INVESTIGACION PSÍQUICA

"Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en la tierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa.

Llegado el momento, podemos marcharnos y vernos libres del dolor, de los temores y preocupaciones; libres como una bellísima mariposa, y regresamos a nuestro hogar, a Dios." - Elisabeth Kubler-Ross

Toda historia tiene un comienzo...

Desde 1.984 cuando presenté el primer trabajo sobre experiencias psíquicas de personas sometidas a la práctica del Training Autógeno, he venido anualmente reportando casos similares en el marco de los Congresos Nacionales de Psiquiatría. Para este año he sido encargado de coordinar un simposio sobre los Aspectos Transpersonales de la Muerte.

En este simposio participamos 4 médicos que en nuestro país trabajamos sobre el tema. En esta misma página del S.E.I.P Colombia se publica un abstract sobre cada ponencia. En el presente trabajo presento el artículo completo tal como será discutido en el XXXVII Nacional de Psiquiatría que se realizará en la Ciudad de Valledupar.

La muerte es y ha sido a lo largo de la historia humana una preocupación constante. El no tener acceso a un conocimiento directo sobre el tránsito que siguen las personas una vez han fallecido genera una gran cantidad de hipótesis, las cuales en última son la resultante de la cosmovisión que cada uno tiene sobre este fenómeno.

A principios de siglo Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, planteaba que no podemos tener un conocimiento directo sobre la muerte, porque nadie ha vuelto para contarnos a los investigadores lo que sucede durante y después de ella Las posturas teóricas sobre este aspecto se pueden resumir en 2 grandes tendencias:...

Mitos y Leyendas de los "Caballeros Templarios"

De esta historia de los Templarios surgen varios mitos y leyendas. La Orden del Temple fue una organización secreta. Para la mayoría del público, la Orden tenía una identidad misteriosa. Peter Partner escribe en su libro The Murdered Magicians; the Templars and Their Myths:

The Templars are supposedly these writers to have been learned magicians, rich and powerful not so much because they were well-endowed with church estates as because they enjoyed the control of hidden knowledge and hidden practices.

(xvii)

Muchas de las leyendas surgen por que los Templarios fueron una Orden secreta y por las acusaciones de practicar la magia (Partner xvii). "According to them the Templars were a secret society totally opposed to the medieval church, but so skilful that they had installed themselves at the heart of Christendom" (Partner xviii).

EL BAFOMETO

El Bafometo es una de las más famosas leyendas de los Templarios. "Aquí nos enfrentamos con el mayor misterio del Temple; abordamos lo que hizo temblar de horror a tantas buenas gentes: el Bafometo" (Vignati 152). En la leyenda, se cree, tiene "una figura de macho cabrío, sentado en un trono y con una antorcha encendida entre los cuernos. En la frente, el signo del Pentagrama. Con la mano hace la señal del ocultismo" (Vignati 217). El Bafometo tiene una figura de "macho cabrío", es una figura hecha de animal (cabra), mujer, y hombre. La antorcha que lleva entre los cuernos, es la luz mágica del equilibro universal (Vignati 217). El Bafometo es una figura monstruosa, es un demonio. La leyenda dice que los Templarios adoraban a este ídolo "como si fuese un Dios, como a su salvador" (Vignati, 152)...

Masonería: Diálogo entre Simón y Felipe

Dialogue between Simon and Philip, publicado en Harry Carr, The Early masonic catechisms, 1963, reed. por la Kessinger Publishing Company, Kila MT, s. d., p. 176-178. Trad. francesa en Patrick Négrier, La Franc-Maçonnerie d’apres ses textes classiques. Anthologie 1599-1967, París, Dietrad, 1996.

Diálogo entre Simón, masón de ciudad, y Felipe, un masón que está de paso.

Simón: Señor, acabo de recibir una carta que contiene este trozo de papel. Os ruego que me digáis qué es lo que queréis.

Felipe: Estoy de paso, busco una cierta asociación y, habiendo oído decir que sois un hermano masón, me he permitido contactar con vos.

Simón: ¿Sois masón?

Felipe: Sí (como tal soy tenido por todos los compañeros y hermanos).

Simón: ¿Y cómo sabré que sois masón?

Felipe: La palabra es justa.

Simón: Si es justa, dádmela justa.

Felipe: La deletrearé con vos, si os place.

Simón: Dadme la primera letra y yo os daré la segunda...

La Máquina de "Antikythera"

Frente a la Isla de Antikythera (Grecia) en el Mar Egeo, fue hallado en el año 1.900 por un grupo de pescadores de esponjas a unos 60 metros de profundidad, un extraño bloque de aspecto metálico recubierto de residuos calcáreos, procedente del naufragio de una galera griega, cuando estos procedían a rescatar los objetos de valor de dicha nave y que según la datación de los expertos naufragó en el siglo I a.C.

Una vez finalizadas las tareas de rescate un año más tarde y cuando se realizaba su clasificación, el arqueólogo griego Valerios Stais reparó en la presencia de este extraño objeto, en el cual parecían apreciarse varios mecanismos de engranaje, algo totalmente ilógico para un descubrimiento de 2.000 años de antigüedad.

Tras un examen minucioso y la limpieza de residuos a base de ácidos, tanto Stais como otros expertos llegaron a la increíble conclusión de que este artefacto debía de ser algún reloj astronómico o instrumento de navegación muy sofisticado. Especialistas en epigrafía, detectaron la presencia de inscripciones que hacían referencia al Sol, la Luna y otros cuerpos celestes.

Calculadora astronómica para unos, astrolabio para otros, o simple objeto incatalogable para muchos, este extraño mecanismo permanece expuesto desde su descubrimiento en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Realizado en bronce, consta de 40 ruedas de engranaje (la principal dispone de 240 dientes), 9 escalas móviles y 3 ejes (el mayor servía para poner en marcha todo el increíble mecanismo). Se cree que en sus orígenes alcanzaba unas dimensiones de 8 X 16 X 32 centímetros, con un cuadrante de frente y otros dos más por la parte posterior...