Radha Burnier
Un grupo de estudiantes que encontró la frase: "el yo es frágil, superficial y engañoso", preguntó, qué se quiere dar a entender con la expresión de que el yo es frágil, quebradizo. La verdad de esta frase sólo podrá comprenderse observándose a sí mismo. El conocimiento de sí mismo es una ciencia práctica, no una ciencia teórica. En primer lugar, la observación muestra que el yo está en acción en todas las relaciones. Luego uno comienza a comprender más acerca de la naturaleza de ese yo, pero para quién no realice esta tarea de observarse así mismo, las explicaciones le dirán muy poco y no le aportarán convicción. Los más importantes interrogantes que se refieran al conocimiento de sí mismo han de ser respondidos por uno mismo. Estas son las únicas respuestas efectivas.
La observación muestra que el yo necesita ser constantemente estimulado. Mucha gente es muy rápida para ofenderse, y se considera como "normal" el resentirse o rechazar observaciones u opiniones que sean descorteses.
Muy pocos son los que se contentan con simplemente hacer lo que mejor puedan; la mayoría quiere ser reconocido. Si otros piensan que su trabajo no está bien hecho, se sienten heridos reaccionan y hay mucha protesta. Por otra parte, a menos que una persona esté muy en guardia, tiende a tomar como verdaderos todos los cumplidos que recibe, aún cuando pudiesen ser inmerecidos. Nos engullimos con satisfacción todos lo elogios y creemos que esas apreciaciones deben ser sostenidas en todas partes, porque las personas las necesitan como si fueran alimento.
Sin embargo, hay otro camino, que es el de trabajar sencillamente por amor al trabajo, gozosamente, porque uno está haciendo lo que quiere hacer. Entonces las apreciaciones ajenas carecerán de importancia. ¿ Para qué querríamos apreciaciones?. Ello implicaría que damos por sentado que el yo de cada cual necesita ser estimulado por el reconocimiento o la lisonja. La susceptibilidad para sentirse herido y la gratificación derivada de las alabanzas muestran que el yo carece de una fuerza básica. Paradójicamente, este yo es tan débil que necesita ser constantemente apuntalado de un modo u otro, y sin embargo, es tan persistente y tenaz que uno no puede desprenderse de él, ni siquiera dejarlo de lado por un breve lapso.
Si el yo estuviese basado en la realidad, no necesitaría apuntalamiento alguno. Nada que sea verdadero necesita ser artificialmente sustentado por las opiniones y las ideas de otros, ni aún por los propios pensamientos. Lo que es verdadero es también independiente de toda condición. Es a causa de que la existencia del yo carece de fundamento, que es como un castillo de naipes, que necesita ser reparado de diversos modos. En lo más profundo, todos están tan inseguros e inciertos que desean que los demás les provean de seguridad por medio de cumplidos, apreciaciones, y lisonjas. Cada uno de nosotros, consciente o inconsciente, se ha creado una imagen del yo que esté siendo constantemente acrecentada, modificada y embellecida. La auto-imagen incluye ideas acerca de nuestra formación, cultura, capacidades, etc. Aún individuos que se dedican a llevar una vida religiosa o espiritual se atribuyen así mismos diversas cualidades y méritos; se consideran virtuosos, muy buenos estudiantes, gente seria, etc. Todo esto es construcción de la autoimagen. Es esta auto-imagen la que comunica sentido de identidad y separatividad...








