El primer investigador psíquico del que se tiene noticia debió ser un soberano del siglo VI a. de C., Creso de Lidia, quien deseando escoger el mejor oráculo entre los conocidos en Grecia y Egipto, envió emisarios a todos ellos con el encargo de formular una sola pregunta simultánea:
"¿Qué hace en estos momentos Creso, hijo de Aliates?" Al rey se le ocurrió algo teóricamente imposible de adivinar, pues descuartizando un cordero y una tortuga, los introdujo en un caldero y en el momento concertado con sus embajadores, se puso a guisarlos. La pitonisa de Delfos, interpretando el oráculo de Apolo, realizó la asombrosa hazaña de responder correctamente. Como es de suponer, creso no dispuso su investigación con fines científicos. Estaba convencido de los poderes sobrenaturales de los sacerdotes que interpretaban los oráculos, y simplemente deseaba averiguar quién era el mejor para beneficiarse de sus consejos. Escogió bien, pues los actos clarividentes y pre cognitivos de la pitonisa de Delfos se harían legendarios. No obstante, como Creso descubriría para su desgracia, la ambigüedad del oráculo disminuía su utilidad en las cuestiones del gobierno. Cuando el monarca quiso saber si su próxima campaña sería victoriosa, la sacerdotisa anunció que aquélla acarrearía la destrucción de un gran ejército. El rey se lanzó con entusiasmo a una nueva guerra, sin sospechar que el "gran ejercito predestinado era el propio.
Mientras los pueblos aceptaron lo sobrenatural como un elemento más de la vida, la investigación psíquica no tuvo oportunidad de dar un solo paso adelante. Las mismas obras de Shakespeare demuestran la vigencia de tal convicción en su época, pues en ellas el drama suele girar en torno al mundo sobrenatural y sus pobladores como ocurre por ejemplo en Sueño de una noche de verano, donde se mezclan con los mortales y acaban por tejer una tupida red de complicaciones románticas. El público de Shakespeare aceptaba en su significado literal a las brujas de Macbeth y al espectro de Hamlet Los espectadores de hoy, en cambio, aun admitiéndolos en el contexto de la obra dramática, tienden a considerarlos como residuos de épocas dominadas por las supersticiones. El parapsicólogo. habituado a estudiar tipos de percepción insólitos, podrá disentir de esta opinión y plantear cuestiones inconcebibles para un isabelino. El "¡ Salve, Macbeth, que más tarde serás rey !.' con que las tres brujas reciben al héroe, ¿es una precognición, o tal vez están captando telepáticamente la secreta ambición del personaje?. Cuando el espectro del padre de Hamlet relata las circunstancias de su muerte, ¿estamos ante un atisbo alucinante del pasado, por parte del príncipe? Estas incógnitas coinciden con algunos aspectos de interés para la moderna investigación psíquica. En realidad, ésta no ha suprimido el componente místico del universo; antes bien, ha centrado su atención en un conjunto de misterios -los mentales- distinto del que cautivó a nuestros antepasados.
Primeros estudios Parapsicológicos...




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